LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.

viernes, 8 de mayo de 2026

FRAUDE

La lista de fraudes, engaños y supercherías en la historia de la literatura no es para contarla por no inacabable. Si ya en pleno siglo XVI fray Antonio de Guevara consiguió fama de inventarse citas que atribuía a autores clásicos para así dotar de mayor prestigio a sus escritos, no menor superchería resultó ser el opúsculo ‘El buscapié’ que el ingenioso historiador gaditano Adolfo de Castro se inventó y que atribuyó al mismísimo don Miguel de Cervantes, quien supuestamente lo escribió a modo de defensa de la primera parte de su obra inmortal. La primera edición de esta obrita se publicó en 1848 (en la Imprenta, librería y litografía de la Revista Médica, a cargo de D. Juan B. de Gaona, Plaza de la Constitución. 11 de Cádiz), profusamente, hasta el cansancio, anotada por el supuesto descubridor, con el vanidoso afán de mostrar y demostrar su erudición a aquellos círculos literarios gaditanos y españoles, en general, algunos de los cuales se tragaron el fraude de Castro con todos sus engañosos y aparatosos avíos. Y en pleno siglo XVIII, como ya se ha encargado de estudiar Joaquín Álvarez Barrientos, en su artículo “Apuntes sobre falsificación y plagio en la República Literaria española del siglo XVIII”, un escritor como Cándido Mª Trigueros se sacó de la manga un tal Melchor Díaz de Toledo, cuya supuesta obra poética se encargó de editar como contribución al canon clásico que debía imperar en la República de las Letras patrias. Una superchería que bien supo descubrir el poeta Meléndez Valdés que denunció los errores léxicos cometidos por Trigueros en su fallido intento de “anticuar” la lengua al uso del XVI. Fraudes y engaños que ocultaban una intención que trascendía la anécdota literaria: la imposición de un canon para “apoyar el modelo estético gubernamental”, es decir, “al servicio de una ideología”. ¿Les suena? El ayer del siglo XVIII no es más fraudulento que el hoy. Quizá no tengan que inventarse escritores para configurar e imponer el canon, para eso ya se encargan de dar premios, subvenciones y otras regalías a los que están en ejercicio, pero está claro que las editoriales y, sobre todo, los medios de comunicación al servicio de las distintas ideologías, van imponiendo una serie de autores y unos gustos literarios que nada tienen que ver con la cultura como ámbito de libertad e independencia. Álvarez Barrientos señala: “Las famosas «dos Españas» tienen su origen aquí… Y a los dos «bandos» se les adjudicó además conductas, valores, gustos e indumentaria que los caracterizaba e identificaba. De manera que el canon literario-cultural… se ramificaba y completaba en otros ámbitos, que lo justificaban desde la política, como aval necesario para tener vigencia y legitimidad”. ¡A que les suena! José López Romero.

MÁS ALLÁ DEL "RATÓN PÉREZ"

Estos días pasados se ha estado hablando mucho en torno a la idea de levantar una “Casa del Ratón Pérez” en esta ciudad, proyecto a imagen del que ya lleva años funcionando en Madrid. Más allá de esta iniciativa planteada desde el Instituto Padre Luis Coloma, a mí me interesa más saber si se están dando pasos en recuperar en dicho Instituto la biblioteca pública que, fruto de un convenio entre Ayuntamiento de Jerez y Consejería de Educación de la Junta de Andalucía, estuvo dando excelentes servicios a la ciudadanía hasta el año 2020. Ese año, ante la aparición de la COVID-19, y atendiéndose a una petición del instituto para cumplir la normativa excepcional que se decretó por razones sanitarias, se cedió dicha biblioteca para ser usada como aula. Pero el tiempo ha pasado, y la normativa que rigió en espacios públicos por la COVID decayó hace tiempo, aunque la biblioteca sigue sin ser abierta pese a la necesidad, ante la falta de estos equipamientos públicos, de propiciar otro convenio como aquel de los años 90 del siglo pasado. También, y más allá de la “Casa del Ratón Pérez”, habría que recordar la existencia en nuestra ciudad de la biblioteca privada del escritor Luis Coloma. Una colección bibliográfica de gran valor sobre la que se hizo una primera aproximación a sus fondos en la exposición que se inauguró en la Sala Compañía en 2009, y en la que colaboraron conmigo el profesor José López Romero, Jesús M. Zulueta (UCA) y el conservador de la biblioteca privada de Coloma y especialista en su obra, Adolfo Carmona Luque (exposición que se acompañaba con un catálogo libro). Posteriormente en 2015, año en el que se conmemoraba el centenario de la muerte de Coloma, se inauguraba otra Muestra, esta vez en la Biblioteca Municipal de Jerez, y que contó con la presencia del heredero de la biblioteca privada del escritor, José Manuel García Pelayo-Coloma. Ramón Clavijo Provencio

