Mi padre era un lector voraz de novelas del oeste en aquellos difíciles años sesenta. Si de las décadas anteriores el color era el negro, en los sesenta habíamos pasado al gris pero marengo. Y me acuerdo de que nos mandaba a mi hermano y a mí a un quiosco cerca de casa para cambiarlas o venderlas como segunda mano (la pela era la pela); al fin y al cabo, eran novelas de usar y cambiar. Y allí que íbamos con una buena bolsa de ellas que previamente había leído y en las que se notaban las marcas de los picos de algunas hojas doblados a modo de antiguos pero no menos socorridos marcapáginas. E incluso con los lomos bastante vencidos consecuencia de su lectura en la cama o, si me permiten el comentario un tanto escatológico, en el servicio. Ahora, al redactar este artículo he echado un vistazo por Internet para ver si aún siguen existiendo en el mercado aquellas novelas que tanto entretuvieron las tediosas tardes de buena parte de los lectores de aquellos no menos tediosos y tristes años. Y compruebo por algunas páginas, sobre todo en Ebay, que siguen estando a la venta las mismas que hace demasiados años veía en las manos de mi padre, las de la editorial Bruguera y en especial las del gran Marcial Lafuente Estefanía. Por mi parte, en pleno desarrollo académico por aquellos tiempos, poca atención les prestaba a estos relatos que, además, estaban indicados, como rezaba en la portada de algunas series, para un público “adulto”. Mis incipientes aficiones lectoras me llevaban a los libros de lectura obligatoria en el colegio y a aquellos que caían en mis manos frutos de alguna recomendación fiable. Con el correr de los años aquellas novelas fueron desapareciendo de mi casa y con ellas el nombre de Silver Kane, seudónimo bajo el que se escondía mi venerado Francisco González Ledesma. José López Romero.
Una biblioteca es lo más parecido a un laberinto, un laberinto lleno de libros, de mundos por descubrir.En homenaje a las bibliotecas y a la lectura , preside la cabecera de este blog un dibujo del pintor jerezano Carlos Crespo Lainez: "Noche de lectura".
LECTORES SIN REMEDIO
sábado, 10 de abril de 2021
viernes, 26 de marzo de 2021
VISIBILIDAD
A riesgo de incurrir en el imperdonable vicio de la reiteración, vuelvo a Erasmo de Róterdam. No se cansó el insigne humanista de censurar en sus escritos la religión entendida como simples ritos y ceremonias exteriores, y de predicar una religión interior. “la vida evangélica no se desarrolla en conventos y catedrales, sino en cualquier lugar, sea cual sea la condición del fiel; por último, esta vida no se manifiesta tanto a través de ritos y ceremonias exteriores, como en el interior del ser humano”, nos aclara Francisco Castilla Urbano en su exhaustivo artículo “Propuestas utópicas e insuficiencias políticas: Erasmo y el Cuerpo Místico de Cristo”. Y viene esto a cuento porque han pasado los siglos desde que el pobre Erasmo predicaba en el desierto y seguimos dándole más importancia al exterior que al interior en muchos aspectos de la vida, incluido el religioso. Y uno de esos aspectos es el famoso y ya cansino “Día Internacional o Mundial de…”. Bajo la excusa de que hay que dar visibilidad o hacer visible un problema o un conflicto social, ya no quedan días entre los trescientos sesenta y cinco que contiene el año, y hasta en una misma jornada nos vemos celebrando dos o tres efemérides distintas: el día del gato, el de las tortas de aceite y el de los jerséis de cuello alto, por poner algunos ejemplos chuscos. Y así, todos los que pretenden reivindicar o “darle visibilidad” al asunto, se lanzan a la calle como posesos gritando sus consignas. Terminada la manifestación, recogida de pancartas y hasta el año que viene. El otro día, un querido amigo me pasó la entrevista que le hacían en una publicación a un antiguo y admirado profesor nuestro, un espejo de docente y persona en el que siempre he querido reflejarme. Hombre religioso de vocación y miembro de una orden religiosa, le confesaba al periodista: “me siento gustosamente empujado a dedicar una hora o más por la mañana a la oración… Yo mismo me admiro de esta no tan costosa inclinación. Poder decir “¡Qué bien estoy aquí ante el Señor!” o “¿Es que hay otra ocupación más gratificante?”