LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.

miércoles, 7 de octubre de 2009

PENITENCIA


A diferencia de mi querido compañero de página, yo, lejos de sufrir de lumbalgia por el peso de las novelas de Stieg Larsson, en cuanto terminé de leer este verano el primer tomo (único de la trilogía que por ahora he leído), me apresuré a ir a la iglesia más cercana a ver si había un confesor-24 horas, que me pudiera absolver del pecado de lesa lectura que acababa de cometer. “Padre. Me acuso de haber leído un best-seller” –musité contrito-. “¿Cuál, hijo mío?” –me respondió entre comprensivo y bondadoso el cura. “Los hombres que no amaban a las mujeres, padre” –le respondí. “Eso no es un best-seller, hijo; con ese título más bien debería ser un clásico. Y si no, a los lamentables hechos de todos los días me remito”. “Pero, padre, es que es un best-seller”. “¡Ah! En ese caso, el pecado es realmente grave. Vete a tu casa y ponte, con los brazos extendidos, en cada mano un tomo de la trilogía, ya verás como se te quitan las ganas de leerlos”. Sin duda me había tocado un cura de la vieja escuela, ¡Vaya mala leche de penitencia! A pesar de voces como la de Donna Leon, experimentada escritora del género policíaco, que en varias ocasiones ha criticado con dureza las novelas de Larsson, e incluso el otro día le leí un artículo a José Mª Vaz de Soto, excelente profesor, que también en su análisis de la trilogía de “Millenium” encontraba errores y tildaba de facilón el estilo de Larsson, demasiado condescendiente con el lector, hay otros escritores, como Vargas Llosa, que a pesar de reconocer en la narrativa del escritor sueco algunos fallos tanto estructurales como estilísticos, augura que son novelas que perdurarán porque son amenas, entretiene a cualquier lector. Y eso es, aquí y en Suecia, sinónimo de éxito. “Pero, padre; es que no le he confesado lo peor. La novela me ha gustado, porque me ha entretenido”. “Pues entonces, con los brazos extendidos y de rodillas”. “Oiga, padre, ¿usted no lee novelas entretenidas? -le pregunté un tanto hostil- “Sí, hijo. Lo que pasa es que yo no me confieso. ¡Con la mala leche que tienen los curas!”. José López Romero.

sábado, 3 de octubre de 2009

Talleres


Con el nuevo curso, propósitos renovados, metas por alcanzar y que nunca alcanzamos (aprender inglés, por ejemplo) y, sobre todo, nuevas expectativas culturales. El proceso es el siguiente: primero intentamos conocer las lecturas que a lo largo de sus vidas han marcado a nuestros escritores favoritos y no tan favoritos, y hacemos un acopio de esos libros para ponernos al día y, lo más importante, partir de las mismas fuentes en que ellos bebieron. Después, leemos con avidez todas las declaraciones que han ido haciendo en los distintos medios de comunicación, para intentar descifrar en ellas alguna de las claves de su creación; no hay escritor que no haya confesado alguna vez ante un periodista sus hábitos de trabajo, sus manías a la hora de ponerse delante de la mesa y ante el papel o la pantalla en blanco, y hasta la marca de los bolígrafos o rotuladores que utiliza (famosas han sido las camas de Aleixandre y de Onetti, tanto como la máquina de escribir de Umbral). Y ya, por último, releemos las obras de aquellos escritores que vamos a convertir en referencia, en modelos o ejemplos si no a imitar, sí al menos tener siempre presentes. Cerrado todo este proceso, ya nos creemos en condiciones de ser nosotros también escritores, de hacer nuestros pinitos literarios y, ¡quién sabe!, hasta de subir a los altares si no de la Literatura (con mayúsculas), con un poco de suerte, a los del “pelotazo”. Alguno habrá que hasta se compre un portátil, a modo de inversión, para empezar su meteórica carrera a los cielos de los escaparates de las librerías y de las listas de los más vendidos. Pero pronto nos damos cuenta de que unir palabras no es tan sencillo y de que perfilar personajes, hacer descripciones, estructurar la trama no se aprende por ciencia infusa y acudimos, entre desesperados y un tanto desesperanzados, a un taller de escritura, de esos que han proliferado en los últimos años en la misma medida en que a cierta parte de la población de este país se le ha metido en la cabeza que eso de escribir se hace de tacón y, si me apuran, hasta de rabona. Es cierto que no todos (generalizar es exagerar) los que acuden a un taller de escritura lo hacen con ese propósito; aunque en el fuero interno de muchos quizá corra ese gusanillo del éxito, ese dulce que a nadie amargaría. No estoy en contra, sino todo lo contrario, de los talleres de escritura, porque cualquier iniciativa que sirva para cubrir las expectativas, inquietudes o aficiones culturales de los ciudadanos, merece todo nuestro aplauso. Sus coordinadores o responsables son, por lo general, escritores con una trayectoria literaria contrastada, y ¡quién mejor para explicar los entresijos de la creación literaria que los que tienen que enfrentarse con ellos a diario! Pero otra cosa, y muy distinta, es la intención con que algunos se acercan a esos talleres; cuando se dan cuenta de la dificultad que todo arte tiene, que no basta con las lecturas favoritas de sus escritores preferidos, ni tan siquiera con releer sus obras una y otra vez, entonces surge el problema: ¿y qué hago con el portátil? La respuesta es tan fácil como ordinaria. La que ustedes están pensando. José López Romero.

