LABERINTO 1873
Una biblioteca es lo más parecido a un laberinto, un laberinto lleno de libros, de mundos por descubrir.En homenaje a las bibliotecas y a la lectura , preside la cabecera de este blog un dibujo del pintor jerezano Carlos Crespo Lainez: "Noche de lectura".
LECTORES SIN REMEDIO
Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
viernes, 13 de marzo de 2026
LA SEMANA SANTA EN LA LITERATURA
‘La Semana Santa en la literatura’ es una
de las últimas publicaciones de la editorial Almuzara que aquí saludamos y
damos la bienvenida, pues todo estudio que relacione tradiciones populares con
textos literarios siempre suele aportar nuevas visiones y perspectivas tanto de
unas como de los otros. El trabajo corre a cargo de Eugenio Vega Geán, un
investigador que conoce como muy pocos la Semana Santa en general, y la
jerezana, e incluso la andaluza, en particular. El trabajo de E. Vega mantiene
los mismos niveles de calidad, profundidad y exhaustividad a los que nos tiene
acostumbrados en sus publicaciones, muchas de ellas referidas a la propia
Semana Santa, otras a cultos religiosos en general. El repaso que hace de
autores y obras literarias alcanza desde la literatura medieval hasta nuestros
más actuales días, en cuyas páginas se incluyen ilustraciones que complementan
ese recorrido Semana Santa-Literatura en el que podemos destacar, como uno de
los valores añadidos del volumen, la cantidad de referencias desconocidas para
el común de los lectores, y que estudios como este vienen a rescatar de entre
la enorme producción de todo tiempo y época. El grueso del trabajo de centra,
como no podía ser otra manera, en las dos últimas centurias (XIX-XX), donde encontramos
sobre todo en la novela realista y naturalista los ejemplos más interesantes de
esa relación entre la religiosidad popular y la trama narrativa, dos elementos
que los novelistas han ido utilizando en sus obras ya sea como complemento al
marco espacio-temporal, ya integrado en la propia psicología de los personajes.
El pasaje (que E. Vega consigna en su estudio), pongamos por ejemplo, de doña
Ana Ozores, la regenta, expuesta a las miradas siempre escrutadoras y severas
de la alta sociedad de Vetusta, en procesión de Viernes Santo vestida de
nazarena y descalza, exhibida como un triunfo por don Fermín de Pas, el
magistral, en la grandiosa novela de Clarín (‘La regenta’, cap. XXVI), es un
buen ejemplo de cómo un escritor perfila una escena que se convierte en símbolo
de las intrigas y oscuros intereses de sus protagonistas. Trabajos como este de
E. Vega, al margen de su indudable interés en todos los aspectos, poseen un
enorme valor para lectores en general, aficionados y, sin duda, para estudiosos
e investigadores. Reunir las referencias que en la literatura a lo largo de su
historia se pueden encontrar sobre la Semana Santa es lo mismo que, en otros
tiempos, hacían los grandes humanistas cuando recopilaban adagios (Erasmo),
historias de grandes hombres y grandes mujeres (Boccaccio), para que sirvieran
de consulta, uso y lectura para todos. Todo un acierto. José López Romero.