… Ahora, en mi momento actual, lo que más valoro es el agradecimiento hacia el Señor”. Estas palabras de mi admirado profesor es un perfecto ejemplo de la religión interior que predicaba Erasmo. La conversación con Dios, su presencia gratificante, agradecida para aquel o aquella que cree en Él y en Él se reconforta. Sin golpes de pecho, sin manifestación callejera, sin pancartas ni consignas gritadas por una masa más interesada que sincera, menos espontánea que manipulada. El mejor homenaje a nuestros sanitarios (lo siguen diciendo ellos) no es el aplauso, sino que extrememos las medidas de seguridad y de higiene; el feminismo no se grita, se ejerce todos y cada uno de los día del año desde cualquier ámbito de nuestras vidas: en casa, en el trabajo, en la educación de nuestros hijos; a los animales no se les festeja se los cuida y no se les abandona… “Ningún día os borrará de la memoria del tiempo” es el verso de Virgilio grabado en el monumento en homenaje a los fallecidos en las Torres Gemelas. Por eso, todos los días debemos poner de nuestra parte, no con gritos sino con hechos, para hacer de este mundo un lugar más acogedor para todos. No un día, sino todos los días. José López Romero.
MÚSICA Y LIBROS
“Los libros también tienen su banda sonora, su música, como las películas”. Al menos esto era lo que afirmaba hace ya años mi buen amigo Torner, gran cinéfilo y lector. Debo reconocer que el tiempo y las muchas lecturas me han hecho confirmar aquello. Los libros, al menos aquellos que tienen la virtud de atraparnos en su mundo, también van envolviéndonos de música. Quizás esta sea imperceptible para muchos lectores, pero si somos capaces de activar todos nuestros sentidos en la lectura finalmente la iremos captando, de la misma manera que espontáneamente vemos el rostro de los personajes que habitan entre las páginas de un libro, aunque el autor no haya sido muy detallista en describir sus facciones o simplemente no lo haga a lo largo de la narración. Y sin embargo, no nos extrañamos de este poder que nos acompaña en nuestras lecturas. Sí, los libros, como decía Torner, tienen música. Una música que puede ser desconocida y que escuchamos por vez primera, al mismo tiempo que vamos avanzando en la historia contenida entre sus páginas. Pero también no son menos numerosos los casos, en los que los acordes que nos acompañan durante la lectura son perfectamente reconocibles. A todos se nos vienen a la memoria muchos libros cuyas historias han sido trasladadas al cine y, por tanto, a las que ya identificaremos con una música concreta. Es el caso de “Los restos del día” de Kazio Ishiguro, llevada a la gran pantalla por James Ivory y para la que Richard Robbins compuso una inolvidable melodía. Otras veces son los propios escritores los que nos lo tratan de poner fácil como Murakami en “Tokio Blues” o “Sauce ciego, mujer dormida” (Tusquets), donde encontramos esa maravillosa historia titulada “Viajero por azar” que gira en torno al jazz. Más recientemente Juan José Millás en su “Que nadie duerma” (Alfaguara), hace girar la narración en torno al Turandot de Puccini, y mientras avanzamos en ella es difícil sustraerse de las notas del Nessum Dorma. Sí, los libros tienen música, aunque la mayoría de las veces seamos nosotros los únicos autores de la banda sonora de cada historia atrapada entre sus páginas. Ramón Clavijo Provencio
sábado, 13 de marzo de 2021
GEOGRAFÍA DE LA NOVELA NEGRA EN LA PROVINCIA DE CÁDIZ
