LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.

sábado, 22 de octubre de 2011

COMPARACIÓN

No soy lector de un solo libro. No puedo. Por eso siempre tengo encima de la mesa un mínimo de tres y un máximo de cinco que voy cogiendo según el tiempo de que dispongo, el ánimo en que me encuentro, el interés que me han despertado, etc. Tampoco me limito a un género ni una época literaria; es más, intento en lo posible que en ese número quepan todas las opciones: clásicos y modernos, novela y poesía, que combino con teatro, ensayos, etc. Así, al cabo del año (tengo anotadas escrupulosamente todas la lecturas que hago), me permito hacer un balance de mis lecturas, que siempre termina por ser insatisfactorio, porque un lector sin remedio querría duplicar el tiempo dedicado a la lectura para poder abarcar mucho más de lo leído. Y por mucho que uno quiere hacerse una sistemática lista previa, ésta se te viene abajo por una recomendación, una urgencia, un capricho de última hora o un regalo. Pero la elección ya arbitraria o caprichosa, o incluso obligada tiene también su punto positivo. Con el trasiego de libros por mi mesa, me he ido dando cuenta de que así como muchos tienen un tiempo determinado de lectura (a veces cometo el error de leer un libro de invierno en verano y su lectura resulta un verdadero suplicio), también me he fijado en que la edad marca el momento de un libro (algunos libros que leí con dieciocho años ahora seguramente se me caerían de las manos). Pero llevo ya un cierto tiempo observando que en la simultaneidad de la lectura, en la comparación (siempre odiosa) algunos libros se van engrandeciendo, mientras que otros se empequeñecen. Quizá esos mismos libros leídos en simultaneidad con otros o sin posible comparación, no habrían cambiado de tamaño o hubiesen sufrido inversa transformación. Me ha pasado esto últimamente con “La soledad era esto” de Juan José Millás que al leerlo al mismo tiempo que “Rabos de lagartija” de Juan Marsé, éste se ha ido agigantando del mismo modo que aquél ha ido menguando, lo mismo podría decir de “La sonrisa etrusca” de José Luis Sampedro en comparación con “Brooklyn Follies” de Paul Auster. Se me puede objetar que es cuestión de estilo, temáticas diferentes, etc., etc. Pero les invito a que lo comprueben por ustedes mismos. No hay color. José López Romero.

BIOGRAFÍAS

Quizás una de las parcelas menos tratada por la historiografía jerezana sea la biográfica. Este vacío ha sido tan clamoroso que durante generaciones sólo el excelente libro titulado “Hombres Ilustres de la ciudad de Jerez de la Frontera” (1875) de Diego Ignacio Parada y Barreto, fue el único referente de garantías para el lector o curioso en la materia. Pero pecaríamos de injustos si no reconociéramos también algunos muy contados casos de investigadores que esporádicamente trataron el genero biográfico, y lo hicieron con rigurosidad e interés, como son entre otros los Repeto Bettes, Manuel Ruiz Lagos, o José López Romero. Pero pese a todo y hasta hace bien poco, instintivamente cada vez que pensábamos en biografías, se nos venía a la mente el viejo libro de Parada, lo que de alguna manera era una alusión a lo poco que se habían interesado por esta parcela de la historiografía local los investigadores. Incluso ese vacío se deja notar a finales de los años ochenta del pasado siglo, cuando se produce una importante revitalización de los estudios locales, en el que se multiplican y dan a la imprenta numerosas investigaciones fruto de la nueva hornada de historiadores donde destacan nombres como los de Antonio Cabral o Diego Caro. Pese a ello, y nuevamente, la historiografía local no se vería sensiblemente enriquecida, con la excepción de algún que otro estudio, con libros que ampliarán en calidad el género biográfico local. Esta realidad, de la que desconocemos sus causas, se ha prolongado prácticamente hasta hoy. Conocidos los antecedentes, no hay que decir que el acto de introducirse en el género biográfico en Jerez pueda ser tachado de temeridad o rareza, y por ello cuando tuve entre mis manos el libro Jerezanos para la historia de Antonio Mariscal Trujillo, eso fue lo que pensé, aparte de tomar con cierta prevención y escepticismo esta nueva incursión en el género. Pero es este que les comento un trabajo riguroso sustentado en un importante y bien trabajado aporte documental, por lo que no creo ser temerario al afirmar que con este libro intuyo que algo se vuelve a mover en los estudios sobre el género biográfico local, que salvo meritorias y contadas excepciones, poco parecía haber progresado desde el punto en el que lo dejara en aquel lejano 1875, Diego Ignacio Parada y Barreto con sus “Hombres Ilustres de Jerez de la Frontera”. Al autor, hay que atribuirle el mérito de no haber descuidado algo que a veces se considera secundario en los trabajos de investigación, la amenidad. Ese equilibrio entre rigor, utilidad y amenidad garantizan el objetivo de Antonio Mariscal: que el tiempo implacable, no termine por difuminar esa otra visión de la historia local, que no es otra que la que nos puede proporcionar un mayor conocimiento de personajes como los que se incluyen en las páginas de “Jerezanos para la Historia”. RAMÓN CLAVIJO PROVENCIO

