LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.

martes, 20 de julio de 2010

Reseña: "La fiesta del oso"


La fiesta del oso
Jordi Soler. Mondadori, 2009.
Como decía un conocido articulista “otro libro sobre la Guerra Civil”, pero en esta ocasión en vez de aplicarle el sentido peyorativo que tiene la frase, lo hacía en el sentido contrario. Y es que pese a todo, pese a la avalancha de publicaciones de ficción, que toman la Guerra como escenario de historias, la mayoría perfectamente prescindibles, en “La fiesta del oso” topamos con un relato brillante y creíble, arropado por una sólida base documental: Arcadi vive en el convencimiento de que su hermano Oriol murió al final de la Guerra Civil, cuando intentaba cruzar la frontera. Muchos años después recibe una carta que viene a contradecir lo que siempre había creído, a la vez que lo aboca a una investigación que culminará en un inesperado final. R.C.P.

Reseña: "Sonetos lujuriosos"


Sonetos lujuriosos
Pietro Aretino. Visor, 1991.
Luis Antonio de Villena, a cuyo cargo corren el prólogo y la traducción de estos sonetos, define al Aretino en los siguientes términos: “Chantajista, libelista, periodista, pornógrafo, crítico de arte, vividor”, o también: “el divino”, para unos; el “azote de príncipes”, para otros. Lo cierto es que el Aretino es uno de esos personajes que convirtieron su vida en obra de arte; con más motivo aún cuando le tocó vivir o beberse a tragos largos lo mejor del Renacimiento italiano. Digamos que el Aretino fue en conclusión un provocador; no se entiende de otra manera, la escritura de estos sonetos lujuriosos que, a modo de obra curiosa, publicó Visor en su prestigiosa colección de poesía. Dieciséis sonetos más tres en apéndice conforman este conjunto que ofrece el texto italiano y la traducción de Villena. Con “Jodamos, alma mía, jodamos enseguida, / pues todos para joder hemos nacido” se inicia el conjunto. Poesía y filosofía puras. Toda una declaración de intenciones. J.L.R.

jueves, 8 de julio de 2010


Soy un Gato. Natsume Soseki .Impedimenta, 2010
No sé si conocerá este libro mi admirado Carlos Lainez, y algunos de sus gatos surgidos de sus pinceles tengan alguna relación con este felino oriental, pero tras leer este libro del que ya tenía noticias hace tiempo (cuando mi interés se vio frenado en su momento por la inexistencia de una traducción de garantías), creo que he encontrado un nuevo personaje que incorporar a mi galería de favoritos. Desde siempre ha ejercido una especial fascinación, sobre el lector de nuestro país la literatura japonesa, para la que las grandes editoriales siempre han dejado un hueco en sus colecciones. Por ello era de extrañar que una pieza tan delicada como esta permaneciera inaccesible para el lector español. “Soy un gato, aunque todavía no tengo nombre…” es el comienzo de una tan hilarante como mordaz sátira social (ambientada en Japón, pero también podría ser en cualquier otro lugar), con la que han disfrutado generaciones de lectores. Magnifica la edición de la editorial Impedimenta. R.C.P.


Venganza en Sevilla. Matilde Asensi, Planeta, 2010.
Sigue la novela histórica estando entre las preferencias de los lectores, sino que se lo pregunten a mi buen amigo Atanasio, que sigue con pasión todo lo que cae en sus manos (últimamente anda liado con la serie de Simon Scarrow sobre el legionario Quinto Licinio Cato). Ello es algo evidente, lo que no tengo tan claro es si el tipo de novela histórica que se impone hoy tiene algo que ver con aquella de la que fueron grandes maestros, entre otros, Robert Graves o Mary Renault. En nuestro país hay varios ejemplos de este nuevo estilo de novela histórica, los más representativos los de Perez Reverte y Matilde Asensi. Lectores no les faltan. Un gran trabajo de documentación, una historia creíble pero previsible y, acción por doquier. Cierto es que entretienen, se pasa un buen rato, y mi admiración para ellos que han devuelto a la lectura a multitudes, pero el brillo de la literatura en sus páginas no es de la intensidad de aquellos maestros, algunos de los cuales hemos nombrado arriba. R.C.P.

