LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.

sábado, 18 de mayo de 2013

LA PESCA


Aunque no somos partidarios de utilizar anglicismos, haremos una excepción con el término bookcrossing -que  literalmente significa libro corredor o libro viajero- para hablarles de una práctica   que se supone  de fomento de la lectura, y que consiste básicamente en  depositar  centenares de libros en la vía pública  – aunque ha habido alguna ocasión  sonada en que se han “liberado“ miles-  con la esperanza de que los viandantes “piquen”. A algún lector esto último  que decimos puede que les traiga más  reminiscencias de la pesca con “mosca”,  ensalzada en  aquella magnífica trilogía de Norman Mclean - luego llevada al cine por Robert Reford bajo el título de “El rio de la vida”- que de la lectura. Pero no se confundan, sí, hablamos de  lectores y libros aunque con el bookcrossing el paralelismo esté justificado ante esa curiosa visión del libro como carnaza. En estos libros que se abandonan en la vía publica premeditadamente se imprime una nota de advertencia en la que, los que idearon originalmente esta propuesta lectora, depositan toda su esperanza, y  es el ruego al lector que  una vez leído el libro lo vuelvan a depositar en la calle para que este pueda proseguir su periplo viajero  hasta que “el cuerpo”, del libro se entiende, aguante.  Todo esto, pese a los años que lleva realizándose me sigue sonando a muy utópico. Hace unos días en una gran ciudad española  se liberaron miles de libros por distintas zonas del perímetro urbano, y una vez más nos preguntábamos teniendo en cuenta experiencias anteriores, si todo esto  servirá para algo, si algunos de esos libros atrapará a algún lector -la principal razón de ser del proyecto-, o como sospecho cientos de ellos desaparecerán destruidos por  gamberros, o simplemente desaparecerán del circuito cuando algún lector avispado decida dejarlo en alguna estantería de casa de la que jamás saldrán.  Si esta sospecha mía se acercara a la realidad  sería para preguntarse acto seguido, si no hubiera sido mejor distribuir estos miles de libros entre las bibliotecas públicas  donde se garantiza el préstamo público, y que los libros una vez leídos serán devueltos para seguir sirviendo a los lectores. Los tiempos que corren, no haría falta recordarlo,  son  poco favorables para experiencias, que pese a los años, no  terminan de mostrar sus potenciales beneficios. Hace algunos años, cuando surgió esta práctica, fue algo llamativo y original, pero habida cuenta del desastre de cada nueva “liberación“  de libros de la que nos enteramos, sería bueno que no insistiéramos en tanta “pesca con mosca”. Ramón Clavijo Provencio

FÚTBOL ES FÚTBOL


A pesar de mi afición al fútbol, sin llegar al fanatismo, virus que nos inoculó mi padre desde muy pequeños a mi hermano y a mí, no me ha dado nunca, aunque solo fuera por curiosidad, comprobar si hay mucha o poca bibliografía sobre el deporte rey por excelencia. Sin acudir a Internet, fiado solo de mi memoria, algunos cuentos de Eduardo Galeano, uno que leí tiempo hace, magnífico, de Jorge Valdano, pero sobre todo mucha literatura laudatoria en torno a futbolistas, clubes o equipos. Supongo que no habrá héroe o equipo, por muy locales que sean, que no tengan su panegírico o varios de ellos, por muy precoz que la figura sea. Pongamos por ejemplo el de Leonel Messi, del que, a pesar de sus 25 años, ya tendrá una bibliografía a sus espaldas considerable. Bibliografía con la que de seguro contarán clubes como el Real Madrid, Barcelona o, por seguir con futbolistas de época, Di Stéfano, Cruyff, Maradona o Zidane. Panegíricos y hasta hagiografías pero poca literatura ensayística, trabajos de investigación o análisis sobre los resortes y mecanismos que mueven los partidos de fútbol, esto es, las tácticas, los movimientos de las líneas, las estrategias, los cambios, etc. Todo lo que hace que el fútbol pase de ser un juego a querer convertirse en un deporte cuyo resultado dependa de la mejor preparación de un equipo sobre el otro. Y para ello, los grandes entrenadores no descuidan ni el más mínimo detalle. ¿Cuánto daría un editor por los cuadernos de Mourinho o por los estudios que sobre los rivales hace Guardiola? Pero lo más sorprendente de todo es que los glosadores de las gestas balompédicas sean periodistas, y a ninguno de ellos (en lo que alcanza mi memoria) le haya dado por escribir un libro de análisis de tácticas. O quizá no sea tan sorprendente cuando el periodismo deportivo es, al menos en este país, una de las profesiones más ventajistas que puede uno echarse a la cara: elogian al vencedor de la misma manera que critican, e incluso destrozan al vencido. Su eslogan preferido: “eso ya lo sabía yo”. José López Romero. 

