LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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viernes, 6 de diciembre de 2024

OLVIDADOS

Determinadas circunstancias nos ha llevado en el pasado a conocer a personajes vinculados con el mundo del libro, a los que el paso del tiempo ha borrado de la memoria colectiva. Uno de esos casos es el del poeta malagueño, pero vinculado con la ciudad de Jerez, José Carlos de Luna. Me topé con José Carlos de Luna una fría mañana de hace unos pocos años, cuando ya empezábamos a enterarnos de aquel extraño virus, la Covid-19, que estaba causando estragos en China. Un conocido me había pedido como favor que le diera mi opinión sobre una biblioteca familiar que heredaba junto a la finca en la que estaba depositada. Aquella era al parecer la vivienda en la que brevemente vivió en esta ciudad el mencionado poeta malagueño y aquella era su biblioteca particular, que extrañamente se conservaba en Jerez y no en Madrid, donde residió sus últimos años, aunque no llegué a enterarme por qué motivo. A partir de ese momento dediqué algo de mi tiempo a hurgar entre las estanterías de maderas nobles de una muy interesante y bien conservada biblioteca privada a la vez que me interesaba por la figura del olvidado escritor, también gran dibujante, que fue su propietario y que el paso de los años parecía haber sumido en el olvido más absoluto. Algo o mucho de este olvido tiene su explicación en los trágicos avatares políticos que vive nuestro país durante el siglo XX, avatares en los que estuvo inmerso nuestro protagonista que llegó a ser gobernador civil, en tiempos de la República, de Badajoz y luego de Sevilla. Pasada la Guerra Civil colaboró con la prensa del Movimiento  además de destacar como articulista del ABC. Pero sobre todo José Carlos de Luna fue un estudioso del cante flamenco llegando a ser una de las voces más prestigiosas de su época. Vinculado a la Cátedra de Flamencología de Jerez escribió ‘De cante grande y cante chico’ (1926), ‘Gitanos de la Bética’ y, sobre todo, ‘La canción andaluza’ (Jerez de la Frontera, 1962), pero también  unas serie de libritos de influencias lorquianas y que no dejan de tener su encanto como ‘El Cristo de los gitanos’ (1935) o el poema dedicado a un cantaor callejero de flamenco, el malagueño “Piyayo”. Volviendo a su biblioteca de unos tres mil títulos, esta respondía al perfil humanista de su propietario y ese amor por los libros se manifestaba en el primor y cuidado de la misma, donde abundaban las encuadernaciones expresamente realizadas para muchas de sus piezas. En ella me llamó la atención un manuscrito fechado en 1796 vinculado con Jerez : ‘Juan Palomino contesta a Tomás López, geógrafo sobre el término municipal de Jerez’, de Juan Xavier Xímenez de Segovia y López de Spinola. Pero aquellas visitas finalizaron cuando la Covid-19 invadió nuestras vidas y todo lo demás pasó a un segundo plano.  Ramón Clavijo Provencio

 

NEGOCIO

Después de sus dos primeras novelas, que habían pasado sin pena ni gloria, la editorial finalmente había apostado por aquella autora en que tantas esperanzas económicas tenía depositadas. Y para el lanzamiento de su tercera obra no había escatimado en medios para hacer una campaña publicitaria de esas que se denominan “agresiva”. Y dio resultado: un premio de prestigio (que formaba parte de la campaña) y miles de ejemplares vendidos. Pero aquel éxito no había tirado de las anteriores, que seguían durmiendo en el limbo de la indiferencia de los lectores. Cuando pasaron unos meses, su agente le hizo llegar el comentario que le habían hecho en la editorial: tenía que sacar otra novela. Debían olvidarse de las primeras (eran muy malas) y publicar otra para aprovechar el tirón del éxito y dinero invertido en la publicidad. Pero ella no tenía ahora la cabeza para ponerse a escribir, quería disfrutar de los réditos que le estaba dando su novela. “Pues la editorial también quiere disfrutar de los ingresos. Esto es negocio, querida”, le había respondido su agente. El consejo le llegó a través de un amigo de confianza, sin saber realmente quién se lo había soplado con intención: podía comprar una novela. Hacía pocos días se había fallado un premio que, como todos, estaba amañado, y uno de los lectores encargados de seleccionar las obras presentadas había emitido un informe muy elogioso de una en particular que, por supuesto, no había ni siquiera quedado entre las finalistas. Todo era cuestión de ponerse en contacto con el autor. Le habían referido alguna novela (‘El asesinato de Laura Olivo’ de Jorge Eduardo Benavides), que ella no había leído (no tenía tiempo ni para leer, se justificaba siempre) y alguna película (‘El ladrón de palabras’) que tenían más o menos ese argumento. Pero una cosa era la ficción y otra la realidad. Además, la crítica se daría cuenta del cambio de estilo. ¿La crítica? No había problema. Pasaron dos semanas y las presiones y exigencias de la editorial se hicieron más acuciantes. Cuando le informaron de que el autor ya había firmado el contrato de confidencialidad y le pusieron por delante el manuscrito para que ella escribiera en la primera página su nombre, recordó las palabras de su agente: “esto es negocio, querida”. José López Romero.