LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.

viernes, 13 de junio de 2025

VIDAS INTENSAS

Anna Andréyevna Gorenko, más conocida como Anna Ajmátova, nació en Odesa el 11 de junio de 1889. Estudió Derecho, Latín, Historia y Literatura en Kiev y en San Petersburgo (Leningrado). En 1910 se casó con Nikolái Gumiliev, uno de los poetas fundadores del movimiento llamado “acmeísmo”, corriente opuesta al simbolismo y que preconizaba una poesía sobria, sin excesivos ornamentos retóricos. Junto con su marido, son ella misma y Osip Mandelstam los poetas más representativos de este movimiento. Y como Mandelstam, fue perseguida implacablemente por el régimen impuesto por el genocida Joseph Stalin. Aunque nunca fue detenida, su tercer marido N.N. Punin y su hijo, Lev Gumiliev, sí fueron encarcelados, y su obra poética prohibida. En la biografía del gran poeta ruso ‘Contra toda esperanza’ de (ed. Acantilado), Nadiezhda Mandelstam alude en múltiples ocasiones a la amistad que unía a ambos poetas, más estrecha por su común lucha contra el tirano. Su gran obra lleva por título ‘Réquiem’, que fue escribiendo entre 1935 y 1940 y que no pudo publicarse en la URSS hasta 1987. Anna Ajmátova moriría cerca de Moscú en 1966.

Flora Alejandra Pizarnik nació en Avellaneda el 29 de abril de 1936. Con veinticuatro años (1960) se embarca para París, ciudad en la que residirá hasta 1964, periodo en el que consolida su personalidad y su creatividad, como ha demostrado Manuela C. Almodóvar en su monografía dedicada a la poeta argentina. Será en París donde vivirá con total intensidad su independencia familiar y donde comenzará a entablar contactos y amistades literarias fundamentales para su obra. Prueba de ello es su relación con el matrimonio Cortázar, preocupado por la salud de Alejandra, y el prólogo que le hace Octavio Paz al poemario titulado ‘El árbol de Diana’ que escribe y publica en París en 1962. Como señala M. C. Almodóvar: “Mujer atormentada por la vida que le es hostil (sentido de abandono y soledad, agravado por diversas enfermedades) y la atracción que sobre ella ejercía la muerte (uno de los temas más recurrentes en sus poemas), Alejandra Pizarnik encuentra en el surrealismo y en el simbolismo los movimientos más adecuados para su expresión poética.” Pizarnik vuelve a Buenos Aires donde continúa con su labor creadora, fruto de ella serán ‘Los trabajos y las noches’ (1965) y ‘La extracción de la piedra de locura’ (1968). Durante un fin de semana en el que había salido con permiso del hospital psiquiátrico donde estaba internada, el 25 de septiembre de 1972, a los 36 años, Alejandra Pizarnik murió por una sobredosis de pastillas de Seconal. José López Romero.

 

DELICIOSAS POLÉMICAS

En estos días calurosos, ya a punto de clausurarse la Feria del Libro de Madrid, que por cierto también tuvo un polémico y singular cierre provisional por las altas temperaturas la tarde del día inaugural, el panorama literario de nuestro país se ha calentado para no ser menos, hasta recordarnos épocas pasadas donde las diferencias literarias en el mundo de las letras se dirimían con cierta frecuencia  en las páginas de la prensa. En estos días hemos asistido no a una sino a varias polémicas y, qué quieren ustedes que les diga, los lectores nos lo estamos pasando en grande. Primero fue un artículo en ABC  (“¿Un Chaves Nogales definitivo?”)  donde el editor Abelardo Linares se muestra muy crítico con la publicación por parte de la editorial “El Paseo” de los “Diarios de la Segunda Guerra Mundial” de Chaves Nogales. A esto replicará extensamente  Juan Bonilla en la revista Jot Down (“Abelardo Linares, el síndrome de Pupú Poulidor”) y, finalmente, vuelve Linares a contestar a Bonilla ahora en Jot Down: “Un Chaves Nogales demediado o lo malas que son las prisas”. Días atrás, en El País, Sergio del Molino publicaba “No hace falta leer un libro para criticarlo”, opinando con criterio sobre la polémica levantada por la periodista  Marta Nebot, cuando criticaba el último libro de Javier Cercas acusándolo de blanqueo de la Iglesia católica (“El loco de Dios en el fin del mundo”). Pero como no hay dos sin tres, y volviendo a la revista literaria Jot Down, hace unos  días Ángel L. Fernández Recuero arremetía duramente en otro artículo, “La mediocridad de Eva Orúe como directora de la Feria del Libro de Madrid”, contra la mencionada periodista por el veto de esta a la prestigiosa revista literaria. Ramón Clavijo Provencio.     

