viernes, 12 de octubre de 2018

LA MUJER Y LA PRENSA GRÁFICA HISTÓRICA


En 1928 aparece en Madrid “Estampa: revista gráfica y literaria de la actualidad española y mundial”, de la Casa de Rivadeneyra, cuyos talleres eran entonces propiedad del ingeniero Luis Montiel, impulsor del magacín. Según la Hemeroteca Digital de España fue, junto a “Crónica”, la que modernizó el periodismo gráfico español de actualidad. Gracias a su adaptación a las modernas técnicas de impresión, pudo abaratar su precio de venta hasta los treinta céntimos el número, desbancando así a otras competidoras que alcanzaban incluso la peseta. Por ello entró triunfalmente en muchos hogares españoles, pues aunque conservadora, profesaba un moderado feminismo con variadas secciones dedicadas a la mujer. Entre ellas, “La mujer  en el hogar de los hombres célebres”, una de cuyas entrevistas la protagonizó Carmen Polo, quien fuera esposa del muerto de moda, por entonces joven general del ejército e ignorante del papel que el futuro le deparaba en la Historia. De hecho, preguntado sobre su más ferviente deseo, contestó que era “pasar en todo momento desapercibido, pues resulta molesto sentirse frecuentemente contemplado y comentado”. Como sabemos, no pudo disfrutar de tan anhelada tranquilidad. La portada que presentamos también la protagonizan las féminas: varias chicas estudiantes de derecho visitan al ministro de Gracia y Justicia para solicitarle “que se autorice a las mujeres abogados para ser registradores de la propiedad, jueces y notarios”. Tres años después, un Decreto de la II República permite su ingreso en estos cuerpos de élite tradicionalmente masculinos. Previo ruda oposición, obviamente. Otro número lo abren dos alumnas de la Escuela Normal de Maestras de Madrid con labores de costura y un pie de foto revelador: “se puede conocer el Discurso del Método y al mismo tiempo saber zurcir”. Titulares como “la mujer española en la Universidad”, “¿deben fumar las mujeres?”, o secciones como “Eva, páginas de la mujer” y “Damas españolas”, evidencian también la importancia que tributaba la revista al género femenino. Aunque no tan proclive al feminismo, desde 1894 destacó otra publicación eminentemente gráfica, “Nuevo Mundo”, que sería absorbida por “Mundo Gráfico” en 1913. Pionera en arrinconar el grabado en favor de la fotografía, en sus páginas firmaron escritores de la talla de Unamuno o Maeztu. Dedicó mucho espacio a la publicidad, con algunos anuncios rabiosamente actuales, como la pomada “Hair Grower”, que aseguraba el retorno de los calvos a una testa “cubierta de fuerte y sedosa cabellera”. Y yo que la viera. Otros se dirigen directamente a ellas: las “pilules orientales” del Dr. Ratié para conseguir unos “senos desarrollados, reconstituidos, hermoseados y fortificados”, o las “pilules Apolo”, que “no se limitan a hacer desaparecer la grasa sino que actúan contra la causa misma de la obesidad”. Ambas revistas casi coincidieron en la fecha de desaparición: 1933 y 1938, época ominosa en la que dos bandos de descerebrados provocaron en España el desastre que hoy aún nos enfrenta. NATALIO BENÍTEZ RAGEL.