sábado, 4 de mayo de 2013

LENGUA Y NACIÓN


La torre de Babel de Brueghel el viejo.
No sé si, como le sugiere el gran Goethe a Friedrich Wilhelm von Humboldt, insigne lingüista, los idiomas reflejan el carácter de una nación (Alberto Manguel dixit en ‘Diario de lecturas’), o estos son el producto o resultado de una serie de convenciones sociales que cambian según los tiempos y sus usuarios. Al respecto, lo último que he leído y que desde aquí recomiendo sin reservas es ‘El prisma del lenguaje’, libro que ya reseñé en semanas anteriores, escrito por el lingüista judío Guy Deutscher quien cita precisamente a Humboldt y el estudio que éste hizo de las lenguas amerindias, para lo cual tomó como fuente los manuscritos que se conservaban en la biblioteca del Vaticano  y que habían traído los misioneros jesuitas; manuscritos que puso en sus manos Lorenzo Hervás, bibliotecario del papa Pío VII, cuando a Humboldt, en calidad de diplomático, lo nombraron enviado prusiano ante el Vaticano. Entre las conclusiones de este estudio señala Deustcher que “La diferencia entre las lenguas no solo está en los sonidos y en los signos, sino también en la visión del mundo… Dado que la lengua es el órgano que forma el pensamiento, tiene que haber una relación íntima entre las leyes de la gramática y las leyes del pensamiento. Pensar depende no solo de la lengua en general, sino también hasta cierto punto de la lengua de cada individuo”. ¿Identidad o carácter nacional, pensamiento, individuo… o solo instrumento, medio de comunicación, convención social? No soy quien ni estoy en condiciones tampoco de responder a tal pregunta, porque antes de pensar siquiera en una contestación, habría que preguntarse qué entendemos por carácter o identidad nacional. Y para eso tenemos un referente muy cercano en tiempo y espacio: Nicolás Sarkozy promovió en 2009 un gran debate nacional sobre el “orgullo de ser francés”, encuesta que arrojó resultados tan significativos como que el 74% de los franceses se sentían orgullosos de su nacionalidad y un 76% creía que existe una identidad nacional. Además, abogaban por enseñar y cantar “La Marsellesa” en los colegios y exigir a los inmigrantes un buen nivel de la lengua francesa. El propio presidente prometió la creación de un ministerio de inmigración e identidad nacional. Un debate que tuvo, al margen de los consustanciales intereses políticos, al menos el mérito de hacer reflexionar a los ciudadanos sobre su nación, sus propias señas de identidad y el modelo de país que querían para el futuro. ¡Y se hizo en un país con uno de los índices más elevados de inmigración de Europa! Este mismo debate, reconozcámoslo, es de todo punto imposible abrirlo en España. Y no es precisamente porque a nuestro himno nacional le falte la letra para cantarlo en las escuelas, sino porque muchos ciudadanos, cada vez menos por desgracia, no pensamos de la misma manera que otros ni, por tanto y según Humboldt, hablamos el mismo idioma que hablan ellos, aunque a los dos se les denomine español o castellano. José López Romero.  

