LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.

sábado, 6 de agosto de 2011

MI LIBRO DE ESTE VERANO

Como ya me ha sucedido otras tantas veces, lo descubrí  mucho antes de comenzar su lectura. Me llamó la atención, como  me suele pasar también a menudo, por su magnifica portada que rememoraba un enfrentamiento en el legendario Oeste norteamericano. Pero me decía a mi mismo que no era ya tiempo de leer novelas del Oeste, aunque esta tuviera la garantía de la firma de un  autor hoy  de culto como fue Oakley Hall. Y sucedió, como me ha sucedido tantas veces, que cuando dejé de ver la novela expuesta en el escaparate de mi librería de guardia, fue cuando me asaltaron esos impulsos irrefrenables de conseguirla como fuera y de iniciar su lectura. Dicho y hecho, y les debo decir que no me equivoqué con este impulso veraniego. ¿Qué es una novela del Oeste? ¿Y qué? si es una gran novela. Par mi se ha convertido sin lugar a dudas, en mi libro de este verano. He leído unos cuantos en lo que llevamos de él, y alguno me queda todavía antes de su termino, pero creo que en mis recuerdos de las lecturas de este verano de 2011 quedará al menos esta novela con la que me topé inesperadamente: WARLOCK.
¿Qué les comente algo sobre su trama? No, les recomiendo sólo  su lectura, aunque no esta de más decir que Warlock inspiró a finales de los años cincuenta del pasado siglo, aquella mítica película titulada "El hombre de las pistolas de oro" protagonizada por un magnifico Henry Fonda. (lean en todo caso el enlace adjunto). Ramón Clavijo Provencio

lunes, 18 de julio de 2011

Y todo a media luz...

Pues sí, lo que nos propone  el profesor Juan Luis Sánchez Villanueva auspiciado por la librería La Luna Nueva, es algo tan singular y atractivo como un paseo nocturno por algunos de los monumentos más representativos de la ciudad de Jerez. O lo  que es lo mismo,una especie de necesario trabajo de campo para todo lector que haya leído su último libro "Monumentos con Arte", y que recomiendo leer al que aún no lo conozca. Si no se ha leído el libro, no importa. El paseo es una tentación en si mismo y una oportunidad única para ver Jerez con otros ojos. Eso sí, será bajo la luz de las farolas, aunque como Juan Luis es previsor y no se fía mucho, recomienda a los interesados ir provistos de pequeñas linternas para apreciar mejor los detalles arquitectónicos  que irá comentando durante el mencionado itinerario. No hace mucho otros historiadores publicitaban otro paseo por el patrimonio destruido, o en trance de desaparecer de Jerez. Ahora esta nueva iniciativa nos obliga a reflexionar sobre algo que años de desidia y desinterés se ha convertido en un grave problema de imagen de nuestra ciudad. ¿Y qué mejor  para comprender lo que nos jugamos bajo la mirada de propios y extraños,  que divulgar los orígenes, los recovecos, la simbología que salpican las calles del casco antiguo de esta vieja ciudad del sur? La cita será el Martes 19 a las diez de la noche en la calle Eguilaz, en la puerta de la librería "La Luna Nueva",de donde partirá una caravana de ciudadanos, esperamos que numerosa, con la que empecemos a cambiar el sino de los últimos años.

 Ramón Clavijo Provencio

sábado, 9 de julio de 2011

RECOMENDACIONES PARA EL VERANO

El tiempo de los regalos/Entre los bosques y el agua.


Patrick Leigh Fermor. RBA, 2011.

El reciente fallecimiento del autor de este libro ha puesto de actualidad la figura no sólo de una obra literaria magnífica, sino los perfiles de un personaje que se ajustarían como anillo al dedo al del auténtico aventurero. Quizás sus hazañas más conocidas, incluso alguna fuente de inspiración para guiones cinematográficos sucedían en el paisaje griego, donde luchó junto a las guerrillas frente a las tropas de ocupación alemana, se solaparon con su legado literario. De ahí que, una vez transcurrida la segunda guerra mundial, fueran seguidas sus crónicas viajeras desde los más recónditos lugares del planeta. Pero seguramente si se atreven, si tienen tiempo y leen este libro que les traigo esta semana, cuando Fermor adolescente recorre a pie, como un vagabundo, la Europa de entre guerras desde la costa inglesa a Constantinopla, descubrirán al gran maestro de la literatura de viajes. R.C.P.



Viaje a Italia

Cosey. Planeta, 2010.