 

viernes, 24 de abril de 2026

JEREZ Y EL DISPERSO HOMENAJE AL LIBRO

El 23 de abril de 1999 se celebraba en la Biblioteca Municipal de Jerez a iniciativa de dicha Institución, la primera lectura colectiva del ‘Quijote’ que, además, era la primera de este tipo en la provincia de Cádiz (siguiendo el ejemplo del Círculo de Bellas Artes de Madrid). Luego, más de dos décadas después, proliferan en esta ciudad propuestas similares, tantas que sin duda se le hará difícil a cualquier interesado en ese homenaje al libro decidir a cuál de estas acudir. ¿A la organizada por el Ayuntamiento, ahora en el Palacio Riquelme, o a esa otra en el Instituto Coloma, a la teatralizada del Ateneo o a las innumerables lecturas publicitadas estos días por otros colectivos? Volviendo a 1999, aquella iniciativa tuvo una gran acogida y durante los años sucesivos, en la Sala de Investigadores de la Biblioteca Municipal (en la imagen), se podía observar cómo se agolpaban en ordenada cola hacia el atril donde esperaba el ‘Quijote’ para la lectura (siempre se utilizó el editado en 1880 por Montaner y Simón e ilustrado por Balaca), numerosos ciudadanos anónimos pero también escritores y escritoras, políticos de distinto signo, miembros del obispado, de entidades económicas, educativas y culturales. En algún momento aquella iniciativa pareció que lograría lo que hasta ese momento era una quimera: hacer del 23 de abril un verdadero y unitario homenaje de la ciudad a la cultura, una ciudad que, conviene no olvidarlo, tiene históricamente un protagonismo poco conocido en relación al libro. Fue la quinta ciudad andaluza en tener imprenta, la primera que homenajeó a Cervantes con la inauguración de una Biblioteca popular (hoy Municipal, y que actualmente pasa por ser la más antigua de las municipales españolas: 23 de abril de 1873),  la que vio nacer al cervantista Ramón León Mainez, fundador de la primera publicación española especializada en Cervantes, ‘La Crónica de los cervantistas’ o que en 1953 editaba la primera edición de gran bibliofilia del ‘Quijote’ fruto de la colaboración de los jerezanos hermanos Jurado y el artista Teodoro Miciano. Pero aquella iniciativa de 1999 en el marco incomparable de la Sala de Investigadores, solo duró un quinquenio pues algunos iluminados decidieron llevarse de ‘paseo’ esa lectura colectiva de la obra cervantina desde dicha sede, y ya hasta la actualidad, primero a la Sala Compañía, luego a los Claustros de Santo Domingo, al Antiguo Consistorio y, ahora, al Palacio Riquelme junto a un sinfín de lugares más. En todos estos años de peregrinaje por el camino se han ido quedando muchos ciudadanos y colectivos, deserciones que seguirán aumentando mientras se mantenga este disperso homenaje al libro. Ramón Clavijo Provencio

  

MEJORES

Cuando asistía a cócteles y fiestas siempre terminaba enganchada a un grupo en el que alguien hacía algún comentario sobre el último libro que había leído, y la conversación entonces giraba hacia libros y lecturas. “No. No son mejores por ser lectores”, se decía para sí aquella joven que se desconectaba de la conversación a poco de empezar. Ella no era lectora y le aburría e incluso le molestaba ese afán de amigos y conocidos por intercambiar opiniones sobre autores y novelas. “Se sienten superiores a los que no leemos. ¡Panda de engreídos!”, pensaba con cierto rencor. Tras el cristal de su copa en aquellos saraos a los que asistía, como si de una ventana indiscreta se tratara, observaba y lanzaba su mirada desdeñosa a aquel círculo de presuntuosos que, en su opinión, se creían mejores que el resto de la humanidad: aquel insoportable y petulante, que no hacía más que elogiar la última novela, “una obra maestra” sentenciaba, cuando ella sabía que solo era lector de contraportadas; o aquel otro que incluso se las daba de escritor, cuando a sus espaldas sus propios amigos le llamaban “el juntaletras”. Ellos no eran mejores personas por ser lectores. La lectura no era un factor fundamental para determinar las virtudes de una persona. Ella estaba segura de que la lectura no estaba en sus genes, pero no por ello era peor persona. En su fuero interno, aunque no quería reconocérselo, no era realmente esa sensación de superioridad o de sentirse mejores lo que creía percibir y le molestaba de la gente que leía, sino un inconfesable y vergonzante complejo de inferioridad. José López Romero

