LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.

viernes, 6 de noviembre de 2020

LA PEQUEÑA MOIRA

 


Así como la lectura de unos libros te llevan a otros, hay libros y autores o autoras que te llevan a reflexionar sobre estilos, corrientes, formas de entender la literatura, en definitiva. La lectura de ‘La pequeña muerte de Moira Molloney’, segunda novela que publica Mariela Arévalo Barquero, no solo te traslada a ese mundo entre fantasía, sueños y cruda y dura realidad que ya forma parte o incluso define un tipo de literatura especial, que no es de este tiempo, sino de mucho tiempo atrás. Ya en la primera novela, ‘Los hombres de los ojos violetas’ nos había dado muestras inequívocas Mariela de por dónde quería y sabía llevar su literatura: por la senda de una sensibilidad que tiene sus referentes más insignes en esas grandes escritoras del siglo XIX, especialmente las inglesas, nos estamos refiriendo a las hermanas Brönté o Jane Austen. No establecemos comparaciones; solo señalamos una corriente o una visión de la literatura en la que prevalecen los sentimientos, las relaciones personales y, sobre todo, una enorme y sin fisuras confianza en el ser humano por encima de las dificultades, de las circunstancias y de la maldad. Porque esta se entiende siempre no como propia de la naturaleza humana, sino como consecuencia de la ignorancia o del momento que a cada uno le ha tocado vivir. Moira Molloney es un espíritu puro, que irradia felicidad y belleza interior dentro de su mundo perfecto en un pueblo de su Irlanda natal. Hasta que la niña se muere “un poco”. Es a partir de aquí que comienza el largo calvario de la familia Molloney. La ausencia del padre, Dorran, es la que marca ese largo y doloroso camino de desgracias que va asolando a la familia. Pero Dorran no ha abandonado a su única hija, se ha ido a luchar por unos ideales, por dejarle a ella un mundo mejor, más libre, más igualitario y más justo. Por eso lucha en la Guerra Civil española y más tarde se enrola en la Resistencia francesa en la II Guerra Mundial. Y mientras, los latidos de vida de Moira se acompasan al ritmo de esa ausencia, es decir, su corazón se ha muerto un poco. Pero dos serán las fuerzas que se conjuran para sacar a Moira de ese estado: la medicina convencional, representada por los médicos Ryan Byrne, amigo de la infancia de la muchacha, y el doctor MacGrath, y sobre todo la medicina natural, esa fuerza de la naturaleza a la que invoca la sanadora o curandera Biddy. Así contada, a grandes y gruesos trazos, y sin desvelar los acontecimientos que desencadenan el final de la narración, podemos confirmar la afirmación anterior: estamos ante una novela de pura sensibilidad, de personajes generosos, que se duelen y se compadecen con el dolor de los demás. Estamos ante un tipo de literatura que nos hace mejores cuando la leemos, porque nos toca las fibras más sensibles de nosotros mismos, y sobre todo le agradecemos a la autora, a Mariela Arévalo, que nos ponga por delante esta pequeña muerte de Moira Molloney para devolvernos nuestra confianza en el ser humano, tantas veces y por tantos motivos perdida. José López Romero.

PERÓN Y EL BIBLIOTECARIO

 