TIERRA DE NÓMADAS
A raíz de la gran crisis económica de 2008 se produjo un fenómeno, especialmente en los Estados Unidos de Norteamérica, conocido como el de los “workampers”. Con este apelativo se hacía referencia a los miles de personas que, habiéndolo perdido casi todo, adquirían una caravana ante la imposibilidad de conservar su vivienda y trabajo de toda la vida, y se lanzaban a la carretera no impulsados por una repentina fiebre aventurera, sino por razones alimenticias y de subsistencia. Dicho fenómeno dio lugar a un excelente libro escrito por la periodista Jessica Bruder, que durante meses vivió en su propia caravana para poder documentar y seguir las peripecias de algunas de estas personas adultas, normalmente al final de su edad laboral, y que se veían abocados a un futuro incierto tras la “Gran Recesión”, trabajando en condiciones precarias y saltando como temporeros de un lugar a otro de la vasta geografía estadounidense. El libro tuvo una gran repercusión el año de su edición (2017 en USA; la versión castellana es de Capitán Swing, 2020) y dio lugar a una versión cinematográfica del mismo nombre, dirigida por la directora Chloé Zao, y protagonizada por Frances McDormand (película que cosechó tres Óscars en la edición de 2020). Sin embargo, pese a ser esta última una excelente película, le da una perspectiva más romántica y aventurera al fenómeno de este singular nomadismo. Es cierto que también en la pantalla encontramos ese trasfondo de la pérdida de todo, y la forzada búsqueda en las interminables y solitarias carreteras del sustento diario, pero la versión cinematográfica añade un cierto halo romántico que impregna a la protagonista y que no encontramos en el libro de Bruder. Y es que esa atracción por la libertad y los “grandes espacios solitarios y vírgenes que proyecta la película está muy lejos de acompañar a estos ‘workampers” engañados por el sistema. Ramón Clavijo Provencio
viernes, 27 de febrero de 2026
¡CÓMO ESTÁ EL PATIO!
Enciendo el móvil y no paro de ver desde hace varias semanas las dos mismas caras en esas noticias sueltas de Google. Un joven con boina o gorra de las que se le desborda una abundante pelambrera y un señor mayor que luce un buen rapado capilar, enzarzados ambos en réplicas y contrarréplicas a cuenta de no sé qué jornadas sobre la eterna Guerra Civil. El joven no es otro que David Uclés, la sensación editorial del pasado año con su novela ‘La península de las casas vacías’ (Siruela con esta y con ‘El infinito en un junco’ ha dado dos sonoros pelotazos), y debo reconocer el poco interés que tengo en leerla, pues a estas alturas de la vida para encararme con novelas de más de cuatrocientas páginas, prefiero releer a los grandes conocidos que a éxitos del momento, más cuando estamos ante un epígono de una corriente literaria que gozó de su esplendor y hoy ya desgastada de tanto usarla. Y el señor mayor, ya se pueden suponer, es Arturo Pérez Reverte, otro rey Midas de la editorial Alfaguara, pues desde hace muchos años todo lo que ha escrito lo ha convertido en éxito, en especial aquellas novelas en conmemoración de efemérides. Y también debo reconocer que tampoco me he mostrado especialmente interesado en su literatura, aunque leí en su momento sus primeras novelas. Pero este artículo no iba de confesiones de lector vergonzante, sino de la polémica suscitada por esas jornadas sobre la Guerra Civil: que si para uno terminó en el 39 y, en cambio, para el otro en el 75… cuando doctores tiene la Guerra mucho más autorizados que cualquier jornada al efecto. Y esta coyuntura la han aprovechado muchos para disparar (valga la metáfora) a todo lo que se menea. Y así, la que fuera la gran novela del año pasado, ahora se ha convertido en un relato farragoso al que le sobran páginas (¿a qué novela de más de cuatrocientas no le sobran?), y ya que estamos en faena su buen repaso se está llevando la que ha obtenido el premio Nadal, por no hablar de las críticas recibidas por el propio Uclés (cambio de Siruela a Planeta, los escrúpulos ideológicos que de pronto se olvidan cuando de dinero se trata…). Pero tampoco Pérez Reverte se ha ido de rositas y le han llovido las críticas ya no tanto por su currículum literario, sino también por sus posiciones ideológicas. Lo cierto de toda esta trifulca alimentada en las redes (ya saben: bulos, fango, mentiras…), es que el patio literario, como le es consustancial, está a la primera que salta para criticar, despellejar y llevarse por delante a nuevos y veteranos. Lo último, afirmar que ‘La ciudad de las luces muertas’ (el premio Nadal) es peor que las novelas de Juan del Val. ¡Qué maldad! ¡Qué insulto! ¿para quién? José López Romero.
