LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.

lunes, 22 de agosto de 2016

LECTURAS DE VERANO IV

Mujer bajando una escalera

Bernhard Schlink. Anagrama, 2016.
Autor de la tan alabada como esplendida novela El lector, fue motivo suficiente para que me  acercara a su nuevo libro con la esperanza de toparme con alguna historia tan redonda como la que se recogía en aquel, aunque confieso que también con cierto temor a la desilusión.  Pero Schlink no suele defraudar. Confieso que la lectura de esta nueva novela me ha dejado una sensación parecida a la que tuve tras terminar El mapa y el territorio o, más recientemente, Nos vemos allá arriba. Todas historias singulares, y que convencen  al lector más escéptico de que aún hay esperanza para la literatura. En esta historia compleja, pero que en ningún momento despista, confunde o aburre al lector, con un lenguaje sencillo y ágil, el autor nos narra el reencuentro del protagonista con un cuadro de una mujer desnuda desaparecido durante décadas. A partir de ahí se conectará el presente con el pasado, en un fastuoso juego narrativo sobre las pasiones que desata aquella valiosa obra de arte. R.C.P.

Hamelin

Juan Mayorga. Cátedra, 2015.

La editorial Cátedra ha reunido en un solo volumen dos obras de uno de los dramaturgos más importantes sin duda que tiene el teatro español en la actualidad: Juan Mayorga. Con prestigiosos premios en su haber y sus obras representadas en numerosos países, algunas incluso llevadas al cine (la interesantísima “El chico de la última fila”), Mayorga es un hombre de teatro en toda la extensión de esta denominación. En “Hamelin” pone sobre las tablas uno de los temas más escabrosos y sórdidos de la sociedad actual: la pedofilia. Con una puesta en escena absolutamente minimalista, con el fin de que el espectador no pueda distraerse, el juez Montero intenta desentrañar las relaciones entre el niño Josemari y su protector Pablo Rivas, quien también ayuda económicamente a la familia del joven. Una obra llena de tensión provocada por el tema que aborda. J.L.R.

domingo, 7 de agosto de 2016

LECTURAS DE VERANO III

El cuarto de los niños y otros cuentos

Ángel Vázquez. Pre-textos, 2008
Quien se acerque a la literatura de Ángel Vázquez sin duda se convertirá en uno de sus devotos lectores. Ya hemos afirmado en más de una ocasión en esta misma página, que su novela La vida perra de Juanita Narboni nos parece una de las mejores de la literatura española del siglo XX, y aunque menor a esta pero con su punto de interés Se enciende y se apaga la luz, novela con la que obtuvo el premio Planeta de 1962. La editorial Pre-textos publicó hace unos años sus cuentos, pequeñas obras maestras del género, con prólogo de Emilio Sanz de Soto y estudio preliminar de Virginia Trueba Mira. “Fragmentos de vida y soledades”, así define Virginia Trueba los relatos de Vázquez, a imagen y semejanza de su autor, uno de los grandes “malditos” de nuestra literatura, que nació en Tánger en 1929 y murió en Madrid  en 1980 en la más “estricta” pobreza. J.L.R.

Enterrad a los muertos

Louis Penny. Salamandra, 2016

Es interesante esta novela por varios motivos, y ello pese a que su protagonista es un viejo conocido: el inspector Gamache. Si hasta este momento la serie de novelas con Gamache como protagonista discurría para el lector dentro de los cánones de unas atractivas pero convencionales historias el género negro, ahora todo parece cambiar. Sí, es cierto que en esta también tratará de resolver un intricado caso, pero es este un elemento secundario de una historia repleta de flasback que tratan de ir dando pistas al lector sobre el porqué del retiro del protagonista a la ciudad de Quebec, explicación que solo obtendremos hacia el final de la historia. Otro elemento atractivo en la narración,  es la  tensión que se palpa, centrada en una  pequeña biblioteca inglesa, entre la cultura francófona dominante y la minoría angloparlante. Galardonada con numerosos premios es una novela de las que uno no se arrepiente del tiempo invertido para su lectura. R.C.P. 

jueves, 21 de julio de 2016

LECTURAS DE VERANO II

La guitarra azul
John Banville. Alfaguara, 2015.