Días atrás celebrábamos el Día de la Biblioteca en nuestro país, y aquí, en Jerez, se inauguraba con tal motivo, en la biblioteca Municipal Central, una singular exposición titulada “Escritores y bibliotecas”, donde se trata de desvelar el poco conocido pasado bibliotecario de algunos afamados escritores y escritoras. Entre ellos no podía faltar Borges. El autor de La Biblioteca de Babel o El libro de arena entre otras asombrosas historias, tiene también un pasado bibliotecario como se nos desvela en la mencionada exposición, y que creemos  oportuno ampliar en las líneas que siguen. En más de una ocasión el escritor argentino, mucho tiempo después de dejar de trabajar en la biblioteca Municipal “Cané” de Buenos Aires, comentaría algunas anécdotas relacionadas con aquella época que duró casi una década, donde como auxiliar de la biblioteca repartía su tiempo entre las obligaciones que aquel cargo implicaba y una prolífica etapa creativa, en la que fueron germinando libros cautivadores como Ficciones o El Aleph. Sin embargo se conoce poco su salida de la biblioteca “Cané”, que coincidió con la subida al poder en Argentina de Juan Domingo Perón en 1946. Por aquellos años Borges ya era un conocido escritor y no precisamente peronista. ¿Qué mejor forma de castigarlo que apartarlo de aquella biblioteca?, seguramente pensó algún oscuro dirigente del régimen. Sobre la forma que se hizo corren todo tipo de conjeturas. Una de ellas, la que hizo más fortuna y nunca desmentida por el escritor, nos dice que Borges fue trasladado, como castigo por su militancia política, al departamento encargado de la inspección de aves y conejos en los mercados de la ciudad. Real o inventada aquella historia, lo cierto es que Borges pronto abandonaría el Ayuntamiento y afortunadamente para todos los lectores del mundo se dedicó a hacer lo que mejor sabía: tejer historias maravillosas. En su etapa de madurez, y fuera Perón del poder, fue nombrado director de la Biblioteca Nacional  de Argentina, cargo en el que estuvo desde 1955 a 1973. Ramón Clavijo Provencio

viernes, 23 de octubre de 2020

APUNTES PARA UNA BIBLIOGRAFÍA JEREZANA DEL SIGLO XXI


 No era sencillo, hace poco más de un cuarto de siglo, documentarse históricamente sobre Jerez para un trabajo fin de carrera, una tesis doctoral o la preparación de oposiciones. Cierto que no eran pocos los fondos locales de la Biblioteca o del Archivo Municipal, y allí acudíamos en su busca. No teníamos teléfonos móviles para reproducir imágenes, tan solo la socorrida fotocopiadora, si bien pocos no todos los libros podían pasar por ella. Así que bolígrafo, papel y copiando que es gerundio. De este modo íbamos repasando los vetustos volúmenes de temática local que custodiaba nuestra centenaria Biblioteca: Rallón (S. XVII), Bartolomé Gutiérrez (S. XVIII), las guías de Cancela y Ruiz o de Bustamante y Pina (S. XIX), el “Discurso sobre las historias...” de Bertemati (1883), los “Materiales para la historia...” de Góngora Fernández (1901), etc. La “Historia de Jerez” de Sancho de Sopranis (1964) era muy demandada, pues aunque discutida y ya superada, era mucha la documentación acopiada por este portuense de los libros y legajos que le servía su buen amigo Manuel Esteve. En 1999, el catedrático Caro Cancela coordinó una historia integral de la ciudad en la que intervinieron historiadores locales como Aroca Vicenti, Aguilar Moya, De los Ríos Martínez o Rosalía González. Estos tres volúmenes publicados por la Diputación son, hoy por hoy, referencia bibliográfica insustituible sobre nuestra ciudad. Cuando empezaba el siglo, Clavijo Provencio y yo mismo recogimos lo más destacado de la historiografía local hasta esa fecha en el número seis de la Revista de Historia de Jerez. A partir del año 2000, los estudios y los estudiosos han eclosionado. Recién salido del horno están los “Apuntes para el urbanismo en Jerez durante el siglo XIX” (Tierra de Nadie), de Caballero Ragel, doctor en Arte, cuya tesis doctoral (2013) versó sobre este mismo tema. Ya han aparecido varias recensiones sobre esta obra, algunas de ellas en este mismo medio, por lo que no voy a describirla en detalle. Ciertamente, si los historiadores conocen el XIX por el “siglo de las revoluciones”, en Jerez debían llamarlo “el siglo de las obras”. Caballero ha peinado varios archivos históricos (Ayuntamiento, Diputación, el Histórico Provincial) y la hemeroteca municipal para hacer un concienzudo estudio sobre las nuevas infraestructuras con que se fue dotando a la ciudad y trasladarnos a una urbe en crecimiento: el empedrado y la rotulación de las calles con placas de cerámica (1852) o de hierro fundido (1857), la traída de aguas de Tempul (1869), la laboriosa construcción del mercado de abastos (1885), el antiguo teatro de la calle Mesones (1885), el alumbrado eléctrico (1893), la proliferación de las bodegas… En definitiva, todos los ingredientes para pasear en el tiempo por una ciudad que se iba transformando camino del Jerez de hoy. Eso sí, siempre subyaciendo el raquitismo endémico de las arcas municipales. Hay cosas que nunca cambian. NATALIO BENÍTEZ RAGEL.

