LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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sábado, 24 de enero de 2015

CONVERSACIÓN

“… es posible hacerse una cierta idea del hombre [y de la mujer] según la conversación que le gusta: los serios buscan a los serios, los locos a los descerebrados… pero las personas más avisadas buscan una relación que sea inocente, que agrade, que forme el espíritu y que las divierta.” Son palabras del francés Philippe Fortin de la Hoguette (s. XVII) en su “Testamento o Consejos de un padre a sus hijos sobre cómo hay que comportarse en el mundo” (1648). Y nos atreveríamos a añadir a este fragmento de Fortin de la Hoguette que no solo en la conversación, sino en muchos, si no en todos los aspectos de la vida y de las relaciones personales, cada uno busca su igual, o lo más parecido. Pero no quería escribir sobre esto. Me interesan las palabras del escritor francés porque en el artículo “La conversación erudita”, que le sigue al ensayo sobre Fortin, que Marc Fumaroli incluye en su libro “La República de las Letras” (Acantilado), este explica la importancia que alcanza la conversación como medio de transmisión de conocimiento en los salones aristocráticos de la Francia del siglo XVII y, por extensión, en casi toda Europa. Una transmisión de saberes que tiene como principio fundamental el respeto a la autoridad y al secreto de los hallazgos científicos (“La conversación entre amigos experimentados, que son también pares, puede preservar el secreto de hallazgos o de investigaciones más fácilmente que cualquier otra forma más expuesta de comunicación”); conversaciones o intercambios como actividad complementaria a sus investigaciones solitarias en sus “gabinetes”. Y me interesa esta forma de transmisión, porque me asombra que el formato más extendido en los actos culturales siga siendo la conferencia pura y dura; es decir, el señor o la señora o señorita de turno que lanza un indigesto discurso durante su buena hora larga sin levantar la vista de la resma de folios ante un público tan resignado como aburrido. ¡Cuánto más provechoso para todos sería la conversación entre erudito y personas interesadas en el tema motivo de la reunión! Así, las palabras de Fortin de la Hoguette adquiere su sentido más pleno: “que forme el espíritu y que las divierta”; y de esta forma cada uno elige, según sus preferencias, gustos y conocimiento la conversación que más le interese. Es lamentable el empeño de muchas, casi todas, las instituciones culturales por mantener los famosos, y en algunas hasta tradicionales ciclos de conferencias que no hacen más que promover el desaliento y la deserción entre los interesados. La cultura, como nos enseña Fortin de la Hoguette (¡ ya en el siglo XVII!) necesita de otros mecanismos en los que participen o “conversen” el erudito y el público, en un juego dialéctico activo y, por ello, enriquecedor. Patética y estremecedora resulta esa masa amorfa de asistentes en cuyas caras se puede observar el sufrimiento de la ignorancia y, en consecuencia, el tedio más espantoso. José López Romero.  


UN MUNDO CASI DESAPARECIDO

A falta de datos actualizados  del Observatorio de la Lectura y el Libro (Ministerio de Cultura) –los últimos son de marzo de 2014, y nada alentadores-, nos fijamos en el más reciente estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que sentencia que sólo al 35% de la población española podría considerársela lectora. Nada nuevo. Todos los círculos relacionados con la lectura ya emitían señales de socorro a lo largo de los últimos meses, en un año muy malo para el sector. La antaño potente industria editorial española –una paradoja en un mercado lector muy tibio,-  no sólo añora los tiempos donde la edición subvencionada campaba por doquier, sino que acusa la escasa regulación de los nuevos medios de distribución con evidentes grietas en el sistema, algunas de difícil control como la piratería. A todo ello se suma el derrumbe del tradicional mercado de fin de año. Los españoles ya no tienen al libro como una de sus preferencias –como sucedía hasta hace poco- para regalar, cuando incluso los no lectores al menos una vez al año se acercaban a las librerías para comprar libros. Una tradición ya  venida a menos, y sobre la que algunos estudiosos empiezan a preocuparse si se confirma que todo ello es debido a que el libro va perdiendo prestigio como objeto cultural.  ¿Asistimos a una progresiva devaluación de la lectura, no sólo del libro tradicional? Téngase en cuenta que no ha sido tampoco para echar campañas al vuelo, las ventas de dispositivos electrónicos de lectura en estas últimas fechas. No me gusta el panorama de un país de  35% de lectores (Finlandia un 75% por ponerles un caso), o donde los parlamentarios o presidentes responden sin rubor que la prensa deportiva es la que se lleva el mayor porcentaje de su tiempo dedicado a la lectura. Me sumerjo pues en las páginas donde James Salter rememora un mundo casi desaparecido, donde editores, escritores o libreros, brillaban socialmente y la   lectura y el libro no eran rarezas de gente políticamente incorrectas. RAMÓN CLAVIJO PROVENCIO