El año 2015 la Feria del libro de la capital gaditana se dedicaba a la novela negra, publicitándose con un estupendo cartel realizado para la ocasión por Víctor Santos. Ese gesto era no solo un justificado guiño al auge de un género, sino a la vez una llamada de atención sobre autores, mayoritariamente locales, e historias que empezaban a situar sus tramas policiacas en esta zona geográfica del sur peninsular. Unos años después de aquello parece que los vientos siguen siendo favorables, y lo decimos tanto por el número de libros publicados como por la calidad de estos. Todo lo comentado ha sido propiciado sin duda por el interés de editoriales, tanto nacionales como locales, empujadas por los lectores, que incluso ha hecho que algunas de estas historias traspasaran con éxito las fronteras locales. Es el caso de Benito Olmo (‘La maniobra de la tortuga’, ‘La tragedia del girasol’, ed. Suma de letras) que con solo dos novelas protagonizadas por el inspector Bianquetti ha situado a su protagonista entre los personajes inolvidables del género. Cádiz es sin duda la ciudad mayoritariamente elegida como escenario para estos relatos y así lo vuelve a ser en los de José Rasero Balón, cuyo singular protagonista Benito Bran resuelve intrincados casos en una ciudad de Cádiz que lo impregna todo (‘Áticos y viento’ y ‘La novela de flor Parodi’, ediciones Mayi), o en la trilogía de David Monthiel protagonizada por el detective Rafael Bechiarelli (‘Las niñas de Cádiz’, ‘Carne de carnaval’, Ediciones el Paseo, y ‘Nuestra Señora de la Esperanza’, Roca editorial). Y en esa interminable lista de novelas con escenario gaditano, habría que incluir por su calidad al muy interesante Daniel Fopiani con ‘La melodía de la oscuridad’, ed. Espasa), que nos presenta a un protagonista ciego, Adriano, todo un hallazgo. Pero también hay otros parajes de la provincia donde trascurre la trama de interesante libros del género, escritos por creadores vinculados a la provincia. Es el caso de ‘Los crímenes del parque’ de Hugo Andrés Castro (Cazador), que sumerge al lector en el exuberante paisaje de Los Toruños, o ‘A la velocidad de la noche’ (Apache) del isleño Enrique Montiel de Arnaiz que ubica su magnética y trepidante historia en Baraka, lugar imaginario pero situado entre las provincias de Cádiz y Málaga. Entre lo policiaco y lo histórico fluctúa la trilogía protagonizada por el oscuro inspector Castilla que nos lleva al Jerez de la posguerra (‘La ciudad que no sueña’, ‘Operación estraperlo’ y ‘Asta Regia’, editorial Canto y Cuento). Para finalizar ‘Moroloco’ de Luis Esteban (Suma) y ‘El vientre de la Roca’ de Jerónimo Andreu (Salamandra), sitúan sus interesantes y adictivas historias en el Campo de Gibraltar. Decía Juan Madrid que “una buena novela negra debe molestar”. Pues bien, aquí creo que hemos dejado un buen ramillete de ellas. Ramón Clavijo Provencio
PLATÓNICO
En su dedicatoria a “Felipe, ilustrísimo señor obispo de Utrecht”, que el inconmensurable Erasmo de Róterdam antepone a su opúsculo ‘Lamento de la paz’ (magnífica edición de la editorial Acantilado, 2020, traducción de Eduardo Gil Bera), citaba unas palabras de Platón en estos términos: “pues Platón, varón de juicio sobremanera exquisito y enteramente divino, consideraba que los más idóneos para el gobierno eran aquellos que lo asumen contra su voluntad” (‘República’, 1, 347c.). No me extraña ahora que se acuñase la expresión “amor platónico” para aquel sentimiento que se define por lo inalcanzable. ¿El gobierno para los que lo asumen contra su voluntad? Pura utopía. Así como Erasmo se lamentaba de las grandes dificultades, de la imposibilidad por alcanzar la paz entre las naciones en los comienzos del siglo XVI (el opúsculo lo escribe en Lovaina en 1516), sobre todo por los intereses particulares de los grandes poderosos, reyes y príncipes, de su época, de igual manera, el mismo lamento podemos entonar hoy los sufridos ciudadanos por no encontrar un político que haya tomado el ejercicio del gobierno contra su voluntad que, al decir del sabio Platón, sería el idóneo para tales menesteres. Hoy se ejerce el poder de acuerdo con los mismos intereses bastardos que denunciaba Erasmo en su obra. Las mismas guerras, las mismas confrontaciones, idénticas ambición, rivalidades y soberbia. No aman, no persiguen el bien de las ciudades y las naciones, sino el suyo propio, todo lo que les puede hacer permanecer en el poder. ¡Y se quejan del desprestigio de la clase (casta) política! Parafraseando a Mateo (19, 23-30), es “más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un político entre en el reino de los honestos”, y si entra, seguro que será contra su voluntad. José López Romero.
