Nunca había pensado
que la aparición de un códice medieval en la biblioteca municipal de esta
ciudad pudiera despertar tanta
expectación. Pero lo cierto es que tras
una semana de llamadas de medios,
particulares, e instituciones de toda la geografía española es para sentirse algo abrumado. Ya me lo
advertía el periodista Luis Herrero, cuando haciéndose eco de la noticia en su
programa diario, hace unos días, me comentaba que un hallazgo de este tipo para un
bibliotecario, podría ser considerado algo único en su carrera profesional a
tenor de la singularidad de este tipo de piezas patrimoniales. No me he parado
a pensar en esto último, la verdad, pero sí en lo que son las casualidades, o
lo que es lo mismo cuánta verdad hay en eso “de estar en el momento y lugar
adecuados”. Y ya que estamos en ello, y
muchos me han preguntado realmente cómo me topé con el códice en cuestión, creo que ya es hora de sacar a los curiosos
de duda. Trabajaba sobre la selección de unos manuscritos para exponer en una
Muestra que hace unos meses preparábamos en la biblioteca central sobre el doscientos aniversario de la Constitución de 1812.
Al ir a retirar de su estante uno de los manuscritos para tal
evento, cogí por error uno de formato muy parecido que estaba colocado a su
lado. Me di cuenta al instante del error
y en ese momento pude volver a dejarlo en su lugar, pero no lo hice. Me puse a
hojearlo no sé por qué, y lo cierto es que
me llamó la atención el hecho de que contenía una parte en papel y la
otra en pergamino. Allí, encuadernados en un solo volumen, había dos textos
distintos sobre soportes distintos. Uno de ellos, ¿será posible? con apariencia
de códice medieval….pero en el catálogo
de la biblioteca sólo se daba cuenta de
un manuscrito del siglo XVIII, libro en el que prácticamente se escondía
el códice desconocido. A partir de ahí comienza una historia que aún
no ha acabado, pero que de no mediar la casualidad ahora no estaríamos
contando. Ramón Clavijo Provencio
Una biblioteca es lo más parecido a un laberinto, un laberinto lleno de libros, de mundos por descubrir.En homenaje a las bibliotecas y a la lectura , preside la cabecera de este blog un dibujo del pintor jerezano Carlos Crespo Lainez: "Noche de lectura".
LECTORES SIN REMEDIO
Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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sábado, 16 de junio de 2012
HISPANISMO
Como la
semana pasada se celebró el Corpus Christi, ya saben: “hay tres jueves en el
año que lucen más que el sol…”, festividad tradicionalmente tan relacionada con
los autos sacramentales, me viene a la memoria que hace ya unos cuantos años,
más de los que mis neuronas son capaces de recordar, que un pequeño e intrépido
grupo de profesores nos inscribimos en
un curso, impartido en la
Facultad de Filología de la Universidad de
Sevilla, con el elevado (como nuestros espíritus) fin de “reciclarnos” en ese
interesantísimo género tratral. Eran otros tiempos, sin duda, otras nuestras
inquietudes y otras muy distintas, aunque siempre añoradas, nuestras edades. La
lección inaugural corrió a cargo de uno de los grandes especialistas en la
materia: John E. Varey, gran hispanista inglés ya fallecido. Versaba su
intervención sobre el auto sacramental “La cena del rey Baltasar”, del que
desplegó durante más de una hora argumento, claves, símbolos, todo un estudio
pormenorizado de aquella pieza escrita por Pedro Calderón de la Barca. Una hora larga de
insufrible exposición porque a lo tedioso del tema, el profesor Varey añadía un
nivel de castellano sorprendentemente bajo para las exigencias del acto. Así,
el más atento espectador perdía por momentos el hilo de aquella cena, y pasada
la media hora ya nadie sabía por qué plato iba el rey. Hay que suponer, y así
la prolífica labor investigadora que sobre la literatura española fue
desarrollando el profesor Varey a lo largo de su vida profesional lo certifica,
que ese nivel de castellano subiría muchos enteros en la lectura y en la
escritura; si no, es de todo punto imposible conocer con la profundidad del
especialista, como lo era Varey, a un autor como Calderón. Y todo esto viene a
cuento porque revisando la literatura medieval a través del primer suplemento
que la “Historia de la
Literatura ” publicó hace ya unos años (1991) la editorial
Crítica al cuidado de Francisco Rico, en las introducciones a los temas que no
son más un balance actualizado de las últimas investigaciones realizadas, me ha
sorprendido la abundante presencia de investigadores anglosajones, que en
número superan con amplitud apabullante al de castellanos (sean españoles o
latinoamericanos), en todos los géneros, obras y épocas, lo cual es más sorprendente
aún al tratarse de una literatura que no está al alcance de cualquiera: la
medieval, con la dificultad añadida del idioma en que está escrita. Sin ir más
lejos, el coordinador del volumen es Alan Deyermond, también de origen
británico, lo que prueba el inveterado interés del mundo anglosajón por la
cultura española, del que también tenemos insignes ejemplos en la historiografía.
En un estudio sobre las universidades española, un periódico destacaba en un
excelente lugar a la Facultad
de Filología de Sevilla. Pero está claro que ni siquiera en esta disciplina, en
la que siempre hemos tenido una magnífica tradición de investigadores, estamos
entre las doscientas mejores universidades del mundo, ni de nuestra propia
literatura. ¿El cursillo? A la vuelta
nos cayeron chuzos de punta, seguramente sería la indigestión de la cena del
rey Baltasar. José López Romero.
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