A medida  que pasa el tiempo y la obra de este escritor irlandés  crece,  convence a un cada vez mayor número de lectores que nos encontramos ante alguien que dejará huella en la historia de la literatura. Aún nos produce sorpresa y admiración de cómo se desdobla en dos escritores distintos:  si  como Benjamín Black crea la figura del forense Quirke, y da a la novela negra nuevos bríos y una calidad estilística pocas veces superada; Banville en cambio con cada historia entrega al lector una prueba insuperable de calidad literaria. Ahora lo vuelve hacer, con una novela compleja pero que es magistralmente contada al lector, que no se siente nunca perdido y sí cautivado por ella: Oliver Orme, que en el pasado fue un artista de cierto nombre, es también un ladrón. Y esa otra cara desconocida y su pasión por Polly, la mujer de su mejor amigo Marcus, le llevará a realizar su robo más osado. El mejor Banville. R.C.P.

Una letra femenina azul pálido

Franz Werfel. Anagrama, 2015.

De la colección Anagrama, edición limitada, recomendamos esta novela corta del escritor checo Franz Werfel (Praga, 1890), amigo de Kafka, que tuvo que emigrar a EE.UU. en 1940, a consecuencia de la II Guerra Mundial; en  Beverly Hills moriría cinco años más tarde. Autor polifacético (novelista, poeta y dramaturgo), Werfel con este tan atractivo título nos relata la historia de Leónidas, jefe de sección del Ministerio de Educación, que desde su casamiento con la rica Amelie Paradini disfruta de una vida llena de tranquilidad y placer. A sus cincuenta años recién cumplidos es un hombre satisfecho sobre todo consigo mismo. La carta que recibe una mañana, escrita con letra femenina azul pálido le lleva a recordar una vieja historia de amor que mantuvo, al poco de casarse, con Vera Wormser, y con el recuerdo el desasosiego. Magnífica. J.L.R. 

viernes, 8 de julio de 2016

LECTURAS DE VERANO I

Los libros que nunca he escrito


George Steiner. Debolsillo, 2011.

Llevo ya unos años que para mí el verano empieza cuando inicio la lectura de un libro de George Steiner. El primero fue lecciones de los maestros y este año ha sido Los libros que nunca he escrito al que se alude en el artículo anterior. Volumen que recoge una serie de trabajos o ensayos de variada temática pero que tienen como denominador común la reflexión siempre autorizada de uno de los grandes pensadores del siglo XX. Steiner nunca me defrauda porque en sus escritos se destaca la voz de un hombre comprometido con su tiempo, con todos y cada uno de los problemas, los grandes y pequeños conflictos de la humanidad y que tantas desgracias nos han causado. Compromiso del profesor, labor de la que se siente muy orgulloso, que reflexiona sobre los sistemas educativos, o como judío sobre la inveterada persecución a que su religión ha sido sometida. El próximo verano otro Steiner, sin duda. J.L.R.

Arenas movedizas

Henning Mankell. Tusquets, 2015.
Si tuviera que decidirme por un término para definir las impresiones y sensaciones que me ha dejado este libro tras su lectura, sería sin dudarlo la de emocionante. Alejado de sus historias africanas o de las del personaje que le dio justa fama, el comisario Wallander, Mankell decide ahora centrarse, dejar testimonio de la otra realidad a la que se enfrenta, tras habérsele diagnosticado un cáncer recientemente. Pero no se confundan, no es este un libro que gire sobre la enfermedad, aunque sea esta la que provoca un deseo irrefrenable del autor de plantearse cuestiones que a todos nos preocupan: el paso del tiempo, los recuerdos, el miedo…En cada capítulo Mankell nos narra con su habitual maestría exenta de artificios, una historia real que de una manera u otra vivió personalmente y tras las que trascienden preguntas que buscan respuestas. R.C.P.