TUFO


Cuando leyó aquello en el periódico local, saltó como un resorte de su butaca, fue al cuarto de baño y se lavó a conciencia las manos, se olisqueó la ropa. No encontró olor que no fuera el suyo o del jabón del lavabo. “Hay que acabar con todo lo que huela o suene a Pemán”, habían proclamado los grandes jefes, y él, que gastaba fama entre los suyos de ciudadano ejemplar, no podía permitirse que de nada ni de nadie de su familia pudieran sospechar que oliesen o sonasen a Pemán, lo que habría supuesto graves y terribles consecuencias. Por eso, las instrucciones a su mujer y a sus dos hijos fueron precisas: había que extremar la limpieza para no oler ni lejanamente a Pemán y mucho cuidado con los sonidos. Para ello y para curarse en salud, cambiaron el ambientador del hogar y el suavizante de la ropa por la marca “la flor de mi secreto”, una fragancia insulsa pero libre de toda sospecha. Al cabo de unos días, su hijo mayor le contó que el maestro había expulsado de clase a un alumno por oler a Pemán que apestaba, y que él y unos cuantos amigos lo habían esperado en el recreo, le habían quitado el bocadillo y le habían dado unas cuantas collejas. ¡Bien hecho!, fue la respuesta de aquel ciudadano modelo, padre también ejemplar. Y ya incluso se confirmaba que había habido depuraciones en su trabajo; una compañera había sido despedida porque el jefe la había acusado de que el motor de su coche tenía un cierto sonido a Pemán. Y cuando vio en los periódicos la foto del jefe supremo que no tenía escrúpulo alguno en negociar con criminales y golpistas, y al que habían pillado en algún que otro fraude (¡envidia de enemigos!, lo justificaba), se dijo para sí extasiado en la contemplación de la imagen que aquel eximio doctor nunca olería a Pemán. Un día, su hija pequeña le preguntó a bocajarro: “Papá, ¿a qué huele o suena Pemán?”. Él por única respuesta solo acertó a decirle: “No sé, hija. Pero tú calla y obedece”. José López Romero.



martes, 21 de agosto de 2018

LECTURAS PARA VERANO III


El dolor de los demás

Miguel Ángel Hernández. Anagrama, 2017

Encontrarse con una narración como esta es un privilegio para cualquier lector. Y es que hoy es especialmente difícil  decidir entre tanto título, entre tantas propuestas  donde cada vez cuenta menos la importancia del sello editorial, o el prestigio de la firma que aparece en la portada. A veces ayuda  el comentario de otro lector amigo, la critica entusiasta que leímos por casualidad o el azar que nos lleva al libro que estábamos deseando leer, aunque no lo supiéramos. Esto último me ha pasado con “El dolor de los demás”. La rápida lectura que hice de sus  primeras páginas en la misma librería, me convencieron de que estaba ante una historia irresistible. Pero las buenas historias deben tener una mano maestra que las lleve sin distorsiones al lector y aquí la hay. En un pequeño caserío de la huerta murciana el mejor amigo del autor se quitó la vida después de asesinar a su hermana veinte años atrás. No se encontró explicación entonces a aquello, y ahora décadas después el autor vuelve buscando respuestas. No me extrañaría que estuviéramos ante uno de los libros del año. R.C.P. 

El caso Collini

Ferdinand von Schirach. Salamandra, 2013.

Como abogado, Schirach ya ha publicado varios volúmenes de relatos en los que analiza distintos procesos criminales: ‘Crímenes’ y ‘Culpa’, ambos de enorme éxito en Alemania y ‘El caso Collini’ no podía ser una excepción ni en la temática abordada ni en el éxito y, sobre todo, la repercusión que esta novela tuvo en su país nada más publicarse. Fabrizio Collini mata a Hans Meyer, un prestigioso empresario. Se da la circunstancia de que el asesino ha trabajado durante veinte años en la empresa del muerto. Pero por la violencia con que Collini ha desfigurado el rostro de Meyer una vez muerto hace suponer que sus motivos no serían precisamente el acoso laboral. Pero Collini se niega a confesar. Al joven e inexperto abogado Caspar Leinen le corresponde la defensa de Collini, con el agravante de que Leinen fue íntimo amigo del nieto de Meyer y mantiene cierta relación con Johanna, su nieta. Muy buena. J.L.R.



