LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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sábado, 12 de enero de 2019

EL INVITADO


La casualidad, que es la madre de toda ciencia inexacta, hizo que se reencontraran aquellos viejos compañeros de colegio y en otro tiempo hasta amigos. Hacía unos años que no se veían, aunque uno sí sabía del otro por los libros que iba publicando, y que con perseverancia oriental había leído por aquello de la antigua amistad que siempre se recuerda con un punto de nostalgia. Aquellos libros se contaban por éxitos, aunque no tan enormes ni sonados como las expectativas formadas en torno al autor y su obra. Del cariñoso saludo se pasó al recuento somero de sus vidas y se emplazaron para una próxima ocasión que no debía tardar tanto. “Oye –le dijo el lector al escritor en el fragor de los abrazos-. Te tomo la palabra. Te invito el sábado que viene a mi casa, a cenar. Es una orden”, bromeó el primero. Y allí que se encajó el ilustre. Y como invitado se acompañó de una botella de buen vino (los deberes de la cortesía) y de cierta inveterada gazuza, porque la literatura siempre despierta un hambre ancestral, y naturalmente un ejemplar de su último libro dedicado. “Toma” -le dijo a su anfitrión nada más abrirle este la puerta de su casa. Pasaron al salón donde dejaron la botella encima de la mesa que ya estaba preparada para la cena; y el amigo abrió el libro, leyó con satisfacción la dedicatoria, le dio las gracias, y lo condujo a su estudio que hacía también de biblioteca. “Venga. Te toca ahora a ti –le dijo al escritor- elegir el lugar donde quieres colocar tu libro. Ten en cuenta que la disposición es cronológica, y aunque tus otras obras las tengo aquí –y le señaló un estante que se perdía en el abigarramiento de volúmenes, unos encima de otros; yo quiero que tú mismo coloques el que hoy me regalas”. El escritor se acercó a sus otros libros, lugar que consideraba el más natural, y se fijó en los autores de los textos que los rodeaban. “¡Pero, hombre, me has puesto al lado de Fulano! Muy buena persona, eso sí, pero de calidad poquita, muy poquita. Su último libro, una recopilación de relatos breves, es un bodrio de consideración. No tiene ni la menor imaginación, y de estilo anda muy cortito. Y ¡hala! Al otro lado mi amiga Menganita, la que se bebería el Nilo si fuera de whisky. Por otra parte, sus novelas no valen un pimiento; mucha retórica y poca sustancia; y escribe como una posesa…¡Y así escribe!... ¡Ah! Y un  poco más allá me tienes con Zutano, el poeta, al que le dieron un premio, el de la constancia de escribir; los otros tres que ha recibido estaban amañados, como todos. Poemas endeblitos que recuerdan a aquellas doloras de Campoamor, más cursis que un guante.” Y así fue repasando la estantería sin convencerle ningún emplazamiento posible, hasta que el escritor se fijó en una mesita que ocupaba un lugar destacado en el salón, encima de la cual y en un atril reposaba la Primera Parte de “El Quijote” en edición facsímil que publicó hacía ya unos años la RAE, se acercó, ojeó el volumen y quitando el tomo cervantino, dijo: “Aquí luce más mi libro. Así lo verás todos los días y recordarás nuestra amistad”. José López Romero.

PREMIOS DE INVESTIGACIÓN


Hemos asistido durante las últimas semanas en nuestra ciudad, a la publicación de interesantes trabajos de investigación sobre distintos aspectos de su historia. Historiadores como Fernado López Vargas Machuca, Javier Jiménez  López de Eguileta, Diego Caro o la aparición de un nuevo número de la “Revista de Historia de Jerez”, conteniendo en sus páginas 13 artículos de otros tantos historiadores y que exponen el fruto de sus estudios, nos dan prueba por un lado  de la vitalidad de la historiografía local, pero por otro lado nos da una visión engañosa de los medios y posibilidades que encuentran los estudiosos para dar a conocer el fruto en muchas ocasiones de años de arduo trabajo. Y digo todo esto porque hoy más que nunca sería interesante que esta ciudad viera surgir la convocatoria de un Premio de Investigación histórica o recuperara aquel premio "Manuel Esteve" que convocó el Ayuntamiento de nuestra ciudad desde1995 a 2007, y que  fue un estímulo para la investigación sobre la ciudad y su zona de influencia. Venía entonces el mencionado Premio a ocupar el hueco que dejaba otra convocatoria emblemática cual fue el Premio de Investigación de la Caja de Ahorros de Jerez.  Estuve colaborando con entusiasmo desde los orígenes con el "Manuel Esteve", y fui testigo como secretario del Jurado de aquellos premios de enconados debates, jocosas situaciones incluso de momentos de tensión entre los prestigiosos historiadores que siempre lo formaron. Pero sobre todo el recuerdo que me queda de aquellos premios es que se hacía una labor importante tratando de facilitar la salida a la luz de muy necesarios trabajos de investigación, y  que bien merecían ser conocidos y difundidos. Aquellos estudios firmados por Antonio Cabral, Jesús Manuel González, Diego Caro, José López, Manuel Romero o José A. Mingorance entre otros, son hoy referente para muchos historiadores que pudieron acceder a ellos gracias a la colección creada por el Servicio de publicaciones Municipal, y  que llegó a publicar los textos premiados de las siete convocatorias realizadas (una quedaría desierta). Ojalá  vuelva este tipo de iniciativas que auspiciadas por instituciones públicas o privadas apuesten otra vez por la Cultura con mayúsculas, mirando más allá de los efímeros ciclos festivos anuales. Ramón Clavijo Provencio.