LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.

sábado, 19 de junio de 2021

LECTURAS SOSTENIBLES

En 1987 la ONU define el desarrollo duradero (o sostenible) como aquel “que satisface las necesidades de la presente generación sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”. En 2015 aprobó la resolución “Transformar el mundo: la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible”, un plan de acción en favor de las personas, el planeta y la prosperidad, fortaleciendo la paz a través de los diecisiete “Objetivos de Desarrollo Sostenible” (ODS). La IFLA (Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecas), había estado trabajando para involucrar a las bibliotecas en los ODS, destacando su papel en el “acceso a la información como un derecho humano básico y como precondición para el ejercicio de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales que pueden acabar con el ciclo de pobreza y apoyar el desarrollo sostenible”. La Fundación MUSOL (Municipalismo y Solidaridad), nos obsequió en 2018 con el documento “Modelo de transversalización de los ODS en las políticas municipales y de rendición de cuentas ante la ciudadanía y ante las autoridades designadas”. Entre las actividades que proponía para que las bibliotecas se alinearan con los Objetivos de la ONU se encontraban los “clubes de lectura sostenibles”, apostando por novelas y relatos que incitaran a la discusión sobre aquellos. Citamos algunos ejemplos. “La isla bajo el mar” (Isabel Allende, 2009) nos relata la azarosa vida de Zarité, una esclava que consigue superar las dificultades y abrirse camino para alcanzar la felicidad, argumento idóneo para la discusión sobre el Objetivo número 5 (Lograr la igualdad de géneros y empoderar a todas las mujeres y niñas). “El señor presidente(Miguel Angel Asturias, 1946), es una denuncia de la dictadura que puede provocar debates en torno al Objetivo número 16 (Paz, justicia e instituciones sólidas).  “Los santos inocentes” (Miguel Delibes, 1981), donde una familia humilde de la Extremadura profunda es sometida a un régimen de explotación casi feudal, nos permite plantear los Objetivos números 1 (Fin de la pobreza) y 10 (Reducción de las desigualdades). Para los menores MUSOL nos propone cuentos como “Barnabo de las montañas (Dino Buzzati, 1959), una fábula moral en una prosa evocadora del mundo poético fantástico que alberga el bosque (Objetivo número 13: adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos); o “Valeria” (García Hernández, 2015), un relato online sobre una niña guatemalteca que padece los efectos de la falta de acceso al agua y al saneamiento en la infancia y en la educación (Objetivos números 4, garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad ; y 6, garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible  y el saneamiento para todos). Los “libros humanos” o los “GPS literarios sostenibles” son otras tantas maneras de concienciar sobre las encomiables metas propuestas para 2030. Conseguirlo o no entra dentro del terreno de la incertidumbre, pero al menos hablamos de ello. Que ya es algo. NATALIO BENÍTEZ RAGEL.        

ALBERT PLA

“Me dio un infarto y me llamó la muerte, pero no fui porque hablaba castellano”, es la frase que algunos medios de comunicación han destacado de la entrevista que hace unas semanas le hicieron al cantante catalán Albert Pla. Al margen de la figura siempre controvertida y polémica del proyecto de cadáver, al leer la frase me dije: “bueno, otra gracieta independentista”. Y la verdad es que molesta o, al menos, desagrada esos insultos absurdos y gratuitos a símbolos nacionales que al fin y al cabo son señas de identidad de un país y, si se trata de nuestra lengua, de una cultura que traspasa los límites de lo nacional para elevarse a lo universal. Y más lástima nos da cuando los que tienen que poner en su sitio a personajes como estos, dan la callada por respuesta. Y es una pena que este cambembo mental pretenda sin éxito, por supuesto, insultar al castellano porque Cataluña en general y, particularmente Barcelona han estado muy vinculadas a la obra por excelencia de nuestras letras, el ‘Quijote’, como así demostró y analizó con todo detalle el gran cervantista catalán Francisco Rico en su ensayo titulado ‘La barretina de Sancho, o Don Quijote en Barcelona’, incluido en su libro ‘Tiempos del Quijote’ (Barcelona, Acantilado, 2012). Pero de esto con total seguridad el tal Pla no tenga ni puñetera idea, se le ve en la cara. Y más pena produce aún, cuando grandes catalanes tanto han dado a la literatura española, que es lo mismo que engrandecer nuestra lengua. Pero tampoco de esto seguramente tenga ni idea el individuo Pla. Pero de algo debe estar seguro Pla: que la muerte se lleva por delante a todo bicho viviente, y lo mismo la próxima vez le hable en catalán para que la entienda mejor. Porque la muerte se lleva a los inteligentes y a los imbéciles. ¡Lástima que a estos no se los lleve antes! José López Romero.