sábado, 15 de octubre de 2011

LA ESPERA

Creo que esa es la sensación que prevalece en nuestro país en lo que concierne al mercado editorial. A todos los que de una  u otra forma nos sentimos vinculados al libro, ya como lectores, libreros, editores, bibliotecarios, educadores, etc., parece nos envolviera una inquietante y tensa sensación de espera que   no terminamos de saber cuándo se romperá. ¿O sí?  Llevamos años esperando que las nuevas tecnologías irrumpan y modifiquen nuestras reglas de juego actuales, pero lo cierto es que aún el libro en formato papel sigue dominando nuestros hábitos, tanto lectores como comerciales, educativos o culturales, y  pese a  la caída de ventas no se ha traducido en un  apreciable avance del libro electrónico. Ahora hace un año parecía que los  libros electrónicos  y los artilugios que nos permiten su lectura, serían  los reyes  en nuestros hogares, y que ello llevaría indefectiblemente a la creación de plataformas para su comercialización e incluso utilización masiva en instituciones como las bibliotecas. Pero el año pasó, y la venta de los distintos modelos de lectores ha sido más bien discreta, mientras la plataforma Libranda, que se postulaba como la que tiraría del carro del libro digital en España, parece haber embarrancado. Al final, tengo la sensación de que, como ha sucedido con tantas otras cosas en este país, el definitivo empujón vendrá de fuera, ya que al parecer nosotros no terminamos de ponernos de acuerdo para arrancar. Bueno, realmente el empujón  nos lo han dado, y es que Amazon ya está aquí pues acaba de abrir su librería virtual, y aunque aún no parece vaya a comenzar a comercializar su famoso lector electrónico, el  Kindle, qué duda cabe de que ya nada será igual. ¿Qué quieren que les diga?, pues que creo que simplemente con ese anuncio se ha terminado el tiempo de espera y ahora, casi a la fuerza, no vamos a tener más remedio que adaptarnos o morir. La misma canción de siempre. RAMÓN CLAVIJO PROVENCIO

