A veces es inevitable volver la vista atrás, aunque ello sea a
riesgo de vernos inundados de nostalgia.
No me gusta demasiado esa sensación por su poder adormecedor y paralizante, y
que nos deja indefensos cuando nos asalta. No hace mucho me entretenía
revisando libros depositados en una vieja librería y que tenía desde hacía
mucho tiempo olvidados. Entre ellos captó especialmente mi atención ‘El hijo
del Cielo. Crónicas de los días soberanos’ de Víctor Segalen. No es que los
avatares del penúltimo emperador de China, Kuang-Siu, que es de lo que trata el
mencionado libro me interesaran sobremanera y ahora, con aquel reencuentro, me volvieran
los gratos recuerdos de su ya lejana lectura. No, nada de eso, pero en cambio
tras aquella edición (Seix Barral, 1983) sí que se agazapaban unos recuerdos
que rápidamente me asaltaron, personalizándose en la figura de D. Antonio
Olmedo que fue el que me lo regaló hacía ya algunos años. Olmedo, gran bibliófilo,
poseedor por entonces de una más que notable biblioteca tanto por su número
como por las piezas conservadas en ella, formaba parte de un pequeño pero
selecto grupo de relevantes personajes de la cultura local que periódicamente
me visitaban en mi despacho de la Biblioteca Municipal, bien para solicitarme información
de los fondos allí depositados, y que por uno u otro motivo necesitaban, bien
para investigaciones en curso o por el ansia de ilustración
permanente que en todos alentaba. Junto
a Olmedo, Eduardo Pereiras, gran fotógrafo e incansable investigador de la
historia de la fotografía local y Juan de la Plata, referencia imprescindible en el mundo del flamenco, son los que más
huella dejaron en mí y durante años me enriquecieron con cada una de sus
visitas. Grandes conversadores a través de sus conocimientos y experiencias me
permitieron entrar en un mundo ya desaparecido por entonces, un Jerez del que
ellos fueron protagonistas desde distintos ámbitos de la cultura. Entrañables
personajes que espero el tiempo no borre su huella en la ciudad, pero sobre
todo añorados amigos que en un fogonazo de nostalgia me volvieron a visitar. RAMÓN CLAVIJO PROVENCIO
Una biblioteca es lo más parecido a un laberinto, un laberinto lleno de libros, de mundos por descubrir.En homenaje a las bibliotecas y a la lectura , preside la cabecera de este blog un dibujo del pintor jerezano Carlos Crespo Lainez: "Noche de lectura".
LECTORES SIN REMEDIO
Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
viernes, 29 de septiembre de 2017
domingo, 10 de septiembre de 2017
LECTURAS DE VERANO V
El
arte de la distorsión
Juan
Gabriel Vásquez. Alfaguara, 2009
Hace
unas semanas fue ‘El arte de la novela’ de Milan Kundera, y hoy traemos a esta
sección ‘El arte de la distorsión’ de J.G. Vásquez: una colección de textos
que, al igual que el libro de Kundera, el escritor colombiano ha reunido en los
que reflexiona sobre obras y autores; reflexiones siempre interesantes y muy
aleccionadoras cuando se trata de un escritor, Vásquez, tan lúcido en muchas de
sus apreciaciones. Desde su visión de ‘Cien años de soledad’, pasando por ‘El
corazón en las tinieblas’ de Joseph Conrad y por los diarios de Julio Ramón
Ribeyro (magníficos), hasta llegar al libro ‘Hiroshima’ de Hersey que tradujo,
Vásquez nos ofrece una serie de trabajos que van de la crítica literaria, a los
datos biográficos de autores, para terminar en la denuncia de una bomba atómica
que pudo perfectamente evitarse. Vásquez sigue sin defraudarnos. J.L.R.
El turista perpetuo
Harkaitz Cano. Seix Barral, 2017
Evocador título este , y tanto más en las fechas que
nos encontramos, pues nos lleva a desear más si cabe la huida de la cotidianeidad y escapar en busca de destinos
soñados o, al menos, paisajes y rostros que nos alejen del gris y estresante
que nos rodea todos los días. Es el autor de esta colección de relatos un
ejemplo más de esa nueva generación de narradores procedentes del País Vasco, y
que no desdeña transitar por este género del relato corto en el que ya antes Kirmen Uribe había marcado
el camino como uno de sus más significados representantes. No le va a la zaga
Harkaitz, lo que podemos comprobar en esta corta pero imprescindible colección
de historias, donde los paisajes costeros y evocadores de esa vía de escape de
la que hablábamos antes, están muy presentes en una cuidada y fluida prosa trufada de guiños cinematográficos y homenajes a otros
relatos de grandes escritores.