viernes, 25 de junio de 2010

LA MIRADA


Admiro a la escritora Donna Leon desde que leí hace unos años su ‘Amigos en las altas esferas’, novela a la que le siguieron algunas más, y ya tengo preparadas para el verano otras que tienen como protagonista al comisario Guido Brunetti. Pero si les soy sincero, prefiero el tono más desenfadado e irónico de Camilleri con su Salvo Montalbano y la galería de personajes, entre los que destaca Catarella; o incluso a Petros Márkaris con su comisario Kostas Jaritos, quizá porque al hilo de crímenes y asesinatos nos ofrece una visión muy sincera de un país (Turquía) y una ciudad (Estambul) encrucijada de civilizaciones y culturas tan lejanas como cercanas a las nuestras. Pero no me gusta la Donna Leon que leo en entrevistas que han sido publicadas en diferentes revistas, en las que se muestra excesivamente crítica con los italianos. Una mujer inteligente como Donna Leon ya se ha encargado de denunciar en sus novelas la corrupción que se enseñorea de un país, en concreto de Venecia, ciudad en la que ambienta todas las peripecias de Brunetti; denuncias que repite una y otra vez en las entrevistas, pero no se puede “morder tanto la mano de quien te da de comer”, porque también hay que predicar con el ejemplo. Y ahora resulta que la señora Leon vive del alquiler en Venecia, porque su residencia la tiene en Suiza y conserva su nacionalidad americana, porque sigue votando en EE.UU. Es la mirada cínica de quien se permite ver el mundo por encima del hombro. Una mirada que también descubrimos en actores como Alberto San Juan, que ahora “hace caja” en intervenciones en series de televisión, y que se sigue aprovechando de la subvención con su grupo Animalario, subvención que también tuvo que ganarse con el sudor de su ceja con aquel gritito de “No a la guerra” en la entrega de los Goya y con su pertenencia a la peña del circunflejo. Hace unos meses le leía al señor San Juan en una entrevista la siguiente frase: “¿Manifestarme para pedir que no haya crisis? Al estar yo solo, sin hijos a los que mantener, a mí me afecta relativamente”; una frase que deja al descubierto la catadura moral de un actor que se mira antes el bolsillo cuando de denunciar y comprometerse se trata. Todo un ejemplo. José López Romero.

DEL VINILO AL PAPEL


Se ha clausurado recientemente la primera Feria Internacional del Disco, donde la estrella y principal excusa para organizarla ha sido el disco de vinilo. Es un hecho éste que me tiene fascinado desde hace algún tiempo (tranquilos, que ya verán cómo finalmente llegamos a hablar de libros), y es que asistimos no sólo al mantenimiento de un formato para escuchar música, que ya desde hace años, si hubieran acertado los profetas de siempre, debía haber desaparecido, sino que además el vinilo está demostrando que atrae a un cada vez más mayor número de personas. Todo ello parece venir a demostrar algo que intuíamos, esto es: que la tecnología y los nuevos soportes que nos va proporcionando ésta, nos hacen avanzar en muchos aspectos pero en otros, en este caso el mayor realismo que supone escuchar música en vinilo sobre el demasiado “limpio” sonido digital, puede no sólo no hacer desaparecer elementos que creíamos obsoletos, sino que estos pueden llegar a vivir una segunda edad si no de oro, al menos de plata. También en Madrid, y a propósito de la recién clausurada Feria del Libro, leía los llamativos datos estadísticos que esta nos ha proporcionado. Sí, es cierto que ha habido un descenso de ventas que algunos cifran cercano al 10%, pero parece que este dato más que estar en relación con una progresiva desafectación del ciudadano de este país con el libro, ayudado por la crisis desbocada, se debe en esta ocasión al horroroso tiempo que ha acompañado el evento durante su celebración. En realidad, y como titulaba algún periódico generalista en su sección cultural, “El libro ha aguantado en esta ocasión el dragón de la crisis”. Pero el dato que más llama la atención, pese a los pronósticos previos, es sin duda el de la escasa venta pero también el de la escasa atracción, que el libro electrónico ha tenido sobre los miles de visitantes que se acercaron a las casetas de las distintas editoriales y que efímeramente se levantaron en el parque del Retiro. Y eso que hace unos días saltaba la noticia de la constitución de Libranda, sello tras el que encontramos a los principales grupos editoriales de este país que se han unido para la comercialización de libros digitales. Todo parece que se precipita en dirección a los nuevos formatos, y muchas son las ventajas que sin duda empezamos a vislumbrar, pero no demos por acabado al formato papel que sigue mostrando muchas ventajas aún. Esto no ha hecho más que comenzar, según todos los indicios, pero espero que al menos no tratemos de enterrar con precipitación y alevosía al libro en papel, y de aquí a algunos años tengamos que organizar ferias, como ahora la Internacional del Disco de vinilo, lo que es una manera de decir sin palabra que en algo, hace unos años, nos tuvimos que equivocar. Ramón Clavijo Provencio