 

viernes, 10 de abril de 2026

EL LADO CORRECTO

“Padre, una preguntita (mi hijo cuando utiliza el diminutivo, malo). ¿Tú te consideras en el lado correcto de la literatura?” “Eso, father”, le oigo de lejos a mi hija (cuando los dos están de acuerdo, peor). “Buena pregunta” (leo en la cara de mis hijos una sonrisa de condescendiente satisfacción). Buena pregunta -repito- si supiera cuáles son los lados de la literatura. “¡Pero los de la Historia parece que están muy claros!”, me replican. Sí, para el que se cree que está en el correcto. Y precisamente es la propia Historia la que nos da la lección de que no ha habido gobernante por muy sanguinario que este fuera que no se considerase en el lado correcto de su historia. Los grandes genocidas del siglo XX, Hitler aún lamenta (resucitado por Timur Vermes en su libro ‘Él ha vuelto’) no haber acabado su labor de la “solución final” para exterminar a todos los judíos sobre la faz de Europa. De la misma manera se creería Neville Chamberlain en el lado correcto de la historia cuando se mostró complaciente con el mismo Hitler en sus planes de expansión de los Sudetes. Y así, todos los que han ejercido el poder con la arbitrariedad de la violencia, la represión y la inoperancia. Pero yo no sé qué lados tiene la Literatura, por lo que no podría considerarme en el correcto ni en su contrario. Si como manifestación artística el lado correcto es la belleza, el buen gusto, el estilo elegante y depurado, yo diría que me gusta ese lado; si, por otro, convenimos en el compromiso de los autores para denunciar los problemas y abusos de la sociedad y del tiempo en el que viven a través de sus obras, debo confesar que también estoy muy de acuerdo con este otro lado, porque la literatura es al fin y al cabo fruto de la época en la que se produce y, por ello, debería tener también la función ética de hacernos a los lectores tomar conciencia y, en lo posible, proponer soluciones. Y si unimos los dos lados, entonces no podría estar más de acuerdo que ese sería el correcto de la Literatura. ¿Ejemplos? Vayamos a conocidos. Autores como Fernando Aramburu y sus novelas sobre el terrorismo de ETA; Rafael Chirbes y el desencanto de la transición española (no de las grandes decisiones, sino de las alcantarillas y sumideros de los políticos rastreros y mezquinos); o para irnos más lejos, las obras de Chinua Achebe y de Chimamanda Ngozi Adichie sobre la Nigeria pre y poscolonial; o también ‘Tengo miedo, torero’ de Pedro Lemebel, una novela extraordinaria en todos sus lados. La buena literatura, en definitiva, no tiene lados ni correctos ni incorrectos. Es buena en sí misma y en su todo. ¿La Historia? Como la feria. Mis hijos ya habían huido hacía tiempo. Y en un alarde de atrevimiento se me ocurrió preguntarle a mi mujer ¿y cuál es mi lado correcto de la cama? el sofá. ¡Cuánta ingratitud! José López Romero. 

 

SESENTA AÑOS DESPUÉS

El 9 de octubre de 1966 se publicaba en “La Voz del Sur” una entrevista a Tomás García Figueras. En la misma se informaba de la donación de su biblioteca a la Biblioteca Nacional, y con ella la creación en esta última Institución de la “Sala África”. Sin embargo, no se daba ninguna información en dicha entrevista, sobre por qué el ex alcalde de Jerez tomaba esta decisión. Lo cierto es que García Figueras y Lora Tamayo, ministro de Educación  y que había mediado en la donación a la Biblioteca Nacional, estaban más que satisfechos en aquel momento, puesto que se garantizaba el cumplimiento de las condiciones  que el donador había puesto para llevarla a cabo: unos espacios y medios adecuados y mantener la unidad física de la colección, cosa que al parecer no se garantizaba en Jerez, pese a la opinión del bibliotecario Manuel Esteve Guerrero, viejo amigo de Tomás García. Pero a día de hoy los fondos donados por García Figueras ya no se encuentran en esa sala “África” . Desde 1989, tras una reorganización técnica, dichos fondos fueron distribuidos por otras secciones y depósitos de la Biblioteca Nacional (aunque se mantiene una unidad virtual). Es cierto que en Jerez en el año 1966, la Biblioteca Municipal carecía de los espacios adecuados para albergar una colección de aquella magnitud, pero con algo de tiempo de seguro se hubiera encontrado un lugar adecuado para esta, además de mantenerse su unidad física (no solo virtual). Sin duda de haberse conservado un legado tan singular la ciudad se habría convertido en foco de atracción y encuentro para investigadores y especialistas. Con la perspectiva que da el tiempo estamos convencidos que la opinión de Manuel Esteve, y que cayó en saco roto en su momento, debería haber sido tenida en cuenta. Ramón Clavijo Provencio.