viernes, 30 de mayo de 2025

ALGUNOS APUNTES SOBRE LA NOVELA NEGRA Y JEREZ

 

A finales del siglo XIX hacían furor entre los lectores las historias de aventuras, corte histórico o viajero, muchas de ellas firmadas  por escritores relevantes, que por entregas o en ediciones modestas se ponían a disposición de los lectores. Estas historias eran igualmente un  reclamo para incitar a la lectura a las clases más desfavorecidas de la sociedad, y en los círculos parroquiales y fábricas se crearon pequeñas bibliotecas en los que estos libros se hicieron un hueco junto a otros de tipo educativo, religioso o técnico. Encontraremos estos relatos en revistas de cierto prestigio como ‘Por esos Mundos’ y ‘El Mundo Ilustrado’ entre otras, pero también en la prensa diaria donde muchos periódicos reservaban un espacio para recoger este tipo de literatura popular que tanta pasión despertaba y entre la que empezó a abrirse camino a lo largo del tiempo la de tono más morboso o sangriento, inspirada algunas en sucesos reales. En nuestra ciudad también encontramos este fenómeno y prueba de ello lo tenemos en revistas como la del ‘Ateneo’, o ‘Asta Regia’, pero también en periódicos como ‘El Correo de Jerez’ o ‘El Guadalete’ entre otros, o en esos folletos que se publicaban estacionalmente como ‘Carnet de Fiestas’, donde se puede hacer un seguimiento de todo este tan fascinante como muy poco conocido universo literario con historias que van de lo romántico o histórico a lo costumbrista. Volviendo a los relatos más morbosos y sangrientos (en la imagen), cabe decir que en ellos podemos seguir la pista de lo que podría ser los antecedentes de la novela policíaca que definitivamente a partir de 1841 (con la edición de ‘Los crímenes de la calle Morgue’ de Edgar Allan Poe) inicia una historia como subgénero literario de incontestable éxito. En España la literatura policíaca o negra siempre estuvo lastrada por un estigma de poca calidad que muchas veces no se correspondió con la realidad, y que quizás tenga su origen en la tardía entrada del género en nuestro país o que en la posguerra española muchos escritores represaliados encontraron en estos relatos una vía para subsistir. Sin embargo, basta echar un vistazo al plantel de escritores y escritoras que han tocado el género desde el XIX hasta hoy, para apreciar lo infundado de esa mala fama. En Jerez rebuscar entre viejas publicaciones y folletos efímeros los antecedentes del género puede ser una tarea tan laboriosa como apasionante y, por cierto, hasta ahora no escrutada por ningún investigador. Pero bien que merecería la pena hurgar en esos difíciles orígenes de los que aún se conservan fragmentos materializados en las colecciones de prensa decimonónica, o semanarios y folletines efímeros conservados en nuestras bibliotecas, pues son los antecedentes del ramillete de escritores (Cosano, Rojo, López, Clavijo, Fernández de Bobadilla...) que hoy en nuestra ciudad a la vez que suman lectores prestigian el género. Ramón Clavijo Provencio.