sábado, 27 de febrero de 2021
ORIENT-EXPRESS
FRANCISCO GARCÍA PAVÓN Y EL OLVIDO
sábado, 13 de febrero de 2021
¿QUIÉN ES EL ASESINO?
“Para que una novela tenga éxito debe incluir entre sus páginas un cadáver”,
escribía alguien que ahora no recuerdo, pero al que a la vista del actual
mercado editorial no le faltaba razón. Sin embargo, los inicios de la novela
policiaca fueron más bien modestos si nos atenemos al seguimiento que tuvo por
parte del público ‘Los casos de la calle Morgue’, publicada en 1841 por Edgar
Allan Poe, y donde nos presentaba al que
hoy se considera primer detective literario: Auguste Dupin. Sin embargo, Dupin
fue el modelo a seguir por otros personajes de ficción que tuvieron una
popularidad arrolladora, como Sherlock Holmes de Conan Doyle o Hércules Poirot
de Ágatha Christie. A principios de los años 30 del pasado siglo dos autores
también norteamericanos, Dashiell Hammlet y Raymond Chandler, renovaron el
género con una serie de excelentes novelas que dio lugar a lo que se denominó “novela
negra”, por los escenarios sórdidos donde se desenvolvían sus protagonistas y
donde la moralidad de los mismos entraba en un plano más ambiguo y realista. Sin
duda la popularidad de esta literatura se acrecentó cuando algunas de estas
novelas fueron llevadas al cine, y donde Humphrey Bogart pondría un rostro imperecedero (en la imagen)
a los detectives Philip Marlowe o Sam
Spade. Curioso fue el fenómeno que se dio en nuestro país en la década de los 60, cuando la recién
inaugurada televisión pública convirtió en un fenómeno de masas al detective
Larose, protagonista de la serie ‘¿Es usted el asesino?’, basada en la novela
del mismo nombre de Fernand Crommelyck. Con el paso del tiempo, y esto es historia
conocida, van surgiendo nuevos nombres que mantienen el interés de cada vez más
lectores. En España, Francisco González Ledesma, con su genial comisario
Ricardo Méndez, es uno de los primeros grandes escritores de este género, al
que seguirán Vázquez Montalbán, Juan Madrid, Alicia Jiménez Bartlett o Lorenzo
Silva entre otros muchos. Fuera de nuestras fronteras Georges Simenon, Patricia
Highsmith (que da otro giro al género al
escribir desde la perspectiva del asesino, con la creación de su personaje
Ripley), Henning Mankell, Donna Leon, Stieg Larsson, Markaris o Benjamin Black.
Grandes escritores recreando con sus historias la cara menos grata de la
realidad, aunque esas historias en alguna ocasión han tocado a sus autores más de
lo que uno pudiera pensar. Es el caso de Anne Perry, una conocida escritora de
novelas policiacas británica, cuyo verdadero nombre es el de Juliet Marion
Hulme. Perry fue protagonista real
siendo una adolescente, de un macabro suceso
al ser cómplice de su mejor amiga, Pauline Parker, en el asesinato de la madre
de esta última. Por cierto, este caso sería llevado al cine en la excelente ‘Criaturas
celestiales’, dirigida por Peter Jackson y protagonizada por Kate Winslet. Ramón Clavijo Provencio.






