LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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sábado, 28 de enero de 2012

LA OTRA CARA

Hace ya algunos años me sorprendí, hojeando aquella irrepetible edición de las obras completas de Lorca realizada por la editorial Aguilar, del anexo final donde aparecían reproducciones de infinidad de  dibujos con los  que el escritor granadino había ilustrado muchas de sus obras. Esos dibujos reproducidos posteriormente hasta la saciedad en otras ediciones menos afortunadas, me llevó a interesarme por esa posible otra cara que muchos escritores tenían, la de dibujantes o pintores, que por razones voluntarias o circunstanciales se vería ensombrecida por la literaria. Y sorprendentemente en esa pequeña investigación que fui realizando a lo largo del tiempo, fui descubriendo el universo secreto de muchos de ellos. De algunos, los menos, esa faceta pictórica se desvelaría en vida, de la mayoría una vez desaparecidos.  Uno de los casos más conocidos es el del gran autor ruso León Tolstoi, del que se cuenta que leía las novelas de Julio Verne a sus nietos, y para ayudarse en su comprensión realizaba dibujos de ellas. En el Museo León Tolstoi de Moscú existe una sección dedicada a esta poco conocida faceta del escritor, y entre los dibujos más curiosos está una serie dedicada al libro de Verne “La vuelta al mundo en ochenta días”. Otra de las anécdotas poco conocidas sobre  una de las novelas más populares de todo los tiempos, “La isla del tesoro”, nos enseña que su origen estuvo ligado a un mapa. Efectivamente, fue el mismo  Stevenson  el que dibujó  el  mapa que incluye el libro, pero sin la pretensión en un principio de que sirviera para ilustrar una de sus historias. En realidad fue el mapa, una vez terminado, y que dibujó en un momento de ocio el que le atrajo de tal manera que fue el causante de que se pusiera a escribir “La isla del Tesoro”. El mismo Stevenson lo llegaría a afirmar en un artículo suyo publicado en 1894 en la revista “Idler”: “Su forma condujo mi fantasía más allá de lo imaginable”. Fue en la biblioteca municipal de Jerez donde descubrí la “otra cara” del historiador y antropólogo Julio Caro Baroja. El gran pensador ya había fallecido, pero recorría el país, recalando también en Jerez, una exposición de algunos de los muchos dibujos que había realizado a lo largo de su vida, bajo el título de “Mundos soñados” (en la imagen) y que hasta ese momento habían  pasado, pese a su belleza, desapercibidos.  Más conocidos fueron los casos de Lewis Carroll, o Jean Cotteau. En el caso de Carroll es curioso que pese a que solía ilustrar con dibujos propios sus obras de ficción, y así sucede con Alicia en el país de las Maravillas, no conozcamos ninguna edición de este clásico que haya incluido los dibujos originales de Carroll.  Carlota Bronte, H.G. Wells, Víctor Hugo… En Jerez también tenemos algún ejemplo, y es conocida la gran pericia como acuarelista del reconocido poeta  José Mateos. Ramón Clavijo Provencio.

REGALOS

En las pasadas navidades las colas (¿he escrito “colas”? ¿no era el artículo de hace unas semanas?) que a diario se formaban en la librería de guardia, común a mi compañero y amigo Ramón, producían una cierta satisfacción a los que predicamos (¿en el desierto?) todos los días las bondades de la letra impresa. Sana es la costumbre (¿pero sólo en navidad?) de regalar libros, porque quiero pensar que al menos por simple cortesía alguno lo leerá y, en el peor de los casos, eso que ha sufrido su cuerpo, pero en el mejor, terminará por convertirse en un lector sin remedio, fin último al que debería aspirar todo ser humano o gente de bien. Yo también formé parte de alguna de esas colas, pero afortunadamente nadie me habló de la crisis y mira que nos pasamos un buen rato hasta llegar a la caja. No lo habría soportado. Pero a diferencia de mis compañeros de fila, yo no compraba libros para regalarlos, sino que los compraba para buscarles un lector. Yo no regalo libros, les regalo a ellos lectores. Sería un verdadero insulto para algunos libros que forman parte ya de esa pequeña biblioteca personal o, si lo prefieren, vital, regalárselos a lectores que no los apreciaran, que no tuviesen el mismo cuidado, las mismas sensaciones en su lectura que yo tuve en su momento; momentos sin duda irrepetibles, pero que se pueden compartir, si encontramos el lector adecuado, ese lector que, como yo un día, estaba destinado a ese libro. ¿Cómo podría dejar en manos de un cualquiera a mis clásicos preferidos, a esos poemas que dejo repartidos por la casa, a las novelas cuyos personajes ya forman parte de mi familia?  No hay situación más triste que la indiferencia, el desagradable encogimiento de hombros cuando a alguien le preguntas qué le ha parecido un libro que tú llevas en el corazón. Por eso, yo no regalo libros, les elijo buenos lectores. Yo sé que ellos me lo agradecen; de lo contrario, no me lo perdonarían. José López Romero.