LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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sábado, 9 de marzo de 2013

EL CANON MEDIEVAL

Grabado de Durero:
"El caballero, la muerte, el diablo y el azar"

Fue Harold Bloom allá por 1994 quien con su ensayo ‘El canon occidental’ (en castellano, Anagrama, 1995) si no comenzó la moda de los libros imprescindibles para lectores y especialistas en literatura, sí al menos despertó o reabrió las viejas disputas sobre escritores y obras que todos debemos conocer y leer. ¡Y vaya si las abrió! Porque cualquier selección que se haga, por muy asentada en razones irrefutables, termina por desprender su correspondiente dosis de subjetivismo, inevitable cuando de manifestaciones artísticas se trata. Y a pesar de ser consciente de los riesgos que se corren, no me resisto a exponer en estas líneas mi particular canon de lecturas imprescindibles de la Edad Media, una selección fruto de la admiración que al leerlos he sentido, de la huella que me dejaron y de la profundidad e interés que sus autores lograron imprimir en sus trabajos. Pero solo me voy a ceñir a ensayos o investigaciones que, y juego con ventaja, han significado y siguen considerándose por todos como definitivos en sus áreas, textos de obligada cita cuando se trata de temas medievales. A Jacques Le Goff debemos dos trabajos sobre la cultura y el concepto de intelectual en la E.M.: en primer lugar, ‘Los intelectuales en la Edad Media’ (Gedisa, 1996) y ‘La civilización del occidente medieval’ (Paidós, 1999). Si en el segundo nos ofrece una visión bastante completa de la vida medieval en general, en el primero se centra sobre todo en la vida académica, especialmente de las universidades y sus métodos de enseñanza. El mismo Le Goff sería el encargado de coordinar el volumen ‘El hombre medieval’, dentro de la colección que Alianza Editorial (1990) fue publicando con el mismo título pero de diferentes épocas; cada capítulo se centra en una actividad propia del hombre (el monje, el guerrero, el campesino, el comerciante, etc.), y cuya lectura nos termina por dar una idea global y completa de la vida en la E.M. Pero si nos queremos adentrar en la religión, ningún libro mejor y más interesante que ‘En pos del Milenio’ de Norman Cohn (Alianza, 1981), una magnífica exposición de las teorías milenaristas y sectas que en torno a ellas proliferaron por la E.M., en torno al año 1000 hasta llegar incluso al siglo XVI. Religión, literatura, arte, vida cotidiana que encontramos en otro de los grandes textos dedicados al Medievo: “El otoño de la Edad Media” de Johan Huizinga (Alianza, 1978), un verdadero clásico sin duda de los estudios medievales. Y para las cuestiones económicas y comerciales ‘Las ciudades de la Edad Media’ de Henri Pirenne (Alianza, 1997), al que le debemos otro estudio imprescindible: ‘Mahoma y Carlomagno’. Y dejo para el final uno de los ensayos más importantes que sobre literatura medieval se han escrito: ‘Literatura europea y Edad Media latina’ (FCE, 1976) de E.R. Curtius, compendio de las relaciones de la literatura clásica y su profunda huella en la  medieval. Soy consciente de lo atrevido de esta selección y de que me dejo atrás un ciento de estudios tan imprescindibles como los nombrados, pero no me he podido resistir; a ellos y a mis profesores se lo debía. José López Romero.

NO LO LLAMES AMOR, LLÁMALO HIPOCRESÍA


Cuando se lleva mucho tiempo transitando por el mundo de la cultura, como es mi caso, y más concretamente por el que rodea a los libros, llega uno a algunas conclusiones interesantes, pero quizás la más cierta de todas ellas, la más descorazonadora sea la hipocresía de la sociedad con respecto a la cultura. Esto, en nuestro país, parece adquirir proporciones mayores. En estas breves líneas no podemos desarrollar lo que entendemos por cultura, y lo que la sociedad parece, al menos en estos últimos tiempos, entender bajo ese concepto. Pero algo no parece funcionar cuando, sospecho que para no parecer bárbaros, el calendario se llena de efemérides oficiales dedicadas a asuntos culturales. Hipocresía. En el caso del libro estos se materializan en homenajes a escritores, en  premios que ensalzan la creación literaria, o ceremonias fastuosas para recordar  hechos que se han difuminado y perdido su sentido original con el paso del tiempo. Pero todo esto son meros disfraces para disimular y esconder el desapego de la sociedad actual por la cultura escrita, y es que a la mayoría el libro les trae al pairo. En este país ello se ha hecho más evidente si cabe con la crisis, donde por ejemplo, vemos con preocupación el  visible  declinar de instituciones como las bibliotecas - también los archivos-, depositarias de la cultura escrita y cuyo día a día cada vez es más duro por la falta de medios, algo  que ya se  hace dramático en las más pequeñas. El panem et circenses funciona, y al parecer muy bien en el mundo de la cultura, y en este caso del libro. El calendario festivo está lleno a rebosar con efemérides en homenaje a escritores, libros, instituciones culturales, pero cuando nos acercamos al terreno, a la realidad de los apoyos a la creación literaria, al día a día de las instituciones relacionadas con el libro, a la defensa del patrimonio bibliográfico y documental el panorama es desolador. No lo llamemos amor, llamémoslo hipocresía. Ramón Clavijo Provencio.