LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.

viernes, 30 de enero de 2026

MIEDO

Pasado ya un tiempo, bueno es siempre reflexionar sobre aquellos grandes hombres que antes que nosotros aquí estuvieron y que son ahora ejemplo de la vanidad de la vida. Uno de ellos, por su pérdida tan próxima es, sin duda,  el difunto Mario Vargas Llosa, como hombre inteligente que era y excepcional escritor que es (pues vive en sus obras), más de una vez se le pasaría por la cabeza en esos últimos momentos de su vida, cuando ya se sabía con los dos pies en el otro estribo, si la fama que había ido adquiriendo y amasando a cada golpe de novela, lo haría inmortal o, por el contrario, cuando ya pasara el tiempo que todo lo destruye, no sería más que otro cadáver en ese montón tirado en la cuneta de la historia de la literatura, que a veces no tiene piedad con sus mejores criaturas. La duda no es baladí pues, conocedor como era de nuestro pasado literario, no sería ajeno a casos y a torres, si no más altas, a una altura lo suficientemente considerable para creerse a salvo del tiempo y sus agravios. A don Mario le asaltarían en la memoria los nombres de autores que en su siglo gozaron de éxito y prestigio y que ahora duermen el sueño del olvido, carne de cañón de nota al pie de enciclopedias que ya nadie quiere. Y seguramente que entonaría, ya en su lecho de muerte, aquel Ubi sunt? al recordar qué fue de aquellos poetas y dramaturgos que dieron brillo a nuestra edad dorada; qué de los grandes escritores de novelones que hacían llorar a las porteras, las mismas que en las postrimerías del siglo decimonónico se peleaban por adquirir la última entrega; qué de los finos y sentimentales escritores de relatos cortos que tanto esplendor dieron a este género en los inicios del siglo pasado, qué, sin ir muy lejos, de aquellos autores de novela rosa  que copaban las listas de éxitos en los años más grises de nuestro siglo XX… Y por su cabeza irían desfilando nombres y más nombres, premios y más premios, fama al fin y al cabo efímera, simple vanidad. Y como un personaje de tragicomedia clásica se preguntaría para qué escribió tanto, para qué edificó historias y construyó sueños, para qué, en definitiva, adquirió fortuna tanta con tantos desvelos. Y ya a punto de expirar reconocería que nadie, ni los más grandes como él tienen la inmortalidad garantizada, ni pueden estar a salvo de la impiedad de un mundo que ha perdido el control y sus referentes, en el que la lectura, por la que tanto luchó, es una actividad anticuada y reducida a grupos de personas que oponen una cada vez más débil resistencia a los embates de un tiempo tan adverso como inoportuno. Don Mario murió en olor de santidad literaria, lo que no garantiza la “eterna-unción”. José López Romero.   

DE JUSTIFICADAS A INNECESARIAS VERSIONES CINEMATOGRÁFICAS

Desde la aparición del cinematógrafo allá por 1895, la relación entre cine y literatura ha sido, como es sabido, continua. Pero como cualquier otra relación que se prolongue en el tiempo, y esta no es distinta, está llena de altibajos. Centrándonos en lo que se refiere a las versiones cinematográficas de obras literarias nos encontramos de todo, desde libros mediocres encumbrados por una nueva y brillante adaptación al cine, hasta admiradas obras literarias masacradas en la gran pantalla, y entre un extremo y otro, multitud de variantes. El año pasado fue prolífico en adaptaciones de interesantes novelas  que en este 2026 acumulan nominaciones a importantes premios cinematográficos. Nos referimos en este caso a tres que reflejan distintas escalas en lo justificado o no de dichas adaptaciones. Serian ‘Una batalla tras otra’  basada en ‘Vineland’ de Thomas Pynchon; ‘Hamnet’, versión de la novela del mismo título de Maggie O´Farrell; y ‘El increíble hombre menguante’, el excelente y poético relato de Richard Matheson. Pues bien, aunque para gustos, colores, mientras la primera es una adaptación arriesgada de un libro hasta cierto punto absurdo y lleno de aristas y matices,  creemos que la visión de dicha novela del director Paul Thomas Anderson, aporta nuevas perspectivas a la historia aunque, repetimos, estas no sean del gusto de todos. El ‘Hamnet’ de Chiloé Zhao es una adaptación muy respetuosa con la novela de O´Farrell, y logra llevar a las imágenes la emoción, sensibilidad y dureza de esa estupenda novela sobre un pasaje poco conocido de la vida de Shakespeare, libro del que no desmerece. En cambio, la versión que se hace por parte de Jan Kounen de ‘El increíble hombre menguante’ no supera en nada a aquella ya mítica de los años cincuenta de Jack Armold, salvo en efectos especiales, por lo que creemos que es totalmente innecesaria salvo que queramos pasar un buen rato sin más, con una buena bolsa de palomitas. Ramón Clavijo Provencio

