LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.

sábado, 12 de septiembre de 2009

LUMBALGIA


Por fin lo he terminado. Albricias! Me refiero a la saga de Millenium, y si caen en la cuenta el asunto no es nada baladí, pues entre los tres volúmenes significa que me he pestañeado más de dos mil páginas. No, no pertenezco a esa hornada de seguidores de Stieg Larsson, que se han incorporado al fenómeno abrumados por los indíces de venta, y que han pensado que ellos no van a ser menos que los demás, y esta ha sido la causa principal de que hayan comprado los libros. Ya estoy preparado, pensarán, para si sale la conversación sobre el asunto poder decir algo, aunque solo sea el nombre de la Salander, y donde tiene colocados cada uno de sus pearcing. No, yo pertenezco a esa hornada de primeros lectores, que tras un chivatazo de mi buen amigo el librero de guardia, del que siempre he admirado su tino para recomendar algún libro, me lancé a la aventura, pues ha sido toda una aventura, de leer los tres "tomazos". ¿El resultado? Pues si tengo que ser sincero, diré que un tanto confuso: Me costó avanzar más allá de las cien primeras páginas de "Los hombres que no amaban a las mujeres", luego el libro me atrapó. Me lancé a la compra de la " La Chica que soñaba...", y seguí hipnotizado con la historia. Esperé pacientemente la salida en castellano de "La reina en el palacio de...", y cuando me hice con un ejemplar comencé con la misma pasión su lectura...pasión que se fue haciendo más tibia a medida que avanzaba en la historia.Terminé un tanto decepcionado, casi como empecé, no sé ahora cuantos meses. Por cierto, como suelo leer recostado en la cama, o en un sofá, herencia supongo de nuestros ancestros grecolatinos, me han diagnosticado una lumbalgia. El doctor no me ha prohibido la lectura, hasta ahí podiamos llegar, pero sí que sea más cuidadoso con las posturas cuando me enfrente a tales colosos en formato papel.

domingo, 16 de agosto de 2009

Baños de mar


A finales del siglo XVIII algunos viajeros como Bourgoing o Laborde ya hicieron alguna referencia a un fenómeno curioso que luego, mediado el XIX, Henry D. Inglis, Latour, Gautier y otros viajeros ya mencionaban como algo ineludiblemente ligado a la costa atlántica del sur de la Península y que se empezó a conocer como “baños de mar”. Nadie en aquel momento podría haber sospechado que aquello provocaría un siglo después, tales transformaciones en la costa como nunca antes se había producido. Nunca antes, insistimos, ni el poblamiento, ni las actividades productivas o de transporte de los humanos fueron capaces de generar el cúmulo de transformaciones y el sinfín de despropósitos al que hoy asistimos perplejos.
¿Quien lo podía predecir entonces? Hoy, cualquiera que a bordo de un pequeño balandro costee el litoral, puede observar a los bañistas inundando la playa y las transformaciones que este fenómeno ha provocado, con fuerza incontenible, sobre la primera línea del litoral. Quizás uno de los primeros libros editados en la provincia, que se hagan eco de este hecho sea el escrito por Fernando Guillamas y Galiardo: “Historia de Sanlúcar de Barrameda”. En una extensa introducción describe la situación que la moda de los baños de mar traen a la costa de Sanlúcar, mediado el siglo XIX. Es algo que viene de fuera y solo produce curiosidad y sorpresa a la población autóctona de dicho enclave de la costa gaditana, tanto a la oligarquía formada por terratenientes y bodegueros como al pueblo, aquel que trabaja de sol a sol en las huertas, navazos y viñedos. Lo que comienza siendo una práctica, la de bañarse en el mar, minoritaria y en sus inicios más como seguimiento de prescripciones médicas en aquellos que lo practican, ya por la década de los cincuenta del siglo XIX se está convirtiendo en un fenómeno de masas: “El lujo, la diversión y la costumbre son los mayores móviles que hacen acudir tan extraordinario número de personas á tomar los baños: acaso una décima parte de los bañistas los usan como remedio terapéutico y son dirigidos por profesores que sepan cuándo y cómo se ha de aplicar este agente higiénico, que administrado con oportunidad y conciencia, produce tan felices resultados en la curación de determinadas enfermedades, y evita el desarrollo de otras á que ciertos individuos están expuestos por su constitución, temperamento, ó género de vida.” Ramón Clavijo Provencio

