LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
Mostrando entradas con la etiqueta el 3 de febrero de 2017.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta el 3 de febrero de 2017.. Mostrar todas las entradas

viernes, 3 de febrero de 2017

¿LOS LIBROS SON CAROS?

La cultura en este país es cara y lo ha sido siempre, aunque en estos últimos tiempos con el aumento del IVA se haya encarecido aún más. Quizá, y como viene siendo habitual desde hace ya muchos años, la subida de impuestos no sea más que la coartada para subir el producto, que esta subida repercuta directamente en el consumidor o usuario y echarle las culpas al gobierno de turno, porque para eso está. Y lo que realmente debería considerarse un producto de primera necesidad (¡animación a la lectura!), se convierte en artículo de lujo, al alcance de pocos, y cada vez, menos bolsillos. El cine, el teatro… Pero cuando se abaratan las entradas los espectadores acuden en masa, como se ha comprobado en estos últimos años con los días del espectador o con la fiesta del cine. Esto le decía yo a la madre el otro día, cuando mi hijo, que aparentaba si no  distracción escaso, si no nulo, interés (estado natural) por nuestra conversación, nos suelta: “¡Qué razón tienes, Pá. A mí que me ha dado por la cultura del entrecot de ternera, no ganáis entre los dos para este artículo de primera necesidad”. Y contento volviose a su estado natural. La verdad es que  no me había yo parado a pensar en que había también una cultura del entrecot de ternera, yo estaba pensando más bien en los libros. Y venía todo ello a cuento porque el otro día me compré un libro a un precio que me pareció un poco desmesurado para lo que aparentemente era: unas escasas ciento cincuenta páginas, en letra más grande de lo normal, en formato más cercano al libro de bolsillo que a edición de lujo. Total: 20 euros. El lector que pretenda estar al día de las últimas novedades del mercado ya puede ir preparando la cartera si no quiere esperar a la edición de bolsillo, teniendo en cuenta además que las críticas, escasamente objetivas, tampoco le garantizan que la novela o libro que compra va a responder a sus expectativas. No cabe duda de que, a pesar de la espera, el libro de bolsillo (y en este formato hay precios muy asequibles) es siempre una buena opción para un lector paciente, o también acudir a los grandes nombres, a escritores que no nos van a defraudar: la última de Fernando Aramburu; ahora Eduardo Mendoza, flamante premio Cervantes; y tantos otros cuyas ediciones pueden comprarse, según las editoriales, a buen precio. ¡Ah! Se me olvidaba. El libro que ha provocado esta reflexión se titula ‘Historia de los libros perdidos’ de Giorgio Van Straten y debo confesar que a pesar del precio o, digámoslo de otra manera, a pesar de las características antes indicadas, es un magnífico libro, de lectura fácil, entretenida y enriquecedora en todos los aspectos; un libro que, como los buenos textos, señalan a otros libros, a otros autores que tienes por descubrir. ¿Para costar 20 euros? Al menos no lo tengo que tirar o guardarlo en esa segunda fila, la llamada del olvido, de una estantería. Pero si costase menos seguro estoy de que se venderían muchos ejemplares. El contenido lo merece sin duda. José López Romero.


AQUELLOS ENCUADERNADORES

“¿Sabes de alguien que encuaderne?” El que lo preguntaba era un amigo del que no tenía noticias desde  hacía años,  y que  como salido del túnel del tiempo, tras un fugaz saludo telefónico, me soltaba aquella pregunta  con una voz que yo  era incapaz de asociar  con aquel joven compañero de estudios universitarios de hacía déadas. “La verdad es que tengo algunos libros -prosiguió- que me gustaría conservar. Son valiosos, además de tener un valor sentimental, pero necesitarían de un repaso de sus encuadernaciones. Seguro que tú, por tu profesión, tienes alguno que me puedas recomendar.”  Finalmente, y repuesto de la sorpresa inicial, facilité unos días después la información que me pedía a aquel ya no tan joven compañero de estudios, y de camino nos pusimos al día el uno al otro de nuestras respectivas vidas, y nos alegramos de que el paso de los años no hubiera mermado la confianza y amistad que alguna vez nos unió.  Aquella petición que aquel viejo amigo me había hecho, y que en principio podía parecer fácil de solucionar, no lo resultó tanto y lo cierto es que me vi arrastrado para mi sorpresa en una búsqueda de profesionales que parecían haber desaparecido de la faz de la tierra. Hace no demasiados años los negocios de  encuadernadores  eran tan corrientes como hoy día pudiera serlo una zapatería, y en la mayoría podíamos encontrar buenos profesionales que  acometían  desde encuadernaciones tan sencillas como las de las interminables colecciones de fascículos, como ofrecernos realizar con toda garantía encuadernaciones modernistas, románticas, neoclásicas, rococó… para aquellos libros  de cierto valor económico o sentimental, como los de mi amigo, que quisiéramos preservar y dar un lugar de honor en nuestro domicilio. Buscar hoy en el paisaje urbano a estos profesionales y sus otrora numerosos negocios, es poco menos que labor inútil. Por supuesto que existen aún profesionales  que conservan las técnicas y el virtuosismo de los grandes encuadernadores del pasado -Sancha, Meyer, Brugalla-, pero son excepciones y además en su mayoría, y  por lógicas razones de supervivencia,  se han ido dedicando  hacia la especialización en la encuadernación y restauración de libros patrimoniales o a trabajar para la gran industria editorial. RAMÓN CLAVIJO PROVENCIO