Jesús Marchamalo se dedica desde hace algunos años a darnos consejos sobre nuestros libros: cómo tratarlos, qué hacer con ellos, en qué condiciones alojarlos…Ahora, además nos viene a mostrar en su nuevo libro “Donde se guardan los libros” algunas bibliotecas de amigos suyos, normalmente escritores de reconocido prestigio. Lugares en la mayoría de los casos celosamente resguardados hasta ahora de la curiosidad ajena. Hace unos días, con motivo de la presentación de dicha obra, Marchamalo declaraba que cuando una biblioteca pierde a su creador queda como algo sin vida, pese a que se intente conservarla. Estos últimos días he tenido personalmente la oportunidad de corroborar la realidad de dichas palabras. He estado realizando algunos trabajos de reorganización sobre una importante biblioteca privada que ya desgraciadamente no cuenta con su creador. Esta, pese a conservar su unidad, se me presentaba como algo que había perdido el propósito que justificaba su existencia, pese a que algunos como yo tutelemos el que siga teniendo una utilidad futura. Y es que cada biblioteca crece al ritmo y según las claves impuestas por su propietario. Claves difícil de descifrar una vez éste ha desaparecido. Podemos conservar su biblioteca pero esta ya no responderá al inicial propósito. Volviendo a Jesús Marchamalo, releyendo las páginas de su interesante libro, me pregunto si estos consejos y esas historias que nos cuenta sobre las bibliotecas de sus amigos, no serán con el paso del tiempo y para un lector futuro, como un viaje a un mundo extraño, el de los libros en papel…De un tiempo a esta parte son cada vez más los que me consultan sobre qué hacer con su biblioteca, la que han ido formando a lo largo de los años. Suelen ser buenos lectores, pero carecen del romanticismo que algunos le presuponemos a la lectura, y sin ese rasgo es lógico que no deseen seguir acumulando libros en papel, simplemente porque ya hay otra alternativa. En todo caso leo los últimos consejos de Marchamalo y los paseos visuales por las bibliotecas de sus conocidos, invadido por la nostalgia que desprende un mundo que parece transformarse definitivamente. RAMÓN CLAVIJO PROVENCIO
Una biblioteca es lo más parecido a un laberinto, un laberinto lleno de libros, de mundos por descubrir.En homenaje a las bibliotecas y a la lectura , preside la cabecera de este blog un dibujo del pintor jerezano Carlos Crespo Lainez: "Noche de lectura".
LECTORES SIN REMEDIO
Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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sábado, 26 de noviembre de 2011
EN LA MISMA CAMA
“En nuestra casa yo dormía al lado de mi mujer. Enseguida se vio que tenía un sentido muy desarrollado de lo doméstico… Entonces me di cuenta de por qué las mujeres aman a sus casas y sus hogares más que a sus maridos. Son ellas las que preparan el nido para los que han de venir, y las que con inconsciente alevosía enredan al hombre en una complicada red de pequeñas y diarias obligaciones, de las que ya nunca se pueden deshacer… Era nuestra casa, era mi mujer. La cama se vuelve un hogar secreto… y amamos a la mujer que nos espera allí sencillamente porque está mano. Allí está ella disponible a todas horas de la noche.” Se me ocurrió no sé cómo (a veces se cometen unas imprudencias que después cuestan mucho esfuerzo hacerte perdonar) leerle a mi mujer este pasaje de la novela “La Cripta de los Capuchinos” de Joseph Roth, y la mirada que me echó no es para describirla ni compararla. Si yo suscribía –me reprochó- esa definición de matrimonio, que estaba muy equivocado y que eso de estar a mano y disponible a todas horas de la noche no era precisamente un halago. “Tú no ves. Con maridos como esos que piensan así, no me extraña que una mujer quiera más a su casa que al mastuerzo que se acuesta a su lado.” El chorreo que me cayó tampoco es para contarlo. Está claro que desde 1938, año en que se publica “La Cripta de los Capuchinos”, la relaciones de género han cambiado y, si por algo se puede caracterizar el siglo XX, además de las terribles guerras, es en lo positivo por el paso adelante de la mujer en la sociedad reclamando el sitio de privilegio que le corresponde. Digamos que, aunque todavía queda mucho camino por recorrer, el “sentido de lo doméstico” es compartido. Como también, entrando ya en terreno de las teorías sociológicas, tanto el hombre como la mujer buscan para “dormir a su lado” a alguien lo más parecido a ellos en estudios, economía, familia, etc. Algunos hasta de su propio barrio. Cada uno busca su igual hasta en lo físico, me atrevería a apuntar. A pesar de que una de las grandes lacras de esta sociedad actual sigue siendo la llamada “violencia de género” que lejos de mitigar, lamentablemente aumenta. Y viene esto a cuento porque no sé dónde he leído que en las escuelas se está observando un rebrote de machismo, hasta en las adolescentes femeninas, que podría parecer a estas alturas más propio de las cavernas. ¿Un problema más que añadir al sistema educativo? ¿cuánta responsabilidad tenemos profesores, padres, sociedad en general y medios de comunicación en la transmisión de valores? El protagonista de Joseph Roth sufre el declive de su mundo aristocrático e indolente de la Viena de la Primera Guerra Mundial, nosotros, a un siglo de distancia, asistimos con la misma irresponsabilidad y dejadez a la misma destrucción de nuestro mundo, a la pérdida de una ética que no somos capaces de transmitir a nuestra juventud. “A propósito. ¿No has leído hoy en el periódico la historia de Patrizia Reggiani, la viuda asesina de Gucci?” –me soltó como al desgaire mi mujer. Todavía no me explico ese “A propósito”. José López Romero.
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