“Padre, una preguntita (mi hijo cuando utiliza el diminutivo, malo). ¿Tú te consideras en el lado correcto de la literatura?” “Eso, father”, le oigo de lejos a mi hija (cuando los dos están de acuerdo, peor). “Buena pregunta” (leo en la cara de mis hijos una sonrisa de condescendiente satisfacción). Buena pregunta -repito- si supiera cuáles son los lados de la literatura. “¡Pero los de la Historia parece que están muy claros!”, me replican. Sí, para el que se cree que está en el correcto. Y precisamente es la propia Historia la que nos da la lección de que no ha habido gobernante por muy sanguinario que este fuera que no se considerase en el lado correcto de su historia. Los grandes genocidas del siglo XX, Hitler aún lamenta (resucitado por Timur Vermes en su libro ‘Él ha vuelto’) no haber acabado su labor de la “solución final” para exterminar a todos los judíos sobre la faz de Europa. De la misma manera se creería Neville Chamberlain en el lado correcto de la historia cuando se mostró complaciente con el mismo Hitler en sus planes de expansión de los Sudetes. Y así, todos los que han ejercido el poder con la arbitrariedad de la violencia, la represión y la inoperancia. Pero yo no sé qué lados tiene la Literatura, por lo que no podría considerarme en el correcto ni en su contrario. Si como manifestación artística el lado correcto es la belleza, el buen gusto, el estilo elegante y depurado, yo diría que me gusta ese lado; si, por otro, convenimos en el compromiso de los autores para denunciar los problemas y abusos de la sociedad y del tiempo en el que viven a través de sus obras, debo confesar que también estoy muy de acuerdo con este otro lado, porque la literatura es al fin y al cabo fruto de la época en la que se produce y, por ello, debería tener también la función ética de hacernos a los lectores tomar conciencia y, en lo posible, proponer soluciones. Y si unimos los dos lados, entonces no podría estar más de acuerdo que ese sería el correcto de la Literatura. ¿Ejemplos? Vayamos a conocidos. Autores como Fernando Aramburu y sus novelas sobre el terrorismo de ETA; Rafael Chirbes y el desencanto de la transición española (no de las grandes decisiones, sino de las alcantarillas y sumideros de los políticos rastreros y mezquinos); o para irnos más lejos, las obras de Chinua Achebe y de Chimamanda Ngozi Adichie sobre la Nigeria pre y poscolonial; o también ‘Tengo miedo, torero’ de Pedro Lemebel, una novela extraordinaria en todos sus lados. La buena literatura, en definitiva, no tiene lados ni correctos ni incorrectos. Es buena en sí misma y en su todo. ¿La Historia? Como la feria. Mis hijos ya habían huido hacía tiempo. Y en un alarde de atrevimiento se me ocurrió preguntarle a mi mujer ¿y cuál es mi lado correcto de la cama? el sofá. ¡Cuánta ingratitud! José López Romero.
LABERINTO 1873
Una biblioteca es lo más parecido a un laberinto, un laberinto lleno de libros, de mundos por descubrir.En homenaje a las bibliotecas y a la lectura , preside la cabecera de este blog un dibujo del pintor jerezano Carlos Crespo Lainez: "Noche de lectura".
LECTORES SIN REMEDIO
Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
viernes, 10 de abril de 2026
SESENTA AÑOS DESPUÉS
El 9 de octubre de 1966 se publicaba en “La Voz del Sur” una entrevista a Tomás García Figueras. En la misma se informaba de la donación de su biblioteca a la Biblioteca Nacional, y con ella la creación en esta última Institución de la “Sala África”. Sin embargo, no se daba ninguna información en dicha entrevista, sobre por qué el ex alcalde de Jerez tomaba esta decisión. Lo cierto es que García Figueras y Lora Tamayo, ministro de Educación y que había mediado en la donación a la Biblioteca Nacional, estaban más que satisfechos en aquel momento, puesto que se garantizaba el cumplimiento de las condiciones que el donador había puesto para llevarla a cabo: unos espacios y medios adecuados y mantener la unidad física de la colección, cosa que al parecer no se garantizaba en Jerez, pese a la opinión del bibliotecario Manuel Esteve Guerrero, viejo amigo de Tomás García. Pero a día de hoy los fondos donados por García Figueras ya no se encuentran en esa sala “África” . Desde 1989, tras una reorganización técnica, dichos fondos fueron distribuidos por otras secciones y depósitos de la Biblioteca Nacional (aunque se mantiene una unidad virtual). Es cierto que en Jerez en el año 1966, la Biblioteca Municipal carecía de los espacios adecuados para albergar una colección de aquella magnitud, pero con algo de tiempo de seguro se hubiera encontrado un lugar adecuado para esta, además de mantenerse su unidad física (no solo virtual). Sin duda de haberse conservado un legado tan singular la ciudad se habría convertido en foco de atracción y encuentro para investigadores y especialistas. Con la perspectiva que da el tiempo estamos convencidos que la opinión de Manuel Esteve, y que cayó en saco roto en su momento, debería haber sido tenida en cuenta. Ramón Clavijo Provencio.
