LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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sábado, 26 de octubre de 2019

EL DOCUMENTO


Hace unos días me topé con un documento que pese a ser testimonio de un acontecimiento de relevancia en la historia cultural de la ciudad, permanecía olvidado en un viejo archivador del año 1975. El documento en cuestión describía el estado en que se encontraba la Biblioteca Municipal y el Museo Arqueológico un 26 de julio del mencionado año en el que Manuel Esteve Guerrero, hasta ese momento su director, ponía fin a su carrera profesional por jubilación tras 42 años al frente de ambas instituciones. Al pie del papel las firmas del secretario general del Ayuntamiento, del que sería su sustituto D. Manuel Antonio García Paz, y de él mismo. La sensación que me produjo la lectura de aquel documento oficial y de apenas un folio de extensión, fue de sorpresa no exenta de amargura. ¿En aquel folio de un papel que ya amarilleaba por el paso del tiempo se podía condensar una vida profesional tan rica como la de Esteve? Lo cierto es que tras aquellas líneas mecanografiadas, tan detallistas como frías, donde se daba cuenta del número de obras que conservaba la biblioteca y su organización, o de las piezas más representativas del Museo y su procedencia, era muy difícil encontrar al Esteve que entre las lomas de Asta se convertiría con el paso del tiempo en recordatorio de lo que aún queda por hacer en pro del conocimiento de nuestra historia, o del bibliotecario que durante décadas luchó contra los imponderables, poniendo los cimientos de un servicio bibliotecario útil para los ciudadanos y garante de su patrimonio bibliográfico. A propósito de todo esto me viene a la mente una de las tantas anécdotas que nos han llegado en torno a Esteve. Transcurría 1952 y se editaba por el Instituto General Franco de estudios e investigación Hispano Árabe (Editora Marroquí. Tetuán) el libro de Juan José Jáuregui ‘Posible localización del mítico Tartessos’ donde se defendía la ubicación del legendario reino en la desembocadura del Guadiana, en Castromarín. Dos años antes Manuel Esteve había concluido su tercera campaña de excavaciones en Asta (en la imagen) con muy escasa financiación y buscaba editar los resultados de las mismas. La publicación de aquel libro de Jáuregui por el Instituto General Franco a la sazón dirigido por Tomás García Figueras, mientras el arqueólogo municipal mendigaba ayuda institucional para publicar el resultado de su última campaña en Asta y encontrar financiación para la siguiente, que sería finalmente la última, provocó un poco conocido desencuentro entre estos referentes de la cultura  de nuestra ciudad. Sin duda  aquel documento  transmitía en su brevedad y concreción más de lo que a simple vista se leía. Lo devolví al archivador y medité sobre si alguna vez alguien volvería a posar su mirada sobre él. Ramón Clavijo Provencio.

AQUÍ NO LEE NADIE


“Al final va a tener razón el protagonista de ‘Intento de escapada’, una excelente novela de Miguel Ángel Hernández, cuando asegura que nadie lee nada”, se me lamentaba el otro día un compañero de profesión y amigo. Y añadía en un monólogo que más tenía de resignación que de rebeldía: “¡pues no se me ocurre preguntar en los primeros días de clase a los alumnos qué han leído en verano y apenas me levantan la mano unos cinco! Pero lo más grave, con serlo, no es esto, lo peor vino después… Me voy a tomar un café y me encuentro con algunos compañeros, entre ellos una profesora de Lengua y por empezar una conversación se me ocurre la dichosa preguntita, y cáete al suelo: ¡no había leído nada!”. Hay personas como este mi compañero que siguen manteniendo una cierta capacidad, cada vez más menguada, de sorpresa y, lo que es peor, una, cada vez también más disminuida, confianza en el ser humano y, en particular, en los compañeros de profesión. Eso de que la lectura se le presupone al profesor de Lengua es una afirmación de otro tiempo, del mismo en que también el valor se le presuponía al soldado. Hoy las cosas han cambiado mucho en todos los órdenes y disciplinas. Hoy basta con saber lo que pone el libro de texto o manual para dar una clase, porque nadie te exige que sepas más que eso. Hoy, basta con tener unos índices de aprobado acordes con lo esperado por el sistema para que se enmascare el fracaso escolar, unas estadísticas que de ninguna manera representan lo que sabe un alumno o alumna, sino un aprobado bajo el que se esconde a veces la mediocridad del profesor. “Esa profesora –concluía mi amigo- terminará por saber a lo largo de toda su carrera profesional como mucho el manual de la asignatura, ayudada claro está por el solucionario de las actividades, y con eso se pasará años y años”. No pude por menos que darle la razón, aunque le aclaré acudiendo al refranero que esa golondrina no hace verano. No sé si le sirvió como consuelo a su desolación profesional. José López Romero.