LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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viernes, 1 de febrero de 2019

EFÍMERA


Hubo una época donde la información contenida en la  prensa diaria apenas trascendía más allá de la fecha del calendario en la que se publicaba. Por ello era común hasta bien avanzada la mitad del siglo pasado, que los ejemplares una vez leídos y perdida aparentemente su utilidad, se destruyeran. Ello explicaría que no hayan llegado a nuestros días muchas y valiosas colecciones de periódicos y revistas, pese a que junto a la actualidad del día incluyeran artículos, relatos, o abundante material gráfico. Es decir todo un valioso material hoy día para la investigación, y que ha obligado a los centros bibliotecarios y de documentación  que conservan algunas de estas colecciones, a custodiarlas celosamente no solo por su fragilidad sino también por su rareza, siendo una de sus prioridades proceder a su digitalización (cuando los siempre escasos presupuestos lo permiten). Al igual que la prensa diaria, durante el siglo XIX y gran parte del siguiente se publicaban folletos y revistas efímeras por muy diversos motivos, en la mayoría de las ocasiones ligados a las fiestas locales. En Jerez destacarían “Solera Jerezana”, “Guión”, “Gran Feria de Jerez”, entre un listado interminable. En ellas junto a la información de ese calendario festivo, y si somos curiosos, encontraremos firmas destacadas de literatos, historiadores, publicistas, poetas, bibliófilos, como Pemán, Pérez Solero, Hipólito Sancho, Fernando Bruner Prieto entre otros muchos. A mí siempre me ha atraído hurgar en estas colecciones, pues no es raro encontrarse en ellas algún poema de sorprendente calidad o alguna narración corta que, como diría mi amigo Atanasio,  “se deja leer”. Hace poco hurgando en una colección de folletos encontré un curioso texto bajo el título de “Anécdotas y Chismorreos”, donde el autor escondido bajo las siglas J.M. dejaba, entre otras anécdotas, unas pinceladas gruesas sobre D. Gabriel de Soto y Lavaggi (cuñado de D. Manuel María González Ángel): “D. Gabriel era un solterón muy mujeriego, con queridas y constantes trajines en los diversos puntos donde vivía o por los que viajaba. El motivo de su muerte fue una enfermedad en el pene que le originó grandes dolores, por lo que fue operado en Jerez por el doctor D. Francisco Revueltas  Carrillo y Montel. Se dice que en la operación estuvo presente D. P.N.G., y cuenta este que estaba tan nervioso y preocupado  el paciente en los momentos previos a la operación, por su futuro  sin ese importante miembro de su anatomía,  que el doctor le intentó tranquilizar con estas palabras “No se preocupe Ud., que le dejaré útil para un blanqueo”. En otra ocasión  daré cuenta de otra historia impagable, la de “Perico rata”,  que era el fijador municipal de edictos y avisos, y que nos dejó para la posteridad otro nombre olvidado: A. Rodriguez-Pascual y Vega. Ramón Clavijo Provencio

TARDE


El pasado verano experimenté una sensación nueva (¡ya a mis años!) con respecto a la lectura (¡no se den tan pronto a la imaginación!). Cuando acabé tres novelas, las tres excepcionales, “El azar y viceversa” de Felipe Benítez Reyes, “Galíndez”, de Manuel Vázquez Montalbán, y “El día del juicio”, de Salvatore Satta, noté que quizá había llegado tarde a estas tres obras. De inmediato me consolé con el socorrido refrán: “más vale tarde que nunca”. Y ya más en frío me fui dando cuenta de que con otros libros y autores quizá había llegado demasiado temprano. Un ejemplo, “El Mercurio” de José María Guelbenzu fue una novela que leí demasiado pronto para mis capacidades lectoras; no entendí nada. Mucho más tarde, me reconcilié con el autor, aunque de forma más liviana, con la lectura de la segunda entrega que tiene como protagonista a la jueza De Marco, “La muerte viene de lejos”. No soy lector de novedades, a menos que haya una recomendación muy viva y fiable por medio, e incluso en este caso suelo enfriar la primera excitación por unos meses, para que el libro se oxigene un poco, y al final lo que suele pasar: se terminan por meter otros libros hasta llegar a olvidar los recomendados. La verdad es que de “El azar y viceversa” apenas han pasado dos años desde su primera edición (2016), unos ocho desde la publicación por Anagrama de “El día del juicio” (2010), pero la de “Galíndez” data de ¡1990! Y hasta hace unos meses no he podido disfrutar de sus lecturas. Y lo peor de toda esta reflexión no es el darte cuenta de la tardanza con que he llegado a estas novelas, sino de la cantidad de libros a los que ya empiezo a llegar también tarde, y más agobiante aún, a los que no podré ya leer. Parafraseando a Borges en un poema muy a propósito de lo que estoy escribiendo, diría: “este otoño he cumplido sesenta y dos años, la muerte me desgasta incesante”.  Menos mal que, según información digna de todo crédito, por ahí arriba (o por abajo), hay una biblioteca que regenta un tal Jorge de Burgos ¡Y no se rían!. José López Romero.