LITERATURA Y REALIDAD

En la literatura, desde que tiene fe de vida, la realidad ha sido uno de sus componentes más elementales, en una proporción que a veces marcan las épocas o los movimientos literarios, y otras los propios autores. Y no me estoy refiriendo sólo a esa corriente costumbrista que aunque localizada en determinados siglos, cruza toda la historia de la literatura. ¿Cómo si no entender las comedias de Plauto o el mismísimo “Lazarillo”, manual de vida de aquella sociedad de parias y hambrientos que fue forjando el imperio desde su mismo origen?. No haría falta acudir a los costumbristas del siglo XVII como A. de Rojas Villandrando (“El viaje entretenido”) o J. de Zabaleta (“El día de fiesta por la mañana y por la tarde”) para reconstruir, si documentos nos faltaran, el pasado de aquellos españoles del seiscientos, porque con las novelas picarescas y el teatro clásico lo podríamos perfectamente hacer; y de la misma manera lo haríamos en el XIX con las novelas de Galdós o de Clarín, o incluso del padre Coloma sin necesidad de echar mano de los grandes escritores costumbristas decimonónicos (Mesonero Romanos, Estébanez Calderón, Larra). Y con más argumentos defenderíamos nuestra tesis si nos referimos al siglo XX. Y viene todo esto a cuento porque al leer “Tardes del Alcázar. Doctrina para el perfecto vasallo” que escribiera a principios del siglo XVII el onubense afincado en Sevilla Juan de Robles, su editor, Antonio Castro, cuya pericia filológica ha demostrado suficientemente con los trabajos dedicados al escritor renacentista Pedro Mexía,  nos llama la atención sobre el valor documental de la obra; valor que se observa en la inclusión en el diálogo que sostienen los dos protagonistas, el licenciado Sotomayor y Don Juan de Guzmán, de anécdotas sucedidas en la Sevilla de la época o datos biográficos de personas, como Rodrigo Castro y Fernando Niño de Guevara, cardenales de Sevilla a los que sirvió en calidad de secretario Juan de Robles, que tuvieron su importancia en la vida de una ciudad que disfrutaba por aquellos tiempos de su mayor esplendor y pujanza. ¿Cómo podríamos conocer si no lo cuenta Robles en su obra que Fernando Niño hubo de prohibir la procesión de la Hermandad de los Negritos porque “los cofrades aprovechaban el anonimato que les proporcionaba el hábito de nazareno para manifestar la inquina que guardaban contra sus señores”? Comenta Don Juan de Guzmán: “… y como todos ivan con capirotes, huvo esclavos que dieron (a río buelto, como suele dezirse) muy gentiles palos a sus amos”. La mano experta de Antonio Castro nos va acompañando por su cuidada edición de “Tardes del Alcázar” para hacernos ver que la obra de Juan de Robles traspasa los límites de un manual de comportamiento del buen vasallo, para convertirse en un testimonio de su tiempo, no sólo por las anécdotas en ella incluidas, sino porque la literatura en cualquiera de sus manifestaciones no deja de ser fruto de la época en que se escribe y en ella ésta sin duda se refleja. José López Romero.