Quizás estemos entrando en una nueva época para la lectura, una época donde es difícil conocer los perfiles definitivos que triunfarán. Pero lo que es incontestable es que como en toda época de cambios hay ganadores y perdedores. Pues bien en estos tiempos de cambio se empieza a palpar que la novela gráfica (a la que los que tenemos una cierta edad, la llamábamos tebeos o comics) se está haciendo un hueco con una rapidez y fuerza que no hubiéramos sospechado hace muy pocos años. En ella apreciamos en estos últimos tiempos, un equilibrio elogiable entre la imagen y la narración en un cada vez mayor número de títulos. Sin duda el camino lo trazaron hace algunos años autores geniales como Cosey, que en 2008 nos presentaba esta compleja historia de dos ex militares de Vietnam que se reencuentran y deciden, ya en el ocaso de sus días, realizar un viaje a Italia. Reeditada varias veces, en obras como ésta encontramos la explicación del renacimiento de un género. R.C.P.

viernes, 24 de junio de 2011

LIBROS DE LA GUERRA

Los historiadores no opinan. No deben. Para eso están otros, verdadera plaga de nuestro tiempo, que inundan prensa, radio y televisión con sus opiniones, en algunas ocasiones con plena autoridad sobre la materia, en muchas otras con más palabrería o caligrafía que entendimiento. Los historiadores son apolíticos (¿existe esa especie?), o deben parecerlo: cuando desgranen un asunto que admita varios puntos de vista, no deben posicionarse, sino exponer con la máxima objetividad ideologías o conductas de todas las opciones posibles. Un ejemplo gráfico. Un libro reciente nos cuenta que Julián Marías recordará toda su vida a aquella miliciana que se pavoneaba, en el tranvía madrileño en el otoño de 1936, de haber estampado contra la pared a un bebé de pocos meses en el asalto a la casa de unos derechistas. El siguiente párrafo es para relatarnos la detención en su casa del alcalde republicano de un pequeño pueblo, sacándolo a “dar el paseo” mientras el grupo de facciosos se “encargaba” de su hija delante del yerno. Como Eslava Galán, don Juan, hay pocos. Objetividad absoluta. Hechos. Claro que entre los años 1933 y 1945, que enmarcan la colección de libros objeto de este artículo, las cosas no estaban para mucha objetividad. Se trata de unas ediciones muy deficientes (raro es el que conserva la cubierta) que en plena guerra civil y más allá de ella fueron saliendo de algo parecido a imprentas en Burgos (Aldecoa), Valladolid (Santarén) o Cádiz (establecimientos Cerón). Entre el centenar de ellos que hoy conservamos, entresacamos algunos títulos, como el de la fotografía, “El enemigo: marxismo, anarquismo, masonería”, de Mauricio Karl, para quien “nuestras flechas de arquero solitario han trazado en este volumen el contorno espectral del enemigo”. En “Estelas gloriosas de la escuadra azul”, de Víctor de Sola, prologa Pemán opinando que “el libro que me dan ustedes a conocer merece el que yo considero, en su género periodístico y de reportaje, el máximo adjetivo de elogio”. En una “biografía” de Franco, Ruiz Albéniz destaca lo que considera su “aprovechamiento como estudiante”, cuando había quedado el 251 de la promoción de 312 cadetes que se graduaron con él en Toledo; dice que le llamaban Franquito “a causa de su juventud no solo de edad sino por su constante espíritu alegre, animoso y optimista”, pero según Paul Preston el mote obedecía a su escaso metro sesenta y su extraordinaria delgadez, lo que le ocasionó novatadas como hacerle desfilar con un fusil al que habían serrado quince centímetros de cañón. Del otro bando, que también los había, hemos encontrado pocos, entre ellos la biografía-hagiografía “Recuerdos de Lenin”. Claro que ya sabemos de qué lado quedó nuestra zona. Ejemplares de esta colección quedan en las bibliotecas de Córdoba, Granada, Málaga, Antequera, así como en el fondo bibliográfico antiguo de nuestro patrimonio municipal.  NATALIO BENITEZ RAGEL

