LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.

viernes, 20 de octubre de 2023

PRISIONEROS

El 7 de diciembre de 1639 el rey Felipe IV mandaba a prisión al escritor Francisco de Quevedo y Villegas. ¿El motivo? Cuenta la leyenda que el rey se había encontrado días antes debajo de su servilleta un poema o memorial que comienza: “Católica, sacra, real Majestad, / que Dios en la tierra os hizo deidad”, y que venía a criticar el gobierno de su valido don Gaspar de Guzmán, el todopoderoso conde-duque de Olivares. Quevedo, ya de sesenta y un años y con todos los achaques de una mal llevada vejez, fue recluido por cuatro años en el Convento Real de San Marcos en León, lugar del que el propio escritor llegó a confesar que había pasado más frío que en ninguna otra parte. Una leyenda la del memorial, aunque las opiniones en torno al poema están encontradas; mientras que José Manuel Blecua, uno de nuestros grandes especialistas en la poesía de Quevedo, había demostrado hace tiempo que el poema pertenecía a esa larguísima lista de apócrifos del poeta madrileño, otro investigador, Fernando Plata Parga, ha vuelto sobre la autoría de Quevedo. Sea el que fuere el motivo por el que el rey mandó encarcelar al gran don Francisco, lo cierto es que a nadie en la Corte le era ajena la inquina que este le tenía a Olivares; una inquina que don Gaspar correspondía con la misma saña. Quevedo moriría dos años más tarde de su excarcelación en Villanueva de los Infantes, “Retirado en la paz de estos desiertos, / con pocos, pero doctos libros juntos, / vivo en conversación con los difuntos, / y escucho con mis ojos a los muertos”.

En mayo de 1934 fue denunciado y arrestado Ósip Mandelstam y condenado a tres años de destierro en los Urales a consecuencia de haber publicado un poema el año anterior contra el gran genocida del siglo XX Iósif Stalin. El poema, que comienza con estos versos: “Vivimos insensibles al suelo bajo nuestros pies, / nuestras voces a diez pasos no se oyen. / Pero cuando a medias a hablar nos atrevemos / al montañés del Kremlin siempre mencionamos”, sólo fue un simple motivo para la purga de intelectuales ordenado por el régimen que de forma totalitaria había impuesto “el montañés del Kremlin”. Fue la primera de una serie de detenciones sufridas por uno de los grandes poetas rusos del siglo XX, y con la prisión el largo e inhumano peregrinar por pueblos, por tribunales y por la represión de un Estado al que no le temblaba la mano para meter en la cárcel a cualquier ciudadano o el fusil ante el paredón.  De ello nos ha dejado un terrible testimonio la esposa de Mandelstam, Nadiezhda, en su libro ‘Contra toda esperanza’ (Acantilado). Un escalofriante régimen del terror que le lleva a Nadiezhda a escribir: “Escogimos todos el camino más fácil: callábamos en la confianza de que no nos matarían a nosotros sino al vecino. No sabíamos siquiera quién entre nosotros mataba y quién se salvaba, simplemente, gracias a su silencio”. Liberado, Ósip Mandelstam fue arrestado nuevamente en 1938, durante la Gran Purga. Murió en un campo de trabajo forzado cerca de Vladivostok, en el extremo oriental de la URSS, ese mismo año. José López Romero.

 

  

