LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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jueves, 23 de abril de 2009

23 de abril: crisis y libros


¿Le ha venido bien la crisis al mundo del libro? Pues depende, le contestaba a un conocido mientras mirábamos las últimas novedades editoriales, en el escaparate de una céntrica librería local. Y es que no puede ser la misma, sentencié, la visión del librero, que la del bibliotecario o el empresario que ha apostado por el negocio editorial. Pero salvados los matices, y que a algunos les va mejor (o peor) que a otros, no parece que el universo del libro sea el más afectado por ese suceso, de proporciones impensables hace tan solo unos meses, y que sigue desconcertando a políticos y analistas. Hoy, antesala de la celebración anual del día Internacional del Libro, nos llegan noticias alentadoras no solo sobre el número de ediciones , sino que el grado de utilización de las bibliotecas públicas, como los índices de ventas de libros parecen ir saliendo de las modestas proporciones que se manejaban hace tan solo un año. Unos meses atrás, el director General del Libro, Rogelio Blanco, manifestaba que “el libro en nuestro país goza de buena salud a pesar de la crisis”, y aseguraba que el sector editorial no parecía dar muestras de debilidad. Hoy, los últimos datos que da a conocer la Federación de Gremios de Editores de España, parecen dar la razón al Director General, cuando hablan que dicha industria mueve alrededor del 0,7% del PIB (unos 4.000 millones de euros), publicando unos 70.000 títulos al año (más de 358 millones de libros). Pero ¿qué pasa con las bibliotecas, y los libreros? No parece aún claro si las librerías se están viendo favorecidas por la crisis económica; en todo caso los datos (según la CEGAL) parecen hasta ahora favorecer en mayor medida a las grandes librerías. Es cierto que el libro se está convirtiendo en un gran competidor, cuando se elige como articulo de regalo, frente a otras alternativas, sobre todo electrónicas, de más alto coste, o que la potenciación de las colecciones de bolsillo, parece ser todo un éxito; pero qué duda cabe que, aparte de la crisis económica, el gremio de libreros se enfrenta a otros retos no menos importantes como los stock, la distribución, la gratuidad de los libros de textos o la irrupción del libro digital. Retos que mantiene al sector en un proceso de reflexión y transformación. En cuanto a las bibliotecas públicas los últimos datos aportados, nos hablan de aumento de afluencia de lectores (alrededor de 100 millones de visitas al año en nuestro país), con una utilización sin precedentes de los servicios de préstamos de libros y materiales audiovisuales, lo que se ve favorecido por los horarios de apertura al público más amplios, de entre los centros culturales. Si las inversiones en materiales e infraestructuras en estos centros se mantienen pese a la crisis, los resultados en pro de la lectura serán palpables. Ramón Clavijo Provencio

Crítica


Creo recordar que fue en uno de aquellos magníficos artículos que publicaba Gabriel García Márquez en un periódico nacional, hace de esto ya sus buenas décadas (por lo que pido de antemano perdón si la memoria me traiciona), donde comentó entre la sorpresa y el lamento la anécdota sucedida en un examen que unos escolares habían hecho sobre su Cien años de soledad; entre las preguntas que el profesor había preparado, una de ellas consistía en que explicasen los sufridos alumnos el significado del gallo que aparecía, a modo de ilustración, en la portada de la edición que habían manejado. El gallo, se puede uno suponer, no era más que el motivo ornamental de la publicación. En esto de las portadas y por poner dos ejemplos sobre el mismo tema, a todos los miembros que componemos el club de lectura de la biblioteca municipal nos sorprendió la escasa, por no decir nula relación que las portadas de los libros Apartamento en Atenas, de Glenwey Wescott, y Un hombre soltero (éste quizá algo más), de Christopher Isherwood, guardan con el contenido de estas dos novelas en la colección Debolsillo. Viene la anécdota de García Márquez a cuento porque el papel de la crítica, por su propia naturaleza, siempre está en entredicho. Famosa es la frase de que detrás de un feroz crítico sólo hay un escritor frustrado. Periódicamente las revistas dedicadas a los asuntos artísticos en general reflexionan sobre la figura del crítico, es decir, de aquellos a los que los escritores desprecian, o dicho de otro modo, de aquellos que odian a los escritores. En la revista Mercurio de este mes, en la entrevista que le hacen a Juan Marsé días antes de que recoja su bien merecido Premio Cervantes, comentaba el catalano-castellano: “sobre mis personajes hay críticos y estudiosos de mi obra que han escrito cosas que han sorprendido al propio autor, que soy yo”. En cierta ocasión, una chica universitaria le hizo ver que su novela Las últimas tardes con Teresa era un ajuste de cuentas que Marsé hacía con la burguesía; a lo que el escritor le respondió que realmente la había escrito “porque siempre soñé con irme a la cama con una chica rubia y con los ojos verdes y los muslos que tú tienes, y como no pude conseguirlo, me inventé a Teresa.” Dice Marsé que la chica cogió su carpeta y salió despavorida. Por eso siguen escribiendo, y no por otra razón, Juan Marsé y tanto otros. José López Romero.