sábado, 8 de octubre de 2011

GAUDEAMUS IGITUR

“No hay nada tan desnudo como los ojos de los seres humanos”, dice un personaje de “La flecha del tiempo” de Martin Amis (¡cómo se empeñan algunos escritores y sus novelas en complicarle la vida al sufrido lector!), frase que en modo alguno se refiere, aunque alguna relación tiene con ese aparatito (“no más grande que un receptor de radio”) que nos describe Arturo Roa Bastos en su obra “El fiscal”, uno de los más eficaces y sofisticados artilugios de tortura utilizado por la Técnica, policía secreta en la dictadura paraguaya del general Stroessner, el “tiranosaurio”, “se trataba de un proyector de enceguecedores rayos blancos e infrarrojos que queman las retinas y produce atroces dolores y perturbaciones en el cerebro al mismo tiempo que una parálisis completa del cuerpo y del sistema respiratorio”. Pero una cosa es la indefensión de nuestros ojos ante cualquier ataque o, peor aún, cruel tortura, y otra muy distinta es esa mirada limpia que sólo los niños tienen, aunque cada vez la van perdiendo a edad más temprana. Una variante adulta es la expresión “creía haberlo visto todo ya, pero…” con la que expresamos nuestra infinita capacidad de sorpresa o asombro, porque este mundo nos depara nuevos acontecimientos que despiertan ese fondo inocente que creíamos ya agotado. Les pongo en situación. Acto solemne de despedida de una promoción de universitarios que acaban de terminar sus carreras. Impresionante auditorio lleno hasta la bandera de jóvenes felices y no menos felices familias; como impresionante era el escenario en el que se ubicaba la mesa presidencial, donde se codeaban, literalmente, autoridades políticas (¿qué hacían allí?), académicas y profesores. Y el comienzo no pudo ser más ilustrativo de lo que le esperaba al paciente e ingenuo público: el discurso del representante de los alumnos, por cuya edad ya le habría dado tiempo a terminar dos licenciaturas y un doctorado, fue un acabado prodigio de retórica en el que lo más refinado fue el “¿cómo están ustedes?” inicial, en consonancia con su atuendo de progre indignado contra el protocolo y el buen gusto. Pero el postre fue el señor decano. Bajo la apariencia de figurante en el banquete nupcial de los Corleone o de cantante de verbena estival napolitana, repartió mieles a una autoridad en avanzado estado de descomposición política y hieles reivindicativas a la representante  del gobierno municipal; ni las mieles ni las hieles venían a cuento. Lo mejor, los discursos de los propios alumnos; unos, con mucha gracia, otros, ajustados al academicismo del acto, y sobre todo, el homenaje sincero y cariñoso de los universitarios a una profesora que se jubilaba. Lo demás, para olvidar. Una tortura para los ojos (y que me perdone Roa Bastos), un insulto a la inteligencia y un desprecio supino al decoro que exigía la solemnidad del acto y que se debían exigir a sí mismas aquellas autoridades por las instituciones que representaban. Una universidad que hace cateta esta banda de patanes. Natalio Benítez Ragel.

MARKETING

Sorprender a un famoso leyendo un determinado libro  se ha convertido en una posibilidad de hacer fortuna, y hacerse un  hueco efímero en el difícil Olimpo literario. No han sido pocas las veces en las que una vez desvelado qué libro leían fulanito, actorcillo de moda, o menganita,  novia de un torero de tronío, mientras tomaban el sol, o  paseaban ojeándolo, se han agotado ediciones ante la sorpresa de propios y extraños. Y es que muchos de  los compradores de esos libros (tengo prevención en decir lectores) con los que fueron sorprendidos estos u otros famosos, no perseguían tanto conocer lo que en ellos se decía sino más bien alimentar el morbo de pasear la mirada por los textos sobre los que también se pasearon visualmente sus ídolos. Es evidente, pues, que a estos lectores ocasionales les puede dar lo mismo que las lecturas de sus admiradas y efímeras “estrellas” fueran una novela de Auster o un libro de autoayuda de autor desconocido. Pero sobre este asunto el que me puso al día, fue Atanasio, amigo del que en alguna ocasión les he dado cuenta, y que hace unas semanas me confesaba que había escrito una novela negra. ¡Pero qué me dices! Me dejas de piedra. Ignoraba que tuvieras aficiones literarias. Para ser sincero Ramón, lo que espero es tener  visión comercial, cosa que en estos tiempos que corren no me vendría nada mal. Pues sí, amigo- prosiguió mi interlocutor-, he invertido una pequeña cantidad en autopublicarme la novela, y ahora  espero  colocarla. ¿Colocarla? –Le contesté- ¿Te refieres al escaparate de una librería para su venta?. ¿Pero qué dices, Ramón? Ahí  no tengo nada que hacer. En cambio, si encuentro  al famosillo adecuado  y  logro pasarle mi libro con la pretensión de que me firme un autógrafo mientras me hacen la foto de rigor, portada de libro incluida, ¡eso sí que sería un triunfo!  Bien pensado, Atanasio -no me atreví a  contradecirlo- pero deberías darte prisa, pues como sigan imponiéndose los libros electrónicos me temo que va a ser complicado llevar a la práctica tu novelesca “operación marketing”. Ramón Clavijo Provencio.