Pregunta capciosa


En la novela de Heinrich Böll “Y no dijo ni una palabra”, la protagonista, Käte, le pregunta a su esposo por qué se casó con ella, y él, ante pregunta tan capciosa (y me acuerdo ahora de un magnífico chiste), no tiene por respuesta otra que: ““Por el desayuno. Buscaba alguien con quien desayunar toda la vida…”. Y aunque no está mal para salir airoso de situación tan embarazosa (¿quién me puede negar a estas alturas la infinita capacidad de unión de un café compartido todas las mañanas?), otras posibles respuestas se me vienen ahora a la cabeza, quizá no más emotivas que el desayuno, pero sí más prácticas. “Para leer esos libros que yo no puedo leer” o “para que leas y me des una opinión de libros que yo ya he leído”, le respondería a mi mujer ahora que no me oye (afortunadamente a ella no se le ocurre hacer esas preguntas que sólo encontramos en las novelas). Sinceramente, debo confesar que muchas veces le he dado a mi mujer libros para leer que yo he comprado porque me interesaban a mí, no a ella. Y su opinión me ha condicionado tanto que más de una vez no he podido empezar siquiera su lectura. Pero otras veces, no sé si adrede, sus encendidos elogios me han llevado a la tortura de libros que no le desearía a mi peor enemigo. Y cuando me deja las mañanas de los domingos leyendo en la cama esos tormentos insufribles, y le oigo desde la cocina “cariño, el café”, advierto en su voz cierto tono de venganza que, siguiendo con la sinceridad, me preocupa. ¿Cuál es el último libro que le he dejado?. José López Romero.

lunes, 3 de agosto de 2009

Lecturas recomendadas


Hacia rutas salvajes. Jon Krakauer. Ediciones B. Zeta Bolsillo, 2009

Se reedita, ahora en bolsillo, esta interesante obra, quizás al calor de la versión cinematográfica que el año pasado dirigiera Sean Penn. Es un libro de esos que atrapa al lector desde el principio, a lo que contribuye el interés de la historia basada en hechos reales, pero también, y mucho, al estilo directo pero a la vez no exento de calidez y cierto halo poético que imprime a la historia el periodista Krakauer. En realidad todo comenzó en un reportaje periodístico de este, donde daba cuenta del hallazgo de un cadáver entre los restos abandonados de un autobús en Alaska, lejos de cualquier lugar habitado. La repercusión de aquella crónica le llevó a escribir este intenso libro, donde nos descubre al joven Chris McCandless, que con 24 años, abandonó todo para internarse en tierras vírgenes de Alaska, soñando con una vida desprovista de todo lo superfluo y quizás influenciado por sus lecturas de Jack London. Su aventura duró apenas un par de años…unos cazadores descubrieron sus restos en un desvencijado autobús parado en la ruta hacia ninguna parte.

Esperadme en el cielo. Maruja Torres. Destino, 2008

No me considero un admirador de la obra de Maruja, eso sí leo sus artículos con cierta asiduidad, y por encima de que me diviertan, escandalicen o aburran (a veces emocionan) he de reconocerle que ha logrado alcanzar un estilo propio, identificable. Un logro nada desdeñable. De sus libros…salvo aquel “Amor América: un viaje sentimental por América Latina”, dentro de la más genuina literatura viajera, ninguno ha logrado captar mi atención hasta este, que ha sido galardonado para su mayor gloria con el Nadal. Quizás mi interés por el libro esté en haber reunido en él a los escritores Montalbán y Terencí Moix, sus grandes amigos, con los que hace un recorrido sentimental, melancólico e imposible (se reencuentran en el más allá). Los tres han nacido en un sitio común, el antiguo Barrio Chino de Barcelona, actual Raval, y será este, El Barrio, el hilo conductor de la novela cuando sus dos amigos le plantean la reconstrucción del mismo, pero el de aquel que antaño conocieron y compartieron.

Mi nombre es legión. Antonio Lobo Antunes. Mondadori, 2009.

Lo primero decir que no nos equivoquemos al localizar en la librería este libro, ya que el titulo coincide con otro de Roger Zelazny (Edhasa), y que pasa por ser un clásico dentro del género de la ciencia ficción. Pero en el libro al que nos referimos, de ese excelente escritor que es Antunes, no se viaja a otros mundos fuera de este, sino que nos adentramos a través de su prosa cuidada y desprovista de artificios, en esos otros mundos que tenemos a la vuelta de la esquina y que no podemos ignorar. Para ello se vale de ocho jóvenes delincuentes que habitan en diferentes zonas de una gran capital europea, en este caso Lisboa. A través de las voces de distintos narradores, que se irán alternando en el seguimiento de estos jóvenes, se narran las luces y sombras de unos seres marginados, en los que pese a nuestra inicial prevención, iremos comprendiendo con inquietud como el bien y el mal no están separados, sino que coexisten. .