SESIÓN DE CLUB DE LECTURA
Lo que hasta hace pocos años era una singularidad, y me refiero a los denominados clubes de lectura, en la actualidad es un fenómeno que ha adquirido importancia en el panorama cultural de las ciudades, donde se aprecia cada vez más esta propuesta sin artificios, frente a la deriva de una sociedad acelerada donde lo efímero parece reinar. Podríamos decir, y no queremos ponernos melodramáticos, que estos espacios de encuentro de lectores y lectoras son los últimos bastiones, junto a las librerías y bibliotecas públicas, en los que se refugia la lectura tal como la hemos conocido hasta ahora, frente a la alienación tecnológica y la omnipresente presencia de los algoritmos. No son los clubes de lectura una novedad, y podemos encontrar antecedentes de estos en la sociedad ilustrada del siglo XVIII, aunque los primeros clubes o sociedades de lectura que podemos identificar con los actuales los encontraremos en la Inglaterra victoriana. Hace unos días un variopinto número de lectores nos reunimos en la correspondiente sesión de uno más de los numerosos clubes de lectura de la ciudad. Fue el comienzo de una grata velada más, donde todos y cada uno de los presentes fuimos desgranando nuestro particular punto de vista sobre la novela que un mes antes se había propuesto para su lectura. Y ahí, en ese momento a mi entender, encontramos la gran aportación y encanto de estos clubes: el escrupuloso respeto por la lectura entendida como un acto individual y privado, y que requiere calma y tiempo y, por otro, el abrir un foro público al termino de esa lectura solitaria, donde encontramos matices, apreciaciones, criticas o aportaciones de otros lectores y lectoras. Finalmente, todos nos llevamos un bagaje enriquecedor a la lectura previa y solitaria, que si bien es el punto de partida no será el final de nuestro recorrido por la historia contenida en un libro. Larga vida a los clubes de lectura. Ramón Clavijo Provencio
viernes, 13 de febrero de 2026
"ÁFRICA": MÁS ILUSTRACIONES DESCONOCIDAS DE ARTISTAS JEREZANOS
En los fondos bibliográficos y hemerográficos patrimoniales conservados en las bibliotecas de nuestro país, siguen apareciendo a veces piezas desconocidas, olvidadas o dadas por perdidas de enorme valor y muy distinta naturaleza. Hace ahora diez años que publiqué en Diario de Jerez un artículo con el título de ‘Imágenes africanas’, en el que hacía una aproximación a la revista África’, una rareza de la que la Biblioteca Municipal de Jerez conserva completa su primera época (1926-1936), atraído por los dibujos que habían ilustrado algunas portadas de la misma firmados por el gran Teodoro Miciano. Aquella revista tan ligada a los militares africanistas en los convulsos comienzos del siglo XX (comenzó llamándose ‘Revista de las tropas coloniales’), sin embargo ilustraba sus portadas con obras de los más reputados artistas de la España del momento como Mariano Bertuchi, J. Pitarch, M. Servent y, por supuesto, Teodoro Miciano. Encontré los dibujos de este último pero también los de otros artistas de Jerez que se habían ido publicando durante el periodo 1926-1936, es decir, hasta el estallido de la Guerra Civil. Esos artistas eran Manuel Esteve el bibliotecario y arqueólogo municipal, Carlos Gallegos García Pelayo (que por las mismas fechas publicaba también en la revista ‘Mauritania’ de Tetuán), y Justo Lara Garzón ‘Ponito’, lo que confirma el gran nivel y prestigio de los artistas jerezanos en aquella época. Aquel artículo ayudó a dar, desde la perspectiva de esos cuatro artistas de Jerez, una visión del África colonial española lo que daría lugar posteriormente a una exitosa exposición. Ahora, insisto, diez años después de aquel artículo, he vuelto a repasar los números de ‘África’. ¿Por qué? Enfrascado en el borrador de un próximo estudio sobre el arqueólogo y bibliotecario Manuel Esteve, tenía la sensación de que la ya lejana primera revisión que hice de la misma pudo ser demasiado apresurada y, por tanto, sospechaba pudiera haber pasado por alto más dibujos de aquellos grandes artistas. Culminada esa tarea puedo decir ahora que se confirmaron mis vaticinios. Si en 2016 localicé 23 originales de los cuatro artistas jerezanos que habían ilustrado portadas de la revista (Miciano 12, Esteve 6, de Gallegos 2 y de ‘Ponito’ otros 2), ahora descubría 14 nuevas obras (8 de Miciano, 2 de Esteve, 1 de ‘Ponito’ y 3 de Gallegos) lo que hacía ascender a 36 el número de originales de estos pintores locales en ‘África’. Merecía la pena volver sobre estos dibujos que en su mayoría nunca se volvieron a reproducir, como el de Miciano que acompaña estas líneas (‘Un café argelino’,1930). Ramón Clavijo Provencio.
