LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.

viernes, 24 de abril de 2026

JEREZ Y EL DISPERSO HOMENAJE AL LIBRO

El 23 de abril de 1999 se celebraba en la Biblioteca Municipal de Jerez a iniciativa de dicha Institución, la primera lectura colectiva del ‘Quijote’ que, además, era la primera de este tipo en la provincia de Cádiz (siguiendo el ejemplo del Círculo de Bellas Artes de Madrid). Luego, más de dos décadas después, proliferan en esta ciudad propuestas similares, tantas que sin duda se le hará difícil a cualquier interesado en ese homenaje al libro decidir a cuál de estas acudir. ¿A la organizada por el Ayuntamiento, ahora en el Palacio Riquelme, o a esa otra en el Instituto Coloma, a la teatralizada del Ateneo o a las innumerables lecturas publicitadas estos días por otros colectivos? Volviendo a 1999, aquella iniciativa tuvo una gran acogida y durante los años sucesivos, en la Sala de Investigadores de la Biblioteca Municipal (en la imagen), se podía observar cómo se agolpaban en ordenada cola hacia el atril donde esperaba el ‘Quijote’ para la lectura (siempre se utilizó el editado en 1880 por Montaner y Simón e ilustrado por Balaca), numerosos ciudadanos anónimos pero también escritores y escritoras, políticos de distinto signo, miembros del obispado, de entidades económicas, educativas y culturales. En algún momento aquella iniciativa pareció que lograría lo que hasta ese momento era una quimera: hacer del 23 de abril un verdadero y unitario homenaje de la ciudad a la cultura, una ciudad que, conviene no olvidarlo, tiene históricamente un protagonismo poco conocido en relación al libro. Fue la quinta ciudad andaluza en tener imprenta, la primera que homenajeó a Cervantes con la inauguración de una Biblioteca popular (hoy Municipal, y que actualmente pasa por ser la más antigua de las municipales españolas: 23 de abril de 1873),  la que vio nacer al cervantista Ramón León Mainez, fundador de la primera publicación española especializada en Cervantes, ‘La Crónica de los cervantistas’ o que en 1953 editaba la primera edición de gran bibliofilia del ‘Quijote’ fruto de la colaboración de los jerezanos hermanos Jurado y el artista Teodoro Miciano. Pero aquella iniciativa de 1999 en el marco incomparable de la Sala de Investigadores, solo duró un quinquenio pues algunos iluminados decidieron llevarse de ‘paseo’ esa lectura colectiva de la obra cervantina desde dicha sede, y ya hasta la actualidad, primero a la Sala Compañía, luego a los Claustros de Santo Domingo, al Antiguo Consistorio y, ahora, al Palacio Riquelme junto a un sinfín de lugares más. En todos estos años de peregrinaje por el camino se han ido quedando muchos ciudadanos y colectivos, deserciones que seguirán aumentando mientras se mantenga este disperso homenaje al libro. Ramón Clavijo Provencio

  

MEJORES

Cuando asistía a cócteles y fiestas siempre terminaba enganchada a un grupo en el que alguien hacía algún comentario sobre el último libro que había leído, y la conversación entonces giraba hacia libros y lecturas. “No. No son mejores por ser lectores”, se decía para sí aquella joven que se desconectaba de la conversación a poco de empezar. Ella no era lectora y le aburría e incluso le molestaba ese afán de amigos y conocidos por intercambiar opiniones sobre autores y novelas. “Se sienten superiores a los que no leemos. ¡Panda de engreídos!”, pensaba con cierto rencor. Tras el cristal de su copa en aquellos saraos a los que asistía, como si de una ventana indiscreta se tratara, observaba y lanzaba su mirada desdeñosa a aquel círculo de presuntuosos que, en su opinión, se creían mejores que el resto de la humanidad: aquel insoportable y petulante, que no hacía más que elogiar la última novela, “una obra maestra” sentenciaba, cuando ella sabía que solo era lector de contraportadas; o aquel otro que incluso se las daba de escritor, cuando a sus espaldas sus propios amigos le llamaban “el juntaletras”. Ellos no eran mejores personas por ser lectores. La lectura no era un factor fundamental para determinar las virtudes de una persona. Ella estaba segura de que la lectura no estaba en sus genes, pero no por ello era peor persona. En su fuero interno, aunque no quería reconocérselo, no era realmente esa sensación de superioridad o de sentirse mejores lo que creía percibir y le molestaba de la gente que leía, sino un inconfesable y vergonzante complejo de inferioridad. José López Romero

