LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
Mostrando entradas con la etiqueta el 14 de noviembre de 2025.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta el 14 de noviembre de 2025.. Mostrar todas las entradas

viernes, 14 de noviembre de 2025

MALOS

Después de su primera novela, que fue todo un éxito, un tanto inesperado, todo hay que decirlo, se fue poco a poco acomodando. Quería disfrutar de los pingües beneficios que le reportaban sus obras y que iban engrosando su cuenta corriente a la misma velocidad que sus novelas aparecían en los escaparates de las librerías. Y aunque no quería reconocerlo, en su fuero interno no podía engañarse. Había descubierto el método, y a la sombra de su exitosa irrupción en el panorama literario nacional, las novelas siguientes habían tenido una buena acogida, aunque ninguna llegara a tener el favor unánime de la crítica. Es más, cuando se publicó la cuarta, aquellos críticos que habían visto en él “una de las voces más prometedoras de la narrativa”, “un autor que pronto será considerado un referente de la narrativa actual”, ahora le discutían el mérito y hasta se quejaban del cansancio de un método que olía a la legua a agotamiento. Criticaban que uno tras otro relato vieran desfilar un grupo de personajes yuxtapuestos, sin la menor conexión, que contaban sus vidas a través de una serie de acontecimientos tan absurdos que terminaban por hacer insípida la narración y toda la novela. ¿Realmente eran tan malas? Él seguía teniendo un nombre entre los escritores de su generación, notaba el respeto que aún infundía y, sobre todo, la prueba más palpable de ello: su editorial de toda la vida literaria no le había discutido nunca una obra y seguía manteniendo la misma relación comercial con ella. Aunque bien pensado, ahora que se ponía a recordar, estaban en el tiempo en que las editoriales preparaban sus lanzamientos de temporada y nadie lo había llamado para pedirle una nueva novela, como hacían todos los años. ¡Bah!, ahuyentó fantasmas, en unos días seguro que llamarán. Inquieto porque no recibía aquella llamada, una mañana decidió pasarse por una librería y comprobar que seguía teniendo su público devoto. Y el azar quiso poner en su camino a un joven que con una de sus novelas en las manos le comentaba a la que sin duda era su novia: “… se dice que no hay libro tan malo que no tenga algo bueno, e incluso he oído que hay que leer libros malos porque en la comparación se aprecian más y mejor los buenos; yo, cariño, pienso que hay tanta y tan buena literatura por ahí que no merece la pena perder ni un minuto con una mala novela. Porque son los buenos libros los que aficionan a la lectura. Este autor, con toda su fama, ya podría ser más consciente de lo que escribe y publica. Y esta novela es muy mala”. ¡Niñatos!, pensó con irritación. Pero algo se le removió en la conciencia y notó un sabor amargo en la boca. José López Romero.

DIPLOMACIA Y CULTURA

Después de la polémica  que no por esperada deja de levantar revuelo todos los años por estas fechas, como es la concesión del Premio Planeta y sobre la que ya nos detuvimos días atrás, ahora nos topamos con otra de perfil distinto, sí, pero que igualmente es otro ejemplo de la contaminación de ciertos reconocimientos literarios por circunstancias ajenas a la propia literatura. Nos referimos en este caso a la concesión del Cervantes de literatura, quizás el galardón de mayor prestigio de la literatura en castellano, al escritor mejicano Gonzalo Celorio. Pero no me entiendan mal, en este caso el mencionado escritor tiene a sus espaldas una obra excelente y que ha ido recogiendo merecidos reconocimientos a la vez que lectores a lo largo de los años (Tusquets, en su colección Andanzas, tiene editada varias de sus novelas); sin embargo, esta concesión del Cervantes llega cuando, y como en cascada, han ido produciéndose una serie de gestos culturales entre México y España (cuyas relaciones diplomáticas no pasaban por su mejor momento desde la petición del anterior presidente mejicano López Obrador a nuestro país de pedir “perdón por la conquista”), entre los que se pueden enumerar la espléndida exposición “La mitad del mundo: la mujer en el México indígena” inaugurada en Madrid (Museo Arqueológico Nacional)  con más de 400 piezas procedentes del país mejicano , la concesión de los premios Princesa de Asturias de las artes a Graciela Iturbide y de la Concordia al Museo Nacional de Antropología de México, y ahora, finalmente, esta concesión del Cervantes a Celorio. Todo lo que decimos no puede ser fruto de la casualidad, y aunque todos estos galardones concedidos y, por supuesto, el Cervantes, sean más que merecidos, quizás la intervención de la política haya precipitado los tiempos y propiciado esta inusual coincidencia en tan corto espacio temporal, de la concesión de tantos prestigiosos premios a tan significativo número de ciudadanos mejicanos. Ramón Clavijo Provencio