LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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sábado, 31 de enero de 2015

COLOMA

Todos los años están plagados de efemérides, muchas de ellas extrañas, inútiles y de las que somos incapaces de encontrar alguna justificación para su celebración. Esta moda invasiva parece calar también en el universo de las letras, y rara es la semana donde no hemos descubierto  una nueva “efemérides” , ya sea la conmemoración del  día en el que un convaleciente y debilitado Stevenson llega a Samoa, o la de la jornada conmemorativa de cómo Hemingway inició el maridaje del ron cubano con la escritura. Bromas aparte este año 2015, intentamos entre los árboles  ver el bosque, o lo que es lo mismo que entre tantas propuestas descabelladas no olvidemos dos dignas de ser recordadas. Por un lado, la conmemoración del cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote, motivo por el que se espera la publicación en abril de una nueva edición del libro dirigida por el gran especialista cervantino y académico Francisco Rico y auspiciada por la RAE; y por otro,  el centenario de la muerte del escritor jerezano Luis Coloma. Hoy nos detendremos en esta última. No creo faltar a la verdad si afirmo que no parece que Coloma haya sido profeta en su tierra. Más allá de que un instituto  lleve hoy su nombre, pocas han sido las iniciativas propiciadas desde su ciudad natal. Tan solo el intento del profesor José López Romero de divulgar el verdadero valor de su obra, a través de impecables reediciones de algunos de los libros del escritor, sea el ejemplo más meritorio y destacable de lo que por estos lares se ha hecho en torno a Coloma. Siempre he percibido una cierta incomodidad a la hora de tratar sobre este escritor –no sé si debida al perfil religioso  que adquiere su biografía a partir de 1873, o su vinculación a la Corte- lo que ha ocultado  valores de una obra literaria esencial para entender la literatura española de finales del XIX. En 2009 tuve la fortuna de colaborar, -en el que se puede considerar el último intento de reivindicar su figura desde nuestra ciudad- con el profesor López Romero y con Adolfo Carmona, conservador del fondo bibliográfico y documental del escritor, en una exposición, Redescubrimiento de Luis Coloma, de la que se publicó un magnífico catálogo en el que colaboraron entre otros el profesor Jesús M. Zuleta, y las bibliotecarias Carla Puerto y Amparo Gómez en la catalogación y descripción de muchas piezas hasta entonces desconocidas para el gran público. Fue un primero paso. Esperemos que este recién iniciado 2015 culmine lo que hace cinco años fue un  intento loable y objetivo de acercamiento a la figura de un escritor de Jerez, hasta hace bien poco la única referencia literaria reconocible de esta ciudad cara al exterior. RAMÓN CLAVIJO PROVENCIO

EL CHE

Salvando la distancia sideral que me puede separar del Che Guevara, personaje admirable en tantos aspectos, hay un dato que sobre él leo en “el último lector” de Ricardo Piglia por el que comparto una cierta afinidad con el héroe de Sierra Maestra: el asma y la lectura. Su madre es la que le enseña a leer porque no puede ir a la escuela a causa de la enfermedad, y será este aprendizaje, su afición a los libros la que lo acompañará, como los inhaladores (“el inhalador es más importante para mí que el fusil”, llegará a confesar) durante toda su vida, hasta su muerte. En todas sus campañas no faltaba una pequeña biblioteca y un tiempo para su lectura, cuando la marcha de la guerrilla le dejaba un momento de descanso, que los demás ocupaban en dormir. En mi caso recuerdo mis innumerables días sin colegio, muchos de los cuales llenaron Dickens o Baroja, o Unamuno, o los grandes novelistas españoles del XIX, autores a los que les estaré eternamente agradecido. Piglia hace referencia a una foto en la que se ve a Guevara, en Bolivia, “subido a un árbol, leyendo, en medio de la desolación y la experiencia terrible de la guerrilla perseguida”. ¿Cuántas camisetas se habrán vendido en el mundo con el rostro del Che? ¿cuántos simpatizantes, seguidores del mito desde hace décadas han tenido como referente a este personaje? Todos destacan su talante revolucionario, icono de la libertad, pero nadie ha reparado en ese otro aspecto tan importante y que él mismo y sus compañeros destacan de su personalidad: el gusto por la lectura. Guevara nos dejó siete cuadernos escritos a lo largo de diez años, en los que anotó por orden alfabético sus lecturas, seguramente pocos de esos simpatizantes habrán llegado a leer estos cuadernos. No es lo mismo llevarlo al pecho en una camiseta o tatuado en el brazo que tenerlo que leer. Está claro que para ciertos intereses no es tan comercial un Che Guevara que en vez de enarbolar un fusil, enarbolara un libro… y un inhalador. José López Romero.