domingo, 26 de junio de 2016

MÁS PAPELES DEL MARQUÉS

El marqués de Torresoto, que en la ilustración aparece con sus hijos en plena guerra civil, tuvo, ya lo comentamos anteriormente, una vida fecunda cuajada de variopintos amigos, empleados y familiares que dieron lugar a curiosas anécdotas. Como el tío Paco, un abogado hermano de su padre con debilidad por las apuestas. Ganó una de ellas que consistía en cortarle las barbas a un obispo que estaba de paso por Sanlúcar, pero acto seguido hubo de embarcarse sin dilación hacia Filipinas. Escribió durante varios años, pero al final dejó de hacerlo y del tío Paco nunca más se supo. Otro personaje peculiar que aparece en el manuscrito fue un tal Mr. Larner, un gigantón inglés de nariz descomunal y mirada estrábica, aunque un competente taquígrafo “capaz de tomar al dictado con facilidad en cuatro idiomas”. Pero también un gran paranoico, veía por todas partes espías alemanes que pretendían eliminarlo, llegando a abofetear a un flamenco que tuvo la mala fortuna de mirarlo en plena plaza del Arenal. Con los casi dos metros del inglés, hizo falta la mitad de la fuerza pública jerezana para separarlo del gitano y llevarse detenido al malhumorado taquígrafo, que acabaría sus días arrojándose desde una ventana de un hospital gibraltareño. Aunque con buena salud, González Soto padeció algunas dolencias complicadas, como el tumor sobre el ojo derecho que motivó una agria disputa con el cirujano republicano Fermín Aranda y Fernández Caballero. Julio González Hontoria le convenció para que escuchara la opinión de este joven médico jerezano formado en París y dotado de “excelentes condiciones y aptitudes”. Pero al de cabecera, Dr. Del Blanco, no le hacía gracia la intrusión, acordándose  que celebrarían consulta conjunta con la participación de un tercero, el antiguo y reputado médico jerezano Germán Álvarez Algeciras. Como la consulta a tres bandas no ofreciera resultados definitivos, el enfermo recurrió al Dr. Rocafull, cirujano afincado en Cádiz, que fue quien finalmente lo intervino con feliz desenlace en 1892. Pero llegó la hora de saldar cuentas con el resto: Blanco y Álvarez Algeciras fijaron sus honorarios en 50 pesetas, pero el doctor Aranda alegó que él se había preparado en las mejores clínicas parisienses y se dejó caer solicitando ¡500 pesetas!. El asunto acabó en el Colegio Médico de Cádiz, que rebajó la cifra hasta las 250, pagaderas a quien no le había colocado al enfermo ni una simple tirita. La historia se repetiría 50 años más tarde, con el mismo paciente y el Dr. Aranda Latorre,  oftalmólogo e hijo del republicano, al que consultó sobre un problema de cataratas. Tras la consulta, y a pesar de no operarle, quiso cobrarle los cien duros de rigor, pero de nuevo el Colegio Médico dejó la cifra en la mitad. En ciertos casos, como en este, los “recortes” están plenamente justificados.  NATALIO BENITEZ RAGEL.


CAMPAÑAS

Desechada ya por falta de verosimilitud y decoro (“relación entre lo que se puede esperar de los personajes y lo que estos efectivamen­te hacen”), dos conceptos que tanto gustaban a Cervantes, la idea de hacer una campaña de promoción de la lectura con Cristiano Ronaldo y Messi leyendo un libro (aún recuerdo emocionado una foto del Fari con un libro en sus manos), no queda más remedio que atacar el inveterado desapego o repelús de nuestros ciudadanos, sobre todo los más jóvenes, de la letra impresa con campañas más agresivas o, al menos, más originales. Y para ello nada mejor que ponernos en el papel de aquellos antiguos arbitristas que durante los siglos XVI y XVII mandaban memoriales al rey con las propuestas más peregrinas para solucionar los problemas endémicos de nuestro país, sobre todo los económicos, y que tanto ridiculizaron los escritores de aquellos siglos, sirva como ejemplo la insuperable sátira que don Miguel incluye en su “Coloquio de los perros”. Y puestos a jugar, se podría satisfacer el apetito lector con libros cuyas páginas pudieran, una vez leídas, comerse. Y si el libro en papel higiénico ya está inventado, aunque con escaso éxito, unos preservativos  con poemas de amor no digo yo que no le añadiría más sentimiento o, al menos, más poesía al asunto, tan necesitado de ello en estos últimos tiempos (ya lo veo: “deme una caja de doce de Pablo Neruda”). Pero si tuviese que elegir una buena idea, sin duda me quedaría con la ocurrencia de un iluminado de finales del siglo XVIII para recuperar el peñón de Gibraltar: que cinco mil soldados llevaran al cuello un escapulario de la Virgen del Carmen, que los haría invulnerables a las balas de los herejotes ingleses. Ante el fracaso estrepitoso de las campañas que han intentado mejorar los índices lectores de nuestro país, yo voto por el escapulario. Es simple cuestión de fe. José López Romero.