sábado, 5 de junio de 2021

"LAS FORMAS DEL ENIGMA" DE JOSÉ LUPIÁÑEZ

Unos versos del divino Borges nos vienen a la cabeza después de leer el último poemario de José Lupiáñez titulado ‘Las formas del enigma’ (ediciones Carena, 2021), que dicen así: “Si (como el griego afirma en el Cratilo) / el nombre es arquetipo de la cosa, / en las letras de rosa está la rosa / y todo el Nilo en la palabra Nilo” (de su poema “El Golem”). Si extrapolamos o trasladamos la cita al nuevo libro de Lupiáñez podemos afirmar que en ‘Las formas del enigma’ se contienen, a modo de compendio, todos los libros del poeta, como si esta última “rosa” fuera el arquetipo de todos sus versos, como si estos poemas contuvieran todos sus Nilos. Después de aquella ya muy lejana ‘Laurel de la costumbre’, antología que recogía su quehacer poético desde 1975 hasta 1988 (ya ha llovido desde entonces), Lupiáñez no ha parado de entregar a la imprenta, en dosis muy bien escogidas, buena muestra de su evolución poética hasta llegar a este nuevo poemario que iguala, contiene y supera a los anteriores. De ‘Número de Venus’ (Campo de Plata, 1996) vuelve el poeta a la brillantez del verso alejandrino, metro constante en sus posteriores libros, pero que en ‘Las formas del enigma’ nos trae un recuerdo más vívido de aquel poemario de 1996. Hay mucho en su espléndido “Soliloquio del navegante”, poema inicial de ‘Las formas…’ de aquel también inicial ‘Pórtico’ de ‘Número…’ y no solo el alejandrino, sino especialmente la vida como viaje a veces irreal, imaginario, y sobre todo la conciencia del paso del tiempo. Quizá, no en vano han pasado más de veinte años, se observa en el “Soliloquio del navegante” una conciencia mayor de la ausencia, de lo irremediablemente perdido. Y si estos pueden considerarse temas recurrentes en la poesía de Lupiáñez, sobre todo de sus versos más intimistas, de los que excelentes muestras tenemos en su libro ‘La edad ligera’, no pocos encontramos de ellos en ‘Las formas del enigma’: “Despedida” o “En penumbra” son dos buenos ejemplos de ello. Tampoco renuncia el poeta al exotismo, a esos ambientes orientales de los que ya habíamos gustado en ‘La luna hiena’ (1997. Dedicado a Marisa Rodríguez, siempre en nuestro recuerdo): “Mujeres cubiertas” de Casablanca o “Noche de Alejandría” nos traen ecos de “Favorita” o de “Samair” del poemario de 1997. Pero si tuviéramos que destacar algo fundamental de este nuevo poemario de José Lupiáñez, nos quedaríamos con dos elementos; uno recurrente en toda su  poesía (recordemos la cita de Borges), y otro que ha ido incorporando en sus últimos libros y que definen como pocos su estilo. El primero y como expresión más acabada de su sentido y conciencia de la vida como viaje: el mar, que a veces se nos ofrece como puerto en el que guarecernos de los avatares del destino (de ahí el título de otro de sus libros ‘Puerto escondido’. 1999), y en otras ocasiones somos solo náufragos de un tiempo inhóspito. Y el otro, el verso largo, en la mejor tradición de Rosales o de Dámaso Alonso. Su último poema “El ausente” cierra un poemario como lo inició con preguntas para las que el poeta, desde su profunda madurez, tiene una sola respuesta: el lamento por lo perdido. José López Romero.     