miércoles, 15 de agosto de 2018

AQUELLAS ENCICLOPEDIAS


Un considerable número de jóvenes colegiales hacen cola ante el mostrador de recepción de la biblioteca. Los exámenes están cerca. Hace calor, y las condiciones del edificio no son las más idóneas para una correcta regulación ambiental. Cargados con gruesos volúmenes, la mayoría enciclopedias, se agolpan ante la fotocopiadora para no tener que transcribir varias páginas que necesitan para el trabajo de clase. No hay móviles, ordenadores o wikipedia, por lo que la máquina de reprografía es la estrella. Y el carné de socio siempre en la mano, para que la copia les salga a mitad de precio. Son los años 90 del pasado siglo en cualquier biblioteca pública española. La enciclopedia, una pretendida recopilación de todo el saber humano, lleva ya varios siglos entre nosotros. El primero que la intentó fue el inglés Ephraim Chambers, que en 1728 publicó en Londres en cinco volúmenes la “Cyclopaedia: or An Universal dictionary of arts and sciences ...”. La traducción francesa de esta obra fue la que dio inicio a la “Encyclopedie, ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et de metiers”, la Enciclopedia por antonomasia. Promovida por Diderot y D’Alembert, dio salida a las mentes más preclaras del siglo XVIII, como Rousseau, Montesquieu o Voltaire. Comenzó en 1751 y concluyó en 1765 con diecisiete volúmenes, aunque más tarde salieron cinco más de suplementos, dos de índices y once de láminas. La portada de uno de estos últimos, que conservamos en la Biblioteca Municipal Coloma (perteneciente al fondo bibliográfico del instituto), ilustra este artículo. La primera en España fue la “Enciclopedia Moderna: diccionario universal de literatura, ciencias, artes, agricultura, industria y comercio”, publicada por el andaluz Francisco de Paula Mellado, que decidió tomar como modelo la segunda edición de la “Encyclopedie Moderne” (1846-54) de los hermanos Firmin-Didot. Afirmaba el granadino que una “enciclopedia no es otra cosa que una escuela preparatoria para la instrucción general… y proporciona con la propagación de los conocimientos útiles, mil medios para mejorar la suerte del individuo y cimentar el bien público sobre bases más amplias, sólidas y duraderas”. En la obra, publicada entre 1851 y 1855 en treinta y siete volúmenes, colaboraron firmas de la talla de Juan Eugenio Hartzenbusch, Modesto Lafuente, Bretón de los Herreros o Pedro Felipe Monlau. Fue la fuente donde bebieron los estudiosos españoles hasta la aparición a finales del XIX del “Diccionario enciclopédico hispano-americano de literatura, ciencias y artes”, en veintiséis volúmenes, de la prestigiosa editorial Montaner y Simón, donde colaboraron Bartolomé Cossío en artes industriales españolas, Menéndez Pelayo en literatura o Pi y Margall en filosofía del derecho, entre otros. Fue la estrella hasta ser desbancada a partir de 1908 por la “Enciclopedia Universal Ilustrada europeo-americana”, la Espasa, que tanto hemos consultado y que tantas aglomeraciones provocó en los servicios de reprografía de las bibliotecas públicas, cuando las protagonistas eran, como reza el título, aquellas enciclopedias. NATALIO BENÍTEZ RAGEL.

ADULTOS


En un trabajo sobre la lectura, mi alumna Teresa Sánchez incluye dos citas del gran Borges; esta para empezar su comentario: “nunca se termina de aprender a leer, tal vez como nunca se termina de aprender a vivir”; y esta otra para cerrarlo: “Uno es lo que es por lo que ha leído”; citas inteligentes y muy adecuadas para el tema del trabajo que les pedía. ¿Que una alumna cita a Borges y los profesores se quejan del analfabetismo funcional de su alumnado? Increíble, pero cierto. Teresa no deja de ser una excepción, que las hay, a una norma que se cumple con terrible exactitud. Y sin embargo, y ya que estamos a punto de cerrar un nuevo curso y me invade el espíritu de las vacaciones veraniegas, quiero romper una lanza a favor de buena parte del alumnado adulto que intenta recuperar el tiempo perdido o invertido en otros menesteres y que llenan año tras año las aulas de los centros de adultos de nuestra ciudad, pedanías y pueblos de alrededor (CEPER y SEPER, e institutos de educación secundaria). Tratar con buena parte de este alumnado es un permanente ejemplo, para sus maestros y profesores, de humildad y esfuerzo personal; más allá de la instrucción académica, muchos de ellos y ellas nos enseñan todos los días la superación de las personas que quieren por diferentes motivos recuperar, reincorporarse a unos estudios que abandonaron prematuramente por razones muy variadas: enfermedad, necesidad de trabajar, fracaso escolar, etc. Algunos compaginan trabajo con estudios en horarios realmente inhumanos, o incluso con embarazo o con las responsabilidades familiares, en un esfuerzo que todos admiramos y valoramos, porque ver en sus caras la ansiedad por aprender lo que no pudieron en su momento, el interés por sacarse un título que les abra nuevas puertas en el siempre difícil mercado laboral, es una de las grandes e impagables satisfacciones que nos reporta a los profesionales que nos dedicamos a la enseñanza de personas adultas este alumnado que, como Teresa, a veces nos sorprenden con dos citas de Borges o con su afición a la lectura. Todo un ejemplo de vida y superación. José López Romero.

