LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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miércoles, 17 de noviembre de 2010

RECUERDOS

Los últimos días han estado cargados de malos presagios, cuando no de malas noticias. Entre estas últimas la desaparición del poeta gaditano, pero universal para los buenos lectores, Carlos Edmundo de Ory. Por cierto, ¿por qué será que cuando desaparece un grande de la literatura, los periodistas tienden a preguntar a personajes públicos sobre su figura? El resultado es un cúmulo de despropósitos de gente famosa pero iletrada hablando sin pudor sobre alguien del que nunca leyeron nada. Pregunten a los lectores, ellos son los que podrían dejar titulares interesantes sobre este o aquel inmortal de las letras, como ahora Carlos Edmundo, que desaparecen físicamente. Pensando en esto último, recuerdo a  Salvador X (esto de la X, no piensen mal, es para mantener el anonimato del personaje), apasionado de la poesía de De Ory, pero frustrado porque la genialidad de aquella no impregnara algo sus propios poemas, y que a finales de los años setenta del pasado siglo tenía un grupito de jóvenes seguidores, con los que se le veía pasear por las plazas y callejuelas del casco antiguo de Cádiz.  Salvador X les recitaba sus poemas en tascas como el Tadeo, entre vasos de vino peleón y algún poema de Carlos Edmundo, que inteligentemente dejaba de vez en vez caer entre los suyos, no fuera que aquellos imberbes y melancólicos acólitos decidieran levantarse y huir, ante tanto destrozo de la métrica, cuando no  del noble arte de la escritura.  Confieso que en  alguna ocasión, cuando veía al grupo pasar ante mí silencioso, precedido de la desgarbada figura de Salvador X, seguramente en dirección al “bareto” de turno donde martirizar con sus versos (y deleitar con los de Carlos Edmundo) a aquellos jóvenes ociosos, tuve la tentación de seguirlos, por curiosidad, por morbo, o  vaya usted a saber porqué  (no pretenderán que me acuerde pasados tantos años), finalmente no lo hice. Preferí comprar mi primer libro de Carlos Edmundo (y traicionar por una vez a Pablo Neruda, del que por entonces era rendido seguidor), “Poesía abierta”. Me gustó (pero no se lo dije a Neruda), y poco después me hice con “La flauta prohibida”.  Ignoro, ahora desde la distancia de otra ciudad cercana, si Salvador X seguirá paseando su figura y sus versos por las callejas de Cádiz,    buscando algún “bareto” (aunque ya no El Tadeo que sucumbiera al paso de los años) con los que convencer a otros imberbes de la belleza de su poesía, aunque para ello tenga que entremeter algún verso de  Carlos Edmundo De Ory para evitar las deserciones. Lo cierto es que estos días de malos presagios, cuando no de malas noticias, me han traído estos lejanos recuerdos. Recuerdos de lector. Ramón Clavijo Provencio

LA PLAY

“- ¡Deja eso!” – me sobresalta la imperiosa voz de mi hijo, que creía afanado gestionándose un entrecot de ternera (la madre, que es una blanda). Por muy rápido que intenté cambiar de canal, no logré impedir que escuchara una noticia que yo sabía me iba a costar algún reproche. “-No ves. ¿Y ahora qué?” Y todo porque al hilo de unas imágenes de unos jóvenes jugando a la play, el reportero afirmaba categóricamente que las videoconsolas activaban las neuronas del cerebro, al margen de los callos en las yemas de los dedos. Estaba demostrado – se decía en la noticia- que esas máquinas infernales desarrollaban los reflejos y producían efectos beneficiosos en las cabezas de nuestra juventud. Mi hijo (lo tenía claro) en cuanto terminó con la carne, se dispuso en su buen sillón a pasarse toda la tarde con el dichoso mandito entre las manos, “a desarrollar mi cerebro” –decía hasta guasón-, y a ver quién era el guapo que le decía algo. Lo que no sabe mi hijo, y seguro que tampoco se quiere enterar, como todos los jóvenes de hoy (o casi todos), es que la lectura, está demostrado también, no sólo produce excelentes beneficios en nuestro cerebro y a todas las edades y que, por añadidura, se ha localizado hasta la zona que se activa con el placer de los libros. Si puede ser cierto (yo no lo voy a poner en duda), que dedicar toda una tarde a matar marcianos o terroristas puede desarrollar zonas de nuestro cerebro, al margen de la flexibilidad de los dedos, aunque la vida sedentaria provoque también enfermedades como la alarmante obesidad que ya padece buena parte de nuestros jóvenes, no es menos cierto, y esto es indudable, que la lectura, además de producir placer y satisfacción, y de activar también nuestras neuronas, nos enseña muchas más cosas (redacción, ortografía, vocabulario, etc.) que no aprendemos con las maquinitas. Si se les metiera en esos cerebros tan activos a nuestros hijos que hay un tiempo para la play, como otro para la lectura, incluso para practicar algún deporte, su futuro de seguro estaría garantizado. ¡Lástima que tengan tan buena cabeza para unas cosas y para otras no tengan ni dos dedos de frente! José López Romero.