LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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miércoles, 3 de febrero de 2010

¿Quién?


No son una novedad las informaciones que nos llegan periódicamente donde la lectura, y por tanto el libro, no suele salir bien parado en cuanto al uso que se hace de él. Durante generaciones ciertos profesores (también hay que decir que una minoría) lo han utilizado más como un potro de tortura que como un elemento atractivo para los niños y jóvenes, y aún hoy nos topamos con noticias que parecen retrotraernos a aquella época, en la que a poco que el alumno chistara en clase se le mandaba copiar el Quijote durante las horas del recreo, cuando no te arrodillaban, y con los brazos en cruz te dejaban caer en cada uno un tomazo de la Ilustración Española e Iberoamérica. ¿Que eso sería en los tiempos de Mari Castañas? Sí, pero aunque hoy no te manden copiar, ni caigas arrodillado bajo el peso de la sabiduría en papel, todavía a Pepito, por alborotador, le cayó tener que ir todas las tardes a la biblioteca, hasta terminar de leer las obras completas de Valle Inclán. Luego nos quejamos del tibio éxito de las campañas de animación a la lectura, con las que por cierto tan entusiásticamente, todo hay que decirlo, colaboran muchos profesores. Pero volviendo al comienzo, les decía que si bien estamos curados de espanto de noticias un tanto negativas en torno a la visión que tienen algunos de la lectura, la verdad es que aún no estamos inmunizados contra la sorpresa, y la prueba la tienen en la imagen que encabeza estas líneas. Lo cierto es que tras verla no dejo de darle vueltas a la “perola” de si estoy ante una de las más brillantes campañas de fomento a la lectura que se hayan diseñado, o un atentado en toda regla al libro. Pero lo que de verdad me obsesiona desde que mi amigo Rafa Benítez me enviara la imagen, es saber quién ideó tal estrategia comercial aplicada exclusivamente, y ahí la novedad, a la ropa interior femenina. ¿Un lector que contracorriente, y viendo el género en venta un tanto obsoleto, no duda de que solo los buenos libros pueden levantar las ventas? ¿Alguien que con recuerdos frustrantes de su etapa escolar, trata de ridiculizar la lectura? ¿Una mente pervertida? Ramón Clavijo Provencio

Vocaciones


“Actor porno” fue la respuesta que me dio un alumno en cierta ocasión cuando hacía la tópica ronda de “¿tú qué quieres ser cuando seas mayor?”. Y me lo dijo con tanta seguridad y convicción que hubiera apabullado al mismísimo ministro/a del ramo o, en su defecto, al consejero/a. “Profesión admirable donde las haya”, acerté a contestarle no menos sorprendido. Y en verdad que para su ejercicio no basta con lo que natura te haya bendecido, sino con algunos centímetros de más concesión graciosa de Dios todopoderoso; porque vocación, lo que se dice vocación, todo el mundo la tiene, y si no, a los sonetos lujuriosos del Aretino me remito que reseñaba la semana pasada (“Jodamos, alma mía, jodamos enseguida, / pues todos para joder hemos nacido”). “Y tú por qué te metes en esas preguntas”, me recriminó mi mujer cuando le contaba la anécdota; “dedícate a explicar a Garcilaso y no hurgues en intimidades”. “Pero ¡cómo puedo explicar a Garcilaso con estas vocaciones escondidas!, ¿para que me pregunten si se lo pueden montar con Elisa en el locus amoenus?”. Nada que ver esta juventud de ahora, o algunos especímenes de ella, con aquellas generaciones de muchachos inquietos y curiosos que nos presentaba el gran Delibes en “El camino”, o Sánchez Ferlosio en “El jarama”, o incluso “Nada” de Carmen Laforet. Pero la que ahora más vivamente se me viene a la memoria es “Campo de amapolas blancas” de Gonzalo Hildago Bayal. Excelente Novela en todos los aspectos que retrata a la perfección las etapas por las que antes (no mucho tiempo atrás) pasaba la juventud: el duro aprendizaje en colegios religiosos (en la novela de Bayal el de los padres hervacianos); los años en el instituto y los primeros contactos con las experiencias que definitivamente marcan al muchacho que se va haciendo hombre: las primeras y siempre fracasadas relaciones con las muchachas, el gusto por la literatura triste que H centra en la lluvia, el existencialismo con Camus y Sartre, el obligado viaje a París, la vida bohemia y el abandono de la casa familiar, los caminos divididos de los amigos, la eterna controversia: los Beatles vs. los Rollings Stones, etc. Es decir, lo que realmente imprimía carácter. “y ¿qué? –me atreví a preguntarle al concienzudo aprendiz del método Stanislavski- ¿practicas mucho para llegar a tu profesión?”. “Ahora voy por los monólogos”, me dijo muy serio y algo demacrado, consecuencia del esfuerzo intelectual, porque algunos tienen la cabeza en la entrepierna. “Los hombres mueren y no son felices”, repite H en “Campo de amapolas blancas”, citando a Camus. Yo diría: “Hay personas que mueren y ni se dan cuenta de que son personas”. José López Romero.