sábado, 12 de septiembre de 2009

LUMBALGIA


Por fin lo he terminado. Albricias! Me refiero a la saga de Millenium, y si caen en la cuenta el asunto no es nada baladí, pues entre los tres volúmenes significa que me he pestañeado más de dos mil páginas. No, no pertenezco a esa hornada de seguidores de Stieg Larsson, que se han incorporado al fenómeno abrumados por los indíces de venta, y que han pensado que ellos no van a ser menos que los demás, y esta ha sido la causa principal de que hayan comprado los libros. Ya estoy preparado, pensarán, para si sale la conversación sobre el asunto poder decir algo, aunque solo sea el nombre de la Salander, y donde tiene colocados cada uno de sus pearcing. No, yo pertenezco a esa hornada de primeros lectores, que tras un chivatazo de mi buen amigo el librero de guardia, del que siempre he admirado su tino para recomendar algún libro, me lancé a la aventura, pues ha sido toda una aventura, de leer los tres "tomazos". ¿El resultado? Pues si tengo que ser sincero, diré que un tanto confuso: Me costó avanzar más allá de las cien primeras páginas de "Los hombres que no amaban a las mujeres", luego el libro me atrapó. Me lancé a la compra de la " La Chica que soñaba...", y seguí hipnotizado con la historia. Esperé pacientemente la salida en castellano de "La reina en el palacio de...", y cuando me hice con un ejemplar comencé con la misma pasión su lectura...pasión que se fue haciendo más tibia a medida que avanzaba en la historia.Terminé un tanto decepcionado, casi como empecé, no sé ahora cuantos meses. Por cierto, como suelo leer recostado en la cama, o en un sofá, herencia supongo de nuestros ancestros grecolatinos, me han diagnosticado una lumbalgia. El doctor no me ha prohibido la lectura, hasta ahí podiamos llegar, pero sí que sea más cuidadoso con las posturas cuando me enfrente a tales colosos en formato papel.

domingo, 16 de agosto de 2009

Baños de mar


A finales del siglo XVIII algunos viajeros como Bourgoing o Laborde ya hicieron alguna referencia a un fenómeno curioso que luego, mediado el XIX, Henry D. Inglis, Latour, Gautier y otros viajeros ya mencionaban como algo ineludiblemente ligado a la costa atlántica del sur de la Península y que se empezó a conocer como “baños de mar”. Nadie en aquel momento podría haber sospechado que aquello provocaría un siglo después, tales transformaciones en la costa como nunca antes se había producido. Nunca antes, insistimos, ni el poblamiento, ni las actividades productivas o de transporte de los humanos fueron capaces de generar el cúmulo de transformaciones y el sinfín de despropósitos al que hoy asistimos perplejos.
¿Quien lo podía predecir entonces? Hoy, cualquiera que a bordo de un pequeño balandro costee el litoral, puede observar a los bañistas inundando la playa y las transformaciones que este fenómeno ha provocado, con fuerza incontenible, sobre la primera línea del litoral. Quizás uno de los primeros libros editados en la provincia, que se hagan eco de este hecho sea el escrito por Fernando Guillamas y Galiardo: “Historia de Sanlúcar de Barrameda”. En una extensa introducción describe la situación que la moda de los baños de mar traen a la costa de Sanlúcar, mediado el siglo XIX. Es algo que viene de fuera y solo produce curiosidad y sorpresa a la población autóctona de dicho enclave de la costa gaditana, tanto a la oligarquía formada por terratenientes y bodegueros como al pueblo, aquel que trabaja de sol a sol en las huertas, navazos y viñedos. Lo que comienza siendo una práctica, la de bañarse en el mar, minoritaria y en sus inicios más como seguimiento de prescripciones médicas en aquellos que lo practican, ya por la década de los cincuenta del siglo XIX se está convirtiendo en un fenómeno de masas: “El lujo, la diversión y la costumbre son los mayores móviles que hacen acudir tan extraordinario número de personas á tomar los baños: acaso una décima parte de los bañistas los usan como remedio terapéutico y son dirigidos por profesores que sepan cuándo y cómo se ha de aplicar este agente higiénico, que administrado con oportunidad y conciencia, produce tan felices resultados en la curación de determinadas enfermedades, y evita el desarrollo de otras á que ciertos individuos están expuestos por su constitución, temperamento, ó género de vida.” Ramón Clavijo Provencio

