LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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viernes, 1 de abril de 2016

CLÁSICOS

Revisando estos días la obra de Miguel de Cervantes, sobre todo su producción teatral, aunque hace unas semanas había iniciado la relectura de El Quijote, y el año pasado ya me las tuve con sus Novelas ejemplares, cada vez que me encuentro con un clásico (y este señor del que hablo lo es por excelencia), más convencido estoy de que la lectura de estos autores, tan alejados de los tiempos que hoy corren, es un ejercicio no reservado ni indicado, me atrevería a decir, para todos los lectores, por muy buenos y constantes que estos sean. Y no se me entienda esto como un gesto de presunción, más lejos de mi intención y de lo que aquí quiero exponer. Como tampoco se pueden leer sus obras en la primera edición que encontramos o le echamos la mano en una librería o una biblioteca. La lectura, el uso y disfrute de nuestros grandes escritores y sus obras, cuanto más distanciados en el tiempo exigen de un conocimiento previo en aspectos filológicos que sobrepasan a buena parte de la población lectora activa. Pongamos el caso de nuestro ilustre príncipe de las letras, ya que estamos de efemérides. En cuanto a ediciones que las librerías ponen a la disposición de la ciudadanía, la más actual sin duda son las que está editando la R.A.E. en su Biblioteca Clásica, colección en la que lleva editadas de don Miguel La Galatea, El Quijote (por supuesto), las Novelas ejemplares, los Entremeses y las Comedias y tragedias, y ya se anuncian Viaje del Parnaso y poesía completa y El Persiles, para completar toda la obra. Sin embargo, estas ediciones, fiables donde las haya, son muy engorrosas de leer por el aparato de notas de que se acompaña; notas que son necesarias para la aclaración de expresiones, vocablos o cualquier pormenor digno de información, pero que entorpecen la lectura, sobre todo las dedicadas a variantes textuales. De acuerdo con esto, más recomendables son otra ediciones que solo recojan esas notas aclaratorias que el lector agradece y no le interfiere, sino todo lo contrario, su lectura. Y para ello ediciones como la de Clásicos Castalia o Cátedra, por ejemplo, (¡además de mucho más económicas!), son sin duda más accesibles. Pero, incluso con una buena edición en nuestras manos como las que acabamos de citar, hay que reconocer que el grado de dificultad de la lectura de un clásico sigue siendo alto, sobre todo porque nuestro castellano dista ya mucho de aquella lengua, compañera del imperio, a cuyo esplendor contribuyeron nuestros grandes clásicos. ¿Estamos, por tanto, condenados a no entenderlos y, en consecuencia, a no leerlos, o que los lean solo los que los entiendan? Ni mucho menos, sino todo lo contrario. La recomendación sería empezar a leer clásicos como El Lazarillo, La Celestina, y si queremos rendirle nuestro homenaje particular al gran Cervantes, buenas son las Novelas ejemplares, novelas cortas, entretenidas, con las que cualquier lector o lectora disfrutará sin duda, disfrutará de un clásico en estado puro. ¡Y sobre todo: absténganse de modernizaciones! José López Romero.

MENDOZA

Eduardo Mendoza provocaba hace algunas semanas la ira de muchos, pero también los aplausos entusiastas de otros. Todo sucedía en el marco del Congreso de la Lengua española celebrado en San Juan de Puerto Rico. Allí, en el hasta ese momento protocolario, convencional y excesivamente académico discurrir de las sesiones,  un Mendoza indiferente al qué dirán y con  ironía,  sello distintivo en su obra literaria, afirmaba: A mí me da lo mismo que la gente lea o no lea y si no lo han hecho hasta ahora no van a empezar porque yo se lo recomiende. Además, la mayoría de libros que nos rodean no sirven para nada. Son una birria”. A estas alturas no voy a traicionarme en mis convicciones para aplaudir el descaro de Mendoza, pero les confieso que en parte tengo que alinearme con él. Con su sinceridad y realismo, porque muchos libros –muchísimos- no merecerían nunca llegar a las librerías y menos a manos de aprendices de  lectores a los que luego tenemos que convencer de las bondades de la lectura. Y es que cada vez más libros parecen estar escritos con un propósito contrario al que se les podría presuponer, amar la lectura. Algunos han querido ver en las palabras del barcelonés un ataque al esfuerzo de muchos y que de alguna manera se materializan en las campañas de fomento a la lectura. No lo creo, como por supuesto no creo que  estemos concediendo  demasiada importancia y esfuerzos a las mismas, que más bien son en estos tiempos que corren iniciativas más defensivas que reivindicativas de la lectura. No, el problema no está ahí, y por tanto no creo que se pierda el tiempo en una reivindicación con propósitos tan loables. El problema, como parece señalar Mendoza, más bien está en lo poco exigente que es esta sociedad tecnológica en el ámbito de la cultura con la  creación artística,  ofreciéndonos sin pudor propuestas nada enriquecedoras, eso sí con envolturas tan atractivas como vacías de contenido que finalmente, como denuncia el autor de La verdad sobre el caso Savolta, poca fuerza tendrán no ya para hacer nuevos lectores sino siquiera retener a los que aún nos consideramos como tales. RAMÓN CLAVIJO PROVENCIO