domingo, 4 de septiembre de 2011

UNA NOVELA SOBRE LAS EXCAVACIONES DE ASTA REGIA EN LA POSTGUERRA ESPAÑOLA

Pues sí, también nosotros hemos sucumbido a la tentación y nos hemos lanzado al campo de la ficción. Bueno, no es que la vena literaria nos haya tocado de repente. En realidad, tanto a Pepe como a mí, desde siempre las inclinaciones literarias han ido paralelas a las lectoras, y tanto él como yo tenemos nuestras pequeñas historias (me refiero a la extensión) publicadas años atrás en periódicos y revistas. Pero desde que colaboramos en este y otros medios de comunicación y hemos dado a la imprenta algunos trabajos de investigación, teníamos clavada una pequeña espina que no era otra que el miedo a presentar ante nuestros lectores esa novela, sobre la que tantas veces habíamos hablado,  que  debería girar en torno a ese campo de ruinas y abandono que hoy es Asta Regia. Tras dos años de trabajo tuvimos el primer borrador y ahora sacamos una definitiva versión en formato digital (aunque no descartamos la impresa), sacándonos definitivamente esa espina de miedo  que antes mencionaba. ¿Sobre la historia que recoge la novela? A ambos nos atraía el misterio que  parece ocultar  las Mesas de Asta, las dificultades del primer arqueólogo que se atrevió a hurgar en aquel paisaje, y del periodo difícil que vivía el país cuando Esteve en solitario recorría unos parajes que parecían gritarle que no los abandonara.

"Asta Regia. La fiebre de la tierra", no es sin embargo una visión novelada de aquella epopeya de Manuel Esteve, aunque sí nos ha servido de base para presentar la historia de un arqueólogo, que guarda muchas similitudes con Esteve pero que no es él. Nuestro protagonista también lucha en los mismos parajes no solo para desentrañar lo que el paso de los siglos ha ocultado, sino para no verse engullido por las intrigas políticas que en esos años lo dominaban todo, hasta el punto de poner en peligro su vida.
Espero que la lean y nos hagan llegar su opinión.
http://www.bubok.es/libros/206232/Asta-Regia-La-fiebre-de-la-tierra

sábado, 6 de agosto de 2011

MI LIBRO DE ESTE VERANO

Como ya me ha sucedido otras tantas veces, lo descubrí  mucho antes de comenzar su lectura. Me llamó la atención, como  me suele pasar también a menudo, por su magnifica portada que rememoraba un enfrentamiento en el legendario Oeste norteamericano. Pero me decía a mi mismo que no era ya tiempo de leer novelas del Oeste, aunque esta tuviera la garantía de la firma de un  autor hoy  de culto como fue Oakley Hall. Y sucedió, como me ha sucedido tantas veces, que cuando dejé de ver la novela expuesta en el escaparate de mi librería de guardia, fue cuando me asaltaron esos impulsos irrefrenables de conseguirla como fuera y de iniciar su lectura. Dicho y hecho, y les debo decir que no me equivoqué con este impulso veraniego. ¿Qué es una novela del Oeste? ¿Y qué? si es una gran novela. Par mi se ha convertido sin lugar a dudas, en mi libro de este verano. He leído unos cuantos en lo que llevamos de él, y alguno me queda todavía antes de su termino, pero creo que en mis recuerdos de las lecturas de este verano de 2011 quedará al menos esta novela con la que me topé inesperadamente: WARLOCK.
¿Qué les comente algo sobre su trama? No, les recomiendo sólo  su lectura, aunque no esta de más decir que Warlock inspiró a finales de los años cincuenta del pasado siglo, aquella mítica película titulada "El hombre de las pistolas de oro" protagonizada por un magnifico Henry Fonda. (lean en todo caso el enlace adjunto). Ramón Clavijo Provencio