sábado, 18 de junio de 2016

LECTORES / LECTURAS

“Me recuerdas a alguien que solo lee el primer capítulo de un libro. Nunca llegas a averiguar qué sucede después”, le reprocha su amigo Asif a Jay, el protagonista de ‘Intimidad’, la novela de Hanif Kureishi que hace unas semanas reseñamos en esta página. Y esta frase me ha llevado a recordar la pregunta, tan socorrida pero también tan esclarecedora, que se le suele hacer en las entrevistas a toda persona relacionada de una forma u otra con los libros o la cultura en general: “¿has dejado algún libro sin terminar de leer?”. Y en las respuestas pocos son ya los que aseguran que una vez abierto un libro no paran hasta terminarlo, aunque en ello empeñen tiempo y esfuerzos baldíos. La gran mayoría confiesa que a lo largo de su vida lectora, más de uno y de varios, por no decir muchos libros, se les han resistido o, dicho de otro modo, son ellos, los lectores, los que no han tenido la suficiente fuerza de voluntad para acabarlos, o lo han pensado mejor y han decidido no invertir ese tiempo y ese esfuerzo en algo que en poco o nada les va a beneficiar. Por mi parte, confieso que en mi ya lejana juventud fui lector persistente hasta la terquedad: libro abierto, libro que debía acabar, hasta que en un periodo de crisis lectora (todos pasamos en un momento u otro de nuestras vidas por distintas crisis), tomé la difícil decisión de cerrar un libro sin terminar. Aquel acto, no exento de una sensación de pecado fue, sin duda y en cambio, una liberación. Liberación que, sin embargo, ahondó más la crisis y atravesé un periodo de lector de las primeras veinte páginas, es decir, en lector de primeros capítulos, como le reprochaba Asif a su amigo Jay. Hace unas semanas me distraía soportando (¿o soportaba distraído?) la película titulada ‘Alex y Emma’ (Kate Hudson y Luke Wilson), en la que Emma reconocía que antes de empezar un libro, tenía que leer las últimas páginas; si estas le llegaban a interesar, emprendía su lectura; un tipo cuando menos extraño o raro de lectora esta Emma, como así se lo echaba en cara Alex. A veces la forma de leer, nuestros hábitos lectores dicen mucho más de nuestra personalidad e incluso nos definen de forma más clara que un psicoanálisis. Vivir la vida con la inconstancia del lector de primeros capítulos (que es la verdadera intención de Asif y de ahí su reproche a Jay), puede ser tan perjudicial como empecinarse en terminar un libro que ya no nos va aportar nada, que en nada nos va a beneficiar. Los libros son al fin y al cabo como las relaciones humanas: los amigos de la infancia y juventud o aquellos que permanecen para toda la vida; las novias y novios ocasionales (de primeros capítulos) y el libro que leeremos una y otra vez hasta el fin de nuestros días; el trabajo que no nos gusta porque aspiramos a un libro mejor… Y así, abrimos los libros de la misma forma que conocemos a las personas. Algunas no aguantan ni las veinte primeras páginas, y a otros (como los políticos) mejor conocerlos por las veinte últimas. José López Romero. 

LA NUEVA NOVELA HISTÓRICA

Es curioso cómo ha evolucionado el concepto de novela histórica desde sus orígenes -hoy uno de los géneros con más seguidores-, si podemos reconocer como tales aquellas historias  surgidas de la pluma de Walter Scott o Enrique Gil, Larra y Fernández y González en el caso de nuestro país. Aquellas novelas históricas se enfrentaban al hecho histórico de una manera muy singular, utilizando la historia despreocupadamente más como decorado que como motor de la trama, y poblando esta de personajes ficticios,  donde las aventuras de sus protagonistas eran el principal atractivo. Igualmente era denominador  común de estas novelas situarlas en un pasado lejano, preferentemente la Edad Media, por la  incomprensible creencia de que ello garantizaba una mayor libertad al autor y una menor contaminación de este por la realidad histórica donde  se situaba la narración. Decimos incomprensible pues si  esa premisa del distanciamiento del autor de los hechos históricos tratados, es indispensable mantenerla por parte de los historiadores, carece de significado y valor cuando nos situamos en el lado de la literatura, de la ficción, donde se le presupone al escritor una cierta libertad, y no estar supeditado a las normas  básicas que sujetan el mencionado trabajo del historiador. Como decíamos, hoy la novela histórica, género que siempre gozó de la complicidad de los lectores, y mucho más desde hace unas décadas, ha modificado su manera de acercarse al hecho histórico. Ya no es generalizado situar el escenario temporal muy lejos del actual, y por otro es el hecho histórico el auténtico protagonista  de la narración, siendo los personajes y parte de la trama elementos complementarios y secundarios, solo necesarios en la medida que sean útiles para dar la visión de un escritor sobre un determinado personaje o acontecimiento histórico. Escritores como Pérez Reverte, Posteguillos, Eslava Galán o Lozano Leyva - en el apartado español-  o Yourcenar y más recientemente Philip Kerr entre otros muchos, son claros ejemplos de esta otra  manera  enfrentarse al hecho histórico desde la literatura, y donde la rigurosidad histórica guarda un escrupuloso equilibrio con la ficción. RAMÓN CLAVIJO PROVENCIO