LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.

sábado, 8 de octubre de 2022

DEL TIEMPO, PADURA Y TAMBORES LEJANOS

Dicen que con la edad la percepción del paso del tiempo cambia, y he empezado a comprobar que ello puede ser cierto, además de dejarnos una sensación incómoda en relación a hábitos como la lectura. En cierta ocasión escuchaba al periodista Iñaki Gabilondo congratularse por haber adquirido esa costumbre diaria de la lectura desde su adolescencia, aunque no sé si también le acompañará como a mí ahora, la preocupación por el tiempo,  una preocupación que puede llegar a ser hasta morbosa. El otro día, mientras comenzaba la lectura de lo último de Leonardo Padura ‘Personas decentes’, la nueva aventura del singular detective cubano Mario Conde del que no tenía noticias desde ‘La trasparencia del tiempo’, pensé cuál sería mi último libro, aquel que cerrara definitivamente mi historia como lector. Pues sí, aquella idea me asaltó a traición acompañada por su cohorte de preguntas a cual más inquietante, como la de ¿quién sería el autor o autora que me acompañaría en mi última etapa de lector? o ¿terminaría ese desconocido libro  antes de que el tiempo se me agotara o, en cambio, uno de esos artísticos marcapáginas de la librería “La Luna Nueva”, quedaría anclado a mitad de mi  travesía lectora? Como verán, los pensamientos también se desbocan y los de aquella tarde no solo me descentraron de la lectura, sino que empezaron a inquietarme hasta el punto de que tuve que dejar a Padura para tomar una copa de un oloroso que tenía reservado para las grandes ocasiones. Luego llegó la calma, aquel oloroso sin duda hacía milagros, y me permitió volver a prestar la atención que se merecían las andanzas de Conde por La Habana y, en definitiva,  disfrutar de la lectura, que es de lo que se trataba. Pero pese al oloroso, siento que el calendario sigue avanzando veloz y, como  quien no quiere la cosa, me llega el sonido de tambores lejanos. No, no son los de aquella película de Raoul Walsh y sí en cambio los que anuncian la próxima Feria del Libro de Jerez.  Siempre me alegra, pese a los escépticos con este tipo de eventos, el montaje de sus casetas y tenderetes que dan visibilidad al libro durante unos días, y sobre todo a los escritores, librerías y editoriales locales, lo que nunca está de más. Pero estas otras ferias locales, más allá de las que se celebran en torno al libro en Madrid y Barcelona y alguna otra gran ciudad de nuestro país, son una especie de lucha heroica contra el tiempo que ya se llevó por cierto, en el caso de Jerez, aquella entrañable feria del Libro antiguo y de ocasión que llegaba a la ciudad en la antesala de las fiestas navideñas. El tiempo de mi juventud era eterno, este que me devora ahora pasa demasiado deprisa…

Ramón Clavijo Provencio

LA WIKIPOBRE

Hoy en día entre la casta investigadora, sea del ramo que sea, citar la wikipedia es como nombrar la bicha. Da asquito y repelús. Es como si la información que encontramos en la enciclopedia de la era tecnológica fuera de segunda clase, propia de investigadores de medio pelo con ínfulas de rigor científico. Y sin embargo, no hace mucho acudíamos desesperados a la Espasa en busca del dato perdido entre el laberinto de los catálogos de archivos y bibliotecas. ¡Pero, hombre!, dirán los de la casta, ¡no compares a la wikipobre con la aristocrática Espasa! ¡Hasta en las enciclopedias ha habido y sigue habiendo clases! Bien es cierto que la wikipedia arrastra la fama de que todo el mundo, entendidos, aficionados y diletantes, pueden meter el teclado en ella, apenas sin un mínimo filtro o control de calidad; lo que en palabras más rimbombantes se denomina “la enciclopedia libre”, libre para consultar y libre para editar. Ella misma se define como “almacenamiento y transmisión de información, que puede ser editada por cualquiera y de contenido abierto”. Y quizá en esta definición estriba su valor, más el añadido de que no ocupa, como la Espasa, medio piso (y me quedo corto) de los construidos en la era de la reduflación del metro cuadrado. No pocas ventajas que, si atentos estamos al manejo y contraste del contenido que consultamos, nos facilita la investigación sin que se la menosprecie y evitamos así que la casta la mire por encima del hombro. En estos tiempos en que un simple clic nos permite acceder a toda clase de datos, despreciar cualquier fuente de información me parece ridículo y trasnochado. Y prueba de ello es que nadie quiere ahora ni regalada una enciclopedia en papel, ni las librerías de viejo. ¡Ni la Espasa! que en su momento corrió en los ya ¡antiguos! CDs. La historia no para de darnos lecciones de que a veces la pobreza es humildad, y la aristocracia termina muriendo de vanidad. ¡Hasta las enciclopedias! José López Romero.

jueves, 4 de agosto de 2022

LECTURAS PARA VERANO II

El ángel de Múnich

Fabiano Massimi. Alfaguara, 2020

Volvemos sobre esta novela que ha tenido una gran acogida entre los lectores desde su aparición. Gira en torno al turbio, y aún envuelto en el misterio, asunto del suicidio de la sobrina del líder del partido nazi y candidato a la cancillería, Adolf Hitler, Geli Raubal. Raubal apareció muerta en 1931 con un disparo en el pecho, en su habitación del apartamento propiedad de Hitler en Múnich, suceso sobre el que el autor hurga de manera convincente  sustentándose en un importante corpus documental. El resultado es una novela fascinante donde los protagonistas, inspirados en personajes reales, son los policías Siegfried Sauer y Mutti Foster, que intentan dar más luz a un suceso que pudo cambiar el curso de la historia. R.C.P 

El quinteto de Nagasaki

Aki Shimazaki. Lumen, 2018.

