El matrimonio formado por
Theobald y Luise llegan a casa. A ella se le han caído las bragas en plena
calle hasta asomar por las faldas, lo que ha provocado un considerable revuelo.
El marido no puede estar más disgustado, no por la honestidad de su mujer, sino
porque el suceso puede acarrearles el desprestigio social y con este la ruina
económica, más cuando él es un modesto funcionario y, al parecer, el emperador
se hallaba cerca de allí. La golpea con el bastón y la insulta: “Tengo la culpa
de tener una mujer así, una puerca, una fulana, una lunática”. Pero aquí no
queda la cosa. Los insultos y desprecios que Theobald le dirige a su esposa son
continuos a lo largo de esta obra, ‘Las bragas’, del escritor alemán Carl
Sternheim (reseñada en esta página). ¿Qué se puede esperar de un individuo que
confiesa hasta con orgullo que no lee nada en absoluto, que apenas piensa y que
no conoce a Shakespeare y muy superficialmente a Goethe? Y él mismo declara que
su filosofía de vida es tan cómoda como primitiva: “Mi vida va a durar setenta
años. Ciñéndome a mi conciencia adquirida, en ese lapso de tiempo puedo
disfrutar a mi manera de algunas cosas. Si quisiera para mí un pensamiento más
elevado… en mi difícil condición intelectual apenas habría conseguido interiorizarlo
en cien años”. Una aclaración muy pertinente: Sternheim escribió ‘Las bragas’ a
principios del siglo XX. Y sin embargo, ¡cúantos Theobald siguen existiendo
repartidos por el mundo! Especímenes que se regodean en su primitivismo
(Theobald alardea incluso de su fuerza física), más cercano a la prehistoria de
la humanidad: comer, beber, dormir y marcar territorio. Pero a los Theobald se
les ve venir. Mucho peores son los “tartufos” que bajo el aspecto del manso,
del hombre de pensamientos elevados esconden su verdadera naturaleza: la del
violento, la del maltratador. No hay día en que la fatídica estadística no
aumente con una víctima más de este terrible mal. Hace más de un siglo que
Sternheim escribió su obra, ¡qué poco hemos aprendido!. José López Romero.
Una biblioteca es lo más parecido a un laberinto, un laberinto lleno de libros, de mundos por descubrir.En homenaje a las bibliotecas y a la lectura , preside la cabecera de este blog un dibujo del pintor jerezano Carlos Crespo Lainez: "Noche de lectura".
LECTORES SIN REMEDIO
Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
viernes, 13 de octubre de 2017
viernes, 6 de octubre de 2017
PUBLICACIONES DEL XIX Y "EL BELLO SEXO"
“El Gran Mundo: revista dedicada al bello sexo” se publicó en
Sevilla entre 1872 y 1876. Tocaba temas
de “literatura, salones, modas, paseos y noticias”, con ilustraciones
como la que acompaña este artículo. Salvo Benito Mas y Prat y algún otro, pocas
son las firmas consagradas que escribían en ella. Curiosidades, cotilleos en
algunos casos, llenaban sus páginas, lo que nos da una idea de la calidad de
las publicaciones dirigidas a las mujeres, en contraste con aquellas dedicadas a un público
mayoritariamente masculino, como las valoradas “La Ilustración Artística”
o “La Ilustración española y americana”, donde por cierto también
colaboraba Mas y Prat. Varios ejemplos
del contenido: un panegírico sobre las suegras ante el ancestral desprecio de
los yernos, pues “creyendo tener en su hija un tesoro inestimable, les
parece poco para ella todo hombre y abultados miran todos sus defectos” ;
una crónica de un baile ofrecido en Jerez por los señores Sánchez Romate y sus hijos
los duques de Almodóvar del Rio en diciembre de 1875 en su palacio de la calle Lealas ; o una