 

LA MAQUINITA

El otro día me encontré a un amigo, al que me une especialmente una amistad libraria, aunque no coincidamos del todo en los gustos. “¿Sabes cuál ha sido mi última adquisición?”, me preguntó. Y ante mi expectante ignorancia, me informó muy ufano: “¡Una máquina de fango!”. Y siguió: “Me puse a buscar en Amazon y vi una baratita, marca Acme, una marca de garantía, y en dos días ya la tenía en casa. ¡Oye! ¡Una maravilla! Leí el manual de instrucciones, la enchufé a un puerto usb del ordenador y ¡a funcionar! Te sale un menú con los temas sobre los que puede crear bulos y noticias falsas. Un catálogo en el que la política es uno de esos temas estrellas. Pero preferí la literatura. Por curiosidad y por probar hasta dónde podía llegar la originalidad del artefacto en este asunto, le propuse que me crease algunos bulos literarios. Y, pásmate, no tardó ni dos minutos en crear seis o siete bulos”. Ante mi cara de ansiedad por conocer algunos de ellos, sacó su móvil y me puso por delante la foto que le había hecho a la pantalla y pude leer algunos de ellos. “Bulo 1: todos los premios literarios están amañados. Hasta hace poco tiempo mangoneaban y decidían los agraciados dos figuras muy preeminentes del panorama literario nacional. Bulo 2: hay premios que se han otorgado sin haberse escrito siquiera la obra premiada, seguramente se premiaba a un familiar. Bulo 3: las subvenciones son una buena herramienta para rescatar editoriales que son de la cuerda ideológica de quien las concede (con dinero público, por supuesto), editoriales en las que publican los escritores de la misma ideología (que no es otra que la del poder). Bulo 4: detrás de algunas novelas y premios están más que el nombre del autor, una serie de “negros” (argot literario) que mejoran tanto la obra que no la reconoce ni el primer padre o madre que la engendró”. Y así hasta un bien nutrido listado de bulos que daba escalofrío leer. Al final, en nota al pie de la pantalla, como si de esa letra pequeña de las hipotecas se tratase, se podía leer: “MAX: … La deformación deja de serlo cuando está sujeta a una matemática perfecta. Mi estética actual es transformar con matemática de espejo cóncavo las normas clásicas. [...]. Latino, deformemos la expresión en el mismo espejo que nos deforma las caras y toda la vida miserable de España.” Amén. José López Romero.

  

viernes, 9 de mayo de 2025

ENTREGAS

“Sociedad literaria. Lujo, prontitud y varatura (sic). ‘Martín el expósito’. Traducción del Doncel.- Edición de la Sociedad Literaria con grabados y litografías. Se ha repartido el tomo 11 y dentro de poco se repartirá el 12. Cada tomo consta de más de 200 págs. Con el 9º se han regalado 16 láminas litografiadas y el retrato de Sué. Se regalará el último tomo y con él el resto de las láminas ofrecidas. Se suscribe en Madrid a 4 rs. tomo, en la Sociedad Literaria; y a 5 rs. en las provincias franco el porte, en casa de D. José Bueno y de D. José María Contrastin”. Este era el anuncio que el 25 de marzo de 1847 aparecía en el Boletín de anuncios de la Revista Jerezana. La “Sociedad Literaria” era una editorial propiedad del famoso por aquellos años autor de novelas por entregas Wenceslao Ayguals de Izco, quien también se autoanunciaba con la publicación de su obra ‘La marquesa de Bella-flor o el niño de la inclusa’. La venta de novelas y de libros en general por suscripción popular fue uno de los métodos comerciales más frecuentes y socorridos durante el siglo XIX, que se complementaba con otros procedimientos como la entrega (lo que ahora llamamos fascículos) o, incluso, la publicación en los faldones de los periódicos o también llamado folletín (“Escrito que se inserta en la parte inferior de las planas de los periódicos, y trata de materias extrañas al objeto principal de la publicación, como artículos de crítica, novelas, etc…”, DRAE) que, una vez terminada, pasaba a comercializarse en volumen. De todo ello tenemos un excelente muestrario en nuestra ciudad si el curioso lector consulta el diario local ‘El Guadalete’, en su época de mayor esplendor que fue la segunda mitad del s. XIX, donde encontrará numerosos ejemplos de lo expuesto. Muchos de los grandes novelistas de esta época, así como sus editores acudieron a estos mecanismos de publicación porque llegaban a un público más numeroso y, en consecuencia, sus beneficios eran mayores. Sobre todo, aquellos autores que tenían la literatura como única fuente de ingresos, algunos de los cuales gozaban de una posición económica muy desahogada a base de suscripciones y entregas. Quizá el más famoso de entre ellos sea Manuel Fernández y González, del que se decía que disponía de cuatro amanuenses a los que les iba dictando al mismo tiempo las cuatro obras que tenía a la venta en el mercado de las entregas. Buena prueba de ello es la nota que incluye Valle-Inclán en la acotación inicial de la escena segunda de ‘Luces de bohemia’. De la librería de Zaratustra señala: “Empapelan los cuatro vidrios de una puerta cuatro cromos espeluznantes de un novelón por entregas”. Hoy, en plena era de la imagen y de la escasa lectura, poco o nada tienen que hacer estos novelones decimonónicos, basta con que el ciudadano se ponga delante del televisor y asista a las distintas entregas de los cuatro espeluznantes cromos de la situación política de nuestro país, con sus nombres y sus apellidos, y con sus láminas o sus rostros de cartón piedra como regalo. Como diría Valle: “¡fantoches!” José López Romero. 