jueves, 2 de agosto de 2018

JEREZ DE NOVELA


Uno de los rasgos que caracterizan al género narrativo –los manuales al uso lo registran- es la localización espacial de la trama. Unos escritores prefieren un lugar inventado por ellos (la “Comala” de Juan Rulfo en su “Pedro Páramo”, p. ej.); otros, en cambio, una ciudad “de carne y hueso” (la Barcelona de E. Mendoza o González Ledesma; el Madrid de Galdós; o el Tánger de Ángel Vázquez y su “Vida perra de Juanita Narboni”). Y hasta tal punto el espacio se convierte en un protagonista más del relato que de un tiempo a esta parte se ha puesto de moda introducirse en el entramado urbano de una ciudad a través de novelas donde, aparte de la trama, el autor dedica interés y pasajes a describir calles, plazas, lugares emblemáticos o populares de la ciudad donde transcurre la acción. Nada nuevo, pues, casi desde los orígenes del género. Pero lo que sí es novedad es incorporar como un atractivo más de la narración elementos que proyecten la utilidad, vigencia o interés de esta, más allá de  sus mayores o menores virtudes literarias. Y así han ido apareciendo a lo largo de los últimos años  itinerarios urbanos ofertados a vecinos y  turistas a la sombra del éxito de novelas ambientadas en esta o aquella ciudad. Un caso paradigmático es el de la ciudad de Barcelona –ya desde Don Quijote podemos ir recomponiendo su entramado urbano-, pero a la que solo muy recientemente con novelas como la “Catedral del mar” o “La sombra del viento” entre otras, se acercan visitantes con la intención de recorrer los escenarios urbanos que se dibujan en las mismas. Sí, son un  número nada desdeñable de visitantes los que se acercan a esta y otras ciudades con el mapa  que se  dibuja de ellas en sus novelas preferidas, metido en la cabeza – recordemos el Cádiz de “El Asedio” de Arturo Pérez Reverte o “La Maniobra de la tortuga” de Benito Olmo; títulos a los que añadiríamos el relato “Los otros de sí mismo” incluido en “El pacto y otras novelas cortas” de Sebastián Rubiales, a cuyo término al lector le entran unas ganas irrefrenables de pasear por el gaditano barrio de La Viña-. Son novelas donde se hace fácil trasladar al presente los itinerarios en ellas recogidos del pasado y recorrerlos con cierta fruición fetichista, convirtiéndose así estos libros también en un potente instrumento de conocimiento urbano, en torno al cual se publicitan itinerarios, se publican mapas o se escenifican en escenarios naturales pasajes de tal o cual novela.
En esta corriente que hemos descrito se puede enmarcar también nuestra novela "la ciudad que no sueña". Al igual que otras obras ambientadas en la ciudad de Jerez, más allá de la trama los personajes reales y ficticios que en ella aparecen y se relacionan, se mueven en  unos escenarios que aún –más o menos trasformados- son fácilmente identificables. Escenarios que nos trasladan ni más ni menos  a la ciudad de Jerez de aquellos difíciles años de la posguerra o, llamados por el común “años del hambre”. Un Jerez casi olvidado, quizás porque la memoria trata de olvidar los momentos crueles y duros de nuestro pasado, pero que esta novela trata de recomponer. Monumentos emblemáticos,  plazas, lugares de reunión, bares, calles más o menos principales  por las que aun paseamos hoy,  pero que conocemos con otros nombres, edificios en los que entramos y salimos pero que tuvieron, o no, otros cometidos. Descubrir la ciudad a través de una novela también es posible y en La ciudad que no sueña, a través de sus páginas, encontraremos itinerarios intraurbanos que nos ayudarán hoy a visualizar el Jerez de aquellos aciagos años cuarenta del pasado siglo, y recorrerlos junto a sus protagonistas. Ramón Clavijo Provencio y José López Romero

lunes, 30 de julio de 2018

LECTURAS PARA VERANO II


La levedad

Catherine Meurisse. Impedimenta, 2017.