visita hecha por el poeta y dramaturgo sevillano José Velilla a la feria de
Jerez en mayo de 1876, acompañado por el historiador jerezano Manuel Cancela, donde
el dato más interesante que nos da es la “iluminación a la veneciana”
que lucía la calle Larga. Si esta revista resulta tan solo insípida, otras
publicaciones del XIX sobre la mujer asombran por el solo hecho de haber salido
de las imprentas, como el “estudio” de un tal Dr. Pouillet (ni siquiera en la
Espasa lo he encontrado) cuyo título ya da escalofríos: “Estudio
médico-filosófico sobre las formas, las causas, los síntomas, las consecuencias
y el tratamiento del onanismo en la mujer” (1883). Lo sorprendente ya no es
que este panfleto afirmase que “de todos los vicios de lesa naturaleza, uno
de los más grandes es la masturbación”, que dijera que “la mujer se haya
más propensa que el hombre al onanismo arrastrada por la exquisita sensibilidad
de su aparato genital”, o que enumerase hasta varios remedios contra estas
prácticas, como el sulfato de quinina, la belladona, el bromuro de potasio o,
para aquellas más recalcitrantes, la clitoridectomía, y todo ello escrito por
un hijo del país de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Más que eso,
lo realmente llamativo es que este
engendro superara las depuraciones de libros de la posguerra y acabara en manos
de Soto Molina. Quizás quienes integraban aquellas comisiones ni siquiera
sabían quien eran Onán, y puede que don José se lo quedara, como ejemplar
curioso, para su biblioteca particular, conservada en la Biblioteca Municipal
de Jerez. NATALIO BENITEZ RAGEL.
EL INFIERNO DE RULO
En el ‘Sueño del
Infierno’ o, por otro nombre, ‘las zahúrdas de Plutón’, el gran Quevedo nos
presenta a un poeta que no hace más que maldecir al que inventó las consonantes
(la rima consonante), “Pues porque en un soneto dije que una señora era
absoluta, / y siendo más honesta que Lucrecia, / por dar fin al cuarteto la
hice puta”. No suelo prestarles atención a las canciones actuales, que siempre
tengo de fondo mientras conduzco. La mayoría, si no todas, adolecen de una
ramplonería y una vacuidad artística que algunas hasta estremecen y levantan el
vello. Pero el otro día y por pura casualidad, sin premeditación ni alevosía
(lo juro), me puse a escuchar la canción “Noviembre” perteneciente al grupo
‘Rulo y la contrabanda’. El primer cuarteto dice así: “¿Cómo voy a hacer que el
corazón no te duela / Si llevo años durmiendo abrazado a cualquiera? / ¿Cómo
voy a conseguir dejarme de vicios / Si tengo menos voluntad que tu abogado de
oficio?”. Enseguida se me vino a las mientes el texto de Quevedo. ¡Maldito
inventor de las consonantes! El pobre de Rulo no ha podido encontrar mejor
consonancia para sus “vicios” que a un pobre “abogado de oficio” que pasaba por
allí (por su inagotable inspiración) y encima, para completar el ripio, lo
tilda de poco esforzado en su trabajo. No hace falta que aquí comente, porque
basta con acercarse al colegio de abogados para informarse, la labor tan
desagradecida y escasamente remunerada que realizan a diario los abogados de
oficio. Además de que tras cada uno de ellos hay una persona que se ha
esforzado en sacarse un título universitario, que ahora ejerce con más penas y
con tan poca gloria como escaso reconocimiento en los juzgados. ¿Y quién es
Rulo? ¿qué mérito tiene si no es el único ser perpetrador de malas consonantes?.
Para Quevedo, un serio y seguro candidato a su infierno. José López
Romero.
viernes, 29 de septiembre de 2017
LAS COMPARACIONES...