JEREZ, UNA SEMANA QUE LANGUIDECE

Tengo la sensación que la denominada “Semana del libro” en Jerez se está convirtiendo a medida que pasa el tiempo, más en un alto en el calendario festivo que algo relevante que demanda nuestra atención o un idóneo escaparate para proyectar por los responsables públicos los avances de la ciudad en pro de la lectura y el libro. Entiendo que esto hoy es difícil de materializar, cuando los proyectos culturales de calado que en Jerez se están realizando son mayoritariamente fruto de la iniciativa privada (el nuevo teatro de “La Gotera de Lazotea”, el que actualmente se remodela en San Andrés o el próximo complejo cultural de la plaza de la Asunción), mientras  la iniciativa pública no va más allá de declaraciones grandilocuentes para el futuro que no terminan nunca de concretarse. Pero no podemos olvidar en estas fechas que Jerez tiene asignaturas culturales pendientes muy importantes que los responsables públicos no pueden ir dilatando más en el tiempo, algunas de ellas relacionadas con el mundo del libro o con el patrimonio bibliográfico y documental. Asignaturas que siguen eternizándose como la de una nueva sede para el archivo histórico municipal de Jerez, y que desde el año 1986 se encuentra ubicado “provisionalmente” en la sede de la biblioteca municipal central. Conviene no olvidarse tampoco, y ya vamos tarde, de la mejora de las instalaciones de la red de bibliotecas municipales así como la recuperación para la misma de la biblioteca Coloma. Inaugurada en 1993, fue la primera de la red municipal de bibliotecas de barrio y no estaría de más, como ya se hizo en el año mencionado, firmar un nuevo convenio entre el Ayuntamiento y la Consejería de Educación para devolverle su uso compartido (público y educativo). Con este paisaje del que dejamos aún mucho fuera de foco, hubiera estado bien como  gesto hacia la institución bibliotecaria más antigua de Andalucía, la biblioteca municipal de Jerez (1873), haber trasladado frente a su fachada en la plaza del Banco este 23 de abril, los bellos bustos de Shakespeare y Cervantes actualmente en la plaza del Mercado, y cuya ubicación actual (respetando pero no compartiendo las motivaciones que condujeron a ella)  nunca  entendí. Ramón Clavijo Provencio.

 
 