R.C.P.
domingo, 27 de agosto de 2017
LECTURAS DE VERANO IV
Historia de los libros
perdidos
Giorgio Van Straten. Pasado
& Presente, 2016
Dentro de la historia general del libro -por cierto
un relato que cada vez atrae a un mayor número de lectores, fuera del ámbito
especializado- siempre ha ejercido una especial atracción esa otra crónica que
trata de desvelarnos de qué trataban y quiénes fueron sus autores, esos libros
de los que hemos oído hablar pero, por circunstancias diversas, no han llegado
a conservarse. Son pocos los autores que se hayan atrevido a hurgar en esta
particular historia, donde muchas veces la rumorología trata de suplantar la
realidad histórica documentalmente demostrada.
Stuart Kelly ya lo intentó en ‘La biblioteca de los libros perdidos’
(Paidos, 2007), y pese a la amenidad del libro, quizás pecaba de
centrarse excesivamente en el mundo anglosajón. No peca de este error Van
Straten, que amplía el espectro temporal y geográfico de su estudio, sin perder
amenidad. R.C.P.
Tokio blues (Norwegian Wood)
Haruki Murakami. Maxi Tusquets, 2007.
Aunque
la obra de este escritor japonés ya comenzaba su consolidación, fue esta
novela, publicada en 1987, la que le confirió definitivamente fama
internacional, hasta el punto de convertirse en escritor de culto para muchos
jóvenes. Porque de la juventud y sus inquietudes, sus problemas, sus
sentimientos, sobre todo sentimientos trata esta novela. Al escuchar la canción
de Los Beatles el narrador, Watanabe, ya maduro, va recordando aquella
adolescencia-juventud en el Tokio de finales de los años sesenta. Y entre los
recuerdos, en especial las relaciones con tres mujeres: Naoko, la novia de
Kizuki, su mejor amigo que se suicida a los diecisiete años; Midori, compañera
de universidad, con la que mantendrá una íntima relación; y Reiko, compañera de
la casa de salud de Naoko. Una visión a veces descarnada de una juventud
perdida, a ratos intimista y acogedora. Buena lectura. J.L.R.
martes, 8 de agosto de 2017
LECTURAS DE VERANO III
El
malentendido
Irène
Némirovsky. Salamandra, 2013
Irène
Némirovsky (Kiev, 1903 – campo de concentración de Auschwitz, 1942) fue una
precoz escritora, cuya primera novela es precisamente ‘El malentendido’,
publicada en 1926 en una revista y cuatro años más tarde editada en volumen.
Quizá más célebre por su narración ‘Suite francesa’ novela póstuma, no editada
hasta 2004 y llevada al cine con gran éxito. En ‘El malentendido’ Némirovsky
desarrolla la historia de un adulterio, el cometido por Denise, esposa de
Jessaint, y por Ives Harteloup, su antiguo amigo. El encuentro de los tres
personajes en Hendaya, mientras pasan unos días de veraneo, y la ausencia del
marido por negocios, propician unas relaciones amorosas siempre complicadas.
Una prosa que no deja de sorprendernos por su elegancia, su excelente ritmo
habida cuenta de la edad de la autora cuando escribió esta novela. Seguiremos
leyendo a Némirovsky. J.L.R.
El monarca de las sombras
Javier Cercas. Random House, 2017
Ha pasado algunos meses en el
estante este libro, aguardando paciente la lectura tranquila, sosegada que
merecía. No es Cercas un autor prolífico y de ahí el interés que despierta cada
nueva historia que nos presenta, y es que no hay en el panorama literario
nacional un escritor que utilice con tal maestría los recursos literarios, para
desvelarnos historias olvidadas por el paso del tiempo, pero que se tornan
trascendentes en el devenir de la historia más reciente de este país. Ahora el
foco de atención lo fija en desentrañar el pasado de un “héroe” familiar, un
tío abuelo que muere en los primeros meses de la Guerra Civil, en la Batalla del Ebro. El libro sigue ese
esquema que tan magistralmente domina Cercas, el de un relato en presente que
no es otro que el de la misma investigación que realiza sobre el pasado del
protagonista, y otro en el que se revive
al personaje con un salto en el tiempo posibilitado por la investigación. R.C.P.
viernes, 28 de julio de 2017
LECTURAS DE VERANO II
Tres días y una vida
Pierre Lemaitre. Salamandra, 2016
Después
de ‘Nos vemos allá arriba,
podemos hablar del fenómeno Lemaitre. Aquel excelente libro, premio Goncourt de
2015, hizo visible en nuestro país al escritor galo, provocando la reedición de
numerosos libros - unos inéditos en castellano otros que habían pasado sin pena
ni gloria- que al hilo del título anteriormente mencionado, lograron elevadas
cuotas de ventas. Ahora Lemaitre vuelve a cautivarnos con otro libro que sin
estar a la altura de ‘Nos vemos allá
arriba’, está más cerca de él que el resto de su obra. Algunos lo han
calificado como novela negra, y nada más lejos de la realidad. Aquí, salvo la
existencia de un crimen inesperado, no hay nada que nos haga pensar en ello.
