“-Esa es la actitud” – decía mi
hijo mientras tecleaba un wasap con destino a no sé quién; prueba contundente e
irrefutable que desactiva la leyenda
negra de que los hombres no pueden hacer dos cosas a la vez. La verdad es que
el comentario fue la única intervención de la conversación familiar que manteníamos su madre y yo, a cuenta de una
idea que se me ocurrió sobre la marcha con el único fin de romper el silencio
conyugal: “-lo mismo Ramón y yo hacemos otra novela y la presentamos a un
premio. Uno de esos que dan los amigos del gremio”. “-¿Pero no decíais los dos que queríais
engrosar la lista de escritores con el síndrome Bartleby, que tan bien analiza
Vila-Matas en su libro Bartleby y
compañía?, me reprochaba mi mujer. “- Sí – le reconocía yo- Pero unos miles
de euros no vienen nunca mal”. Y entonces soltó mi hijo sin levantar la cerviz
del móvil “-esa es la actitud”, pensando más bien en el más que improbable
dinerito por ganar, que en darme ánimos creadores. Y todo porque el otro día me
encontré con un antiguo compañero que, según me confesó, se ganaba un
suplemento económico haciendo de jurado en distintos certámenes literarios.
Llevaba ya unos diez años prejubilándose y eso, junto con las amistades que
había sabido conservar en ciertos círculos literarios, le permitía ser miembro
de premios a los que acudía gustoso no solo por el dinero, sino también por la
siempre atractiva frase “gastos pagados”.
Escritores de cierto prestigio -seguía con su confesión- no tenían
escrúpulo alguno en que apareciera su nombre entre los miembros de un jurado a
cambio de una cantidad según caché. Y
así ya puede explicarse –le comentaba yo- la composición de ciertos jurados y
la concesión de ciertos premios. “¿Pero tú has leído la primera novela? –le
pregunté a mi hijo”. “Pues claro, pá. ¿No te acuerdas que me la tuve que leer a
cambio de que me levantaras el castigo sin salir un fin de semana?”. “-¡Esa es
la actitud, hijo!.” José López Romero.
Una biblioteca es lo más parecido a un laberinto, un laberinto lleno de libros, de mundos por descubrir.En homenaje a las bibliotecas y a la lectura , preside la cabecera de este blog un dibujo del pintor jerezano Carlos Crespo Lainez: "Noche de lectura".
LECTORES SIN REMEDIO
Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
Mostrando entradas con la etiqueta el 25 de abril de 2014.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta el 25 de abril de 2014.. Mostrar todas las entradas
domingo, 27 de abril de 2014
OTRO MES DE ABRIL
Otra vez, me temo,
volverá a pasar el mes de abril por el calendario, sin que hayamos podido
pasear por las calles de esa efímera ciudad dedicada al libro, que en tantas
ciudades se levantan a partir de esta fecha. Alguno podrá decir, y con toda
razón, que para las últimas Ferias del Libro que se han acogido en Jerez, más
vale ahorrárselas y aunque suene duro decirlo, lo cierto es que mientras en nuestra
ciudad andamos imitando al Guadiana, con propuestas de Ferias que de un año para otro desaparecen, para volver a
seguir unos años después con otras propuestas distintas que tampoco fructifican,
en otros lugares no lo han visto tan complicado y siguen levantando sus
casetas, que luego se llenan de libros y propuestas relacionadas con ellos,
para que lectores y curiosos invadan
pacíficamente el recinto a partir de abril. Pero aquí, desde hace ya demasiados
años, sucede lo de siempre, propuestas
apresuradas no secundadas con el mismo entusiasmo por todos los implicados
–libreros, instituciones oficiales, educadores, bibliotecarios, asociaciones de
lectores, etc.- lo que aboca a las
mismas al fracaso o a la no celebración. Este año se nos intenta vender que la
Feria del Libro se celebra en cada una de las librerías, lo que nos lleva a preguntarnos qué
diferencia hay con lo que estos establecimientos realizan el resto del año. Yo
pensaba que en las librerías, como en las bibliotecas la Feria del Libro se
celebraba todo el año, y lo que las Ferias, o llámeselas como se quiera, lo que
tratan es de volcar al exterior de sus espacios tradicionales al libro,
buscando una mayor visibilidad de este mundo ahora tan cuestionado. La
sensación es que por estos lares no parece hayamos avanzado mucho de lo que
propone ya en 1950 el viejo cartel que
reproducimos. Lo cierto es que con tantos experimentos y escenarios –Plaza del Banco, Arenal, Pescadería
Vieja, etc.- es mucho pretender que la Feria del Libro permanezca y no se vaya
disolviendo como un azucarillo en el café, quedándonos solo el consuelo de los
recuerdos de nuestra infancia. Son años
duros para el mundo del libro que vive la adaptación a unos nuevos tiempos en
el campo de la edición y el acceso a la información, tras los cuales –con víctimas
en el camino- no sabemos qué escenario quedará. Pero sería
doloroso que en ese nuevo escenario una de esas víctimas finalmente fuera la
Feria del Libro de Jerez, sobre todo cuando en otros lugares, tanto en
cosmopolitas ciudades como en pequeños núcleos urbanos, hay propuestas que
siguen funcionando, incluso apasionando. Ramón Clavijo Provencio
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
