LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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sábado, 15 de enero de 2011

La galaxia Leibniz

El pasado 31 de diciembre se cumplieron los treinta años del fallecimiento de Herbert Marshall McLuhan, el formidable visionario que a través de obras como “La Galaxia Gutenberg”, y  “La comprensión de los medios como extensiones del hombre” nos empezó a introducir en el significado de conceptos como “la aldea global” o que las nuevas tecnologías aplicadas a los medios de comunicación y la cultura (algo que adquiere un profundo sentido con Internet), precipitarían inevitablemente a la humanidad, después de 40.000 años de existencia, en otra etapa evolutiva, donde los sistemas informativos se convertirían en una nueva  corteza cerebral colectiva que movería al planeta. Discutido y aplaudido, hoy vuelven con más fuerza que nunca las teorías de McLuhan (de la misma manera que se hace imprescindible releer la genial narración de Borges “La biblioteca de Babel” ), por lo que el comunicólogo Román Gubern no ha dudado en afirmar que ya vivimos en esos mundos vaticinados por McLuhan y Borges, esto es, “que el universo cultural entero pueda aparecer en la pantalla de consulta”, lo que él mismo ha definido como la entrada en la “Galaxia Leibniz” ( homenajeando de esta manera al propio  McLuhan). Hoy no hace falta tener mucha imaginación, pues solo con comprobar las prestaciones que nos puede ofrecer un Iphone o un Ipad, con sus e-reader incorporados, podemos saber que el proceso es irreversible y nos está afectando en mayor o menor medida a todos. Así la tradicional prensa en papel vive cambios vertiginosos, pero también las librerías, las empresas relacionadas con la edición, o incluso las mismas bibliotecas observan con preocupación cómo todo va llegando más deprisa de los que esperaban. Seguramente todos nos iremos adaptando y las piezas irán encajando en lo que ahora es el gran rompecabezas de las nuevas tecnologías aplicadas a la información, ocio y cultura, pues como decía Rosa Regás “estos grandes cambios serán paulatinos”. Pero lo que ya nadie discute  ni pone en duda es que la pantalla, antes que después, triunfará finalmente, aunque como el escritor Claudio Magris declaraba “una biblioteca –o una librería- es como una perfumería con sus olores” y nadie vaticina aún que estos olores (los libros  en papel) no sean necesarios. Ramón Clavijo Provencio  

Buenos deseos

- “Father, el primer diíta de trabajo - el diminutivo en mi hija es síntoma inequívoco de esa fina ironía heredada de su madre, una santa- lo ocuparéis en besitos, abracitos -¡dichosos diminutivos!- que si felicidades por aquí, que si mucha paz por allí… es decir, mucho cuento y poco trabajo”. – “Niña, -tuve que ponerme serio- en el trabajo, los saludos de rigor, el feliz año nuevo y a las trincheras”. – “Sí, sí… ni que Gladiator y su fuerza y honor”. A pesar de las impresiones de mi hija, la verdad sea dicha no hace ni dos días, como quien dice, que le hemos echado el cerrojo a otra Navidad y esos buenos sentimientos que estas fiestas suelen despertar empiezan a enfriarse, y apenas quedan rescoldos de esos deseos de paz, amor, prosperidad que nos pedimos los unos para los otros; quizá algún rezagado que se incorpora tarde al trabajo, aún recibe nuestra felicitación ya a estas alturas consecuencia o manifestación más de nuestra cortesía que de un sincero y ya efímero deseo, tan efímero como los días de vacaciones. Quizá para recuperar el ánimo, acabo de releer el discurso que Mario Vargas Llosa pronunció en la entrega del Nobel, en el que vuelve sobre su idea de la literatura (que ya expusiera en el prólogo a su libro “La verdad de las mentiras”) como creación de esos sueños tan necesarios para el ser humano, sin los cuales no seríamos capaces de transformar la realidad. “Por eso -termina Vargas Llosa su discurso- tenemos que seguir soñando, leyendo y escribiendo, la más eficaz manera que hayamos encontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible”. Sin duda, el discurso de don Mario es un canto a la esperanza, a la confianza en la humanidad que lee. Pero también hay pasajes en los que levanta la voz de alarma contra formas de intolerancia como son los nacionalismos, que contrapone al proceso de transición en nuestro país, y que no podemos por menos que comparar con la imagen de la Barcelona de la década de los setenta (en la que vivió por cinco años), una ciudad que “se convirtió en la capital cultural de España, el lugar donde había que estar para respirar el anticipo de la libertad que se vendría”. ¨¿Paz, prosperidad, felicidad? ¡qué pronto se nos olvidan los buenos deseos! Con la misma rapidez con que de nuevo desconfiamos del prójimo, y albergamos muy pocas esperanzas en el bien de la humanidad. Por eso, después de leer el discurso de Vargas Llosa, me he sumergido en las páginas de la biografía de José Fouché (el genio tenebroso), que escribiera Stefan Zweig, para darme un baño de pesimismo y desencanto, el mismo pesimismo que me entra cuando leo noticias de Barcelona, hoy nido de tanto Fouché, políticos sin escrúpulos, intrigantes y amorales en esta España de la democracia, y en otro tiempo ciudad que fue, en aquellos estertores de la dictadura, la capital cultural de España y donde se respiraban los aires de libertad. José López Romero.