A lo largo de la historia de la literatura no son pocos los autores, que por distintas motivaciones se han escondido tras un seudónimo. En la gran mayoría de casos estos han sido de mujeres, que para evitar las convenciones sociales de épocas pasadas, creyeron que un seudónimo masculino las protegía de aquella triste sensación que de forma tan realista describiera Rosalía de Castro: “los hombres miran a las literatas peor que mirarían al diablo”. En definitiva, unas jamás se desprendieron de tal lastre como George Eliot (Mary Ann Evans) y otras fueron descubiertas muy a su pesar, como Elena Ferrante (Anita Raja), aunque su motivación para el seudónimo en este caso no fuera su condición de mujer, de hecho el seudónimo era femenino, sino un evidente deseo de anonimato personal. También muchos escritores recurrieron a este recurso, unos tratando en sus inicios literarios de esconder la vocación literaria a los progenitores, y otros, más pusilánimes, para protegerse de esa ansiedad provocada por la lucha entre la pasión literaria y la de desvelar su identidad ante la sociedad. Pero también encontramos más motivos, entre los que no son pocos los provocados por cuestiones políticas o pasionales. Pero hay un género literario en el que se ha recurrido al seudónimo con frecuencia: la novela, y dentro de este el de la novela policiaca o negra. Quizás una cierta infravaloración del género, pero con gran tirón popular, llevó a escritores de renombre a esconderse bajo otra identidad. Es el caso del símbolo de la bohemia parisina Boris Vian, que cuando ya tenía un cierto prestigio no dudó en ocultarse tras el nombre de Vernon Sullivan, para publicar la novela policiaca ‘Escribiré sobre vuestras tumbas’. Otro dato curioso y poco conocido es el de que Paul Auster inició su carrera literaria en el género policiaco. Sí, ‘Jugada de presión’ fue su primera novela pero la publicaría bajo el alias de Paul Benjamín, aunque su obra posterior, ya con su nombre real, siguiera otros derroteros. ¿Y qué decir del exquisito John Banville, que se refugia en Benjamin Black para transitar por lo policiaco, y luego nos lega el fascinante patólogo forense Quirke, elevando a cotas insospechadas la calidad del género? Y así podríamos seguir con una sucesión interminable de casos, como el de la ya muy popular J.K. Rowling cuando crea la irregular saga protagonizada por el detective Cormoran Strike, bajo el seudónimo de Robert Galbraith, o de la exitosa Anne Perry, nombre bajo el que se escondía Juliet Hulme para ocultar su oscuro pasado delictivo. Y así llegamos, era inevitable, a esa Carmen Mola (J. Díaz, A. Martínez y A.Mercero) que provocó una “tormenta” en el pasado premio Planeta, y que nos demuestra por si faltaba algo, que tras un seudónimo también podemos encontrarnos motivaciones más prosaicas como, una elaborada operación de marketing. (Ilustración: “Autorretrato”. Mica Popovic) Ramón Clavijo Provencio
Una biblioteca es lo más parecido a un laberinto, un laberinto lleno de libros, de mundos por descubrir.En homenaje a las bibliotecas y a la lectura , preside la cabecera de este blog un dibujo del pintor jerezano Carlos Crespo Lainez: "Noche de lectura".
LECTORES SIN REMEDIO
Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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viernes, 4 de febrero de 2022
DON ANTONIO PRIETO
El pasado 23 de noviembre moría en Madrid don Antonio Prieto. Los medios de comunicación, sobre todo escritos, le dedicaron
la consabida necrológica, unas más emotivas que la mayoría, las cuales
destacaron haber sido uno de los primeros Premios Planeta con su novela ‘Tres
pisadas de hombre’. Poca letra impresa para quien fue mucho más que el ganador
de dicho premio en 1955, tiempos en los que el Planeta aún no se había
bastardeado. Nada que ver con el reguero de tinta, papel y tiempo que les suelen
dedicar los medios a otras figuras de nuestras letras; homenaje merecido sin
duda, nada que objetar, pero en los que se ven los agravios comparativos.
Aunque ya se sabe: en este país no basta con ser un buen escritor, excelente
filólogo, catedrático de Literatura Española de la Universidad Complutense y
tener un enorme bagaje de publicaciones sobre nuestra literatura áurea, porque
si no has aparecido en los medios de comunicación oficiales del nuevo régimen,
si solo has permanecido en el silencio de las salas de investigadores de las
bibliotecas y te has consagrado a tus clases, si no has levantado la voz para
nada, si no has llevado ningún lacito en la solapa de la chaqueta, si no has
tenido a tu disposición el diario boletín oficial del gobierno, te caes muerto
y ni te miran o te escribe la necrológica el becario de turno. Porque todo eso
fue y no quiso ser Antonio Prieto. Un humanista moderno, un sabio de nuestra
literatura clásica, un hombre encerrado en sus estudios literarios, de los que
destacamos los dos tomos dedicados a la poesía española del siglo XVI,
publicados ambos en Cátedra, estudios en los que muchos aprendimos a
profundizar en los grandes poetas de nuestro Renacimiento; o el tomo sobre la
prosa del XVI (también en Cátedra), ensayos en los que Antonio Prieto vertió lo
mejor de su saber sobre una época literaria que conocía como pocos. Descanse en
la paz y en el silencio de los sabios. José López Romero.
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