Hace ya un tiempo escribí
un artículo en el que comentaba cómo en la lectura simultánea de varios libros
(soy de esos lectores múltiples), unos se agrandaban, se agigantaban, o tomaban
exacta medida de su calidad, en comparación con otros, que se achicaban,
menguaban o tomaban exacta medida de su mediocridad. No me acuerdo ahora cuáles
fueron los libros o autores comparados en aquella ocasión, pero las lecturas
que he ido haciendo desde entonces han confirmado esta teoría o impresión que
tuve en aquel momento. Entre los que no resistirían ni una mínima comparación
yo pondría sin duda la novela sentimentaloide de Siri Hustvedt titulada ‘Un
verano sin hombres’, o ‘Zonas húmedas’ de Charlotte Roche, un delirante relato
de una grosería totalmente gratuita. A estas dos obras y autoras, incorporaría
una de mis últimas lecturas: ‘La gente feliz lee y toma café’ de Agnès
Martin-Lugand (reseñado en esta página). ¿Tres mujeres? Tres autoras cuyas
obras menguan hasta la vulgaridad, si las comparamos con otras tres mujeres,
para que nadie demasiado suspicaz nos pueda acusar de nada. Cojo con una mano
la novela de Hustvedt y en la otra ‘La señora Dalloway’ de Virginia Wolf y noto
cómo la primera va menguando, mientras que la segunda aumenta su tamaño; y lo
mismo pasa cuando tomo de la estantería ‘Zonas húmedas’ y en la otra mano
sostengo ‘Nada se opone a la noche’ de Delphine de Vigan (que incluso gana
altura en comparación con otra de sus novelas ‘Las horas subterráneas’). Ha
dado la casualidad de que simultáneamente haya leído la obra de Martin-Lugand y
los cuentos de Cristina Fernández Cubas. Quien haya pasado por mi misma
experiencia lectora seguro que habrá exclamado “¡No hay color!”. En efecto. Y
volviendo a mi teoría: ‘La gente feliz lee y toma café’ se va empequeñeciendo,
encogiendo a medida que uno va leyendo los textos de Fernández Cubas, que se
van agrandando, aumentando de tamaño; es decir, cada uno adquiere su exacta
categoría literaria. La originalidad de los cuentos de Fdez. Cubas, la calidad
del estilo, la estructura de los relatos, cómo lleva al lector por laberintos y
pasadizos psicológicos de sus personajes, con ese punto inquietante que lo
mantiene en un tenso vilo la convierten en uno de los mejores escritores, en mi
opinión, del panorama actual español. Nada que envidiar a los mejores cuentos
hispanoamericanos. En cambio, la novela de Martin-Lugand es un refrito de un
puñado de situaciones tópicas o clichés cuyo argumento ya hemos visto hasta la
saciedad en las películas romanticoides americanas. Y encima con ínfulas
líricas del tipo “hundió sus ojos en los míos”, que repite varias veces. Un
elenco de personajes que responden perfectamente a lo que se espera de ellos:
los amables y acogedores caseros irlandeses, el tipo duro y sufridor, la
perversa de su novia, el amigo gay que se tiraría hasta al tipo duro… Eso sí,
fuman como carreteros; quizá por ello a la señorita de la portada le han
cambiado el libro por el cigarrillo, por lo que no parece muy feliz. Lo mismo
es porque se le ha acabado el café o, peor aún, está leyendo ‘La gente feliz
lee y toma café’. ¡Horror! José López Romero.
NOSTALGIA
A veces es inevitable volver la vista atrás, aunque ello sea a
riesgo de vernos inundados de nostalgia.