El origen de esta novela gráfica de éxito arrollador en Francia, está en la tragedia del 7 de enero de 2015, cuando un atentado terrorista acabó con 12 periodistas de la revista “Charlie Hebdó” en París. Aquellos periodistas eran compañeros de la autora de esta intensa, emocional y bella historia, entonces dibujante de la revista parisina, y que se salvó de la matanza por una de esas casualidades del destino: no sonó aquella mañana la alarma de su despertador. La tragedia cambió su vida, perdió las ganas de dibujar  y comenzó a viajar buscando algo que le diera un sentido a seguir viviendo. Abandonó Paris, buscó primero refugio junto al mar, y luego  en muchos otros lugares como Balbec,  el sitio donde Proust situó “En busca del tiempo perdido”. En Roma comienza nuevamente a sentir ganas de dibujar y empieza a plasmar en numerosos dibujos lo que no es sino un intenso viaje buscando un nuevo motivo para vivir. El resultado este singular libro. R.C.P.

Mampaso

Adolfo García Ortega. Debolsillo, 2008.

A su labor como traductor, García Ortega añade una prolífica y variada actividad literaria en la que ninguna faceta le ha sido ajena (novelista, poeta, editor, crítico literario…). Como novelista, aquí tenemos una de sus obras más emblemáticas: ‘Mampaso’, título que le da el apellido de la familia sobre la que gira la trama, en particular sobre Ramón, al que la mala compañía de su amigo Emiliano Fuensanta termina por conducirlo a su ajusticiamiento a garrote vil por ser cómplice del asesinato de Francisca Revuelta. Bajo la estructura del investigador que intenta aclarar las circunstancias de la mala vida de Ramón, se van sucediendo distintas voces, ya sea a través de cartas (las que le envía la hermana monja de Ramón), o ya por la conversación con su antigua novia Teresa, y la narración discurre enfrentando al lector con los peores años de la incipiente posguerra en una inhóspita ciudad de provincias. Novela consistente y muy interesante. J.L.R.


lunes, 16 de julio de 2018

LECTURAS PARA VERANO I


El orden del día

Éric Vuillard. TusQuets, 2018.

Reconozco que al comprar este libro me pareció bastante caro para lo que aparentaba: un relato que apenas alcanza unas 140 páginas en letra de tamaño generoso, y así lo iba a consignar en esta reseña. Pero al cerrarlo, después de su lectura, vuelvo a un principio básico de todo arte: si este es bueno, el precio bien lo merece. Y ‘El orden del día’, que obtuvo el prestigioso premio Goncourt del pasado año, es una novela realmente estremecedora, excelente en la relación de los acontecimientos que Vuillard va desarrollando y que se centran estos fundamentalmente en los prolegómenos y consecuencias de la invasión de Austria por el ejército nazi, el 12 de marzo de 1938. La novela comienza y termina con una escena: la reunión de los principales empresarios alemanes ante el Fürher el 20 de febrero de 1933 para sufragar el proyecto del Tercer Reich. Un magnífico relato realizado con un estilo muy personal que no puede dejar al lector impasible. Imprescindible. J.L.R.

El monarca de las sombras

Javier Cercas. Random House, 2017

Hay libros  que pese a su interés en todos los sentidos, luego  el recorrido que tienen entre los lectores es más bien discreto. ¿Le ha sucedido algo de eso a este libro? No lo sabemos a ciencia cierta aunque intuimos que ha tenido menos  impacto mediático de otras historias de este escritor. Y sin embargo nosotros seguimos insistiendo en que fue uno de los grandes libros del año pasado. No hay en el panorama literario nacional un escritor que utilice con tal maestría los recursos literarios, para desvelarnos historias olvidadas por el  tiempo, pero que se tornan trascendentes para entender la historia más reciente de este país. Aquí Cercas vuelve a demostrarlo al desentrañar el pasado de un “héroe” familiar que muere en los primeros meses de la Guerra Civil. Excepcional historia donde se sigue con creciente interés la misma investigación que se realiza sobre el pasado del protagonista, mientras se intercalan en sugestivos flashes saltos en el tiempo en pos del personaje investigado. R.C.P.