FOUCHÉ

A los fieles lectores (que Dios se lo pague) de esta página no se les escapará que la estampita del gran escritor austríaco Stefan Zweig es una de las que ocupan uno de los lugares de honor en mi mesita de noche. Y no sólo por sus libros, sino porque su compromiso personal con el tiempo que le tocó vivir traspasa los límites del magnífico escritor, para convertirlo en un ejemplo de vida. Un compromiso que se deja notar con más fuerza en las biografías que fue escribiendo de célebres personajes, ésos que se mueven entre las luces y las sombras de las páginas de una historia de la que quisieron, y algunos lo lograron, ser protagonistas. Entre ellos, hay un personaje de los biografiados por Zweig que se puso hace unos meses de actualidad. Cuando don Alfredo Pérez Rubalcaba se postuló por aquellos días como sucesor a la corona de Zapatero (de espinas para los españoles), algunos periodistas ingeniosos subtitularon a Alfredo (como ahora quiere que se le llame) “el genio tenebroso”, a la manera en que Zweig calificó a José Fouché, aquel ministro de Napoleón que supo como nadie desde los primeros años de la Revolución francesa hasta el reinado de Luis XVIII ir dejando cadáveres de enemigos a su alrededor sin apenas mancharse la ropa; caso de Robespierre. Son ejemplos del político por el que pasan legislaturas, crisis de partido, derrumbes económicos, sociedades empobrecidas, generaciones sin futuro, y ellos siguen, impasible el ademán, como si su chaqueta fuera una coraza que lo protege de cualquiera de estas contingencias, ésas que a los demás nos hunden todos los días y cada vez más en la miseria. Son personajes que impregnan las páginas de la historia con el olor inmundo de las cloacas del poder, en las que cualquier honestidad o lealtad es pura coincidencia o un accidente tan involuntario como imperdonable. La magnífica biografía de Zweig insiste en esas sombras, en la oscuridad de un hombre hecho para la intriga y la falta de escrúpulos. De tanto Fouché, líbranos Señor. José López Romero.

sábado, 18 de junio de 2011

PURO TEATRO

“Mercurio” es una de esas revistas de literatura que se reparten de forma gratuita y no por ello habría que sospechar de su calidad, sino todo lo contrario, en sus páginas cualquier curioso puede ver colmadas sus inquietudes si lo que busca es buena y rigurosa información sobre literatura o simplemente sugerencias. Casos extraños de gratuidad en estos tiempos en los que nadie da nada por nada. Estaba leyendo hace unas semanas el número que dedicaba al teatro (nº 131, “Teatro, palabra en acción”) y no pude por menos darle la razón a José Ramón Fernández cuando terminaba su artículo con estas palabras: “Dos apostillas sin ánimo de tocar las narices… la segunda es que las va a pasar usted canutas para encontrar muchos textos (se refería a textos de autores actuales). De la edición y distribución de textos teatrales en España habría que hablar largo y tendido”. Más razón que un santo. En el siguiente artículo, Javier Ors nos indicaba dos editoriales (Fundamentos y ediciones Irreverentes) y recogía las opiniones de sus respectivos responsables sobre la fortuna editorial de las obras de escritores actuales españoles, y cuando hablamos de “actuales” no nos estamos refiriendo a la última hornada, sino a dos y a tres generaciones anteriores. Y aunque el responsable de la editorial Fundamentos es bastante optimista, de acuerdo con los niveles de publicación de su editorial, no cabe duda de que en las librerías la sección de teatro brilla normalmente por su ausencia, de que te las ves y te las deseas para encontrar ediciones de autores actuales, y de que algunas editoriales como la guipuzcoana Iru pone precios realmente desorbitados a textos plagados de erratas (ver “Muerte accidental de un anarquista” de Darío Fo, a 13’30 €). Y de la distribución, ni hablamos, mejor lloramos. En cambio, los clásicos no tienen derecho a removerse en sus tumbas por falta de atención, disfrutan de excelentes y numerosas ediciones. Y es que la edad ha sido siempre un grado. José López Romero.

