LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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sábado, 2 de junio de 2012

LITERATURA Y ACTUALIDAD


Siempre ha sido la actualidad uno de los principales motivos de inspiración o, mejor dicho, para recuperar la inspiración, para esos escritores que alguna vez se atascan, y ven pasar las horas ante el papel o la pantalla del ordenador en blanco. Hace algunos años un conocido escritor local, también articulista, me decía que cuando le venía uno de esos días tontos, donde no se le ocurría nada sobre lo que escribir, echaba mano del santoral y que  este era infalible, pues en él se escondía tras un nombre muchas veces desconocido,  una historia apasionante que siempre se podía adaptar para captar el interés del lector. Hoy la actualidad política y económica, se antoja un campo fértil para el escritor espabilado, y  como en un año de buena cosecha, donde la climatología ha sido benigna con los cultivos,  no deja de proporcionar historias, algunas verdaderos diamantes en bruto. Algunos ya han encontrado ese filón, y con notable éxito (lean lo último de  Márkaris o Eduardo Mendoza), y otros muchos no dudo que ahora mismo estén enfrascados en otras tantas historias que de seguro les den una efímera fama, a costa del calvario que la actualidad nos está haciendo pasar al resto de los mortales. ¿Cómo dejar pasar el culebrón de la banca y no sacar de él un gran argumento? Como les decía Márkaris ya ha dado su versión (en la imagen) inspirada en la realidad griega, pero sin duda el caso español añade aspectos realmente notables. Como el de  ese recién llegado gestor vasco, que mayestático pide dinero público a mansalva y a fondo perdido, mientras no se le mueve un músculo de la cara. No hay preguntas, por tanto no hay alusiones a cómo se ha llegado a esto, o si podremos también pedir los ciudadanos de a pie dinero a fondo perdido. Otra historia: antigua responsable máxima de  entidad bancaria, a la que por supuesto lleva a la bancarrota, y que una vez descabalgada de su poltrona, se asegura una pensión millonaria (algo por lo visto común a los malos gestores) y acto seguido se apunta al paro. La actualidad española da, sin duda,  para sacar del atolladero al escritor con síndrome de “la página en blanco”. Ramón Clavijo Provencio 

SUBRAYAR


Jonathan Wolstenholme

Tuve yo en mis ya lejanos (¡muy lejanos!) años de estudiante universitario a un profesor de crítica literaria, poeta por aquellos tiempos en ciernes y hoy consagrado, que afirmaba, seguramente por su propia experiencia, que el poeta está en permanente búsqueda de un verso feliz, ése sobre el que hace gravitar todo el poema o, incluso, el que puede salvarlo del olvido; pero para esto último, más que feliz, habría que calificarlo de divino. Es posible. Concedámosle a la teoría de aquel profesor al menos el beneficio de lo plausible, porque en esto de la poesía cualquier afirmación puede convertirse en dogma; ese dogma que, a partir de cierto momento como lector, he seguido y rastreado en buena parte de los libros que he leído en busca de ese verso o de una frase, siquiera una, que me iluminara la novela o el poema que estaba leyendo. Y así, me he convertido en subrayador de fragmentos en los que (me atrevo a decirlo) adivino la inspiración celestial que alienta al creador, o quiero destacar por alguna experiencia personal o porque los considero simplemente interesantes. En un principio hacía el subrayado de forma inconstante y apresurada (aún me acuerdo de aquel inicial “Narciso y Godmundo” de Hermann Hesse), pero con el tiempo he perfeccionado la mecánica y no falta en mi mesa la regla y el lápiz de color (rojo o azul), instrumentos callados pero sabedores de la importancia que les he concedido en mis lecturas. Y así, cuando reviso o releo alguna obra, siempre encuentro la huella que dejé en aquella primera lectura, huella a veces inexplicable pasados los años, aunque en la mayoría reconozco el pálpito que me hizo destacarla sobre el resto de las páginas. Permítanme que, a modo de ejemplo, ponga la última obra que estoy leyendo (aún no acabada), se trata de “Balas de plata”, interesante novela del mexicano Élmer Mendoza. En una de sus páginas he subrayado la frase siguiente: “Como dice Rudy, reflexionó, la comida para que sea buena debe hacer un poquito de daño”; una frase que seguramente responde a mis vivencias personales, más cuando uno ya está amarrado al duro banco del omeoprazol. Y, en la misma página, he subrayado: “los asesinos carecen de algo que él tiene a mares (se refiere a un sospechoso): aptitud para la tristeza”. Una frase que, en mi opinión, salva toda una novela, al margen de la  indudable calidad del relato de Élmer Mendoza. Sin embargo, hay novelas y autores que por mucho que he intentado subrayar pasajes, frases o pequeños fragmentos, me ha sido del todo imposible, porque tendría que gastar cajas y cajas de lápices: “El amor en los tiempos del cólera” o el relato “El rastro de tu sangre en la nieve” del gran García Márquez, por ejemplo, y últimamente “Los girasoles ciegos” de Alberto Méndez. De los muchos, muchísimos pasajes que he ido subrayando de esta excelente novela, me quedo con el siguiente: “Él y yo sabemos qué largo es el tiempo sin un beso y ahora, probablemente, no nos quede suficiente para resarcirnos. El miedo, el frío, el hambre, la rabia, la soledad desalojan la ternura”. El dedo de Dios. José López Romero.