LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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sábado, 5 de octubre de 2019

MÁS SORPRESAS


El año pasado casi por estas mismas fechas publicaba, a modo de inicio del curso y cierre del periodo veraniego y vacacional, un artículo en el que confesaba una de las sorpresas que me habían deparado las lecturas de aquel ya lejano verano: el retraso con que a veces llega uno a ciertos libros. Y ponía como ejemplo ‘El azar y viceversa’ de Felipe Benítez Reyes y, sobre todo, ‘Galíndez’ de Manuel Vázquez Montalbán (lecturas que sigo considerando muy recomendables). Al menos me consolaba con el socorrido refrán “más vale tarde que nunca”. Pues bien, esa misma sensación he experimentado con otro libro este verano: ‘Las armas y las letras’ de Andrés Trapiello. Quizá sea por una tan subjetiva como absurda prevención contra este escritor (a veces demasiado oportunista en sus publicaciones), o porque lo primero que leí de él fue uno de sus infinitos en número volúmenes de sus diarios (todos bajo el título genérico de ‘El salón de los pasos perdidos’), lo cierto es que no le tenía yo mucha afición ni ganas de seguir leyéndolo; sin embargo, ‘Las armas y las letras’ ha sido sin duda mi gran descubrimiento, tardío ya lo sé, de este verano y que no me he resistido a reseñar en esta misma página. Pero estos últimos meses han dado para mucho más, hasta el punto de que he descubierto otra sensación con las lecturas (¡a mi edad!, como decía el año pasado): la inutilidad de ciertos libros. Tan interiorizada tenía la máxima de Plinio el Joven de que no hay libro tan malo que no tenga algo bueno, que nunca me he parado a pensar en que pudiera haber libros prescindibles, inútiles, que si no se hubieran escrito no habría pasado nada, incluso el mundo sería algo mejor (exagero, porque esto no hay quien lo arregle). Esa sensación, aunque no logré entenderla del todo, ya la tuve hace unos años con ‘Zonas húmedas’ de Charlotte Roche, una novela ordinaria y de mal gusto, propia de esa literatura que se publicita bajo el calificativo de “transgresora” ¿Y con qué libro he tenido este verano esa sensación? Pues lo voy a decir aunque ello me cueste alguna reprimenda: la novela ‘Lejos de Veracruz’ de Enrique Vila-Matas. De este escritor me gustaron y mucho dos obras: ‘Bartleby y compañía’ e ‘Historia abreviada de la literatura portátil’; pero no me gustó nada ‘Aire de Dylan’ y esta última incursión en su novelística me ha resultado decepcionante. Quizá el comienzo de la novela atrape al lector, pero después resulta insulsa, con poca gracia y apenas interés. Ya sé que Vila-Matas es para muchos un escritor de los llamados “de culto” (otra denominación que hay que poner en cuarentena o bajo sospecha) y quizá yo me tenga que aplicar la variante de Óscar Wilde a la frase de Plinio: “La verdad es que no hay libros malos, lo que hay son malos lectores” y yo sea un mal lector de Vila-Matas. Pero ‘Lejos de Veracruz’, se pongan como se pongan Plinio y Wilde, es un pestiño. José López Romero.

CÓMICS


Durante la guerra de Cuba el potentado americano William Randolph Hearts, dueño de un imperio empresarial  que incluía  28 periódicos, y que sirvió de modelo  para el genial Ciudadano Kane de Orson Welles, fue un elemento decisivo para mover la opinión pública de su país a favor de una guerra contra España. Una opinión pública en principio bastante tibia y despreocupada por lo que acontecía en la mayor de las Antillas. En esa campaña propagandística contra los españoles, en la que también tuvo mucho que ver otro magnate americano Joseph Pulitzer, alcanzó mucho éxito el personaje de “The Yellow Kid” (El Chico amarillo), unas tiras protagonizadas por Mickey Dugan y donde se manipulaba la realidad, lo que fue el origen de lo que andando el tiempo se denominó despectivamente “prensa amarilla”, por el color del personaje de aquellas tiras. Desde entonces el atractivo pero también el poder de los cómics o historietas no paró de crecer, primero como un elemento más de la prensa para criticar o caricaturizar, en lo que conocemos como prensa satírica, la realidad política o social de un país, luego independizándose con publicaciones propias y de temática muy variada, muchas de ellas orientadas al público infantil pero sin desdeñar al adulto para el que fueron andando los años ofertándose cada vez más publicaciones. Durante el largo tiempo trascurrido desde la aparición de aquel “Chico amarillo” estadounidense, o las tiras que aparecían en la británica “Punch”, pasando por la española “La Flaca” o el jerezano Don Fastidio, hasta hoy han ido calando en la memoria colectiva nombres ya míticos de cabeceras de revistas de cómics como “Pilote”, “Cimoc”, “Madriz”, y una interminable lista de superhéroes o aventureros surcando los más diversos escenarios y épocas hasta llegar a la eclosión de la novela gráfica. La novela gráfica  en la actualidad  con la edición de títulos como ‘Persepolis’, ‘Maüs’ o, entre los españoles, ‘Los surcos del azar’, ha llevado al género a sus cotas más altas. A partir del 24 de octubre, la Biblioteca Municipal de Jerez recorrerá en una pequeña pero muy interesante exposición, los principales hitos de esta historia. Ramón Clavijo Provencio