viernes, 16 de enero de 2026

"LOS ÚLTIMOS DÍAS DE LA HUMANIDAD" Y OTROS LIBROS

Comenzaba el día  leyendo, mientras tomaba el primer café de la mañana, el excelente artículo de Paco Cerdá sobre aquel libro de Karl Kraus, ‘Los últimos días de la humanidad’ (“Descenso a la locura de la guerra y al cinismo de la patria, El País, 3 de enero) que se ha reeditado recientemente (H&O,Editores), y donde el  inmenso autor austriaco analiza el ambiente lleno de soflamas y llamadas al belicismo en aquella Europa  a punto de despeñarse por el precipicio que fue la Primera Guerra Mundial. Y de repente saltaba la noticia de la operación militar norteamericana sobre Venezuela, algo previsible en un mundo donde el orden internacional saltó por los aires hace tiempo mientras arrecian vientos que no vaticinan nada bueno, y la prueba es la carrera armamentística que se extiende por el Globo, desde el Caribe al mar de China, desde el Cuerno de África al Golfo Pérsico. No nos encontramos en una situación mejor que la que nos describía Kraus hace tantos años ya, lo que nos hace pensar que los libros de historia o las grandes obras literarias que denuncian el sinsentido de la guerra, no nos han servido hasta ahora para nada, entre otras cosas porque a la mayoría de nuestros dirigentes políticos, los de antes y los de ahora, parece importarles poco la historia o los libros que analizan los errores del pasado. Curiosamente este pasado año tres libros editados en nuestro país han acaparado por encima de otros la atención, tres libros que desde distintos enfoques analizan nuestra gran tragedia bélica contemporánea: la Guerra Civil. El primero de ellos, del ya mencionado Paco Cerdá, ‘Presentes’ (Alfaguara) y galardonado con el Premio Nacional de Narrativa 2025, sigue ese surrealista viaje por España, desde Alicante a Madrid, del cadáver de José Antonio Primo de Rivera a hombros de sus fieles. Otro libro, ‘El viaje de mi padre’ (Alfaguara) recoge las impresiones de Julio Llamazares siguiendo las huellas de dos jóvenes combatientes, uno de ellos el padre del autor, que sin saber cómo se ven envueltos en los fragores de un terrible conflicto. Una historia emocionante que invita a la reflexión. Sobre ‘La Península de las casas vacías’ (Siruela) de David Uclés se ha dicho de todo a estas alturas, también nosotros comentamos el libro en esta sección, por lo que eludiré repetirme, pero qué duda cabe que estas espléndidas historias de los tres escritores mencionados vuelven, desde distintas perspectivas, a ponernos frente a los fantasmas bélicos del pasado, como también lo intentaron en su momento Sweitz, Remarke , el mencionado Kraus y tantos otros, en un intento de comprensión y advertencia sobre los errores del pasado que al parecer no terminamos de asimilar en este complejo presente. Ramón Clavijo Provencio.

 

UNA DE TÓPICOS

“Ya sé que estamos siempre solos… / que la felicidad se desvanece… / que la vida carece de sentido… / que quienes andan por la calle / son solo muertos con unos días / de permiso. Lo sé. Sé todos los tópicos. / Y sé que son verdad…”, dice José Luis García Martín en uno de sus poemas. Tan excelente poeta como crítico literario (ver su blog “crisisdepapel.blogspot.com”). Y a todos estos tópicos que Gª Martín va desgranando en sus versos, podríamos añadir otro que también sabemos todos y que, sin embargo, de vez en cuando, nos hace llevarnos las manos a la cabeza: “casi todos los premios literarios en este país están ya dados de antemano” (¡cuidado!: “casi todos”), y si no, que se lo pregunten a García Montero o a Andrés Trapiello, quien tendrá muchas anécdotas que contar al respecto. Por eso, no entiendo, sabiendo como lo sabemos, que haya levantado tanto escándalo la concesión del Planeta. Antes se intentaba premiar a un primera figura, que midiese su dignidad literaria en euros, caso de Cela, con escándalo de plagio incluido, o de Mario Vargas Llosa. Sin embargo, no se dejó embaucar por la dotación del premio Miguel Delibes, cuya dignidad literaria estaba muy por encima del saldo de su cuenta corriente. Que se premie a una mujer o a un hombre de la casa, y si el personaje despierta cierta polémica no es más que la prueba de que la literatura o, mejor dicho, los premios, como el Planeta, no son más que un negocio, y que la empresa además de recuperar el gasto quiere obtener beneficios, cuanto más, mejor. Y como diría Gª Martín: “Ya sé que somos polvo y sombra/ pero mientras el polvo dura / el mundo está bien hecho”. Pues eso. José López Romero.