CABEZA DE VACA


 Quizá por Cabeza de Vaca muchos de nuestros paisanos no logren identificar al personaje, y a algunos solo les traiga ecos de un ilustre apellido jerezano que se pierde en los laberintos de una historia ya casi olvidada. Pero si le anteponemos el nombre y su primer apellido: “Álvar Núñez”, ya muchos identificarán al personaje con el centro de enseñanza al que le da nombre o con el monumento sito en la calle Ancha, el mismo que ha sido mutilado en varias ocasiones, sin que en ello hubiera reivindicación racial, sino por puro vandalismo, que es otra manera (o la misma) de reivindicar la procedencia de algunos especímenes de la fauna humana. Álvar Núñez realizó dos viajes a las Indias, de cuyos trabajos y enormes vicisitudes que padeció, sobre todo en el primero, nos dejó cumplida crónica en dos relaciones, del primero en sus ‘Naufragios’ y del segundo en la titulada ‘Comentarios’. Dos magníficos ejemplos de ese género que proliferó a lo largo del siglo XVI y que se dio en llamar las “Crónicas de Indias”, y en el que se inscriben todos aquellos que tuvieron un papel importante y trascendente en el descubrimiento y posterior conquista de América, escritores como el Inca Garcilaso de la Vega, Bernal Díaz del Castillo, el mismo Hernán Cortés o el padre fray Bartolomé de las Casas, por citar algunos. La aventura de Álvar Núñez ya había sido novelada por el escritor argentino Abel Posse con el título ‘El largo atardecer del caminante’ y ahora, dentro de unos días, se va a presentar en nuestra ciudad la novela ‘Cabeza de Vaca’ del periodista Antonio Pérez Henares, quien aprovecha su narración no solo para presentarnos a Álvar Núñez desde su niñez en Jerez y su juventud en Italia y en la guerra de las Comunidades de Castilla, sino que nos ofrece un cuadro muy acabado de lo que fueron aquellas expediciones hacia las Indias, sus preparativos, su salida desde Sanlúcar de Barrameda, hasta los graves padecimientos que sufrió nuestro protagonista en su primer viaje a las órdenes de don Pánfilo de Narváez. Una novela en la que descubrimos a uno de nuestros grandes paisanos. José López Romero.  

 

lunes, 24 de agosto de 2020

"OPERACIÓN ESTRAPERLO". Un nuevo caso del inspector Castilla.