  

EMILIA PARDO BAZÁN Y SUS LIBROS

Olvidada salvo para un círculo muy reducido de intelectuales, parece ahora ponerse de moda esta gran escritora, más que por una recuperación de su interesante obra, por  otra serie de noticias que han captado la atención popular, incluso de aquellos que jamás han leído ni tienen intención de leer alguno de sus libros, ni siquiera esas cartas “picantonas” que la gallega intercambió con otro grande de la literatura, Benito Peréz Galdós y que han sido reeditadas recientemente (‘Miquiño mío. Cartas a Galdós’. Turner, 2020). Pero creo que no nos equivocamos al afirmar que ha sido el litigio de los Franco con el Estado durante los últimos años,  por el Pazo de Meirás, residencia de doña Emilia en vida, la que la ha puesto como nunca desde hace décadas bajo la lupa de la atención pública a la escritora. En el Pazo se conserva aún parte de la biblioteca privada de doña Emilia, unos 3000 volúmenes, no todos en buen estado y que sobrevivieron a  un incendio en el edificio en 1978, circunstancia que convenció a Carmen Polo, ya viuda de Franco, a donar parte de aquella biblioteca, unos 7000 volúmenes a una institución que garantizara mejor su conservación, la Academia gallega (RAG). Aún no sabemos el final de los miles de libros que quedan en el Pazo, ni por qué no pasaron todos a la RAG en su momento, pero qué duda cabe que la biblioteca merece  unificarse, pues es de la única forma que adquiere su verdadero sentido y valor como biblioteca de autor, y  por tanto  sin amputaciones nos puede mostrar los gustos lectores de su propietaria, aparte de una gran cantidad de libros, primera ediciones, dedicadas y firmadas por los más importantes literatos de la época. No es tanto pues una biblioteca de bibliófilo como de lector cultivado, lo que no quita que en ella se encuentren algunas piezas antiguas de gran valor patrimonial. Qué duda cabe que Emilia Pardo Bazán  ha resucitado con fuerza del olvido por circunstancias como las apuntadas, ojalá también ello  sirva para el descubrimiento de su obra por muchos lectores, obra a la que por cierto la RAE hizo en vida un sonoro vacío. Ramón Clavijo Provencio

 

sábado, 8 de mayo de 2021

EL REY DON SEBASTIÁN

En 1683 el impresor Juan Antonio de Tarazona publica en nuestra ciudad un pequeño folleto que contiene la relación o crónica del proceso seguido en 1594-5 contra Gabriel de Espinosa, el que con el pasar de los siglos se convertiría en el famoso personaje llamado “el pastelero de Madrigal”, de fecunda tradición literaria (todas las referencias a este impreso y a su protagonista en ‘Historia de Gabriel de Espinosa, pastelero de Madrigal que fingió ser el rey don Sebastián’, ed. Renacimiento, 2020). J.A. de Tarazona se había asentado en Jerez por segunda vez en 1675 y consta que hasta 1680 su actividad como impresor no había sido escasa, pero ¿qué le lleva en 1683 a imprimir un opúsculo que relata un caso que, aunque famoso, hacía ya casi un siglo que había acontecido? ¿Interesaba a pesar del tiempo transcurrido aquella truculenta historia del pastelero de Madrigal y su desgraciado desenlace? La cantidad de manuscritos y ediciones que proliferaron no solo nada más terminar el proceso, sino a lo largo de todo el siglo XVII, puede atestiguar la vigencia en la memoria colectiva de aquel proceso y, sobre todo, de la figura de un misterioso Gabriel de Espinosa, que llegó a poner en duda razonable su identidad como el malogrado rey don Sebastián de Portugal, desaparecido en la batalla de Alcazarquivir en 1578, librada por el joven rey contra el ejército del sultán de Marruecos Muley Abd al-Malik. Una duda tan razonable que puso en alerta al mismísimo y todopoderoso Felipe II, cuya alargada sombra se proyecta sobre la sentencia del no menos famoso proceso. La literatura fue también, sin duda, junto con los manuscritos y ediciones del folleto, la encargada de que la historia fuera convirtiéndose en leyenda popular: Lope de Vega, Luis Vélez de Guevara la dramatizaron en sendas “comedias”, y alcanza su cima literaria en dos piezas excepcionales ‘Traidor, inconfeso y mártir’ de José Zorrilla y ‘Los impostores’, tan breve como magnífico relato de Francisco Ayala. La historia no hubiera sin duda tenido ese recorrido (hasta llegar incluso, no lo olvidemos, a la publicación del folleto jerezano en 1683), sin la serie de personajes, a cual más peculiar, que  fueron apareciendo a finales del siglo XVI haciéndose pasar por el rey don Sebastián resucitado. Su misteriosa desaparición y la imposibilidad de encontrar el cadáver entre la masacre que supuso aquella batalla, daría lugar al movimiento llamado el Sebastianismo, en el que aquellos candidatos no fueron más que una anécdota chusca. Finalmente, el proceso terminó con la sentencia a muerte de Gabriel de Espinosa, y las no menos severas a que fueron condenados todos los que se vieron envueltos en la supuesta patraña: a muerte también fue condenado fray Miguel de los Santos, fraile portugués y supuestamente cabecilla de la trama, y a reclusión permanente, despojada de todo privilegio, a doña Ana de Austria, hija natural de don Juan de Austria (el célebre héroe de Lepanto) y, por tanto, sobrina de Felipe II, y monja en el convento de las agustinas de Madrigal, quien habría hecho promesa de casarse con el pastelero una vez recuperase el trono de Portugal, que su tío había anexionado a la corona de España en 1580. Han pasado más de cuatro siglos y la leyenda del pobre pastelero sigue despertando al menos la curiosidad de muchos lectores, pero en muy pocos años nadie se acordará de los impostores que tanto abundan en la política de hoy; para ellos solo el olvido. José López Romero.

