Sobre Federico García Lorca se podría tener la sensación a estas alturas de que sobre él se ha escrito todo, pero sucede que pese a la infinidad de testimonios escudriñando tanto su persona como el legado creativo que dejó, esa afirmación parece una y otra vez puesta en entredicho por las continuas novedades que sobre su corta vida siguen desvelándose. García Lorca siempre fue un creador querido por público y crítica y ello lo saboreó en vida pero, además, tras su asesinato el interés y admiración por su figura lejos de decaer siguió creciendo. Llama la atención en relación a esto último, que incluso en los primeros y más duros tiempos del franquismo la obra de Lorca no fuera prohibida pese a la dura normativa que el Régimen promulgó sobre el mundo del libro. Es cierto que algunas de sus creaciones tardaron más que otras en publicarse, y de las que se editaron la censura nos privó en ocasiones de sus versiones originales, pero es incuestionable que Lorca siempre estuvo presente entre nosotros de una manera u otra. En mi caso empecé a sentir admiración por su obra leyendo ‘Poeta en Nueva York’ en una edición de Lumen de finales de los años sesenta del siglo pasado que siempre lamenté perder, aunque aún conservo el ‘Libro de poemas’ publicado por Espasa-Calpe en su mítica colección Austral de 1972, algo es algo. En esa línea argumental de la que hablábamos al principio, de que aún son muchos los vacíos sobre la vida y muerte del granadino que nos quedan por conocer, estaría la aparición de unas imágenes hasta ahora desconocidas de Federico viajando en un auto, seguramente en los tiempos de su gira teatral con La Barraca, y que fueron encontradas (2025) por el cineasta Manuel Menchón investigando en el archivo privado de la familia Menéndez Pidal y que se incluirán en el documental ‘La Voz quebrada’ que se estrenara este año; o la muy reciente aparición de una composición musical de su autoría, ‘Canción de invierno’, cuando adolescente firmaba como Federico García, y no había comenzado a utilizar el apellido materno. Por último, y entre otros muchos ejemplos que se podrían poner, queremos destacar la reciente aparición de un libro, ‘Lorca en Vermont’ (Taurus), de Patricia A. Billinggsley que profundiza con rigor en la estancia de Lorca en Estados Unidos (en la imagen la famosa foto en el edificio de la Universidad de Columbia. Nueva York, 1929) y su intensa relación con el norteamericano Philip Cummings, estudiando la influencia que esta relación pudo tener en el resultado final del mítico y ya mencionado libro ‘Poeta en Nueva York’, algo que ya se había intuido en el poema incluido en él ‘Poema doble del lago Edén’. Ramón Clavijo Provencio

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