FAHRENHEIT


Se tira a la basura sin pudor de todo, incluso libros. Esa norma no  escrita  que afeaba a todo aquel que se desprendía de libros tirándolos a la basura, en vez de regalarlos, ahora parece algo trasnochado e incluso a la sombra de los e-reader y e-books, muchos han aprovechado para despejar las librerías familiares que tantos años costó llenar. La destrucción de libros siempre se consideró algo difícil de soportar e incluso la historia  señala algunos  de estos sucesos como algo infame. Alejandría, Granada, Nuremberg, Sarajevo, entre otros lugares han sido escenario de esta particular historia de la infamia sobre el libro. Sin embargo, mientras que aquellos sucesos no pueden ser comprendidos sin las circunstancias que los rodearon –guerras, persecuciones religiosas, racismo-  ahora detectamos una peligrosa actitud que se va propagando imperceptiblemente, en torno al libro en soporte papel, y que se quiere extrapolar a la misma lectura. En este caso no es algo que emane de algún poder superior que trata de borrar todo atisbo de  libre pensamiento –como tan certeramente se plasmaba en el ‘Fahrenheit  451’ de Bradbury – sino algo más sutil que trata arrinconar un soporte, en este caso el papel, a favor de las  bondades de las nuevas tecnologías sin reparar en todo lo que este tsunami cultural se está llevando, y aún  se puede llevar por delante. Y para colmo ya hay voceros de cierto nombre que jalean esta deriva. Me sorprendió escuchar en un programa radiofónico de una cadena nacional, cómo algunos participantes -figuras de cierto prestigio en la cultura de este país- daban por descontado que la lectura había perdido la batalla frente a la imagen, y de ahí se deducía  que no solo la desaparición del libro en papel era cuestión de tiempo, sino que incluso  la lectura se vería tras esa desaparición seriamente dañada. Hablar de la desaparición del papel es una cosa, pero afirmar que la lectura tal como la conocemos hoy se verá transformada ¿no es hacer planear sobre nuestras cabezas los temores de Bradbury?  Ramón Clavijo Provencio

sábado, 27 de abril de 2013

LIBRERÍAS


Paseando hace unos días por la plaza del Arenal con un conocido que visitaba por vez primera la ciudad, nos detuvimos unos minutos en recorrer las casetas que conforman la Feria del Libro. Le extrañó el escaso número de ellas y esa visión  propició aquella pregunta que ya me esperaba de alguien acostumbrado a lugares donde el libro es celebrado con  mayor alarde de medios. ¿Realmente son tan pocas las librerías de la ciudad, Ramón?  No sé si allí estaban todas, pero le expliqué que Jerez  nunca había  sido una ciudad que se hubiera caracterizado por tener una oferta librera acorde con su población. “Ni sucede ahora, ni sucedió  en el pasado”, le contesté. Y sin embargo resulta paradójico conocer, para los que se acercan a la historia de la cultura del libro en la ciudad, proseguí, cómo  esta ciudad ha estado siempre en la vanguardia de determinadas iniciativas. Fue una de las primeras andaluzas en tener imprenta. En ella se dieron los primeros indicios de lectura pública en España, primero con la biblioteca de Villapanés y  luego con la municipal  que se inauguraba en 1873. En estos lares no solamente se formó una importante industria tipográfica, sino que destacó por su calidad y afianzó su prestigio a lo largo del siglo XX. Pasamos de un stand a otro y tardamos en recorrerlos el breve espacio de tiempo en el que había pretendido sintetizar para mi acompañante la historia del libro en Jerez. Este  pareció dudar, pero le volví a mencionar otro ejemplo acorde con lo que trataba que entendiera. La concesión este año del Cervantes al jerezano José Manuel Caballero Bonald volvía a singularizar una ciudad que históricamente había  aportado muy poco a la literatura, y que ahora lograba quitarse el referente del padre Coloma del imaginario literario local, con este reconocimiento a un escritor jerezano. “Bueno, Ramón, está claro por lo que me dices que en Jerez el mundo del libro parece vivir de fogonazos, que cuando se producen son espectaculares”. Me pareció acertada su imagen que me llevó otra vez a reparar en las librerías, algunas de ellas allí representadas en los pocos stands de la Feria del Libro que  ya íbamos dejando atrás. En ellos estaban los herederos de aquellos Portillo que regentaron la emblemática librería de la calle Francos a mediados del XIX,  o de la de José Prieto en S. Antón, 10,  hasta llegar a las de Gener, o las frustradas experiencias de Alternativa o la Llave de Cristal. Pocos, pero apasionados y admirados profesionales en una ciudad singular, paradójica y difícil para la cultura. RAMÓN CLAVIJO PROVENCIO 