No me gusta demasiado esa sensación por su poder adormecedor y paralizante, y
que nos deja indefensos cuando nos asalta. No hace mucho me entretenía
revisando libros depositados en una vieja librería y que tenía desde hacía
mucho tiempo olvidados. Entre ellos captó especialmente mi atención ‘El hijo
del Cielo. Crónicas de los días soberanos’ de Víctor Segalen. No es que los
avatares del penúltimo emperador de China, Kuang-Siu, que es de lo que trata el
mencionado libro me interesaran sobremanera y ahora, con aquel reencuentro, me volvieran
los gratos recuerdos de su ya lejana lectura. No, nada de eso, pero en cambio
tras aquella edición (Seix Barral, 1983) sí que se agazapaban unos recuerdos
que rápidamente me asaltaron, personalizándose en la figura de D. Antonio
Olmedo que fue el que me lo regaló hacía ya algunos años. Olmedo, gran bibliófilo,
poseedor por entonces de una más que notable biblioteca tanto por su número
como por las piezas conservadas en ella, formaba parte de un pequeño pero
selecto grupo de relevantes personajes de la cultura local que periódicamente
me visitaban en mi despacho de la Biblioteca Municipal, bien para solicitarme información
de los fondos allí depositados, y que por uno u otro motivo necesitaban, bien
para investigaciones en curso o por el ansia de ilustración
permanente que en todos alentaba. Junto
a Olmedo, Eduardo Pereiras, gran fotógrafo e incansable investigador de la
historia de la fotografía local y Juan de la Plata, referencia imprescindible en el mundo del flamenco, son los que más
huella dejaron en mí y durante años me enriquecieron con cada una de sus
visitas. Grandes conversadores a través de sus conocimientos y experiencias me
permitieron entrar en un mundo ya desaparecido por entonces, un Jerez del que
ellos fueron protagonistas desde distintos ámbitos de la cultura. Entrañables
personajes que espero el tiempo no borre su huella en la ciudad, pero sobre
todo añorados amigos que en un fogonazo de nostalgia me volvieron a visitar. RAMÓN CLAVIJO PROVENCIO
domingo, 10 de septiembre de 2017
LECTURAS DE VERANO V
El
arte de la distorsión
Juan
Gabriel Vásquez. Alfaguara, 2009
Hace
unas semanas fue ‘El arte de la novela’ de Milan Kundera, y hoy traemos a esta
sección ‘El arte de la distorsión’ de J.G. Vásquez: una colección de textos
que, al igual que el libro de Kundera, el escritor colombiano ha reunido en los
que reflexiona sobre obras y autores; reflexiones siempre interesantes y muy
aleccionadoras cuando se trata de un escritor, Vásquez, tan lúcido en muchas de
sus apreciaciones. Desde su visión de ‘Cien años de soledad’, pasando por ‘El
corazón en las tinieblas’ de Joseph Conrad y por los diarios de Julio Ramón
Ribeyro (magníficos), hasta llegar al libro ‘Hiroshima’ de Hersey que tradujo,
Vásquez nos ofrece una serie de trabajos que van de la crítica literaria, a los
datos biográficos de autores, para terminar en la denuncia de una bomba atómica
que pudo perfectamente evitarse. Vásquez sigue sin defraudarnos. J.L.R.
El turista perpetuo
Harkaitz Cano. Seix Barral, 2017
Evocador título este , y tanto más en las fechas que
nos encontramos, pues nos lleva a desear más si cabe la huida de la cotidianeidad y escapar en busca de destinos
soñados o, al menos, paisajes y rostros que nos alejen del gris y estresante
que nos rodea todos los días. Es el autor de esta colección de relatos un
ejemplo más de esa nueva generación de narradores procedentes del País Vasco, y
que no desdeña transitar por este género del relato corto en el que ya antes Kirmen Uribe había marcado
el camino como uno de sus más significados representantes. No le va a la zaga
Harkaitz, lo que podemos comprobar en esta corta pero imprescindible colección
de historias, donde los paisajes costeros y evocadores de esa vía de escape de
la que hablábamos antes, están muy presentes en una cuidada y fluida prosa trufada de guiños cinematográficos y homenajes a otros
relatos de grandes escritores.
