LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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viernes, 7 de marzo de 2014

EL VAGABUNDO

Ha llegado puntual. Llevo algunos días observando su aspecto desaliñado con la bolsa colgada del hombro. Busca asiento en una mesa al fondo de la rectangular sala, cerca de una ventana. Siempre la misma mesa  que  sólo ocupará él, pues el resto de lectores y usuarios de la biblioteca parecen respetar – o seguramente temer- ese territorio que el circunstancial visitante ha decidido ocupar desde unas jornadas atrás. No es la primera vez que un vagabundo recala en la Biblioteca. Últimamente incluso es algo más habitual; por ello, mientras no molesten –y no lo suelen hacer-, todos prefieren dejarlos en esa soledad que arrastran, que traen consigo y que les acompaña incluso cuando la sala  está atestada de gente variopinta. Estos vagabundos suelen coger algunos libros de las estanterías, pero sólo es un gesto de protección, de defensa. Intentan impedir con ello  que el encargado que otea el panorama desde su mostrador, les diga algo. Fingen leer esos libros, pero sólo buscan el calor de la sala,  y  el  cercano aseo al que, una vez han comprobado que el puesto de lectura escogido ya no se lo arrebatan, se dirigirán intentando dar a su porte cierta dignidad, conscientes de que docenas de miradas furtivas los irán siguiendo en el corto trayecto. Luego, algo más presentables, volverán a la farsa de la lectura hasta que llegue la hora de la salida. Pero este nuevo vagabundo, aunque parece marcado por las mismas señales que los demás, esas huellas del fracaso, que quizás tuviera su origen en la mala suerte o en  una casi intrascendente decisión  que luego se mostró más decisiva de lo esperado  hasta lanzarlo a la soledad de los caminos,  es diferente. Tardé en darme cuenta de que pese a mantener las mismas rutinas de los demás, el “nuevo” no se acercaba titubeante a la estantería más cercana a su mesa, y cogía cualquier libro al azar para defender ese territorio de calor y compañía diario, hasta que las manecillas del reloj señalaran la hora de salida. Este permanecía ajeno a las estanterías atestadas de libros, a las miradas furtivas, a la intimidatoria vigilancia del bibliotecario desde su mostrador lejano, Este, el “nuevo”, sacaba una estropeada libreta de anillas y una vez extraía de esas anillas el pequeño lápiz allí guardado, parecía evadirse para escribir. Alguna vez miraba, nos miraba a los allí presentes, y una vez, la última vez que lo vi, tras la grieta de su sonrisa presentí más historias que todas las contenidas en los libros que descansaban en la Biblioteca. RAMÓN CLAVIJO PROVENCIO

DEPORTE

Si las estadísticas están para creérselas a medias, la mitad que tienen de verdad nos explica con solo unos pocos números lo que está pasando o los cambios que se producen en la sociedad. Un dato: “en los primeros seis meses de 2013 se publicaron 1.379 libros (un 4%) de temática deportiva. El libro más vendido fue el de Antoni Daimiel sobre la NBA”. Quizá la literatura deportiva (¿hablaremos ya de un género?) no haya interesado tanto a lectores-espectadores y deportistas-protagonistas porque la cultura, no sé si por una tradición mal entendida, ha conciliado poco o nada con el ejercicio físico. A pesar de que los tiempos de Pahíño quedan ya muy lejos, aún la opinión pública se sigue sorprendiendo de que los deportistas en general, y los futbolistas en particular, tengan inquietudes culturales e intelectuales. Hace unos días, en una entrevista reportaje a Juan Mata, el flamante fichaje del Manchester United, el periodista destacaba las dos carreras universitarias que estaba estudiando y sus gustos lectores, entre los que citaba a Haruki Murakami. Y no por casualidad he nombrado antes a Pahíño, porque hace también un tiempo que leí en un periódico cómo este jugador, que se llamaba en realidad Manuel Fernández y Fernández y que militó durante la década de los años 40 en equipos como el Real Madrid y el Celta de Vigo, gustaba de leer a los novelistas rusos, lo que junto con algún incidente con un cierto general de la época, le valió no pocos disgustos. El caso de Pahíño lector de Tolstoi, Dostoievski e incluso Hemingway por aquellos terribles años de la postguerra sí era una rarísima excepción, pero que aún se siga destacando en Juan Mata su gusto por la lectura, en pleno siglo XXI, es una forma de decirnos que el mundo del fútbol en este aspecto ha cambiado muy poco o casi nada. Y es una lástima porque, ya lo he dicho en otras ocasiones, no habría mejor campaña para la lectura que saliera Messi o CR7 en la televisión recomendando un libro. Aunque, y perdonen mis prejuicios, no me los imagino. José López Romero.