Eso sí, hay un excepcional retrato de los personajes que desfilan por esta
novela, especialmente el de su protagonista al que Lemaitre nos lo retrata en
tres periodos de su vida. Y sobre todo el lector se topará con un final
inesperado y a tono con tan brillante relato. R.C.P.
Cine
Soledad
Francisco
González Ledesma. Ediciones don Balón, 1993.
‘Cine
Soledad’ es de esas novelas que a medida que vas leyendo más nos recuerdan las
inigualables películas en blanco y negro que Hollywood produjo en los años 50,
en las que se mezclaba una trama detectivesca con los bajos fondos de un
deporte tan denigrado por muchos, como admirado y seguido por pocos, como es el
boxeo; películas como ‘Más dura será la caída’ o ‘El ídolo de barro’. Un frustrado escritor, Paco Mayoral, termina
para mal ganarse la vida haciendo reportajes para una revista deportiva
catalana. Para uno de esos reportajes asiste a una velada clandestina de boxeo
en la que los púgiles son niños y, por desgracia, es testigo de la muerte de “Chico” Valverde, un niño deficiente. Su
investigación le lleva a Gaby Miranda, un boxeador que llegó a ser olímpico y
ahora intenta desesperadamente recuperar su prestigio. Una novela dura, como el
boxeo. J.L.R.
martes, 18 de julio de 2017
LECTURAS DE VERANO I
Francamente, Frank
Richard Ford. Anagrama, 2015.
Volvemos a reencontrarnos con Frank Bascombe, el
icónico personaje creado por Richard Ford, un encuentro que no podemos dejar de
calificar como afortunado. Es cierto que el
Frank, con el que aquí volvemos a toparnos es un hombre en la etapa
final de su vida, más melancólico y hasta cierto punto desencantado de la
misma, pero que no pierde su ironía, humor y lucidez que tanto nos hicieron
disfrutar en anteriores novelas de este autor. Al hilo de la devastación que ha
dejado el huracán Sandy, Ford nos deja cuatro historias independientes pero
todas bajo la influencia directa o indirecta, de esta catástrofe natural. En
estas historias Frank Bascombe se reencontrara con viejos amigos, que aparecen
ahora tras años de silencio, antiguas esposas,
desconocidos que le cuentan historias ignoradas y terribles. Historias
donde Ford nos deslumbra por su lucidez en analizarla realidad que
cotidianamente nos rodea y condiciona nuestras vidas. R.C.P.
El regreso de Titmuss
John Mortimer. Libros del Asteroide, 2014
Esta segunda entrega de la trilogía es tan buena como la primera, ‘Un
paraíso inalcanzable’, que no es poco mérito porque ya se sabe: segundas
partes… John Mortimer, polifacético escritor que ha obtenido grandes éxitos
como guionista para la televisión, vuelve aquí sobre su protagonista, Leslie
Titmuss, en la cima de toda su buena fortuna, es decir, ya convertido en
ministro de Territorio, Urbanismo y Fomento, el que fuera en su juventud chico
que cuidaba del jardín de los Simcox y meritorio aspirante a un cargo político
en el partido conservador inglés que ya ha conseguido. Su segundo matrimonio
con Jenny Sidonia y un problema urbanístico nos hacen profundizar en la
psicología del siempre escandaloso Titmuss, así como en las vidas de los
habitantes de Rapstone Fanner, con ese acerado humor y fina ironía de Mortimer.