R.C.P.
domingo, 27 de agosto de 2017
LECTURAS DE VERANO IV
Historia de los libros
perdidos
Giorgio Van Straten. Pasado
& Presente, 2016
Dentro de la historia general del libro -por cierto
un relato que cada vez atrae a un mayor número de lectores, fuera del ámbito
especializado- siempre ha ejercido una especial atracción esa otra crónica que
trata de desvelarnos de qué trataban y quiénes fueron sus autores, esos libros
de los que hemos oído hablar pero, por circunstancias diversas, no han llegado
a conservarse. Son pocos los autores que se hayan atrevido a hurgar en esta
particular historia, donde muchas veces la rumorología trata de suplantar la
realidad histórica documentalmente demostrada.
Stuart Kelly ya lo intentó en ‘La biblioteca de los libros perdidos’
(Paidos, 2007), y pese a la amenidad del libro, quizás pecaba de
centrarse excesivamente en el mundo anglosajón. No peca de este error Van
Straten, que amplía el espectro temporal y geográfico de su estudio, sin perder
amenidad. R.C.P.
Tokio blues (Norwegian Wood)
Haruki Murakami. Maxi Tusquets, 2007.
Aunque
la obra de este escritor japonés ya comenzaba su consolidación, fue esta
novela, publicada en 1987, la que le confirió definitivamente fama
internacional, hasta el punto de convertirse en escritor de culto para muchos
jóvenes. Porque de la juventud y sus inquietudes, sus problemas, sus
sentimientos, sobre todo sentimientos trata esta novela. Al escuchar la canción
de Los Beatles el narrador, Watanabe, ya maduro, va recordando aquella
adolescencia-juventud en el Tokio de finales de los años sesenta. Y entre los
recuerdos, en especial las relaciones con tres mujeres: Naoko, la novia de
Kizuki, su mejor amigo que se suicida a los diecisiete años; Midori, compañera
de universidad, con la que mantendrá una íntima relación; y Reiko, compañera de
la casa de salud de Naoko. Una visión a veces descarnada de una juventud
perdida, a ratos intimista y acogedora. Buena lectura. J.L.R.
martes, 8 de agosto de 2017
LECTURAS DE VERANO III
El
malentendido
Irène
Némirovsky. Salamandra, 2013
Irène
Némirovsky (Kiev, 1903 – campo de concentración de Auschwitz, 1942) fue una
precoz escritora, cuya primera novela es precisamente ‘El malentendido’,
publicada en 1926 en una revista y cuatro años más tarde editada en volumen.
Quizá más célebre por su narración ‘Suite francesa’ novela póstuma, no editada
hasta 2004 y llevada al cine con gran éxito. En ‘El malentendido’ Némirovsky
desarrolla la historia de un adulterio, el cometido por Denise, esposa de
Jessaint, y por Ives Harteloup, su antiguo amigo. El encuentro de los tres
personajes en Hendaya, mientras pasan unos días de veraneo, y la ausencia del
marido por negocios, propician unas relaciones amorosas siempre complicadas.
Una prosa que no deja de sorprendernos por su elegancia, su excelente ritmo
habida cuenta de la edad de la autora cuando escribió esta novela. Seguiremos
leyendo a Némirovsky. J.L.R.
El monarca de las sombras
Javier Cercas. Random House, 2017
Ha pasado algunos meses en el
estante este libro, aguardando paciente la lectura tranquila, sosegada que
merecía. No es Cercas un autor prolífico y de ahí el interés que despierta cada
nueva historia que nos presenta, y es que no hay en el panorama literario
nacional un escritor que utilice con tal maestría los recursos literarios, para
desvelarnos historias olvidadas por el paso del tiempo, pero que se tornan
trascendentes en el devenir de la historia más reciente de este país. Ahora el
foco de atención lo fija en desentrañar el pasado de un “héroe” familiar, un
tío abuelo que muere en los primeros meses de la Guerra Civil, en la Batalla del Ebro. El libro sigue ese
esquema que tan magistralmente domina Cercas, el de un relato en presente que
no es otro que el de la misma investigación que realiza sobre el pasado del
protagonista, y otro en el que se revive
al personaje con un salto en el tiempo posibilitado por la investigación. R.C.P.
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