LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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sábado, 31 de octubre de 2015

LA CASO

La verdad sea dicha: iba a escribir de Chus Visor y aquella polémica entrevista que se publicó en los medios de comunicación allá por principios del verano (apenas ha llovido pero ¡cómo pasa el tiempo!), incluso la entrevista realizada a Ángeles Caso y publicada en este diario (Diario de Jerez, el pasado 9 de octubre) me había recordado la del famoso editor de poesía porque mientras este afirmaba tan campante que la poesía femenina en España no está a la altura de las grandes novelistas, la Caso se lamentaba en la suya de que “la literatura que hacemos las mujeres se mira de forma distinta a la de los hombres”. Y no es que estuviera con esta frase replicando a Visor, ya que ambas entrevistas no tienen relación entre sí; es más, al ser esencialmente novelista Ángeles Caso no debería haberse sentido aludida por las declaraciones del editor. Pero ¿realmente tiene razón la Caso? ¿se mira de forma distinta la literatura escrita por mujeres a la de los hombres? Yo creo que no. Digo más, lectores y lectoras hay que no se pierden las novedades de muchas de las narradoras actuales, entre las que Almudena Grandes quizá se lleve la palma de la afición. Tengo para mí que Ángeles Caso aprovechó la entrevista para lamentarse de lo terrenal, es decir, de sus problemas con la Hacienda pública, más que para protestar por la distinta forma de ver la literatura escrita por mujeres. Bajo la apariencia de que ella no va de víctima con la que le está cayendo al resto de la humanidad que sufre en silencio bajo la férula del PP (el culpable según Caso de todos sus males), se lamenta de cómo la Agencia Tributaria la ha terminado por arruinar, hasta el punto de que ya no puede vivir de la literatura. En otra entrevista, anterior a la de este Diario, publicada en distintos medios de comunicación el 15 de mayo de este mismo año, la Caso ya utilizaba la prensa como paño de lágrimas de sus asuntos con Hacienda, entrevista que es un monumento al cinismo. En ella se quejaba de que muchos escritores no están enterados de lo que pueden desgravarse (“El problema con el que se encuentran los escritores es que no saben qué es desgravable en su profesión”), ¡y eso lo dice una señora con carrera universitaria!; y con la mayor de la desfachatez se añade: “Señalan que todos los gastos de internet, luz, agua y calefacción podrían entenderse como gasto profesional. Caso pone un ejemplo más penoso para los bolsillos, el de los viajes. "Si no viajamos no vendemos libros, muchas veces damos conferencias o tratamos de documentarnos y eso forma parte de nuestro trabajo, no son viajes de placer", explica.” Todos sabemos que las conferencias se pagan bien y que los gastos de promoción al final benefician al escritor por las ventas. Y finalmente, los que llevamos más de lo que acostumbramos a recordar en esto de la investigación, hasta una mísera fotocopia ha salido de nuestros bolsillos, por no decir viajes a archivos y bibliotecas, etc. Mucha cara hay que echarle al asunto para desgravarse viajes de promoción, conferencias e investigación. Mucho rollo bajo esa apariencia de corderito degollado por Montoro. José López Romero.  

TIEMPO Y LECTURA

Durante el siglo XVIII se pusieron de moda las recomendaciones de algunos intelectuales sobre la manera de organizar el tiempo diario.  Bartolomé Benassar escribe que aparte del tiempo dedicado al trabajo y al sueño, debía quedar un tercio del mismo para el tiempo de vivir, y será este tiempo para vivir el objeto de numerosos tratados en los que se orientaba cómo administrarlo. El libro de Benjamín Franklin ‘Libro del hombre de bien’  fue de los que más fortuna tuvieron. La idea era establecer un orden diario que evitara perder el tiempo en cosas inútiles. Por supuesto estas recomendaciones iban destinadas a la alta burguesía, ya que la  mayor parte de la sociedad  tenía suficiente con dedicar todo su tiempo a buscarse el sustento diario. Siguiendo esta moda iniciada en el siglo XVIII (ver “La ordenación del tiempo burgués” en Actas de las I Jornadas de Historia de Jerez, 1986),  en 1830 se publicaba en Jerez  un curioso impreso titulado ‘Pajangam’, donde a la manera de Franklin se aconsejaba a los burguesía local dividir su tiempo según unos patrones preestablecidos, entre los que estarían dedicar fracciones horarias a pasear, vagar, tomar la siesta y leer. Es curioso como el leer ocupaba gran parte del tiempo del burgués tras la siesta, aunque con variantes según estemos en invierno (dos horas y media) o verano (una hora y cuarto). Hoy día en que tanto se habla de la decadencia de la lectura, realmente a lo que estamos asistiendo es a la transformación de esta. La quietud, el silencio y sobre todo el tiempo han estado vinculados   siempre a la lectura, pero hoy  es la falta de tiempo, ese del que se habla en ‘Pajangam’, su peor enemigo. En la medida que va perdiendo protagonismo el formato papel,  el escaso tiempo disponible para la lectura se utiliza cada vez más interactuando  – a través de dispositivos digitales- con otras formas de ocio  e información (juegos, consulta de bases de  datos, navegación , etc.). Afortunadamente la falta de tiempo se compensa con la universalidad del acceso a la lectura ya no solo  privilegio de una clase ociosa. RAMÓN CLAVIJO PROVENCIO