viernes, 27 de marzo de 2026

JEREZ Y EL LEGADO DE 'ATALAYA'

En 1974 Jerez sufre los efectos de una prolongada huelga de viticultores. Miles de trabajadores echan un pulso a las autoridades y patronal que seguirá hasta comienzos del año siguiente, cuando se atendieron parte de sus reclamaciones. Huelgas como la mencionada en Jerez se extienden por toda la geografía española afectando a distintos colectivos. Mientras, la Universidad es un hervidero donde  no son  escasas las intervenciones de la policía en los campus, para disolver concentraciones e incluso impedir actos culturales como los de músicos representativos de la canción protesta, que solían actuar muchas veces sin permisos oficiales. La salud de Franco se deteriora y sus entradas y salidas de centros hospitalarios son frecuentes pese a que los medios de comunicación controlados por el Régimen traten de ocultar la gravedad del estado de salud del anciano dictador. En este ambiente de comienzo de los setenta, cuando el país intuye que se está al final de una larga etapa y se vislumbra esperanzadora una nueva realidad, aún está muy presente en los ambientes literarios de la ciudad el legado de aquel grupo que impulsara el poeta local Manuel Rios Ruiz: el grupo ‘Atalaya’ de poesía del Centro Cultural Jerezano. A finales de los cincuenta y principios de la década siguiente, sus reuniones no pasaban indiferentes a las autoridades, ni a la censura sus publicaciones o emisiones a través de las ondas, en aquel programa radiofónico de corte literario en Radio Jerez, ‘La Bodega de la Luna’. Manuel Rios, poeta emergente y al que el paso del tiempo parece querer sumir en un injusto olvido, logró impulsar desde ‘Atalaya’ una revista poética que aún nos resuena en los oídos a los amantes de la literatura, mientras sus escasos números son codiciados hoy por recalcitrantes bibliófilos. ‘La Venencia’ se llamaba. En su primer número con el que iniciaba la etapa jerezana (1963), bajo una portada del pintor local Juan Manuel Gutiérrez Montíel, encontramos textos entre otros de Antonio Hernández, Carlos Murciano, María de los Reyes Fuentes, Juan Ruiz Peña o Ángel García López. En los siguientes números (hasta cinco publicados en Jerez, a los que seguirán otros ocho ya editados en Madrid) podemos disfrutar con las creaciones de Pilar Paz Pasamar, el arcense Julio Mariscal, el portuense José Luis Tejada y muchos más. ‘Atalaya’ fue impulsora también de una colección de libros de poesía, en la que publicaron algunos de los ya mencionados además de otros como Celaya o Antonio Luis de Baena. Sin duda un legado inolvidable este,  surgido en tiempos más que difíciles y que ‘Atalaya’ contribuyó a superar. Ramón Clavijo Provencio

EL RUFIÁN DICHOSO

Calificada por Francisco Ruiz Ramón como “comedia de santos”, Cervantes escribió ‘El rufián dichoso’ y la publicó en 1615 incluida en el volumen titulado ‘Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados’. En tres actos, a la manera instaurada por Lope, don Miguel escenifica la vida de Cristóbal de Lugo, un truhan, un pícaro insatisfecho dentro del mundo del hampa, plagado de rufianes, que campa con total libertad por las calles de Sevilla, pues la sombra protectora del inquisidor Tello de Sandoval lo libra de ser apresado por la justicia. La primera jornada o acto se cierra con una partida de cartas: si pierde, se hará bandolero; pero gana, y es entonces cuando vive la experiencia interior de su conversión. La segunda jornada se localiza en México y Cristóbal de Lugo se ha transformado en fray Cristóbal de la Cruz, famoso en toda la ciudad por su vida penitente y ejemplar. Y de nuevo Cervantes se reserva una última escena para cerrar este segundo acto: fray Cristóbal lucha para salvar el alma de doña Ana de Treviño, quien no cree en la misericordia de Dios. Fray Cristóbal ofrece todas sus buenas obras a cambio de los pecados de doña Ana, y al tiempo que esta muere en gracia de Dios, fray Cristóbal “queda cubierto por la lepra, signo visible de que el cielo ha aceptado su oferta”. La tercera jornada es una lucha del santo contra las fuerzas del mal. La lepra va desapareciendo de su cuerpo para, finalmente, “recibir el homenaje del máximo representante de la autoridad civil”. Si en clave política actual escribiera don Miguel esta comedia, el título se trocaría en ‘El dichoso rufián’, y el santo en un fantoche más propio del esperpento. José López Romero.