viernes, 27 de marzo de 2026
JEREZ Y EL LEGADO DE 'ATALAYA'
En 1974 Jerez sufre los efectos de una prolongada huelga de viticultores. Miles de trabajadores echan un pulso a las autoridades y patronal que seguirá hasta comienzos del año siguiente, cuando se atendieron parte de sus reclamaciones. Huelgas como la mencionada en Jerez se extienden por toda la geografía española afectando a distintos colectivos. Mientras, la Universidad es un hervidero donde no son escasas las intervenciones de la policía en los campus, para disolver concentraciones e incluso impedir actos culturales como los de músicos representativos de la canción protesta, que solían actuar muchas veces sin permisos oficiales. La salud de Franco se deteriora y sus entradas y salidas de centros hospitalarios son frecuentes pese a que los medios de comunicación controlados por el Régimen traten de ocultar la gravedad del estado de salud del anciano dictador. En este ambiente de comienzo de los setenta, cuando el país intuye que se está al final de una larga etapa y se vislumbra esperanzadora una nueva realidad, aún está muy presente en los ambientes literarios de la ciudad el legado de aquel grupo que impulsara el poeta local Manuel Rios Ruiz: el grupo ‘Atalaya’ de poesía del Centro Cultural Jerezano. A finales de los cincuenta y principios de la década siguiente, sus reuniones no pasaban indiferentes a las autoridades, ni a la censura sus publicaciones o emisiones a través de las ondas, en aquel programa radiofónico de corte literario en Radio Jerez, ‘La Bodega de la Luna’. Manuel Rios, poeta emergente y al que el paso del tiempo parece querer sumir en un injusto olvido, logró impulsar desde ‘Atalaya’ una revista poética que aún nos resuena en los oídos a los amantes de la literatura, mientras sus escasos números son codiciados hoy por recalcitrantes bibliófilos. ‘La Venencia’ se llamaba. En su primer número con el que iniciaba la etapa jerezana (1963), bajo una portada del pintor local Juan Manuel Gutiérrez Montíel, encontramos textos entre otros de Antonio Hernández, Carlos Murciano, María de los Reyes Fuentes, Juan Ruiz Peña o Ángel García López. En los siguientes números (hasta cinco publicados en Jerez, a los que seguirán otros ocho ya editados en Madrid) podemos disfrutar con las creaciones de Pilar Paz Pasamar, el arcense Julio Mariscal, el portuense José Luis Tejada y muchos más. ‘Atalaya’ fue impulsora también de una colección de libros de poesía, en la que publicaron algunos de los ya mencionados además de otros como Celaya o Antonio Luis de Baena. Sin duda un legado inolvidable este, surgido en tiempos más que difíciles y que ‘Atalaya’ contribuyó a superar. Ramón Clavijo Provencio
EL RUFIÁN DICHOSO
Calificada por Francisco Ruiz Ramón como “comedia de santos”, Cervantes escribió ‘El rufián dichoso’ y la publicó en 1615 incluida en el volumen titulado ‘Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados’. En tres actos, a la manera instaurada por Lope, don Miguel escenifica la vida de Cristóbal de Lugo, un truhan, un pícaro insatisfecho dentro del mundo del hampa, plagado de rufianes, que campa con total libertad por las calles de Sevilla, pues la sombra protectora del inquisidor Tello de Sandoval lo libra de ser apresado por la justicia. La primera jornada o acto se cierra con una partida de cartas: si pierde, se hará bandolero; pero gana, y es entonces cuando vive la experiencia interior de su conversión. La segunda jornada se localiza en México y Cristóbal de Lugo se ha transformado en fray Cristóbal de la Cruz, famoso en toda la ciudad por su vida penitente y ejemplar. Y de nuevo Cervantes se reserva una última escena para cerrar este segundo acto: fray Cristóbal lucha para salvar el alma de doña Ana de Treviño, quien no cree en la misericordia de Dios. Fray Cristóbal ofrece todas sus buenas obras a cambio de los pecados de doña Ana, y al tiempo que esta muere en gracia de Dios, fray Cristóbal “queda cubierto por la lepra, signo visible de que el cielo ha aceptado su oferta”. La tercera jornada es una lucha del santo contra las fuerzas del mal. La lepra va desapareciendo de su cuerpo para, finalmente, “recibir el homenaje del máximo representante de la autoridad civil”. Si en clave política actual escribiera don Miguel esta comedia, el título se trocaría en ‘El dichoso rufián’, y el santo en un fantoche más propio del esperpento. José López Romero.