EL HUEVO


Me viene a la memoria ahora una anécdota que escuché hace mucho tiempo en la radio. Un señor, no recuerdo ya su identidad, contaba que en cierta ocasión había ido al estreno de un drama que había despertado una enorme expectación. Se levanta el telón –contaba aquel señor-, se hace un sepulcral silencio entre los espectadores, que solo pueden ver al fondo del escenario un triste jergón y en él echado un mendigo que muy lentamente se levanta y se acerca al proscenio para decir con voz solemne y estremecedora: “Me he pasado toda la noche con un solo huevo duro”. Contaba aquel señor que después de unos segundos en los que todo el público quedó atónito, empezaron las primeras risas y después más, se dejaron oír gritos como “¿y el otro?”, hasta que la carcajada fue general, el drama se convirtió en parodia y tuvieron que suspender la representación. No fue aquella ni la primera ni la última vez en que una tragedia pasa a comedia sin que autores ni espectadores logren evitarlo ni quererlo, es decir, sin premeditación ni alevosía. Clásica es ya la explicación para el fracaso de la tragedia renacentista española: el  tremendismo de los personajes, que cargados por sus autores de un exceso de dramatismo caían en lo increíble y la fantochada. Pero también existe lo que Arniches dio en llamar la “tragicomedia grotesca” o “astracanada lúgubre”. Ejemplo de ello es  ‘Que viene mi marido’, que podemos poner en relación con el cuento de Wencelao Fernández Flórez titulado ‘El hombre que se quiso matar’, llevado al cine en dos ocasiones por dos grandes de nuestra escena: Antonio Casal y Tony Leblanc; historias de hombres que se comprometen a morirse, aunque lo intentan con poca convicción y menos decisión, hay que reconocerlo. La comedia,  de individuos como Maduro y su pajarito, y de otros más cercanos, se convierte en tragicomedia grotesca cuando toda una masa, buena parte de todo un país se lo cree. El esperpento. José López Romero.    

