LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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viernes, 29 de octubre de 2021

LO IMPREVISIBLE

‘Lo imprevisible’ es el título de un libro escrito por la periodista especializada en temas tecnológicos Marta García Aller y publicado el pasado año por Planeta. Un ensayo que tiene como denominador común la relación del ser humano con las nuevas tecnologías y, en consecuencia, con el llamado big data o almacenamiento de datos de todo tipo y asunto que vamos acumulando a diario y de los que apenas tenemos ni conciencia ni control sobre ellos. Así visto ese dichoso big data, al lector un tanto sensible y un poco avisado en estos temas si, por un lado, no le coge de sorpresa mucha de la información que García Aller va analizando a lo largo de su trabajo; por otro lado, no resiste la tentación a medida que va leyendo de mirar a un lado y a otro, e incluso, si me apuran, a echar un vistazo por debajo de la cama, no vaya a ser que una cámara se nos haya colado por algún intersticio de la pared y nos estén convirtiendo en un pequeño pero muy visitado vídeo de TikTok. A poco que estemos documentados, no nos extrañan los avances en medicina, en relaciones personales, o en meteorología debidos en gran medida a las máquinas, por poner asuntos que trata con humor y un tono divulgativo admirables, lo que hace del libro una lectura amena y muy aleccionadora. Pero los datos van mucho más allá del simple conocimiento superficial del que solo se informa a través de algunos medios de comunicación. La ¿peregrina? idea de que el cambio climático se combatiría mejor con una humanidad más bajita, o el “furor” desatado por la novedad de los robots como juguetes sexuales, o que sepan las empresas de relaciones personales cuándo los clientes son menos exigentes en establecer o aceptar encuentros, o los algoritmos que pueden predecir y, por ello, prevenir los incendios en Seattle o los delitos en Nueva York, son trabajos que nos facilitan en la actualidad las máquinas, estos últimos citados a través de estudios realizados (¡asómbrense!) por una empresa española fundada y dirigida por una ingeniera española (¡Qué lejos queda ya aquella mítica y enorme Deep blue creada por IBM para intentar ganar al campeón del mundo de ajedrez Boris Kásparov allá por 1996!). Pero si de entre tanto dato y análisis tuviéramos que quedarnos con alguno, por mi parte me quedaría con tres. Uno, el control e información de los Estados y las empresas sobre los ciudadanos y usuarios o clientes a través de las cámaras de reconocimiento facial y de nuestros gustos y hábitos (cada “me gusta” es una fuente de información que nos identifica y clasifica, de ahí que debamos mirar a un lado y a otro antes de apretar el ratoncito); el segundo, que el humor es la única arma que tendremos los humanos si alguna vez las máquinas deciden pensar por su cuenta. Y el tercero, el llamado “crédito social” que inventaron los chinos (en esto del control son unos adelantados, menos en el virus), por el que un ciudadano ejemplar puede gozar de exenciones fiscales y descuentos de todo tipo. Pero, claro, en una sociedad en que los valores éticos e intelectuales están bajo mínimos, y la estupidez se cotiza por todo lo alto, ¿a quién calificaríamos como “ciudadano ejemplar”? Y no me obliguen a decir nombres. José López Romero.

  

DE ABDULRAZAK GURNAH A CARMEN MOLA


Cuando aún no  habíamos terminado de asimilar el fallo del premio Nobel de Literatura de este año, nos dábamos de bruces con una sorpresa si cabe aún mayor, al desvelarse el ganador (ganadores en este caso) del último premio Planeta. Desde luego ha sido una semana, literariamente hablando, para no olvidar. El primero, el galardón más prestigioso del mundo, parece instalado desde hace algún tiempo en la ceremonia de la confusión,  acrecentada con el escándalo destapado por el movimiento “Me Too” que obligó a suspenderlo en 2018, sensación que se acrecienta con fallos  como el de este año, que ha recaído en el tanzano Abdulrazak Gurnah. No conocemos nada de este escritor, del que en nuestro país como en el resto del mundo incluida Tanzania, se apresuran a reeditar o traducir libros que han pasado hasta ahora desapercibidos, y que no dudamos tendrán, qué menos,  calidad e interés. Pero  de lo que sí dudamos es que los motivos que hay tras este fallo sean exclusivamente literarios. El  Planeta, a diferencia del Nobel, es una convocatoria que busca y no encuentra, desde sus inicios,  un prestigio que trata de suplantar a base de talonario. La ceremonia donde se desvelaba el fallo de este año no fue sino la esplendorosa traca final, en la que se trataba de hacer pasar una meditada operación de marketing como el más pulcro de los fallos. Y así, como si estuviéramos asistiendo a uno de los espectáculos escapistas del gran Houdini, se desveló que  la obra premiada era ‘La Bestia’, aunque más que de ella se hablaría a continuación de esos tres autores que en ese mismo momento se desprendían de su disfraz de  Carmen Mola.  Y en este juego irrespetuoso con los lectores de estos nuevos “tres tenores”, el panorama literario perdía de forma tramposa a una escritora que había revolucionado el panorama de la novela negra española más gore, y de camino  oscurecía de forma injusta a otra mujer, en esta ocasión real, Paloma Sánchez Garnica que con el libro ‘Últimos días en Berlín’ resultaba finalista de esta sorprendente edición del Planeta. Ramón Clavijo Provencio.