La última novela escrita  por Ramón Clavijo y José López, “Operación estraperlo” (Canto y Cuento, 2020), es casi un verdadero viaje en el tiempo al Jerez de mediados de los años cuarenta. Conocíamos al inspector Castilla, su protagonista, de “La ciudad que no sueña” (2018). Todo un personaje. Huraño a veces y taciturno siempre, casi siempre escoltado por su subordinado, el subinspector Romero, un policía barbilampiño de ingenio desbordante. Esta vez la pareja tiene que lidiar con un caso que se cruza con la llegada de los restos mortales de quien fuera presidente de gobierno entre 1923 y 1930, el jerezano Miguel Primo de Rivera. Acontecimiento que trajo a la ciudad a personajes relevantes del momento como José María Pemán, Manuel Halcón o  el general Fidel Dávila, el ministro del Ejército que se fue de rositas después de estampar su firma en un manifiesto que solicitaba la restauración de la monarquía en la persona de D. Juan de Borbón en 1943. Marzo de 1947. Un vehículo con matrícula de Gibraltar se estrella en una calle de Jerez. En su interior encuentran al conductor muerto con un tiro en la cabeza, suceso que lleva al inspector Castilla a introducirse en el turbio mundo del estraperlo. Son unos momentos de incertidumbre política y muchos creen que el régimen de Franco será empujado inevitablemente por la presión internacional, a claudicar en favor de la monarquía en la figura de D. Juan de Borbón. Las investigaciones se van desarrollando mientras el veterano inspector nos pasea por la plaza del Arenal, Pescadería Vieja, Letrados, San Antón, Berrocalas…, pero también por lugares emblemáticos de Cádiz, El Puerto, Gibraltar o Madrid.  “Operación Estraperlo” es la segunda novela de una trilogía sobre la posguerra española, protagonizada por el inspector de la policía franquista Castilla. Una  aproximación literaria a la posguerra pero sustentada en un importante cuerpo documental, que permite dar verosimilitud a la historia que aquí se narra, y que se logre eso que es tan difícil en el género de la novela histórica, - en este caso con su pizca también de “noir”- , cual es que no se noten excesivamente las costuras que unen ficción y realidad. Novela de ritmo trepidante que divierte al mismo tiempo que instruye y que nos  evade de esta dura realidad  que nos rodea, siguiendo las andanzas de este atípico inspector Castilla, que cuando puede se escapa a tomarse un oloroso viejo al tabanco de Lina, su debilidad. O a buscar un bar donde no pongan esa infumable mezcla de malta y achicoria sino café-café. De estraperlo, por supuesto. NATALIO BENÍTEZ RAGEL.

lunes, 20 de julio de 2020

NUESTRA NUEVA NOVELA: "OPERACIÓN ESTRAPERLO"

Marzo de 1947. Un vehículo con matrícula de Gibraltar se estrella en una calle de Jerez. En su interior aparece el conductor muerto con un tiro en la cabeza. Este suceso empuja al inspector Castilla y al subinspector Romero a introducirse en el turbio mundo del estraperlo en Jerez. Mientras, la ciudad se prepara para recibir  los restos mortales del general Miguel Primo de Rivera, que será enterrado definitivamente en su ciudad natal.  Esta circunstancia es aprovechada por algunas figuras relevantes de la época para convertir Jerez en centro de intrigas políticas en un momento en el que el Régimen franquista parece arrastrado inevitablemente, por la presión internacional, a claudicar en favor de la monarquía.

Un nuevo caso del inspector Castilla en el asfixiante ambiente de la posguerra española.
Más datoshttps://www.lavozdelsur.es/en-el-jerez-de-la-posguerra-el-de-los-anos-del-hambre-el-delito-mas-comun-era-robar-alimento/



