En mayo de 1989 fallecía tras contraer SIDA el gran escritor, referente de la mejor literatura de viajes contemporánea, Bruce Chatwin. En este inicio del que se anuncia como tórrido verano, quizás sea buen momento para recordar a este británico, al que muchos describían como “un nómada en estado puro” y sobre lo que él mismo, en su intento de explicar lo que le impulsaba a estar siempre con la mochila al hombro, escribía: “jamás he sentido apego real alguno al hogar y no experimento la habitual reacción emotiva, salvo cuando estoy viajando…”. Arqueólogo y especialista en patrimonio histórico artístico de formación, pronto dejó su cómodo y bien remunerado puesto en la prestigiosa Sotheby´s para surcar rutas y llegar a lugares, algunos todavía libres de la “marabunta” turística que hoy salpica todo. Fruto de esos viajes fue dejándonos un reguero de libros, que aparte de brindarnos placenteros momentos de lectura se han ido convirtiendo con el paso de los años en piezas de culto, que además ponen el foco de atención sobre aspectos de la naturaleza humana olvidados o minusvalorados bajo el peso de los discutibles valores de esta civilización tecnológica y posindustrial que nos ha tocado vivir. Libros como ‘En la Patagonia’, ‘Los trazos de la canción’ son buenos ejemplos de esto que decimos. A principios de la década de los setenta del pasado siglo, un joven y aún poco conocido Chatwin, viaja por el sur de España según recoge en su biografía sobre el británico ‘Con Chatwin’ Susannah Clapp, pero lamentablemente se dan pocos detalles sobre esta que suponemos corta estancia, y donde Chatwin posiblemente se dejara ver por lugares aún vírgenes como la costa de Barbate en la provincia de Cádiz. Ramón Clavijo Provencio

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