jueves, 17 de junio de 2010

CUESTIÓN DE SALUD


Se echa uno a temblar cada vez que pasea la mirada por el periódico de toda la vida, me refiero al formato papel, aunque no es que vaya la cosa a mejor si repaso los titulares en las ediciones digitales. Me temo pues, que algunos vamos a tener que pedirle al médico de cabecera algún fármaco para que no nos suba en exceso la tensión, y es que el precio por estar bien informado hoy es estar el resto del día en permanente estado de excitación. Hoy mi intento diario de estar bien informado, no parece ir mejor que de un tiempo a esta parte…. Que si nos van a subir no sé cuánto el recibo de la luz, que si el Banco Mundial califica la situación de nuestro país de muy grave…No crean, intento saltar a páginas más “amables” pero en la sección de ecología hoy traen una serie de fotos del desastre del vertido en el golfo de Méjico. Deportes: Iniesta se rompe y no podrá jugar con Suiza…Nadal exhibe en Roland Garros un reloj de medio millón de euros (está la cosa para gracietas de este calibre). Tomo aire. En fin, cuando la cosa se pone tan imposible como hoy, y cada vez suele suceder con más frecuencia, yo lo tengo claro desde hace tiempo, doy por finalizado el momento dedicado a la información para pasarme a la literatura. Lo primero que se logra es no seguir alterando vilmente el ritmo cardíaco. Lo segundo es evidente, lo paso mejor. Además, en el estante de las próximas lecturas me aguardan varios libros, ahora que ya finalicé este “Mejillones del Parnaso”. Bueno, si les soy sincero, con él también verán como página tras página se les altera el ritmo cardíaco. Claro que no es lo mismo perecer ante los bellos dibujos de voluptuosas vestales fruto de los pinceles del artista Pepe Yáñez, o disfrutar de ese recetario en verso del siempre brillante Rafa Benítez, pícaro cantor de un muy particular Parnaso literario, en la línea de la mejor poesía erótica, que nos dé un síncope leyendo las últimas noticias sobre la peligrosa deriva a la que va abocado este puñetero mundo. Ramón Clavijo Provencio