Tren nocturno a Lisboa. Pascal Mercier. El Aleph, 2008

Hay libros que pasan dolorosamente desapercibidos para el lector, escondidos entre la marabunta de la propaganda editorial generosa en cambio con otros que, quizás, la mayor parte de las veces no se merezcan tantos desvelos. Es este uno de esos libros. Ni el autor es un nombre que suene al lector de a pie, ni el libro tuvo un apoyo mediatico decente, ni las librerías hicieron mucho, para dejarle un hueco en sus escaparates. Así y todo este libro que nos habla de impulsos, de poetas olvidados, de ciudades lejanas teñidas por el misterio que da la distancia y la visión de los viajeros que las visitaron, de mujeres hermosas, es un texto que merece algo más que esta pequeña reseña, que no puede ser otra cosa que llegar al mayor número de lectores posible. A mitad de una clase de latin, el profesor Raimund Gregorius decide dejarlo todo y coger el último tren nocturno que parte para Lisboa. ¿Qué han provocado esta extraña conducta en el profesor más predecible de la Facultad? ¿Quizás aquella mujer apoyada en la barandilla de un puente, en una mañana lluviosa, o ese libro encontrado por casualidad en una librería de viejo, del poeta portugués Amadeu de Prado?

La Tregua. Mario Benedetti.
Ahora, tras la muerte del autor, en que los escaparates de las librerías se llenan de la extensa obra de este escritor, no queremos ser menos, y traemos esta novela , pero que bien podía ser considerada un poema al amor. Nuevamente aparecen en este libro los paisajes monótonos, grises, aburridos y olvidados de la oficina, que tan certeramente había cantado en “Poemas de la oficina”, reivindicando la existencia de los seres que por ellos habitan. Uno de ellos Martín Santomé, es el protagonista de la novela. Viudo, con tres hijos decide dejar de trabajar…Y entonces sucede lo extraordinario: la aparición de Laura Avellaneda, la nueva oficinista, veinticincoaños más joven que él, y en la que encuentra el amor cuando , sin esperanzas,no buscaba ni esperaba nada: “ Ella me daba la mano y no hacía falta más. Me alcanzaba para sentir que era bien acogido. Más que besarla, más que acostarnos juntos, más que ninguna otra cosa, ella me daba la mano y eso era amor".

domingo, 5 de julio de 2009

Los más vendidos


Son muchos los libros que se publican, demasiados. Es algo sabido, pero ello no nos libra de coger un cabreo cada vez que repasamos la listas de los más vendidos. No quiero decir con esto que todo impreso que esté en una de estas listas deba ser considerado poco menos que un libro basura. A veces, éxito y calidad también van unidos, aunque no es lo común; muy al contrario, año tras año, asistimos a la parafernalia millonaria que las multinacionales de la edición se gastan en campañas promocionales de libros miserables. La cuestión es vender, no la lectura. Muchos creen que lo importante es que se lea, no lo que se lee, pero la mayoría de las veces esa ecuación libro vendido igual a libro leído no es exacta. Hace algunos años, en este mismo medio, llevé una sección mensual donde publicaba la lista de los libros más vendidos y la de los más leídos. Raras eran las coincidencias. El despilfarro monetario en publicar sandeces, bien se podría encauzar hacia una mayor sensatez. ¿Cuántos libros maravillosos nos estamos perdiendo por esta política editorial suicida con la lectura? ¿Cuántos libros merecedores de nuevas reediciones se quedan en el olvido? Por ello no puedo dejar de alegrarme al conocer la reedición del Hobbit en la nueva colección Austral o la aparición de la colección “Clásica” dirigida por Francisco Rico, y que pretende reeditar 100 obras clave de la literatura española.

miércoles, 10 de junio de 2009

Colección de artículos

Aquí va esta pantalla donde puedes leer y descargar nuestras últimas entregas a "Lectores sin remedio".