viernes, 12 de junio de 2020

FIEL COMPAÑERO DE VIAJE


En estos meses en los que se multiplican las discusiones en torno a la pandemia, en los que se rebusca en la historia similitudes y diferencias con otros fenómenos trágicos y que también  pusieron a la Humanidad en serios aprietos o, en fin, en lo mucho que este trágico asunto está afectando a nuestras vidas y que -y es algo en lo que todos estamos de acuerdo- nos seguirá afectando en un futuro, qué duda cabe de que uno de esos objetos de nuestro paisaje cotidiano que se ven especialmente afectados por la pandemia son los libros en papel. Me referiré a partir de ahora no tanto a la lectura, sino a uno de los soportes de la lectura, el más tradicional y que cuenta su historia por milenios, cual es el libro en papel. Por un lado ha sido grato comprobar –quizás sea lo único grato de esta historia- cómo el libro sigue teniendo un protagonismo visual en nuestro entorno doméstico mayor del que sospechaba. En esos vídeos caseros, o profesionales, que se van colgando en las redes sociales o cadenas de comunicación generalista, y donde una infinidad de ciudadanos opinan sobre la pandemia, no es raro  observar cómo en  segundo plano, tras la figura que nos habla, ahí está la estantería atestada de libros en papel. Nunca habíamos visto tal variedad de formas y estilos. Desde suntuosas y valiosas procedentes, pienso, de herencias familiares, y donde el valor patrimonial de los libros no desmerece de las maderas nobles donde están depositados, a minimalistas con escasos pero escogidos volúmenes. Aunque a mí particularmente me atraigan más esas modestas, donde las baldas van combándose por el peso de los libros, que allí se aprietan en un caos ordenado y que delatan a un compulsivo lector. Nos habían hecho creer que el libro iba a pasos agigantados desapareciendo del entorno doméstico, que había llegado con la revolución tecnológica una fiebre que nos hacía desprendernos de los libros en papel, y mira por donde las imágenes diarias lo desmienten, o al menos nos tranquilizan. El otro aspecto que quería señalar en estas breves líneas, es el tortuoso circuito en torno al libro en papel, que se ha impuesto en las bibliotecas públicas para preservar la seguridad de sus usuarios lectores, y que me temo  se ha implantado para quedarse, y de camino complicar lo que hasta ahora era un acto tan sencillo como consultar o llevarse en préstamo un libro. Y es que todo libro que nos llevemos en préstamo, o consultemos, ha tenido previamente que pasar al menos una cuarentena de 14 días, de la misma manera que volverá a pasarla una vez lo devolvamos tras su lectura o consulta. Ello implica la creación de depósitos intermedios donde van siendo depositadas estas piezas una vez consultadas por los lectores, y antes de volver a ser recolocadas en sus lugares naturales en las estanterías de las respectivas salas. Quién nos iba a decir que hasta en eso, el libro nos acompaña como un sufrido y fiel compañero de viaje. RAMÓN CLAVIJO PROVENCIO 

TOPLES


De todos son conocidos los filtros que algunas empresas de servicios de Internet imponen para que no se cuelguen fotos o vídeos subidos de tono, es decir, de contenido sexual. Pero también sabemos de las artimañas y argucias de las que muchos se sirven para regatear estas prohibiciones, sobre todo si el personaje se dedica al mundo del espectáculo, y necesita de algún empujón suplementario para atraer la atención, y así subir sus índices de popularidad, o incluso por el simple placer del escándalo. Unas semanas atrás aparecía en algunos medios de comunicación digitales, es decir, en la propia red, la noticia de una actriz española que para colgar en Instagram una foto suya en toples y saltarse esos filtros censores, no se le había ocurrido mejor idea que taparse los pechos con un libro, pero no dejándolo caer, a la manera en que muchos hemos hecho mientras reflexionábamos durante dos horas de siesta, sino en posición de en apariencia sesuda y concentrada lectura. Y digo “en apariencia” porque los ojos cerrados de la actriz me dan que sospechar o que la posición de la cabeza no es la idónea, o que solo ha tomado el libro para hacerse la foto. En cualquier caso, sus admiradores nunca habrán odiado más ese vicio que algunos tienen por la lectura y en los momentos más inoportunos. En honor a la verdad, hice mis averiguaciones por Internet y resulta que el libro que sostiene la mano y oculta las tetas se titula ‘Tu lado del sofá’, un poemario de la escritora Patricia Benito, un título muy sugerente y toda una invitación a compartir la lectura y la tumbona donde descansa la actriz. No es aquí ni el lugar ni el momento para enumerar las infinitas bondades, todas útiles que tiene un libro, incluso como ladrillo, pero quizá la foto, aunque involuntariamente y nunca más lejos de la intención, esconda uno de los grandes mensajes de la literatura: dejar volar la imaginación. José López Romero.