EL "HALCÓN MALTÉS", JEREZ Y LA CENSURA

En 1933 se editaba en castellano la novela del escritor norteamericano Dashiell Hammett ‘El halcón maltés’. Tres años antes, la primera edición en los Estados Unidos, había tenido un gran éxito considerándose un revulsivo para el género policiaco, y estrenándose en 1931 la primera versión cinematográfica de la misma. Sin embargo, sería en 1941 cuando se presentaba la versión  aclamada por público y crítica, dirigida por John Huston y protagonizada por Humphrey Bogart. En ese año España transitaba por una dura posguerra y las autoridades franquistas no permitieron que la película llegara a las pantallas españolas, lo que sucedería  a principios de los años 70 del pasado siglo, cuando TVE emitió el ciclo “Su nombre es Bogart”, en el que se incluyó la misma. No solo eso, la versión castellana de la novela, editada como decíamos en 1933 por la editorial Dédalo en tiempos de la segunda república, y con el curioso nombre de ‘El Halcón del rey de España’,  entraba a formar parte de la larga lista de libros considerados perniciosos para los lectores españoles en aquellos años, por lo que se censuraba su lectura y comercialización. Por lo escrito hasta ahora entenderán que resulta curioso y atractivo, que en la exposición recientemente inaugurada en la Biblioteca Municipal de Jerez “Quién es el asesino”, y donde se hace un recorrido bibliográfico por la novela policiaca, esta edición prohibida en la posguerra esté entre las piezas expuestas. El libro en cuestión parece   es   adquirido en los tiempos de la República, unos años en los que ya era Manuel Esteve Guerrero el bibliotecario de la misma y se dieron pasos importantes en la actualización del fondo bibliográfico. En la ficha manuscrita en papel de aquellos tiempos que aún se conserva, no hemos observado la existencia de esas marcas con la que los bibliotecarios de la época señalaban los libros apartados de la lectura pública, o al menos cuya consulta tenía que ser autorizada previamente por el bibliotecario. Una historia curiosa sobre cómo en el Jerez de los años 40, Dashiell Hammett y su San Spade burlaron la censura.  Ramón Clavijo Provencio

 