Mentira


Ya lloramos en estas mismas páginas la muerte de don Fernando Lázaro Carreter (4 de marzo de 2004), por lo que representaba su pérdida para la Filología española, y ya avisábamos en su momento de que con él no sólo perdíamos a un gran filólogo, sino sobre todo a un gran vigilante de nuestro idioma. Su libro “El dardo en la palabra” (Galaxia Gutenberg) y su continuación “El nuevo dardo en la palabra” (edición de bolsillo en Punto de Lectura) fueron, son y seguirán siendo auténticos manuales del buen uso del español; en cada uno de esos “dardos” o artículos puede el lector encontrarse verdaderas lecciones sobre correcciones e incorrecciones lingüísticas, de uso común y actual, sazonadas siempre con el humor y le fina ironía de uno de nuestros grandes maestros. ¡Lástima que nadie haya tomado el relevo de don Fernando y no haya seguido ese camino, siempre difícil, que es enseñarnos a todos la corrección de nuestro idioma! Y digo todo esto porque no hay palabra más utilizada en estos últimos días de campaña electoral que “mentira”, de la que haría Lázaro Carreter, estoy seguro, un artículo excepcional. No hace falta consultar el diccionario para saber su significado, pero los políticos la utilizan como insulto contra su rival en las urnas; unos a otros se tildan de “mentirosos” sin que ninguno coja el camino de los juzgados más cercanos, para denunciar a su ofensor por serio menoscabo de su honor o, al menos, dirigirse a él y endilgarle el correspondiente “guantazo” y anunciarle la próxima visita de sus padrinos para decidir día, hora y lugar del duelo. ¡Qué tiempos aquellos en los que por unos “buenos días” mal dados los hombres llegaban a las armas! Y si no, que se lo pregunten al escudero del “Lazarillo de Tormes”. La mentira está bien, para la literatura; es uno de sus ingredientes imprescindibles y fundamentales, como ya se encargó de estudiar Mario Vargas Llosa en su libro titulado “La verdad de las mentiras”, cuyo prólogo es de lo mejor que yo he leído en los últimos años sobre la naturaleza y características de la narrativa, junto con el prólogo que Somerset Maugham escribe para su ensayo “Diez grandes novelas y sus autores”. Vargas Llosa nos explica en su trabajo: “En efecto, las novelas mienten… En realidad se trata de algo muy sencillo. Los hombres no están contentos con su suerte y casi todos –ricos o pobres, geniales o mediocres, célebres u oscuros- quisieran una vida distinta de la que viven. Para aplacar –tramposamente- ese apetito nacieron las ficciones. Ellas se escriben y se leen para que los seres humanos tengan las vidas que no se resignan a no tener”. ¿Nos mienten nuestros políticos con esa misma intención? ¿Nos quieren pintar la realidad de un color pastel cuando todos la vemos gris marengo, por no decir negra? ¿Con sus mentiras nos ofrecen un mundo que está muy lejos de ser el nuestro, ése que sufrimos todos los días? Tengo en esto mis serias dudas. Yo creo que nos mienten porque sólo quieren perpetuarse en el poder y en la silla que los mantienen a él y, en algunos (o muchos) casos, hasta a su familia. Por eso, yo abogo por imponer de nuevo aquel viejo código de honor, por el que toda ofensa debía lavarse con sangre ¿a primera sangre? ¡Por favor! Ya que estamos… José López Romero.

RECORDANDO A CHATWIN


Hace dos décadas que la literatura perdía a uno de sus grandes, pero que paradójicamente empezó a destacar en otros campos profesionales antes de ser seguido con admiración por miles de lectores en todo el mundo. Efectivamente, Charwin comenzó siendo un reputado especialista en Arte, que trabajó para Sotheby´s, pero que rápidamente su ansia de ver mundo hizo que cambiara las salas de arte por la redacción del Sunday Times Magazine. Precisamente entrevistando para la mencionada revista a la arquitecta Eileen Gray, en cuya casa vio expuesto un enorme mapa de la Patagonia, decidió romper con todo y, como vulgarmente se dice, “liarse la manta a la cabeza” para marchar a esa Patagonia a la que, como le confesó a Eileen, “siempre deseé ir”. Aquello fue un verdadero viaje al fin del mundo y del que nos quedaría esa joya de la literatura de viajes como es “Viaje a la Patagonia”. Bruce Chatwin fue un incansable viajero pero con una filosofía muy particular, pues hasta su muerte (Burdeos, 1989) creyó firmemente que el verdadero sentido de la vida humana estaba en el nomadismo. En ello radicaba la felicidad y, por tanto, eso explicaría “la infelicidad” de la historia hasta el momento. Esta particular visión fue la que trató de plasmar en sus libros, y si ello resulta evidente en “Los trazos de la canción” o “En la Patagonia”, también aparece en “Colina Negra”, la historia de dos hermanos gemelos que ven transcurrir toda su vida en la oscura y olvidada localidad irlandesa de Rhulen: “El gemelo que nunca se había aventurado más allá de Herefod, como si quisiera sugerir que los auténticos viajes solo se viven en la imaginación, cerraba los ojos y recitaba lo que le había enseñado su madre: “Rumbo al oeste, rumbo al oeste, Hawata navegó, internándose en el crepúsculo incandescente.” Chatwin, el viajero del que un día nos podían llegar noticias desde el desierto australiano, y otras se le veía sobre una tabla de surf en aguas de Trafalgar, también nos dejó antes de tiempo. Ahora hace veinte años. Otra tragedia para la literatura. Ramón Clavijo Provencio