La lista de fraudes, engaños y supercherías en la historia de la literatura no es para contarla por no inacabable. Si ya en pleno siglo XVI fray Antonio de Guevara consiguió fama de inventarse citas que atribuía a autores clásicos para así dotar de mayor prestigio a sus escritos, no menor superchería resultó ser el opúsculo ‘El buscapié’ que el ingenioso historiador gaditano Adolfo de Castro se inventó y que atribuyó al mismísimo don Miguel de Cervantes, quien supuestamente lo escribió a modo de defensa de la primera parte de su obra inmortal. La primera edición de esta obrita se publicó en 1848 (en la Imprenta, librería y litografía de la Revista Médica, a cargo de D. Juan B. de Gaona, Plaza de la Constitución. 11 de Cádiz), profusamente, hasta el cansancio, anotada por el supuesto descubridor, con el vanidoso afán de mostrar y demostrar su erudición a aquellos círculos literarios gaditanos y españoles, en general, algunos de los cuales se tragaron el fraude de Castro con todos sus engañosos y aparatosos avíos. Y en pleno siglo XVIII, como ya se ha encargado de estudiar Joaquín Álvarez Barrientos, en su artículo “Apuntes sobre falsificación y plagio en la República Literaria española del siglo XVIII”, un escritor como Cándido Mª Trigueros se sacó de la manga un tal Melchor Díaz de Toledo, cuya supuesta obra poética se encargó de editar como contribución al canon clásico que debía imperar en la República de las Letras patrias. Una superchería que bien supo descubrir el poeta Meléndez Valdés que denunció los errores léxicos cometidos por Trigueros en su fallido intento de “anticuar” la lengua al uso del XVI. Fraudes y engaños que ocultaban una intención que trascendía la anécdota literaria: la imposición de un canon para “apoyar el modelo estético gubernamental”, es decir, “al servicio de una ideología”. ¿Les suena? El ayer del siglo XVIII no es más fraudulento que el hoy. Quizá no tengan que inventarse escritores para configurar e imponer el canon, para eso ya se encargan de dar premios, subvenciones y otras regalías a los que están en ejercicio, pero está claro que las editoriales y, sobre todo, los medios de comunicación al servicio de las distintas ideologías, van imponiendo una serie de autores y unos gustos literarios que nada tienen que ver con la cultura como ámbito de libertad e independencia. Álvarez Barrientos señala: “Las famosas «dos Españas» tienen su origen aquí… Y a los dos «bandos» se les adjudicó además conductas, valores, gustos e indumentaria que los caracterizaba e identificaba. De manera que el canon literario-cultural… se ramificaba y completaba en otros ámbitos, que lo justificaban desde la política, como aval necesario para tener vigencia y legitimidad”. ¡A que les suena! José López Romero.
Una biblioteca es lo más parecido a un laberinto, un laberinto lleno de libros, de mundos por descubrir.En homenaje a las bibliotecas y a la lectura , preside la cabecera de este blog un dibujo del pintor jerezano Carlos Crespo Lainez: "Noche de lectura".
LECTORES SIN REMEDIO
Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.

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