1933-1944: LOS ORÍGENES DE LA FERIA DEL LIBRO

Cuando lean ustedes estas líneas los claustros de Santo Domingo de nuestra ciudad estarán acogiendo un año más la Feria del Libro, y sus estancias y luminosas galerías estarán tomadas, en el buen sentido del término, por los stands de las librerías participantes y esperemos que por cientos de lectores y lectoras buscando nuevas lecturas. Son ya algo más de 90 años los que nos separan de la celebración de la primera Feria del Libro que se organizó en nuestro país, la cual se levantó en el madrileño Paseo de Recoletos, junto a la Biblioteca Nacional, un 23 de abril de 1933. Fueron entonces 20 las editoriales participantes las que ofrecieron lo más granado de sus respectivos catálogos a los visitantes a lo largo de la semana en la que esta se celebró. Aquella primera Feria del Libro y las que siguieron en tiempos republicanos fueron de iniciativa privada, pero lo cierto es que su celebración no hubiera sido posible sin una  política legislativa -en los primeros años de la II República sobre todo- que pretendía lograr una mayor accesibilidad al libro por parte de la sociedad en general. El estallido de la Guerra Civil acabó con todo aquello y habría que esperar hasta 1944, cuando nuestro país vivía los momentos más duros de la posguerra, para volver a ver levantarse los stands de las librerías en el Paseo de Recoletos (aún pasarían unos años antes de trasladarse al parque del Retiro). Pero no estuvo esta primera Feria del Libro organizada en tiempos del franquismo exenta de problemas. Recogen las crónicas periodísticas de la época cómo algunos falangistas levantaron pilas de libros en los accesos a la misma y procedieron a su quema, lo que desde luego no era la mejor manera de animar a los interesados en visitarla. Pero la dura legislación en torno al libro y su férreo control sobre la accesibilidad de la población en general según a qué tipo de publicaciones, hacía que aún a finales de los años 40, cuando el Instituto Nacional de Libro Español (INLE)  organizador de la Feria madrileña era dirigido por el jerezano Julián Pemartin, se vivieran este tipo de actos desafortunados. Ramón Clavijo Provencio   

viernes, 6 de octubre de 2023

YA ERA HORA

El otoño es una época tradicionalmente propicia para el lanzamiento de novedades literarias, y quizás influya en ello la cercanía del periodo navideño que, como sabemos, es el momento en el que las ventas –se vende de todo y por supuesto, faltaría más, también libros- alcanzan el pico anual. No es de extrañar pues, que muchas editoriales reserven pacientemente sus mejores apuestas para ese momento, y ello pese al  excesivo número de novedades que irrumpen de repente en el mercado al mismo tiempo, y que dificultaran la visibilidad de muchos libros, sobre todo de aquellos que no tienen el respaldo de un gran sello editorial. Pues bien, en estos prolegómenos otoñales, entre las muchísimas novedades hay una que sin duda está destacando sobre las demás, y que como ya muchos habrán adivinado, es la novela ‘El problema final’ de Arturo Pérez Reverte. Cuando digo destacado sobre las demás, no entiendan que con ello estoy juzgando su calidad o interés en relación a otras novedades que estos días van presentándose ante los lectores (como la última e interesante propuesta de Muñoz Molina, ‘No te veré morir’, o la de Irene Vallejo con ‘La leyenda de las mareas mansas’, entre otros muchos), simplemente doy fe de una realidad como es el protagonismo indiscutible que dicho libro está acaparando en los medios de comunicación, tanto especializados como generalistas desde su aparición,  atención que viene acompañada en este caso, no lo olvidemos, por el cómplice respaldo de los lectores. Lo cierto es que he leído ‘El problema final’ y me he divertido mucho  transitando por unas páginas llenas de guiños literarios y cinéfilos - un acierto recordar a través de Francisco Foxá, uno de sus personajes, a esos autores que sobrevivían en nuestro país durante la larga posguerra, con aquellas novelitas policiacas sin muchas pretensiones pero que hicieron furor entre el público de la época-. Es esta una novela elegante, llena de diálogos salpicados de útiles observaciones para el lector inteligente, lo que se traduce en una placentera lectura, uno de los principales objetivos de cualquier novela que se precie. Pero hay algo que creo debemos agradecer por encima de todo al autor con la publicación de este libro, y es esa reivindicación de la mejor novela policiaca, esa que pasó al olvido entre otras razones por la irrupción del subgénero negro que también hoy, como la novela clásica ayer, sufre los embates de escritores y escritoras que hacen un flaco favor sacrificando literatura por la truculencia más zafia. ‘El problema final’ (guiño a otra novela de Conan Doyle) además de hacernos partícipes como lectores de una excelente historia, es un conseguido homenaje a los clásicos policiacos muchos de los cuales hoy sólo podemos encontrarlos bien en librerías de viejo, almacenados y olvidados en depósitos de bibliotecas públicas o en reediciones de algunas valientes editoriales como Valdemar o Siruela. Ya era hora.  Ramón Clavijo Provencio.