viernes, 13 de marzo de 2026
LA SEMANA SANTA EN LA LITERATURA
‘La Semana Santa en la literatura’ es una
de las últimas publicaciones de la editorial Almuzara que aquí saludamos y
damos la bienvenida, pues todo estudio que relacione tradiciones populares con
textos literarios siempre suele aportar nuevas visiones y perspectivas tanto de
unas como de los otros. El trabajo corre a cargo de Eugenio Vega Geán, un
investigador que conoce como muy pocos la Semana Santa en general, y la
jerezana, e incluso la andaluza, en particular. El trabajo de E. Vega mantiene
los mismos niveles de calidad, profundidad y exhaustividad a los que nos tiene
acostumbrados en sus publicaciones, muchas de ellas referidas a la propia
Semana Santa, otras a cultos religiosos en general. El repaso que hace de
autores y obras literarias alcanza desde la literatura medieval hasta nuestros
más actuales días, en cuyas páginas se incluyen ilustraciones que complementan
ese recorrido Semana Santa-Literatura en el que podemos destacar, como uno de
los valores añadidos del volumen, la cantidad de referencias desconocidas para
el común de los lectores, y que estudios como este vienen a rescatar de entre
la enorme producción de todo tiempo y época. El grueso del trabajo de centra,
como no podía ser otra manera, en las dos últimas centurias (XIX-XX), donde encontramos
sobre todo en la novela realista y naturalista los ejemplos más interesantes de
esa relación entre la religiosidad popular y la trama narrativa, dos elementos
que los novelistas han ido utilizando en sus obras ya sea como complemento al
marco espacio-temporal, ya integrado en la propia psicología de los personajes.
El pasaje (que E. Vega consigna en su estudio), pongamos por ejemplo, de doña
Ana Ozores, la regenta, expuesta a las miradas siempre escrutadoras y severas
de la alta sociedad de Vetusta, en procesión de Viernes Santo vestida de
nazarena y descalza, exhibida como un triunfo por don Fermín de Pas, el
magistral, en la grandiosa novela de Clarín (‘La regenta’, cap. XXVI), es un
buen ejemplo de cómo un escritor perfila una escena que se convierte en símbolo
de las intrigas y oscuros intereses de sus protagonistas. Trabajos como este de
E. Vega, al margen de su indudable interés en todos los aspectos, poseen un
enorme valor para lectores en general, aficionados y, sin duda, para estudiosos
e investigadores. Reunir las referencias que en la literatura a lo largo de su
historia se pueden encontrar sobre la Semana Santa es lo mismo que, en otros
tiempos, hacían los grandes humanistas cuando recopilaban adagios (Erasmo),
historias de grandes hombres y grandes mujeres (Boccaccio), para que sirvieran
de consulta, uso y lectura para todos. Todo un acierto. José López Romero.
TIERRA DE NÓMADAS
A raíz de la gran crisis económica de 2008 se produjo un fenómeno, especialmente en los Estados Unidos de Norteamérica, conocido como el de los “workampers”. Con este apelativo se hacía referencia a los miles de personas que, habiéndolo perdido casi todo, adquirían una caravana ante la imposibilidad de conservar su vivienda y trabajo de toda la vida, y se lanzaban a la carretera no impulsados por una repentina fiebre aventurera, sino por razones alimenticias y de subsistencia. Dicho fenómeno dio lugar a un excelente libro escrito por la periodista Jessica Bruder, que durante meses vivió en su propia caravana para poder documentar y seguir las peripecias de algunas de estas personas adultas, normalmente al final de su edad laboral, y que se veían abocados a un futuro incierto tras la “Gran Recesión”, trabajando en condiciones precarias y saltando como temporeros de un lugar a otro de la vasta geografía estadounidense. El libro tuvo una gran repercusión el año de su edición (2017 en USA; la versión castellana es de Capitán Swing, 2020) y dio lugar a una versión cinematográfica del mismo nombre, dirigida por la directora Chloé Zao, y protagonizada por Frances McDormand (película que cosechó tres Óscars en la edición de 2020). Sin embargo, pese a ser esta última una excelente película, le da una perspectiva más romántica y aventurera al fenómeno de este singular nomadismo. Es cierto que también en la pantalla encontramos ese trasfondo de la pérdida de todo, y la forzada búsqueda en las interminables y solitarias carreteras del sustento diario, pero la versión cinematográfica añade un cierto halo romántico que impregna a la protagonista y que no encontramos en el libro de Bruder. Y es que esa atracción por la libertad y los “grandes espacios solitarios y vírgenes que proyecta la película está muy lejos de acompañar a estos ‘workampers” engañados por el sistema. Ramón Clavijo Provencio
viernes, 27 de febrero de 2026
¡CÓMO ESTÁ EL PATIO!