Una novela para divertirse. J.L.R.
viernes, 30 de junio de 2017
LIBROS EN LA COSTA
La llegada del verano –dicen- favorece
la lectura, lo cierto es que ya sea por disponer de mayor tiempo libre o
cualquier otro aspecto que ahora se me escapa,
el estío parece una estación propicia para ello. En el verano nos
topamos en el paisaje cotidiano con lectores, una especie que parece
desaparecer –al menos visualmente- de los espacios públicos el resto del año y
ahora –como si fueren aves migratorias
que llegan de latitudes lejanas- y ahora tengo la sensación de que lo copan
todo. Hace algunos años a nadie le hubiera llamado la atención ver un lector absorto en su libro en el banco de
un parque o tranquilamente disfrutando de una historia apasionante, mientras
tomaba pequeños sorbos de su café en una terraza. De hecho algunos admirados
fotógrafos nos han legado sus paisajes de la lectura a lo largo del siglo
XX, en libros apasionados, hoy de culto
como ‘El íntimo placer de leer’ de André
Kertész, y donde lo que entonces era pura cotidianeidad hoy se nos muestra
envuelto por una pátina de misterio. Pero como les decía más arriba, el verano
parece –no sé si ficticiamente- resistirse
a borrar la imagen del lector y la lectura del paisaje cotidiano. Y de todos los
escenarios el más querido por estos lectores, cómo no, es el litoral. Los
lectores compiten aquí con bañistas, surferos, paseantes de orilla o practicantes
de deportes náuticos. Incluso alguno de estos lectores estivales me han regalado escenas verdaderamente curiosas, como cuando
un temporal de levante me hacía abandonar la playa de La Fontanilla hace un par
de veranos. Allí, caminando con dificultad sobre las pequeñas dunas que formaba
con la arena el viento, luchando con la que en suspensión hacía peligrar la
integridad de cualquiera que fuera desprovisto de unas buenas gafas de sol, pude contemplar a aquella lectora
impertérrita, por supuesto protegida con
unas enormes gafas, y que tirada
sobre la toalla, leía ajena al levante a Theisiger. Otro de los aspectos
relacionados con esa “vuelta” de los lectores a la visibilidad en verano, que
me intriga es el qué leen. Como todos sabemos la llegada del lector estival
provoca esa epidemia de recomendaciones, que editoriales, críticos, blogueros y
otras especies, tratan de orientarlos hacia este o aquel libro. A pocos, sin
embargo, he visto leyendo – en esta otra faceta mía de “voyeur de la lectura”- libros recogidos en algunas de esas listas.
Daría para otro artículo la lista de libros que he ido relacionando, en esta
“caza” de las lecturas del lector estival. Y les confieso una cosa: muchas
veces han sido ellos, cuando tumbados sobre la arena, o bajo la toldera de una
terraza frente al litoral, los que sin saberlo me han recomendado un libro
inolvidable. El último: ‘Helena o el mar del verano’ (Julián Ayesa. Acantilado,
2017). RAMÓN CLAVIJO PROVENCIO
SENTIDO COMÚN
“Un hombre no difiere mucho de una mula o
un caballo, salvo que el caballo o la mula tienen algo más de sentido común”,
leo en ‘Mientras agonizo’, una de las novelas más emblemáticas de William
Faulkner, maestro de maestros, como así lo confiesa el mismísimo Vargas Llosa.
Me quedé con la frase por esas otras que relacionan a mulas o burros con
hombres, o las que aluden a ese sentido común tan extraño al ser humano y, sin
embargo, tan insistentemente demandado en los últimos tiempos por algunos
políticos. Quizá el mérito o el ingenio de la frase del gran escritor
estadounidense, sea haber compendiado en ella todos esos proverbios o refranes
que están en la mente de todos y destacar, como en aquellos, la imagen
peyorativa que se tiene del género humano. Concepto en el que también insistía
el filósofo galés Bertrand Russell:
“Me han dicho que el hombre es un animal racional. En todos estos años, no he
encontrado una sola prueba de que eso sea cierto”. Cuando esto escribía Russell
acababa de cumplir 90 años, es decir, en 1962, y fue en 1930 cuando Faulkner
publica por primera vez ‘Mientras agonizo’; ni veinte años habían pasado aún
entre el final de las dos grandes guerras mundiales en uno y otro caso (12 en
el caso del novelista; 17 en el caso del filósofo). Seguramente en la memoria
de estos dos enormes intelectuales frescos permanecerían los recuerdos de esas
dos terribles contiendas, ejemplos universales del escaso o nulo sentido común
de los seres humanos. Leer a George Steiner –autor con el que doy, desde hace
algunos años, por iniciado mi verano de lecturas- o releer textos de Zweig, o
los poemas de Erri de Luca, es un ejercicio que debemos hacer con cierta
periodicidad para intentar recobrar la confianza en nosotros mismos, porque son
intelectuales con sentido común; ese sentido que confiamos en que tengan
los gobernantes, y también los
gobernados, aunque en más de una ocasión, desalentados, nos invada el pesimismo
y hagamos nuestras las frases de Faulkner y de Russell. José López Romero.
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