LA VERDAD


“El periodismo, viejo o nuevo, debe atenerse ante todo a la verdad”, nos venía a decir Gay Talese, considerado como el padre del “Nuevo Periodismo”, en una entrevista. Y hace unos días un famoso director de un periódico nacional se dejaba caer con este titular: “Viviremos una nueva era de esplendor periodístico” en referencia a las incalculables aplicaciones de las nuevas tecnologías en esta sociedad de la información y la comunicación. Y en realidad, el periodismo, sea viejo o nuevo pero que sea bueno, no ha hecho otra cosa que exponer la verdad desde que nació como hojas volanderas o panfletillos, para alcanzar una primera época de esplendor en el siglo XIX (magnífico el libro de Mª Cruz Seoane ‘Historia del periodismo en España. Siglo XIX’, Alianza Universidad), y terminar con su consolidación definitiva como ese cuarto poder a lo largo del XX. ¿Nuevo esplendor? Yo más bien diría que el periodismo nunca ha pasado por momentos críticos y siempre ha gozado de buena salud, porque unos u otros le han dado a la sociedad lo que ésta en su diversidad les ha demandado. En España son incontables los grandes nombres que han contribuido a ese esplendor de la prensa escrita, desde Larra, pasando por José Mª Pemán (mejor periodista que poeta o dramaturgo), González Ruano o el mismo Umbral (al que también podemos aplicar lo dicho a Pemán); hoy los nombres de excelentes profesionales del periodismo no cabrían en las páginas de este Diario, muchos de los cuales han marcado estilo en la profesión, han sido reconocidos pero, sobre todo, y quizá esto sea lo más importante para un periodista, gozan del prestigio de la verdad. Porque al margen de nombres y tiempos, la sociedad, o parte de ella, seguimos queriendo del periodismo ante todo la verdad, lo que se ha llamado de toda la vida “información”, sin perjuicio de la opinión que forma también, si se sabe utilizar, ciudadanos libres y comprometidos. Por eso, en un mundo en el que la información llega tan deprisa y a tantos sitios, en que sin duda “viviremos una nueva era de esplendor periodístico” con el uso de las nuevas tecnologías, el ciudadano cada vez exige más que el periodista responda a la verdad y no a los intereses del grupo mediático al que pertenece. El daño que a la sociedad le están haciendo algunos medios de comunicación, algunos periodistas que en otro tiempo gozaron de prestigio, hoy convertidos en la voz de su amo (que ya murió, por cierto), la ocultación de la verdad, la defensa de lo indefendible por salvar la subvención, ya no es periodismo, sino fraude, mentira y mezquindad. José López Romero.

miércoles, 9 de junio de 2010

BRUGUERA


Aunque mi compañero de página se consolaba la semana pasada con el socorrido refrán “no hay mal que por bien no venga”, para segar a golpe de guadaña tanta subvención indiscriminada, ¡y que conste que no le faltaba razón!, por los mismos días en que escribía su artículo nos llegaba la triste noticia del cierre de Bruguera. El Grupo Zeta, al que pertenecía desde hacía unos años el sello de esta antigua editorial, después de su primera quiebra sucedida en los años 80, ha decidido acabar con una colección revitalizada en el 2006 con una nueva y atractiva línea editorial dirigida por Juan Pascual y la escritora Ana María Moix. Cuando entramos en una librería muchas veces nos preguntamos cómo pueden sobrevivir editoriales que no dejan de publicar libros cuyas ventas de seguro no llegan ni a cubrir gastos. Algunas mantienen la actividad con escritores y libros que son éxito seguro; otras malviven con una pequeña cuota de mercado; pero la mayoría, y no digamos las minoritarias, se las va a llevar la crisis por delante, si no acude a su rescate grupos como Planeta, que hace poco compró el Círculo de Lectores, que estaba ya en situación delicada. Absorciones y fusiones que, al igual que sucede en el mundo financiero con las cajas de ahorros, bien puede ser un remedio contra unos tiempos que se presentan muy oscuros. Sin embargo, un remedio que se ha visto ineficaz en el caso de Bruguera y el Grupo Zeta. En nuestras bibliotecas personales, que hemos ido formando desde hace unas cuantas décadas los que podemos definirnos como “los que ya peinamos canas o no peinamos nada”, no faltan libros de Austral, Alianza Editorial y, por supuesto, Bruguera. De éstos, la colección de clásicos es de lo mejor que podíamos comprar en aquellos años: las antologías del teatro de Tirso, del teatro del siglo XVIII, las poesías de Lope, los dramas de Shakespare, etc. a precios irrisorios, la mayoría a 60 ptas. La dichosa crisis nos va a dejar hasta sin recuerdos. José López Romero.