FRUNCIR EL CEÑO

Me encuentro en Internet una página web titulada “Escuela de escritores” en la que se recomienda no usar expresiones como “piernas torneadas”, “pechos turgentes” y “fruncir el ceño”, a las que se añaden otras expresiones (“silencio sobrecogedor, espiral de violencia, las lágrimas acudiendo a los ojos, marco incomparable, mar de dudas, mirada cómplice”) que lejos de mejorar el estilo de los escritores principiantes, acaban estos por caer en clichés vacíos de contenido e intención, que sólo delatan ante los lectores el poco esfuerzo, la escasa imaginación del creador. Nadie está a salvo del uso de estas expresiones, pero una cosa es utilizarlas y otra muy distinta abusar de ellas. Acabo de leer dos novelas en las que el abuso de “fruncir el ceño” es muy llamativo. La primera tiene su justificación: su autora es una escritora muy novel que apenas ha echado el primer diente de leche en esto de la literatura y, por tanto, desconoce los registros y mecanismos para no caer en una repetición tan molesta y que afea sin duda el relato. Habrá que recomendarle la página “Escuela de escritores”. Pero la segunda pertenece a una escritora ya reconocida y avalada por numerosos premios. Hasta quince “fruncir el ceño” le he contado a su novela, como si ni su autora ¡ni su traductora! hayan sido capaces de echarle un poco de más esfuerzo o imaginación para no incurrir en tanto “ceño fruncido”. No son nuevos estos clichés que señalaba Alejandro Marcos, el autor de la página web. Las novelas por entregas decimonónicas o, en general, la literatura popular siempre ha manejado o manoseado este tipo de expresiones vacías como mecanismo repetidor que facilitaba la labor tanto del autor, exigido por las prisas de la entrega, como de un lector poco exigente. Por ello, no estaría mal decidir la calidad de una novela por las veces en que sus personajes “fruncen el ceño” o se lanzan “miradas cómplices” o se sumergen en un “mar de dudas”, así la labor del crítico también se vería facilitada ante productos de escaso interés. Por mi parte, cada vez que vea una de estas expresiones, torceré el gesto. José López Romero.

  

domingo, 6 de agosto de 2023

LECTURAS DE VERANO II

Los pioneros de Doñana (1872/1959)

Jaime Bohórquez. Guadalmazán, 2022.

Curioseando sin rumbo entre los estantes de una librería, llama mi atención la bella portada de un libro que reproduce el dibujo del excelente pintor y naturalista William H. Riddell. Luego me atrapa definitivamente su temática: Doñana en aquellos tiempos anteriores a ser un paraje natural protegido. Con una prosa fluida  en la que intercala con maestría documentación gráfica y recreaciones históricas fundamentadas en una sólida documentación, el lector va conociendo a tres personajes que tanto tienen que decir en los orígenes de ese paraje sin igual: el aventurero y cazador Abel Chapman, el bodeguero Walter J. Buck, y el ya mencionando paisajista Bill Riddell, primero afincado en Arcos de la Frontera y que luego, huyendo de los rigores climáticos, fijaría su residencia en Chiclana. Siguiendo a estos tres personajes, el autor recobra una historia que se diluía en el tiempo rescatando material gráfico y documental hasta ahora poco conocido. Un libro fascinante. R.C.P.

La segunda amante del rey

Alonso Cueto. Penguin Random House, 2017.


Prolífico escritor peruano (Lima, 1954), Alonso Cueto cuenta con una tan dilatada como exitosa y reconocida carrera literaria, en la que destaca ‘La hora azul’. Aunque el argumento de ‘La segunda amante del rey’ no puede ser más tópico: triángulo amoroso, en el que Gustavo Rey, como vértice superior, hombre ya maduro y de éxito en los negocios, casado con Lali, se enamora de una de sus empleadas, la joven Jossy. Y para impedir que lo que no debería pasar de una de sus muchas y consentidas aventurillas fuera a mayores, Lali contrata a un profesional para seducir a la amante. Pero la novela de Cueto trasciende la situación tópica no solo por el perfil de los personajes, en los que destaca la esposa, una señora de muy pocos escrúpulos cuando se trata de conseguir lo que quiere (el fin justifica los medios), sino también por el dominio en el desarrollo de los acontecimientos y el lenguaje utilizado. Excelente. J.L.R. 

sábado, 15 de julio de 2023

LECTURAS DE VERANO I

Guía de Viaje por el Imperio Romano


Marco Sidonio Falco/Jerry Toner. Crítica, 2022.

