LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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viernes, 12 de octubre de 2012

UN PLACER Y SALUD


… Ya de vuelta. Un placer. Un curso más por delante que, por todas las señales del cielo y del infierno, no nos será propicio. Sin embargo, mi compañero Ramón y yo acometemos esta empresa con ilusión renovada y quedamos muy agradecidos a los lectores por acercarse cada semana a esta página para compartir con nosotros nuestro amor por los libros, por la Literatura (con mayúscula), y compartir también, los olores y los sabores agridulces de los libros. Nada nos debe ser ajeno y más en estos tiempos en que todo apoyo, toda colaboración, cualquier idea deben ser bienvenidos, si parten de la generosidad, la sabiduría y la experiencia. Y a veces la literatura nos servirá para alejarnos de una realidad que no nos gusta, pero muchas más veces debe servirnos para reflexionar sobre ella y comprometernos para mejorarla. Y en esto de la colaboración, de la idea brillante que puede si no mover al mundo, a nuestra sociedad, al menos zarandearla un poco, me topé hace unas semanas con la figura de Marc Vidal (no confundir con Nacho, aunque el contexto lo permita por lo del zarandeo). Marc Vidal es un joven autor de dos libros titulados “Crónica de una crisis anunciada” (manida adaptación del título de la novela de García Márquez), publicado en 2009, y el más reciente “Contra la cultura del subsidio”, que ya va por la tercera edición. En una entrevista reciente, la periodista calificaba a Marc Vidal como “emprendedor en serie, arruinado y superviviente” y destacaba que es “una de las personas más seguidas en España en tuiter”. Personalmente no me gustan y, por tanto, no tengo entre mis lecturas libros que tratan temas de tanta actualidad que terminan por convertirse en efímeros al poco de publicarse; ni siquiera aquellos cuyos autores nos merecen, por su prestigio en dichos temas, toda nuestra confianza. Como tampoco me atraen esos otros de autoayuda que proliferan en las tiendas y librerías, una especie de manual de instrucciones o prospecto de perogrullo ante cualquier problema de orden personal o laboral. Porque la lectura de los periódicos y estar bien informado a través de los distintos medios de comunicación es, a mi juicio, suficiente para hacernos reflexionar sobre la situación actual; y porque no hay nada como el apoyo de la familia y de los amigos para salir de cualquier atolladero. Pero la juventud de Marc Vidal y lo ya vivido me impulsan a concederle un punto más de credibilidad, porque no cabe duda de que durante demasiados años, y en especial en la última década, España ha sido y sigue siendo un país de subsidios, en el que los más listos (que son legión) sólo quieren su paguita a final de mes subsidiada por el Estado. ¿Trabajar? Hasta urticaria les entraba. No solo hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, sino que hemos pensionado y seguimos pagando a más ciudadanos de los que nos corresponde; muchos en edad actualmente de trabajar en vez de pasear y tomar cervezas; otros, con enfermedades que no les impide desarrollar otras labores en otros puestos. Y en Andalucía… A la vista está. Mucha salud a todos, porque dinero… José López Romero.  

viernes, 5 de octubre de 2012

MANIAS DE LECTOR


De todos los asuntos que directamente tienen que ver con la lectura y los lectores, confieso que el  de las manías de estos últimos, es el que me resulta más desconocido. Pero ahora, quizás porque he empezado a observar con preocupación cómo yo mismo voy adquiriendo unos extraños tics lectores, es cuando esta trastienda de la lectura comienza a captar mi atención. Vagamente había leído o me habían contado historias relativas a destacados personajes, en los que el hecho de leer se convertía en una especie de rito extraño y cargado de simbolismo. ¿Quién no ha escuchado alguna vez que Hemingway en los últimos años de su vida en Cuba, no podía leer o escribir si no tenía a mano sus amuletos de la suerte: una castaña de Indias y una pata de conejo? O que Paul Valery tenía la costumbre de leer entre las cuatro y las siete de la mañana, pues consideraba esa fracción de tiempo “la más pura y profunda”.  Pues bien, últimamente me está obsesionando  el olor de los libros, sobre todo de aquellos que van envejeciendo en los estantes y cuyo papel se va tornando quebradizo y amarillento... Conozco a grandes “snifadores” de libros antiguos, atrapados y cautivados  por el olor de los mismos. En cambio a mí me va sucediendo el efecto contrario. Los libros siempre se han ido acumulando en mi biblioteca por  el interés y emociones que me provocaron, pero me temo que desde hace algún tiempo esto cuente poco y empiezo a considerar la posibilidad de ir desprendiéndome de aquellos libros que torturan mi olfato, y que al fin y al cabo  me impiden volver a releer las historias prendidas en sus páginas. Ya ha habido más de una ocasión que al guiarme hasta los estantes el olor,  fruto de la degradación de la celulosa, (no en cambio cuando me llega el aroma   de la lignina con su sutil olor a vainilla),  y he localizado ese libro ya casi olvidado que lo emitía, he sentido el impulso de desprenderme de él, aunque siempre al final  han llegado a su rescate los recuerdos atesorados entres sus tapas o los buenos momentos vividos con su lectura…hasta el momento. RAMÓN CLAVIJO PROVENCIO