viernes, 23 de abril de 2021

23 DE ABRIL

El 23 de abril, como no todo el mundo sabe pero Wikipedia sí, fue elegido como Día Internacional del Libro por la UNESCO en conmemoración de tres grandes escritores: “el entierro de Miguel de Cervantes Saavedra (según el calendario gregoriano), la muerte (y probablemente también el nacimiento) de William Shakespeare (según el calendario juliano) y la muerte de Inca Garcilaso de la Vega” (Wikipedia dixit). La aclaración de los diferentes calendarios no es baladí, pues la coincidencia no solo en el día sino también en el mes y en el año (1616), era cuando menos un tanto sospechosa por lo increíble. Y la incorporación del Inca Garcilaso de la Vega a la efeméride no deja de ser otra curiosa coincidencia, sin más pretensiones, habida cuenta de la magnitud de sus compañeros de viaje en la barca de Caronte. Celebrar la muerte se nos da de maravilla, no tanto la vida, y menos aún el reconocimiento en vida de los méritos de estos enormes escritores. Para el mundo de lectura hispana, Cervantes es la referencia por excelencia, de la misma manera y medida que para la cultura anglosajona lo es Shakespeare. O mejor dicho y si me lo permiten, mucho más grande y venerado por sus lectores se nos aparece el dramaturgo nacido en Stratford upon Avon, que el reconocimiento que popularmente ha tenido y tiene nuestro don Miguel entre nosotros, cuya obra queda reducida a la lectura y conocimiento de especialistas y escasos curiosos, a los que hasta el mismo Cervantes se atrevería a calificar de “impertinentes”. Y no será porque sus obras no dispongan en el mercado de muchas y excelentes ediciones. El mundo editorial en lengua inglesa siempre se ha preocupado por la calidad de las ediciones de sus clásicos, e incluso Shakespeare ha gozado de magníficos traductores y cuidadores de sus obras en castellano: a las antiguas pero no menos valiosas de Astrana Marín, se han sumado desde hace ya varios años las traducciones publicadas en la colección de Letras Universales de la editorial Cátedra, al cuidado de Manuel Ángel Conejero, director del Instituto Shakespeare de Valencia, quien por cierto dictó hace años una conferencia en nuestra biblioteca municipal con motivo de su reapertura, institución que tan vinculada está en su historia con el 23 de abril, pues en el de 1873 se inauguró. Y ¿qué decir de las obras de Cervantes? Actualmente, a la monumental edición del ‘Quijote’ publicada por la editorial Crítica en 1998 bajo la dirección de Francisco Rico, le han seguido las ediciones de todas sus obras impulsadas por la Real Academia, al cuidado de los grandes especialistas con que contamos en nuestro país de la obra cervantina. Y como curiosidad, la Real Academia hace años promovió la publicación de reproducciones facsímiles de las primeras ediciones de los textos cervantinos, obras que aún se cuentan en el catálogo de la real institución. Una presencia editorial de los dos grandes, enormes escritores que apenas tiene repercusión en los lectores. Aunque en esto Shakespeare juega con ventaja: sus obras siempre se representan e incluso proliferan las versiones cinematográficas, de las que aún se recuerdan las magníficas dirigidas e interpretadas por el actor Kenneth Branagh. Dos (tres) escritores unidos por una fecha: el 23 de abril, que hoy conmemoramos. Y como ya defendí en esta página, no un día, sino todos deberían ser el Día Internacional del Libro. José López Romero.

1983: IMÁGENES DEL FINAL DE UNA BIBLIOTECA

Volví a ver, después de muchos años, aquel capítulo de la serie de TVE de principios de los ochenta del pasado siglo titulada “Esta es mi tierra”, y que se dedicaba a Jerez desde la visión de José Manuel Caballero Bonald. Aquel capítulo se tituló “Jerez y el Bajo Guadalquivir”. Bonald, por entonces afincado en Madrid, comentaba las imágenes y recordaba retazos de su vida vinculados a su ciudad natal. Cuando el tiempo amenaza con desdibujarlo todo, creo que es interesante  volver sobre este documento que nos acerca al  Jerez de la transición, desde la particular visión de un gran escritor. Pero aparte del interés  que para unos y otros pueda tener hoy dicho reportaje, este me ha traído imágenes olvidadas de una biblioteca municipal que ya no existe y que hasta principios de los 80 del pasado siglo no era muy diferente a la de aquella que se inaugurará el 23 de abril de 1873. En las imágenes que captaba la cámara  de un lejano 1983, se puede ver a  dos estudiantes entrando en la sede de la biblioteca municipal en la plaza de la Asunción. Luego,  una panorámica muy  bella de la gran sala abovedada presidida por una estatua sedente de Alfonso X, con sus mesas decimonónicas llena de lectores e investigadores. Terminaba el recorrido en la sala de lectura donde se situaba el mueble librería de doble cuerpo, de estilo inglés, y sobre el que se reconocía ordenando libros, a Miguel Benítez, el eficaz auxiliar bibliotecario que trabajó con tres directores (Manuel Esteve, Manuel A. García Paz y el que esto escribe). Lo cierto es que cuando aquel capítulo se emitió meses después, en junio de 1983, la biblioteca municipal  que mostraban las imágenes comentadas ya no existía. Se había iniciado un oscuro periodo que duraría más de tres años, durante el que la biblioteca estuvo cerrada. Por fin en octubre de 1986 volvía abrir sus puertas en su nueva sede, el remozado edificio del antiguo Banco de España. Se iniciaba un nuevo capítulo de su centenaria historia.  Ramón Clavijo Provencio