Pregunta capciosa


En la novela de Heinrich Böll “Y no dijo ni una palabra”, la protagonista, Käte, le pregunta a su esposo por qué se casó con ella, y él, ante pregunta tan capciosa (y me acuerdo ahora de un magnífico chiste), no tiene por respuesta otra que: ““Por el desayuno. Buscaba alguien con quien desayunar toda la vida…”. Y aunque no está mal para salir airoso de situación tan embarazosa (¿quién me puede negar a estas alturas la infinita capacidad de unión de un café compartido todas las mañanas?), otras posibles respuestas se me vienen ahora a la cabeza, quizá no más emotivas que el desayuno, pero sí más prácticas. “Para leer esos libros que yo no puedo leer” o “para que leas y me des una opinión de libros que yo ya he leído”, le respondería a mi mujer ahora que no me oye (afortunadamente a ella no se le ocurre hacer esas preguntas que sólo encontramos en las novelas). Sinceramente, debo confesar que muchas veces le he dado a mi mujer libros para leer que yo he comprado porque me interesaban a mí, no a ella. Y su opinión me ha condicionado tanto que más de una vez no he podido empezar siquiera su lectura. Pero otras veces, no sé si adrede, sus encendidos elogios me han llevado a la tortura de libros que no le desearía a mi peor enemigo. Y cuando me deja las mañanas de los domingos leyendo en la cama esos tormentos insufribles, y le oigo desde la cocina “cariño, el café”, advierto en su voz cierto tono de venganza que, siguiendo con la sinceridad, me preocupa. ¿Cuál es el último libro que le he dejado?. José López Romero.

lunes, 3 de agosto de 2009

Lecturas recomendadas


Hacia rutas salvajes. Jon Krakauer. Ediciones B. Zeta Bolsillo, 2009

Se reedita, ahora en bolsillo, esta interesante obra, quizás al calor de la versión cinematográfica que el año pasado dirigiera Sean Penn. Es un libro de esos que atrapa al lector desde el principio, a lo que contribuye el interés de la historia basada en hechos reales, pero también, y mucho, al estilo directo pero a la vez no exento de calidez y cierto halo poético que imprime a la historia el periodista Krakauer. En realidad todo comenzó en un reportaje periodístico de este, donde daba cuenta del hallazgo de un cadáver entre los restos abandonados de un autobús en Alaska, lejos de cualquier lugar habitado. La repercusión de aquella crónica le llevó a escribir este intenso libro, donde nos descubre al joven Chris McCandless, que con 24 años, abandonó todo para internarse en tierras vírgenes de Alaska, soñando con una vida desprovista de todo lo superfluo y quizás influenciado por sus lecturas de Jack London. Su aventura duró apenas un par de años…unos cazadores descubrieron sus restos en un desvencijado autobús parado en la ruta hacia ninguna parte.

Esperadme en el cielo. Maruja Torres. Destino, 2008

No me considero un admirador de la obra de Maruja, eso sí leo sus artículos con cierta asiduidad, y por encima de que me diviertan, escandalicen o aburran (a veces emocionan) he de reconocerle que ha logrado alcanzar un estilo propio, identificable. Un logro nada desdeñable. De sus libros…salvo aquel “Amor América: un viaje sentimental por América Latina”, dentro de la más genuina literatura viajera, ninguno ha logrado captar mi atención hasta este, que ha sido galardonado para su mayor gloria con el Nadal. Quizás mi interés por el libro esté en haber reunido en él a los escritores Montalbán y Terencí Moix, sus grandes amigos, con los que hace un recorrido sentimental, melancólico e imposible (se reencuentran en el más allá). Los tres han nacido en un sitio común, el antiguo Barrio Chino de Barcelona, actual Raval, y será este, El Barrio, el hilo conductor de la novela cuando sus dos amigos le plantean la reconstrucción del mismo, pero el de aquel que antaño conocieron y compartieron.

Mi nombre es legión. Antonio Lobo Antunes. Mondadori, 2009.