Enciendo el móvil y no paro de ver desde hace varias semanas las dos mismas caras en esas noticias sueltas de Google. Un joven con boina o gorra de las que se le desborda una abundante pelambrera y un señor mayor que luce un buen rapado capilar, enzarzados ambos en réplicas y contrarréplicas a cuenta de no sé qué jornadas sobre la eterna Guerra Civil. El joven no es otro que David Uclés, la sensación editorial del pasado año con su novela ‘La península de las casas vacías’ (Siruela con esta y con ‘El infinito en un junco’ ha dado dos sonoros pelotazos), y debo reconocer el poco interés que tengo en leerla, pues a estas alturas de la vida para encararme con novelas de más de cuatrocientas páginas, prefiero releer a los grandes conocidos que a éxitos del momento, más cuando estamos ante un epígono de una corriente literaria que gozó de su esplendor y hoy ya desgastada de tanto usarla. Y el señor mayor, ya se pueden suponer, es Arturo Pérez Reverte, otro rey Midas de la editorial Alfaguara, pues desde hace muchos años todo lo que ha escrito lo ha convertido en éxito, en especial aquellas novelas en conmemoración de efemérides. Y también debo reconocer que tampoco me he mostrado especialmente interesado en su literatura, aunque leí en su momento sus primeras novelas. Pero este artículo no iba de confesiones de lector vergonzante, sino de la polémica suscitada por esas jornadas sobre la Guerra Civil: que si para uno terminó en el 39 y, en cambio, para el otro en el 75… cuando doctores tiene la Guerra mucho más autorizados que cualquier jornada al efecto. Y esta coyuntura la han aprovechado muchos para disparar (valga la metáfora) a todo lo que se menea. Y así, la que fuera la gran novela del año pasado, ahora se ha convertido en un relato farragoso al que le sobran páginas (¿a qué novela de más de cuatrocientas no le sobran?), y ya que estamos en faena su buen repaso se está llevando la que ha obtenido el premio Nadal, por no hablar de las críticas recibidas por el propio Uclés (cambio de Siruela a Planeta, los escrúpulos ideológicos que de pronto se olvidan cuando de dinero se trata…). Pero tampoco Pérez Reverte se ha ido de rositas y le han llovido las críticas ya no tanto por su currículum literario, sino también por sus posiciones ideológicas. Lo cierto de toda esta trifulca alimentada en las redes (ya saben: bulos, fango, mentiras…), es que el patio literario, como le es consustancial, está a la primera que salta para criticar, despellejar y llevarse por delante a nuevos y veteranos. Lo último, afirmar que ‘La ciudad de las luces muertas’ (el premio Nadal) es peor que las novelas de Juan del Val. ¡Qué maldad! ¡Qué insulto! ¿para quién? José López Romero.
SESIÓN DE CLUB DE LECTURA
Lo que hasta hace pocos años era una singularidad, y me refiero a los denominados clubes de lectura, en la actualidad es un fenómeno que ha adquirido importancia en el panorama cultural de las ciudades, donde se aprecia cada vez más esta propuesta sin artificios, frente a la deriva de una sociedad acelerada donde lo efímero parece reinar. Podríamos decir, y no queremos ponernos melodramáticos, que estos espacios de encuentro de lectores y lectoras son los últimos bastiones, junto a las librerías y bibliotecas públicas, en los que se refugia la lectura tal como la hemos conocido hasta ahora, frente a la alienación tecnológica y la omnipresente presencia de los algoritmos. No son los clubes de lectura una novedad, y podemos encontrar antecedentes de estos en la sociedad ilustrada del siglo XVIII, aunque los primeros clubes o sociedades de lectura que podemos identificar con los actuales los encontraremos en la Inglaterra victoriana. Hace unos días un variopinto número de lectores nos reunimos en la correspondiente sesión de uno más de los numerosos clubes de lectura de la ciudad. Fue el comienzo de una grata velada más, donde todos y cada uno de los presentes fuimos desgranando nuestro particular punto de vista sobre la novela que un mes antes se había propuesto para su lectura. Y ahí, en ese momento a mi entender, encontramos la gran aportación y encanto de estos clubes: el escrupuloso respeto por la lectura entendida como un acto individual y privado, y que requiere calma y tiempo y, por otro, el abrir un foro público al termino de esa lectura solitaria, donde encontramos matices, apreciaciones, criticas o aportaciones de otros lectores y lectoras. Finalmente, todos nos llevamos un bagaje enriquecedor a la lectura previa y solitaria, que si bien es el punto de partida no será el final de nuestro recorrido por la historia contenida en un libro. Larga vida a los clubes de lectura. Ramón Clavijo Provencio
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