EL ALGORITMO ASESINO
Su género favorito desde que tenía uso de lectura era, sin duda, la novela negra o policiaca o de suspense, como gusta llamarles a sus obras la gran Claudia Piñeiro. Había leído a los clásicos norteamericanos, a los ingleses y franceses; y llevaba ya unos años leyendo con avidez las excelentes novelas europeas e hispanoamericanas del género. Sin olvidar a los asiáticos (japoneses y chinos). Y le dio por querer escribir una. Se sabía como pocos los resortes, el engranaje y las piezas que debía reunir una novela: el policía o detective maduro; un muerto o incluso varios, el misterioso asesino, la trama o el motivo del crimen… Y un día al ver una noticia en los informativos, se le encendió la luz: ¡el algoritmo asesino! Y se documentó. ¿Qué era un algoritmo? ¿Cómo podía matar lo que, según la IA, es una “secuencia ordenada, finita y bien definida de pasos o instrucciones para resolver un problema, realizar un cálculo o ejecutar una tarea específica”? Y en la misma definición estaba la respuesta: algún oscuro personaje (quizá un tecnoligarca de moda) sería el que “realizaría los cálculos” para que una máquina “ejecutara una tarea específica”: ¡matar! Y no se le ocurrió otra que un móvil. A través del sonido lanzaría una onda asesina por la que les reventaría la cabeza a las víctimas sin dejar huella. Al cabo de varias semanas lo tenía casi todo bien organizado. Pero faltaba el sexo (“en toda novela debe haber alguna escena de cama”), y surgió la pregunta ¿con quién podría acostarse un algoritmo? Y la respuesta no pudo ser otra: con una ecuación de segundo grado, y así el policía podría despejar la “X”. José López Romero.
