LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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sábado, 18 de febrero de 2017

UN HOMBRE BUENO

‘El cuentista que decía la verdad’ es el título de la biografía que con esmero, pasión y erudición Mauricio Gil Cano acaba de publicar de Francisco Burgos Lecea, jerezano que nació en la calle Santa Clara, nº 7, escritor de vanguardia y tristemente represaliado de la guerra civil hasta su suicidio en Madrid en 1951. Y como escritor vanguardista, prácticamente ningún género le fue ajeno, y en todos metió su pluma, aunque con desigual éxito. En el capítulo que Mauricio dedica a la labor teatral de su biografiado, se cuenta la anécdota de que en el estreno de su obra ‘La heroína del amor sublime’, que tuvo lugar en el teatro La Comedia de Madrid el 26 de mayo de 1930, asistió don Jacinto Benavente, que por aquellos años dominaba los escenarios españoles. La presencia de Benavente no podía llenar más de satisfacción y orgullo a Francisco Burgos, quien después del primer acto fue a saludar al célebre dramaturgo; y este le dijo: “Muy bien el primer acto. He hecho por usted lo que no hice por nadie hasta ahora. Venir al teatro sin haber comido. Ahora me voy…” Prueba incontestable de que hasta los grandes escritores necesitan alimentar el cuerpo tanto como el espíritu, sin que aquí y ahora nos atrevamos a decir a cuál debe atenderse primero. Pero la anécdota viene aquí a cuento no por la alimentación de los genios, sino porque en ella se unen casualmente dos escritores que reaccionaron en distintos años, aunque no muy distantes, contra la situación del teatro de la época. Benavente en los últimos años del siglo XIX ya había denunciado en varios artículos publicados en la prensa a los empresarios, empeñados solo en sus beneficios económicos, y también a los actores, pequeña y perversa sociedad totalmente jerarquizada en la que los más famosos imponían una férrea dictadura sobre los demás. Más de treinta años después, concretamente el 4 de abril de 1930, solo unos días antes del estreno de ‘La heroína del amor sublime’, Burgos Lecea publicaba en El Imparcial su manifiesto sobre la fundación del ‘Teatro de la nueva literatura’ en el que podemos leer las mismas críticas expuestas por Benavente, aunque con más detalle y vehemencia: “el teatro actual está podrido, por dentro y por fuera, literaria y económicamente. Hay que salvarlo. Así lo quiere el público. Así lo quiere la juventud. Es necesario destruir todas las enfermedades que lo llevan sin remisión al sepulcro”. Burgos Lecea fue tan apasionado en defender sus ideas sobre el teatro y la necesidad de su renovación, como lo fue para defender la literatura en general y el poder de esta para mejorar la vida de los seres humanos, de cuya nobleza nunca dudó este hombre honrado, que sobre todas las cosas fue esencialmente bueno. Una bondad, una honradez que, junto con su ideología comunista, lo llevaron por varias cárceles franquistas hasta su liberación el 19 de diciembre de 1950, para terminar por suicidarse: “Cuando después de muchos años, salió en libertad y se halló ante el espectáculo de su hogar y las dificultades de ganarse la vida bajo un régimen que le era hostil, se lanzó de cabeza por la ventana de su casa, un quinto piso”. Era el 5 de marzo de 1951. José López Romero.

LIBROS REPUDIADOS

En la literatura como en la vida, encontramos asuntos que nos pueden parecer a primera vista anecdóticos, aunque luego, si les prestamos algo más de atención tienen más trascendencia de la que en un principio pudiéramos haber pensado. Uno de esos temas “anecdóticos” que siempre han ejercido sobre mí una especial fascinación, ha sido la de esas creaciones, esos libros nunca publicados y en los  que sus autores han invertido tiempo, incluso dinero para  que nunca lleguen finalmente al lector. Podríamos pensar que la lógica reacción de un creador ante una obra que no le satisface, y que no sabe o no puede enderezar, sea la de deshacerse sin excesivos remordimientos de ella y pasar a otra cosa. Realmente esto último es lo que suele suceder. Pero, a veces,  por alguna razón desconocida algunas de esas creaciones sobreviven al deseo de su creador, y sin saber  porqué este las esconde y  trata de olvidar, pero curiosamente no las destruye. ¿Por qué? Misterio. Hace unos meses Sergio del Molino publicaba un curioso y ameno artículo hablando sobre esos libros abandonados –voluntariamente o por olvido- en los hoteles, o aquellos miles de manuscritos que no han sido aceptados por la editoriales y duermen para siempre el sueño de los justos y nunca llegarán al lector. Pero de alguna manera u otra esos libros a los que se refiere Molino no han sido de ninguna manera repudiados por sus autores, en todo caso por lectores o  editoriales. De estos que yo les hablo sí son auténticos libros repudiados, ya que lo son por su propio creador. Cuando salta de vez en cuando en los medios la noticia de la aparición de un desconocido manuscrito de un admirado escritor o escritora que dejaron las preocupaciones terrenales hace tiempo, me pregunto si no serán esas páginas inéditas una de esas creaciones repudiadas  a las que la sola posibilidad de que se puedan editar,  hará revolver incómodos a sus autores allá donde quieran que estén. RAMON CLAVIJO PROVENCIO