 

viernes, 10 de abril de 2026

EL LADO CORRECTO

“Padre, una preguntita (mi hijo cuando utiliza el diminutivo, malo). ¿Tú te consideras en el lado correcto de la literatura?” “Eso, father”, le oigo de lejos a mi hija (cuando los dos están de acuerdo, peor). “Buena pregunta” (leo en la cara de mis hijos una sonrisa de condescendiente satisfacción). Buena pregunta -repito- si supiera cuáles son los lados de la literatura. “¡Pero los de la Historia parece que están muy claros!”, me replican. Sí, para el que se cree que está en el correcto. Y precisamente es la propia Historia la que nos da la lección de que no ha habido gobernante por muy sanguinario que este fuera que no se considerase en el lado correcto de su historia. Los grandes genocidas del siglo XX, Hitler aún lamenta (resucitado por Timur Vermes en su libro ‘Él ha vuelto’) no haber acabado su labor de la “solución final” para exterminar a todos los judíos sobre la faz de Europa. De la misma manera se creería Neville Chamberlain en el lado correcto de la historia cuando se mostró complaciente con el mismo Hitler en sus planes de expansión de los Sudetes. Y así, todos los que han ejercido el poder con la arbitrariedad de la violencia, la represión y la inoperancia. Pero yo no sé qué lados tiene la Literatura, por lo que no podría considerarme en el correcto ni en su contrario. Si como manifestación artística el lado correcto es la belleza, el buen gusto, el estilo elegante y depurado, yo diría que me gusta ese lado; si, por otro, convenimos en el compromiso de los autores para denunciar los problemas y abusos de la sociedad y del tiempo en el que viven a través de sus obras, debo confesar que también estoy muy de acuerdo con este otro lado, porque la literatura es al fin y al cabo fruto de la época en la que se produce y, por ello, debería tener también la función ética de hacernos a los lectores tomar conciencia y, en lo posible, proponer soluciones. Y si unimos los dos lados, entonces no podría estar más de acuerdo que ese sería el correcto de la Literatura. ¿Ejemplos? Vayamos a conocidos. Autores como Fernando Aramburu y sus novelas sobre el terrorismo de ETA; Rafael Chirbes y el desencanto de la transición española (no de las grandes decisiones, sino de las alcantarillas y sumideros de los políticos rastreros y mezquinos); o para irnos más lejos, las obras de Chinua Achebe y de Chimamanda Ngozi Adichie sobre la Nigeria pre y poscolonial; o también ‘Tengo miedo, torero’ de Pedro Lemebel, una novela extraordinaria en todos sus lados. La buena literatura, en definitiva, no tiene lados ni correctos ni incorrectos. Es buena en sí misma y en su todo. ¿La Historia? Como la feria. Mis hijos ya habían huido hacía tiempo. Y en un alarde de atrevimiento se me ocurrió preguntarle a mi mujer ¿y cuál es mi lado correcto de la cama? el sofá. ¡Cuánta ingratitud! José López Romero. 

 

SESENTA AÑOS DESPUÉS

El 9 de octubre de 1966 se publicaba en “La Voz del Sur” una entrevista a Tomás García Figueras. En la misma se informaba de la donación de su biblioteca a la Biblioteca Nacional, y con ella la creación en esta última Institución de la “Sala África”. Sin embargo, no se daba ninguna información en dicha entrevista, sobre por qué el ex alcalde de Jerez tomaba esta decisión. Lo cierto es que García Figueras y Lora Tamayo, ministro de Educación  y que había mediado en la donación a la Biblioteca Nacional, estaban más que satisfechos en aquel momento, puesto que se garantizaba el cumplimiento de las condiciones  que el donador había puesto para llevarla a cabo: unos espacios y medios adecuados y mantener la unidad física de la colección, cosa que al parecer no se garantizaba en Jerez, pese a la opinión del bibliotecario Manuel Esteve Guerrero, viejo amigo de Tomás García. Pero a día de hoy los fondos donados por García Figueras ya no se encuentran en esa sala “África” . Desde 1989, tras una reorganización técnica, dichos fondos fueron distribuidos por otras secciones y depósitos de la Biblioteca Nacional (aunque se mantiene una unidad virtual). Es cierto que en Jerez en el año 1966, la Biblioteca Municipal carecía de los espacios adecuados para albergar una colección de aquella magnitud, pero con algo de tiempo de seguro se hubiera encontrado un lugar adecuado para esta, además de mantenerse su unidad física (no solo virtual). Sin duda de haberse conservado un legado tan singular la ciudad se habría convertido en foco de atracción y encuentro para investigadores y especialistas. Con la perspectiva que da el tiempo estamos convencidos que la opinión de Manuel Esteve, y que cayó en saco roto en su momento, debería haber sido tenida en cuenta. Ramón Clavijo Provencio.