Es sin duda este un libro sorprendente, cuando tan difícil hoy día es sorprender al lector. Quizás sea uno de sus méritos, pero indudablemente no el único para el  que se aventure a seguir a través de estas páginas, el viaje del noble romano Marco Sidonio Falco por las rutas de aquel Imperio que dominó el mundo durante siglos. Se vale el autor de una singular forma de enfocar la ruta: crear un personaje ficticio que vive en el periodo de mayor esplendor del Imperio romano, para en un viaje también en el tiempo trasladar al lector a modo de crónica las experiencias de su viaje. De esta manera Jerry Torner, un continuador de la gran escuela británica de historiadores del mundo clásico, nos va recreando la tupida red viaria que recorría el imperio, la experiencia del viajero en las posadas, eso sí, atestadas de chinches, el fascinante bullicio de las ciudades mediterráneas de la época... El resultado de este singular viaje no puede ser más fascinante para el lector. R.C.P. 

Los ingenuos


Manuel Longares. Galaxia Gutenberg, 2013.

Doce años después de la primera edición de su deslumbrante ‘Romanticismo’, Manuel Longares publicó esta novela corta que recrea en tres partes la vida de una familia en tres de los periodos preferidos del escritor: los años 40, los comienzos de los 60 y la muerte de Franco. Periodos que también le sirven de marco a su obra ‘Las cuatro esquinas’. Y como ya es característico de Longares: Madrid como espacio central de sus narraciones; en este caso la Puerta del Sol y sus carteles de cine, y sus calles aledañas (modestia y prostitución). En uno de los inmuebles de la calle Infantas tiene la portería la familia formada por Gregorio, Modesta y sus dos hijos, Goyo y Modes. Una familia a la más pura vieja tradición española: las mujeres deben cuidar de los varones, mientras estos, como Gregorio, se dedican a sus fantasías y veleidades. Como toda novela de Longares, excelente literatura. J.L.R.