viernes, 30 de enero de 2026
MIEDO
Pasado ya un tiempo, bueno es siempre reflexionar sobre aquellos grandes hombres que antes que nosotros aquí estuvieron y que son ahora ejemplo de la vanidad de la vida. Uno de ellos, por su pérdida tan próxima es, sin duda, el difunto Mario Vargas Llosa, como hombre inteligente que era y excepcional escritor que es (pues vive en sus obras), más de una vez se le pasaría por la cabeza en esos últimos momentos de su vida, cuando ya se sabía con los dos pies en el otro estribo, si la fama que había ido adquiriendo y amasando a cada golpe de novela, lo haría inmortal o, por el contrario, cuando ya pasara el tiempo que todo lo destruye, no sería más que otro cadáver en ese montón tirado en la cuneta de la historia de la literatura, que a veces no tiene piedad con sus mejores criaturas. La duda no es baladí pues, conocedor como era de nuestro pasado literario, no sería ajeno a casos y a torres, si no más altas, a una altura lo suficientemente considerable para creerse a salvo del tiempo y sus agravios. A don Mario le asaltarían en la memoria los nombres de autores que en su siglo gozaron de éxito y prestigio y que ahora duermen el sueño del olvido, carne de cañón de nota al pie de enciclopedias que ya nadie quiere. Y seguramente que entonaría, ya en su lecho de muerte, aquel Ubi sunt? al recordar qué fue de aquellos poetas y dramaturgos que dieron brillo a nuestra edad dorada; qué de los grandes escritores de novelones que hacían llorar a las porteras, las mismas que en las postrimerías del siglo decimonónico se peleaban por adquirir la última entrega; qué de los finos y sentimentales escritores de relatos cortos que tanto esplendor dieron a este género en los inicios del siglo pasado, qué, sin ir muy lejos, de aquellos autores de novela rosa que copaban las listas de éxitos en los años más grises de nuestro siglo XX… Y por su cabeza irían desfilando nombres y más nombres, premios y más premios, fama al fin y al cabo efímera, simple vanidad. Y como un personaje de tragicomedia clásica se preguntaría para qué escribió tanto, para qué edificó historias y construyó sueños, para qué, en definitiva, adquirió fortuna tanta con tantos desvelos. Y ya a punto de expirar reconocería que nadie, ni los más grandes como él tienen la inmortalidad garantizada, ni pueden estar a salvo de la impiedad de un mundo que ha perdido el control y sus referentes, en el que la lectura, por la que tanto luchó, es una actividad anticuada y reducida a grupos de personas que oponen una cada vez más débil resistencia a los embates de un tiempo tan adverso como inoportuno. Don Mario murió en olor de santidad literaria, lo que no garantiza la “eterna-unción”. José López Romero.
DE JUSTIFICADAS A INNECESARIAS VERSIONES CINEMATOGRÁFICAS
Desde la aparición del cinematógrafo allá por 1895, la relación entre cine y literatura ha sido, como es sabido, continua. Pero como cualquier otra relación que se prolongue en el tiempo, y esta no es distinta, está llena de altibajos. Centrándonos en lo que se refiere a las versiones cinematográficas de obras literarias nos encontramos de todo, desde libros mediocres encumbrados por una nueva y brillante adaptación al cine, hasta admiradas obras literarias masacradas en la gran pantalla, y entre un extremo y otro, multitud de variantes. El año pasado fue prolífico en adaptaciones de interesantes novelas que en este 2026 acumulan nominaciones a importantes premios cinematográficos. Nos referimos en este caso a tres que reflejan distintas escalas en lo justificado o no de dichas adaptaciones. Serian ‘Una batalla tras otra’ basada en ‘Vineland’ de Thomas Pynchon; ‘Hamnet’, versión de la novela del mismo título de Maggie O´Farrell; y ‘El increíble hombre menguante’, el excelente y poético relato de Richard Matheson. Pues bien, aunque para gustos, colores, mientras la primera es una adaptación arriesgada de un libro hasta cierto punto absurdo y lleno de aristas y matices, creemos que la visión de dicha novela del director Paul Thomas Anderson, aporta nuevas perspectivas a la historia aunque, repetimos, estas no sean del gusto de todos. El ‘Hamnet’ de Chiloé Zhao es una adaptación muy respetuosa con la novela de O´Farrell, y logra llevar a las imágenes la emoción, sensibilidad y dureza de esa estupenda novela sobre un pasaje poco conocido de la vida de Shakespeare, libro del que no desmerece. En cambio, la versión que se hace por parte de Jan Kounen de ‘El increíble hombre menguante’ no supera en nada a aquella ya mítica de los años cincuenta de Jack Armold, salvo en efectos especiales, por lo que creemos que es totalmente innecesaria salvo que queramos pasar un buen rato sin más, con una buena bolsa de palomitas. Ramón Clavijo Provencio
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