LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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domingo, 10 de abril de 2016

EL DILEMA DE UN BIBLIOTECARIO

Aunque para Esteve (en la imagen cuarto por la izda.) la vida parecía  transcurrir de una manera  plácida, incluso se casa en el año 1937 con Rosario Castilla, él no era el mismo. No podía serlo a menos de que fuera alguien carente de emociones. En el Ayuntamiento se había vivido tras la llegada de las nuevas autoridades una durísima represión, que se extendería además a numerosos personajes vinculados hasta ese momento al mundo cultural o educativo de la ciudad. Ello no sólo disgustaría al bibliotecario  sino que le produciría desazón e inquietud sobre el rumbo que todo iba tomando. Periodistas, educadores, artistas, algunos de ellos muy relacionados con él, otros por los que tenía cierta admiración sufren las consecuencias de la nueva situación. Además bibliotecas privadas y librerías sufren las inspecciones de batallones de milicianos que  deciden sobre su idoneidad o no, es decir,  sobre su conservación o destrucción. La represión sobre el libro, se prolongará  en su forma más álgida casi una década, y luego seguirá  de una manera atenuada pero amenazadora durante algunos años más. Es muy significativa  la frase que escribe el presidente del Instituto Nacional del Libro (INLE), el jerezano Julián Pemartin, en el primer número de la Revista Bibliografía Hispánica (1942): Tenemos que esgrimir el arma del libro en todas direcciones y contra toda clase de enemigos.  En definitiva, en el primer periodo de la posguerra la censura será el primer elemento y casi la única política del libro llevada por el régimen en estos años. Desde Jerez el otrora entusiasta bibliotecario Esteve, para no ser represaliado -no todo el mundo tiene madera de héroe- trató de mantenerse en un segundo plano ante la marea represora sobre  la cultura y fue mudo y avergonzado testigo de las incautaciones de material bibliográfico privado, y su paso obligatorio por la biblioteca municipal para que un comité de expertos dictaminara qué hacer con ellos.  Sin duda fue la situación vivida en torno al libro en nuestro país, y en concreto la realidad diaria en la biblioteca de Jerez en los primeros años de la posguerra, las que llevaron al bibliotecario municipal a ir progresivamente marginando esa actividad a la que tanto entusiasmo había dedicado hasta entonces, para ir gastando sus energías en labores para él más gratas y menos “sensibles” desde la perspectiva política, como la investigación y divulgación de la historia del arte local y sobre todo, lo que yo he definido como la “huida a Asta”. Y es que “casualmente” la primera campaña de excavaciones sobre las Mesas de Asta que Esteve dirige  comienzan en el periodo más álgido de la represión sobre el libro: 1942. RAMÓN CLAVIJO PROVENCIO

PASIONES

Nunca sabremos cómo terminó encontrando uno de los pocos ejemplares de la primera edición que los repertorios bibliográficos consignaban entre libros raros y curiosos. Pasados tantos años y al hacer balance de su vida, aquel libro seguramente se perdió entre los intersticios de su memoria y ni una referencia nos dejó de su encuentro. Pese a su juventud, tenía muy claro que una de las actividades a las que dedicaría buena parte de su tiempo iba a ser la bibliofilia, y quería cuanto antes iniciar su pequeña pero selecta colección de primeras ediciones, en la medida en que sus posibilidades económicas se lo permitiesen. Y para su propósito ya había llegado a sus oídos que no muy lejos de donde vivía, a uno de los muchos cafés de su Viena natal, al café Gluck, acudía todos los días y se sentaba a la misma mesa un viejo judío de memoria prodigiosa, de un saber bibliográfico extraordinario; se llamaba Mendel, Mendel “el de los libros”. Y en sus manos, a su conocimiento enciclopédico se confió el joven Stefan para desarrollar una de sus grandes vocaciones: su amor por los libros. Y fue el viejo judío el que lo puso tras los pasos de aquella obrita publicada en su primera edición en París, en el año 1669, y titulada “Cartas portuguesas”. Cinco cartas componían el pequeño volumen, escritas por la monja Mariana Alcoforado y dirigidas a Marqués Noël Bouton de Chamilly, conde de Saint-Léger, capitán de la caballería francesa que había participado en el asedio de Ferreira, villa del Alentejo portugués, y cercana a Beja, en cuyo convento vivió Mariana y sufrió su pasión por aquel militar. Cuando el joven Stefan pudo tener en sus manos aquella preciosa joya de la literatura amorosa, leyó el final de la primera de aquellas encendidas cartas: “Adiós; amadme siempre y hacedme sufrir aún mayores males”, pensó que aquel sentimiento tan puro, aquella pasión que lleva a la amante al más alto sufrimiento bien se correspondía con su amor por los libros. José López Romero.