sábado, 20 de abril de 2013

LOS OTROS


“Cuando decimos que deseamos un mundo mejor y más feliz, casi siempre queremos decir un mundo mejor y más feliz para nosotros mismos. De algún modo la culpa de nuestros males la tiene siempre el vecino, o el extranjero, o uno de los nuestros que nos traicionó, o el enemigo que acecha fuera de las murallas, es decir, los bárbaros que amenazan con llegar eternamente”, acabo de releer en ‘La ciudad de las palabras’, de nuestro admirado Alberto Manguel, libro que ya reseñamos aquí hace unas semanas. Un libro inteligente de un inteligente escritor que, siempre en el papel de lector atento y avisado, sabe extraer de sus lecturas observaciones que le permiten hacer un análisis más profundo de la realidad o de la literatura, que comparte con sus lectores y del que siempre aprendemos. El pasaje que hemos transcrito procede del último capítulo titulado ‘la pantalla de Hal’, alusión al superordenador HAL 9000 que controla  la nave espacial de la película ‘2001, una odisea del espacio’. El tópico del otro, del bárbaro al que le echamos la culpa de todo lo negativo que nos pasa ya tiene sus buenas manifestaciones literarias en novelas como ‘Esperando a los bárbaros’ de Coetzee (reseñada en esta misma página por mi compañero Ramón) o, menos famosa pero no menos interesante, ‘El desierto de los tártaros’ de Dino Buzzati, obra que tiene versión cinematográfica, como célebre es la película titulada ‘Los otros’ de Amenábar. Por no hablar de la figura del anticristo, permanente amenaza del cristianismo que ya vimos en un artículo anterior a propósito de la publicación de la obra de Hipólito (ed. de Francisco Antonio García Romero). Y no es solo la constante presencia amenazadora de lo desconocido en lo que ciframos el origen de todos nuestros males, sino lo que esto supone de dejación de nuestra propia responsabilidad en lo que nos ocurre. Dicho de otro modo: ponga usted un bárbaro, un ‘otro’ en su vida al que culpar de su desgracia. Y en esto todos tenemos nuestros bárbaros de cabecera. En estos tiempos tan confusos es la crisis en general el otro por excelencia, a ella se le achacan todos nuestros males y en ella se amparan los que no tienen otros argumentos más inteligentes para sacarnos de ella. La oposición ve en el gobierno al ‘otro’, y viceversa, pero ninguno de los dos se unen para hacer que este mundo sea mejor y más feliz para todos. Y así en todos los órdenes de la vida. Sin embargo, no miremos al vecino, ni al extranjero ni miremos por encima de nuestras murallas para ver si vienen los bárbaros, porque nadie nos va a convencer de que no están ahí fuera, el otro está en buena parte en nosotros mismos; en lo que hemos hecho y hacemos todos los días por conservar lo que hemos conseguido o tenemos, o nos han dado graciosamente, es decir, por enchufe, e incluso por mejorar y hacer más feliz nuestro mundo. Es fácil apostarse delante de su casa, empapelar su fachada con nuestras protestas e insultar al bárbaro sobre el que hemos hecho recaer todo el peso de la culpa de nuestros males. ¿La responsabilidad es de los-otros o de nos-otros?.  José López Romero.   

ANIVERSARIOS


Está siendo este año prolífico en la celebración de efemérides culturales, algunas de ellas relacionadas con instituciones que han sido pioneras. Es el caso del Instituto Provincial hoy Instituto Coloma, que alcanza la vertiginosa cifra de 175 años, referente de la historia de la educación en la provincia de Cádiz y que con justicia tuvo un reconocimiento en la ciudad de San Fernando hace algunas semanas, donde se le concedió la medalla de la oro de la provincia. También la Biblioteca Municipal vive un caso similar al cumplir éste los 140 años desde su inauguración un ya lejano 23 de abril de 1873. La primera biblioteca Municipal de Andalucía ha sido referente de la cultura en la ciudad de Jerez año tras año, y sólo en dos ocasiones, en 1874 y el periodo 1984/85 dejó de abrir sus puertas por razones circunstanciales y poco conocidas. En el primer caso la retirada de los libros expropiados a la Colegial en 1873, provocó dicho cierre y una desesperada llamada del por entonces alcalde de la ciudad Francisco Revueltas, pidiendo libros a los jerezanos. La gran respuesta a esta llamada –la ciudad siempre ha estado muy apegada a su biblioteca pública-, hizo que en 1876 volviera a abrir sus puertas. En la década de los años 80 del pasado siglo, las obras de remodelación de su actual sede en la plaza del Banco, fue el motivo de su segundo cierre. En aquella ocasión incluso  siguió funcionando pese a que lo hacía desde unas modestas y pequeñas instalaciones situadas en la calle Rosario, en el lugar donde hoy se levanta el Conservatorio de música. Es ésta una historia poco conocida, pero que algún día les relataré. Ramón Clavijo Provencio.