DEMASIADOS FIAMBRES

Hace unos años, en las páginas de esta misma sección dedicada a los lectores, bromeaba con una frase del famoso autor de novela negra John Connelly: “no puede escribirse un libro que llegue al gran público sin un crimen”.   Por entonces la novela histórica copaba la atención del público (todavía lo hace, aunque más tibiamente), pero ya se intuía  el inmenso empuje que estaba experimentando la novela negra, fruto de la atención de un número creciente de lectores. Aún no había irrumpido en el panorama literario de nuestro país esa legión de autores nórdicos, aunque el fenómeno de Millenium surgido de la mente de Larson estuviera en ciernes, y sólo Henning Mankell con su serie sobre el inspector Wallander empezaba a llamar nuestra atención, atrayendo hacia la novela policiaca o negra (aunque quizás el término utilizado por Connelly “libro con crimen” sea más certero) a muchos que como yo hasta ese momento no habían sentido un interés especial por el género. ¿Qué es lo que ha pasado para que de unos años atrás este tipo de literaturas arrase? Es cierto que la novela negra, como la histórica,  siempre han contado con un elevado número de seguidores, pero resulta curioso que los apasionados por los personajes en su día creados por Simenon, Chandler , Agatha Christi, Patricia Highsmith o Vázquez Montalbán,  por citar algunos de los más notables, miren con cierto recelo este fenómeno que como comentaba Connelly, más que novela negra es novela con crímenes. Lo que queremos decir es que quizás no estemos asistiendo a un éxito sin precedentes del género negro entre los lectores en esta última década, sino más bien al éxito de un sucedáneo del mismo. La novela negra en la actualidad sigue teniendo sus autores clásicos que continúan la estela de los maestros, algunos de los cuales hemos nombrado más arriba. Incluso se celebran anualmente  eventos  que como “la Semana negra” de Gijón tratan de mantener los signos distintivos del género. Pero es evidente que la mayoría de las novelas que hoy se califican con cierta frivolidad como “negras”, lo único que tienen en común con ellas es que en sus páginas hay crímenes que resolver. En las primeras novelas de P.D. James, como las de Donna Leon o Mankell, John Connelly o más recientemente Philip Kerr.  También en la serie protagonizada por  Mariana de Marco de José María Guelbenzu, ya en nuestro país, identificamos muchas de las características que auparon al género negro cautivando a generaciones de lectores. Sin embargo, los últimos años  una marea de libros se solapa al calor de este fenómeno, como ya pasó y sigue pasando con la novela histórica. Hoy parece, como ya advirtiera Connelly, que no se puede escribir un libro con garantías de que lo lean, si no contiene entre sus páginas  al menos un cadáver (en nuestro país las últimas que se apuntan al carro son Ángela Vallvey y Susana Fortes). Resultado: a día de hoy, y entre tanto fiambre, es difícil encontrar una buena novela negra. Ramón Clavijo Provencio 

sábado, 11 de junio de 2011

FERIA DEL LIBRO

En el momento en el que  escribo estas líneas se sigue desarrollando, al parecer con éxito de público aunque no sabemos si de ventas, pues los datos no son definitivos, la Feria del Libro de Madrid.  Hay esta vez un  interés añadido, ansiedad por  conocer  el balance final de ese  escaparate público de la industria editorial en España cual es el  Retiro madrileño.  Y es que tras el negativo balance del año pasado  en parte atribuible a   la crisis general,  el sector sufre desde entonces   la irrupción irreversible de los libros electrónicos, tras algunos años de presencia testimonial, y  que podemos decir ha  incorporado una cierta confusión al paisaje del libro en nuestro país tanto a nivel de las empresas del sector, como instituciones y lectores. Lola Larumbe, responsable de la librería Rafael Alberti, lo describía de forma muy realista cuando declaraba que “con la irrupción de las nuevas tecnologías se está cuestionando qué es el libro, y va calando el mensaje de que el libro en formato papel va a ser algo obsoleto y quedará reducido a un sector elitista”. En fin,  las interrogantes que planean sobre un sector que hasta ahora parecía incólume ante los nuevos formatos, mientras otros sufrían duras transformaciones (por ejemplo, el de la  producción musical), no terminan de desvelarse y citas como la del Retiro madrileño puedan dar pistas sobre lo que nos deparará el futuro inmediato a los editores, lectores e instituciones públicas y privadas ligadas al sector. En este contexto, ya refiriéndonos a nuestra ciudad, pasaron las fechas tradicionales de la celebración de la Feria del libro. A día de hoy aún no tenemos datos reales sobre si finalmente seguiremos disfrutando de ella aunque sea fuera de su calendario habitual, pero reclamamos como lectores que se  realicen los esfuerzos que sean necesarios por parte  de las instituciones y empresarios para conseguir ese objetivo, pues  no podemos  seguir retrocediendo en una parcela tan indispensable para medir la buena salud cultural  de una ciudad cual es la del libro. Si en Madrid en las calles del Retiro hay, como decíamos más arriba, ansiedad por saber qué conclusiones se extraen de la Feria del Libro a tenor de la respuesta del público, en Jerez hay ansiedad por saber si volveremos a disfrutar de una nueva y ,sobre todo, digna  edición.  Ramón Clavijo Provencio