LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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sábado, 4 de mayo de 2013

LENGUA Y NACIÓN


La torre de Babel de Brueghel el viejo.
No sé si, como le sugiere el gran Goethe a Friedrich Wilhelm von Humboldt, insigne lingüista, los idiomas reflejan el carácter de una nación (Alberto Manguel dixit en ‘Diario de lecturas’), o estos son el producto o resultado de una serie de convenciones sociales que cambian según los tiempos y sus usuarios. Al respecto, lo último que he leído y que desde aquí recomiendo sin reservas es ‘El prisma del lenguaje’, libro que ya reseñé en semanas anteriores, escrito por el lingüista judío Guy Deutscher quien cita precisamente a Humboldt y el estudio que éste hizo de las lenguas amerindias, para lo cual tomó como fuente los manuscritos que se conservaban en la biblioteca del Vaticano  y que habían traído los misioneros jesuitas; manuscritos que puso en sus manos Lorenzo Hervás, bibliotecario del papa Pío VII, cuando a Humboldt, en calidad de diplomático, lo nombraron enviado prusiano ante el Vaticano. Entre las conclusiones de este estudio señala Deustcher que “La diferencia entre las lenguas no solo está en los sonidos y en los signos, sino también en la visión del mundo… Dado que la lengua es el órgano que forma el pensamiento, tiene que haber una relación íntima entre las leyes de la gramática y las leyes del pensamiento. Pensar depende no solo de la lengua en general, sino también hasta cierto punto de la lengua de cada individuo”. ¿Identidad o carácter nacional, pensamiento, individuo… o solo instrumento, medio de comunicación, convención social? No soy quien ni estoy en condiciones tampoco de responder a tal pregunta, porque antes de pensar siquiera en una contestación, habría que preguntarse qué entendemos por carácter o identidad nacional. Y para eso tenemos un referente muy cercano en tiempo y espacio: Nicolás Sarkozy promovió en 2009 un gran debate nacional sobre el “orgullo de ser francés”, encuesta que arrojó resultados tan significativos como que el 74% de los franceses se sentían orgullosos de su nacionalidad y un 76% creía que existe una identidad nacional. Además, abogaban por enseñar y cantar “La Marsellesa” en los colegios y exigir a los inmigrantes un buen nivel de la lengua francesa. El propio presidente prometió la creación de un ministerio de inmigración e identidad nacional. Un debate que tuvo, al margen de los consustanciales intereses políticos, al menos el mérito de hacer reflexionar a los ciudadanos sobre su nación, sus propias señas de identidad y el modelo de país que querían para el futuro. ¡Y se hizo en un país con uno de los índices más elevados de inmigración de Europa! Este mismo debate, reconozcámoslo, es de todo punto imposible abrirlo en España. Y no es precisamente porque a nuestro himno nacional le falte la letra para cantarlo en las escuelas, sino porque muchos ciudadanos, cada vez menos por desgracia, no pensamos de la misma manera que otros ni, por tanto y según Humboldt, hablamos el mismo idioma que hablan ellos, aunque a los dos se les denomine español o castellano. José López Romero.  

FAHRENHEIT


Se tira a la basura sin pudor de todo, incluso libros. Esa norma no  escrita  que afeaba a todo aquel que se desprendía de libros tirándolos a la basura, en vez de regalarlos, ahora parece algo trasnochado e incluso a la sombra de los e-reader y e-books, muchos han aprovechado para despejar las librerías familiares que tantos años costó llenar. La destrucción de libros siempre se consideró algo difícil de soportar e incluso la historia  señala algunos  de estos sucesos como algo infame. Alejandría, Granada, Nuremberg, Sarajevo, entre otros lugares han sido escenario de esta particular historia de la infamia sobre el libro. Sin embargo, mientras que aquellos sucesos no pueden ser comprendidos sin las circunstancias que los rodearon –guerras, persecuciones religiosas, racismo-  ahora detectamos una peligrosa actitud que se va propagando imperceptiblemente, en torno al libro en soporte papel, y que se quiere extrapolar a la misma lectura. En este caso no es algo que emane de algún poder superior que trata de borrar todo atisbo de  libre pensamiento –como tan certeramente se plasmaba en el ‘Fahrenheit  451’ de Bradbury – sino algo más sutil que trata arrinconar un soporte, en este caso el papel, a favor de las  bondades de las nuevas tecnologías sin reparar en todo lo que este tsunami cultural se está llevando, y aún  se puede llevar por delante. Y para colmo ya hay voceros de cierto nombre que jalean esta deriva. Me sorprendió escuchar en un programa radiofónico de una cadena nacional, cómo algunos participantes -figuras de cierto prestigio en la cultura de este país- daban por descontado que la lectura había perdido la batalla frente a la imagen, y de ahí se deducía  que no solo la desaparición del libro en papel era cuestión de tiempo, sino que incluso  la lectura se vería tras esa desaparición seriamente dañada. Hablar de la desaparición del papel es una cosa, pero afirmar que la lectura tal como la conocemos hoy se verá transformada ¿no es hacer planear sobre nuestras cabezas los temores de Bradbury?  Ramón Clavijo Provencio