Lo primero decir que no nos equivoquemos al localizar en la librería este libro, ya que el titulo coincide con otro de Roger Zelazny (Edhasa), y que pasa por ser un clásico dentro del género de la ciencia ficción. Pero en el libro al que nos referimos, de ese excelente escritor que es Antunes, no se viaja a otros mundos fuera de este, sino que nos adentramos a través de su prosa cuidada y desprovista de artificios, en esos otros mundos que tenemos a la vuelta de la esquina y que no podemos ignorar. Para ello se vale de ocho jóvenes delincuentes que habitan en diferentes zonas de una gran capital europea, en este caso Lisboa. A través de las voces de distintos narradores, que se irán alternando en el seguimiento de estos jóvenes, se narran las luces y sombras de unos seres marginados, en los que pese a nuestra inicial prevención, iremos comprendiendo con inquietud como el bien y el mal no están separados, sino que coexisten. .


Tren nocturno a Lisboa. Pascal Mercier. El Aleph, 2008

Hay libros que pasan dolorosamente desapercibidos para el lector, escondidos entre la marabunta de la propaganda editorial generosa en cambio con otros que, quizás, la mayor parte de las veces no se merezcan tantos desvelos. Es este uno de esos libros. Ni el autor es un nombre que suene al lector de a pie, ni el libro tuvo un apoyo mediatico decente, ni las librerías hicieron mucho, para dejarle un hueco en sus escaparates. Así y todo este libro que nos habla de impulsos, de poetas olvidados, de ciudades lejanas teñidas por el misterio que da la distancia y la visión de los viajeros que las visitaron, de mujeres hermosas, es un texto que merece algo más que esta pequeña reseña, que no puede ser otra cosa que llegar al mayor número de lectores posible. A mitad de una clase de latin, el profesor Raimund Gregorius decide dejarlo todo y coger el último tren nocturno que parte para Lisboa. ¿Qué han provocado esta extraña conducta en el profesor más predecible de la Facultad? ¿Quizás aquella mujer apoyada en la barandilla de un puente, en una mañana lluviosa, o ese libro encontrado por casualidad en una librería de viejo, del poeta portugués Amadeu de Prado?

La Tregua. Mario Benedetti.
Ahora, tras la muerte del autor, en que los escaparates de las librerías se llenan de la extensa obra de este escritor, no queremos ser menos, y traemos esta novela , pero que bien podía ser considerada un poema al amor. Nuevamente aparecen en este libro los paisajes monótonos, grises, aburridos y olvidados de la oficina, que tan certeramente había cantado en “Poemas de la oficina”, reivindicando la existencia de los seres que por ellos habitan. Uno de ellos Martín Santomé, es el protagonista de la novela. Viudo, con tres hijos decide dejar de trabajar…Y entonces sucede lo extraordinario: la aparición de Laura Avellaneda, la nueva oficinista, veinticincoaños más joven que él, y en la que encuentra el amor cuando , sin esperanzas,no buscaba ni esperaba nada: “ Ella me daba la mano y no hacía falta más. Me alcanzaba para sentir que era bien acogido. Más que besarla, más que acostarnos juntos, más que ninguna otra cosa, ella me daba la mano y eso era amor".

domingo, 5 de julio de 2009

Los más vendidos


Son muchos los libros que se publican, demasiados. Es algo sabido, pero ello no nos libra de coger un cabreo cada vez que repasamos la listas de los más vendidos. No quiero decir con esto que todo impreso que esté en una de estas listas deba ser considerado poco menos que un libro basura. A veces, éxito y calidad también van unidos, aunque no es lo común; muy al contrario, año tras año, asistimos a la parafernalia millonaria que las multinacionales de la edición se gastan en campañas promocionales de libros miserables. La cuestión es vender, no la lectura. Muchos creen que lo importante es que se lea, no lo que se lee, pero la mayoría de las veces esa ecuación libro vendido igual a libro leído no es exacta. Hace algunos años, en este mismo medio, llevé una sección mensual donde publicaba la lista de los libros más vendidos y la de los más leídos. Raras eran las coincidencias. El despilfarro monetario en publicar sandeces, bien se podría encauzar hacia una mayor sensatez. ¿Cuántos libros maravillosos nos estamos perdiendo por esta política editorial suicida con la lectura? ¿Cuántos libros merecedores de nuevas reediciones se quedan en el olvido? Por ello no puedo dejar de alegrarme al conocer la reedición del Hobbit en la nueva colección Austral o la aparición de la colección “Clásica” dirigida por Francisco Rico, y que pretende reeditar 100 obras clave de la literatura española.