viernes, 30 de junio de 2023

ATRACTIVO

“Por qué los hombres que leen son más atractivos que los que no lo hacen y son mejores parejas”, leo el artículo firmado por Ana Bretón y publicado en una revista dominical. Y de inmediato se lo enseño a mi mujer, y no tiene otra cosa que hacer que mirar la ilustración que acompaña al texto (un cuerpo de casi dos metros de insultantes músculos y juventud leyendo un libro, tirado en una tumbona, y en el que apenas se adivina el bañador). Los ojos de mi mujer iban a la ilustración y volvían a mí en ese gesto tan indiscreto como molesto de la comparación. “¡Qué fácil es hoy hacer un titular de un artículo!”, le escuché. Y acto seguido llamó a cónclave a la toda la familia. ¡Y otra vez el mismo proceso! Los ojos de mis hijos iban de la ilustración a mi cuerpo (les ahorro la descripción). Y después se queja la madre de a quién han salido estos niños. “¡Hombre! ¡Pá!”, sentenció mi hijo con un condescendiente golpecito en el hombro. Mi hija, más observadora y objetiva: “En algo se parece a ti, father. En cómo sujeta el libro”. Los tres se miraron y el silencio fue realmente humillante. Pero no habéis entendido nada, les dije. No se trata de que al leer un libro me convierta en el joven de la tumbona (gesto de decepción de mi mujer), sino que a buena parte de las mujeres los hombres que leen les resultan más atractivos. Es más, añadí en un desesperado intento de convencimiento, leed el subtítulo: “Ni el timbre de voz, ni el olor corporal, ni la altura, ni tener un culete respingón o planisférico... No. Varias encuestas confirman que lo que las mujeres consideran sexy de verdad es que los hombres lean libros. Y además, las parejas de lectores duran más”. No os olvidéis de ese “además: son mejores parejas y estas duran más. Incluso las faltas de ortografía se consideran faltas de educación, como yo he defendido siempre… Me quedé solo con mis argumentos… y mis lecturas. Y esto me trajo a la memoria aquellos turbulentos años del final del Franquismo y los comienzos de la Democracia, en que muchos jóvenes acudían con sus trencas y sus pantalones de pana a tomar una cerveza en Los Caracoles con algún libro en la mano, invariablemente las ‘Poesías Completas’ de Antonio Machado publicadas en Austral, a ver si salían de aquella tan prolongada como inconfesable sequía de relaciones con el sexo femenino. Sin duda, la pose cultureta era un reclamo o, al menos, eso pensaban los tan inocentes como esperanzados que al final no se comían una rosca. Ahora parece que la cosa ha cambiado, y tanto que en tan excelente reportaje (una fotocopia ya está expuesta debajo del cristal de la mesita de noche) se afirma: “el 65% no mantendría relaciones sexuales con alguien que no fuese capaz de distinguir entre 'haber' y 'a ver', 'hecho' y 'echo', 'entorno' y 'en torno'”. Yo siempre he sabido distinguir “haber” y “a ver”, “hecho” y “echo”…, y no cometo faltas de ortografía, me insinúo a mi mujer. “¡Anda! Sujeta este libro -me dice-. Son las ‘Poesías Completas’ de Machado”. Hay días en que es mejor no leer nada, ni revistas.  José López Romero.

MIRADAS SOBRE LA HISTORIA DEL LIBRO: JEREZ

Observo con satisfacción cómo el interés general por la historia del libro va en aumento desde hace algunos años. Y no me refiero solo al éxito incontestable a nivel popular de ‘El Infinito en un junco’, esa historia del libro en la Antigüedad escrita por la filóloga Irene Vallejo, sino a otros libros que precedieron al mencionado como aquel de Luciano Canfora ‘la Biblioteca desaparecida’ (Trea), ‘La Biblioteca en llamas’ de Susan Orleam (Planeta) o ‘Ladrones de Libros’ de Anders Rydell (Desperta Ferro), entre otros. Incluso se está convirtiendo en habitual novelar pasajes de esa historia o de algunos o algunas de sus protagonistas, como es el caso de ‘La Coleccionista’ de Marie Benedith y Victoria Christhoper Murray (Planeta), que se detiene en la apasionante vida de Belle da Costa Green,  desde sus comienzos en la Biblioteca de Princeton hasta dirigir la Biblioteca Privada del magnate J. P. Morgan. Todos estos libros a los que nos referimos tienen en común el objetivo de desvelar aspectos de esa Historia General del libro poco conocidos por el gran público, pero también, y  por otro, el haber logrado ese tono ideal para hacer llegar sus respectivos contenidos a los lectores, hasta el punto que han conseguido una respuesta masiva por parte de estos. En el año 2003 coordiné un grupo de especialistas (García Romero, Vega Geán, López Romero, Vega Alonso) en un proyecto ilusionante: preparar una Historia del libro que finalmente saldría editada bajo el título ‘Historia General del Libro y la Cultura en Jerez’. Por entonces ya estaba muy lejana aquella ‘Historia de la Imprenta en Jerez de la Frontera’ de Rodríguez Moñino, y sin embargo pocos historiadores hurgaban aún en esta parcela histórica. Afortunadamente veinte años después de aquel 2003, han ido editándose trabajos muy interesantes que se han detenido en este poco estudiado aspecto de la historia local. Juan Antonio Moreno Arana, Rosa María Toribio Ruiz, Miguel Ángel Borrego Soto, Javier Jiménez López de Eguileta, o José García Cabrera, entre otros, con paciencia, meticulosidad y conocimientos, afanándose en proyectar luz sobre esta apasionante parcela histórica, van dejando huella en este aún poco transitado camino. Ramón Clavijo Provencio