viernes, 4 de abril de 2025

LA MIRADA DE FLEMING

Una de las fotos más icónícas de las realizadas a visitantes ilustres de esta ciudad es, sin duda, la que recoge el momento en el que el premio Nobel sir Alexander Fleming firma una bota de jerez en la bodega El Molino de Domecq un 10 de junio de 1948. Esta foto que hoy se conserva en los archivos de Bodegas Fundador, es más que una simple fotografía, pues esconde a través de esa extraña expresión con la que mira a la cámara el doctor británico, los entresijos de un viaje en el que hay algo más que los ecos entusiastas  que fue dejando su paso entre la población de las ciudades españolas que visitó, entre ellas Jerez.  Sin duda aquel viaje fue un gran acontecimiento en una España donde Franco, pese a las apariencias, aún luchaba para asentar su Régimen (y más tras la victoria de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial). Visitas como la del escocés a la España de 1948 eran, sin duda, instrumentos propagandísticos de gran importancia para el Régimen; sin embargo, tras aquella visita hubo algo más que fervor popular hacia el ilustre visitante, y se intuyen en ella aspectos oscuros aún no desvelados  que puede que expliquen esa extraña mirada de Fleming de la que hablábamos antes. Desde luego a lo largo de todo el viaje que se inicia en Barcelona un 26 de mayo, y que llevó al premio Nobel y su mujer Sarah Marion McElroy a visitar también Sevilla, Córdoba, Jerez, Toledo y Madrid (desde donde regresaría a Londres un 14 de junio), la pareja fue sometida a una estricta vigilancia por los servicios de información del Régimen, que trataban de impedir que Fleming pudiera entrevistarse con personas no gratas para las autoridades. Un misterio no menor del viaje fue cómo se autorizó este, si Fleming era miembro de una logia masónica londinense, y en España se aplicaba con todo rigor la ley de represión de la masonería por aquellas fechas. ¿Se ignoraba este detalle? Tampoco se sabe mucho, otro misterio más, de la extraña enfermedad que contrajo en el viaje la esposa del Nobel, Sarah, y que acabó con su vida un año después. El paso efímero de Fleming por Jerez lo llevó a visitar la clínica Girón o la bodega El Molino a la que se refirió años después: “Vi botas con nombres sobre ellas: Nelson, Wellington, Pitt y otros. Tuve que subir a una escalera y escribir mi nombre con tiza sobre un barril. En Escocia me enseñaron a escribir con claridad y me imagino que no hay en esa bodega nombre mejor escrito que el mío”. También nos dejó una extraña mirada que esconde algo, un instante recogido en una fotografía en la cual hemos querido hurgar José López Romero y yo a través de la novela que presentamos hoy: ‘¡Vigilad a Fleming!’ (Editorial Luna Nueva, Jerez). Ramón Clavijo Provencio.

 

 

EL BUFÓN

Los bufones siempre han estado íntimamente relacionados con las cortes, en las que los reyes y cortesanos al tiempo que se solazaban con diferentes y variados espectáculos, tenían y mantenían a estos personajes encargados de divertirlos con “chocarrerías y gestos” (como así reza la definición del DRAE). Algunos incluso llegaron a ocupar un puesto de privilegio en la privanza del rey, hasta el punto de erigirse en uno de sus más allegados consejeros. Prueba de ello es su presencia en las pinturas de la época. Y aunque casi todos de los que se nos han conservado memoria e imagen adolecen de alguna discapacidad, sobre todo, la enanez (como la famosa Maribárbola inmortalizada por el gran don Diego de Velázquez en ‘Las meninas’), como si por los enanos hubieran mostrado especial predilección los reyes, algunos, excepcionalmente, no presentaban ningún defecto físico. Esto es lo que se cuenta de uno de los más famosos bufones de la Corte de Carlos V: don Francés de Zuñíga o por nombre más conocido Francesillo de Zúñiga, quien se considera el autor de la no menos famosa ‘Crónica burlesca del emperador Carlos V’, aunque en los últimos tiempos Jesús Cáseda Teresa le atribuya esta obra a don Francisco de Zúñiga y Avellaneda, III conde de Miranda y Grande de España, quien conoció al bufón en la Corte y “en la tierra salmantina cuando este último estaba al servicio de su primo el duque de Béjar”. Porque don Francesillo, nacido en esta localidad salmantina y de familia de judíos, entró en contacto con el emperador cuando formaba parte del séquito con que el duque de Béjar fue a presentarle sus respetos al joven Habsburgo en un encuentro que tuvo lugar en Valladolid el 18 de noviembre de 1517, recién llegado el rey a España (datos recogidos de ‘Fortuna y adversidades de don Francés de Zúñiga’ de José A. Sánchez Paso). Su famosa ‘Crónica’ no fue impresa hasta el siglo XIX y se considera una obra maestra de la literatura bufonesca. Como si de un periódico se tratara, don Francés (o don Francisco) les da un repaso, entre chascarrillos y bromas, a cortesanos y villanos, obispos, militares, alcaldes y criados, sin dejar clase social libre de su acerada pluma. El bufón del reino era, como podemos comprobar por don Francesillo, un cargo o título de cierta relevancia y prestigio. Por el contrario, en estos tiempos, el bufón del reino puede serlo cualquiera, aunque alguno con más méritos que otros. José López Romero.