Como bien se dice: “conocido el método…” Frase que se les puede aplicar literalmente a las dos novelas iniciales de esta escritora de origen japonés pero afincada en Canadá. ‘El quinteto de Nagasaki’ tiene los mismos ingredientes que la segunda, ‘El corazón de Yamato’: el mismo estilo intimista, en el que las flores y las libélulas juegan un papel importante, y la misma estructura, un entramado de vidas que Shimazaki, con gran maestría, sabe conducir a lo largo de relatos que tienen como protagonistas a personajes ya conocidos en los capítulos anteriores. En este caso, podemos destacar a Mariko Kanazawa y su hijo Yukio, en torno a los cuales giran los demás, entre los que podemos citar a su amante y padre de su hijo, el doctor Horibe, su hija Yukiko, y el marido de Mariko, el señor Takahashi. Y dos acontecimientos históricos: el terremoto de 1923 y la bomba atómica sobre Nagasaki en 1945. J.L.R.

martes, 19 de julio de 2022

LECTURAS PARA VERANO I

El jardín de vidrio

Tatiana Tibuleac. Impedimenta, 2021.

Después de su deslumbrante ‘El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes’ esperábamos con expectación y, a la vez, con cierto temor la nueva novela de esta escritora moldava (Chisináu, 1978) a la que nos atreveríamos a considerar una de las grandes escritoras de este siglo XXI. Con expectación porque ‘El verano…’ nos había dejado con muchas ganas de seguir leyendo a Tibuleac, pero también con temor por pensar que esta nueva entrega no estaría a la altura de la primera. Y aunque igualar (nunca superar) a la anterior, ya era tarea difícil, ‘El jardín de vidrio’ no defrauda en absoluto. La historia de Lastochka, la niña que compra Tamara Pavlovna a un orfanato para que le ayude a recoger botellas de vidrio repartidas por toda la ciudad se convierte en un relato estremecedor que tiene como narradora a la protagonista ya adulta. El mejor elogio: no desmerece de aquel ‘verano en que mi madre tuvo los ojos verdes’. J.L.R.

Demasiados cocineros

Rex Stout. Navona Negra, 2018


El apasionamiento por la novela policiaca o negra está logrando también rescatar del olvido la obra de algunos autores notables del género. Siruela, Gatopardo, Impedimenta o Navona son algunas de las editoriales que están apostando por ello desde hace algún tiempo, lo que está permitiendo que muchos lectores descubran personajes tan singulares como el detective Nero Wolfe. La gran “humanidad” de Wolfe, con más de 100 kilos de peso, le hace moverse poco de su casa  mientras Archie, su secretario, es la parte activa que le consigue la información necesaria para resolver los casos en los que se ve implicado. En esta novela, Wolfe sí saldrá de su apartamento neoyorkino para impartir una charla, como gran gastrónomo, en una convención internacional donde aparecerá muerto uno de los grandes chefs asistentes. R.C.P.

lunes, 20 de junio de 2022

CASTIGO

 

“Hoy se cumplen (21 de octubre) doscientos ochenta y siete años que tuvo lugar en Madrid, un hecho que me place ahora recordar, por lo que fuere. Un hombre que había sido el favorito de un rey y el magnate más notorio de su tierra fue condenado a «morir degollado en cadalso por la garganta». Hablo del muy poderoso señor D. Rodrigo Calderón, marqués de Siete Iglesias [en la imagen], cuyo aniversario necrológico celebra hoy la iglesia, no sé bien si con Tedeums o MisereresUno de los cargos principales acumulados contra D. Rodrigo Calderón, marqués de Siete Iglesias y ex secretario de Cámara, fue el «haber hecho sobre su corto patrimonio una opulenta fortuna». Pero, ya queda dicho, del trágico acontecimiento van transcurridos centenares de años, y centenares de ministros, no menos venales que D. Rodrigo Calderón, han hundido sus manos avarientas en las arcas del Tesoro, sin que hayan sido segadas jamás”. Así contaba el gran bohemio Alejandro Sawa en su magnífico libro ‘Iluminaciones en la sombra’ la suerte de este personaje que, efectivamente, murió degollado, como correspondía a un noble, en la plaza Mayor de Madrid el 21 de octubre de 1621, recién iniciado el reinado de Felipe IV. Y no menos cierta es la opinión o lamento del ilustre escritor, muerto él mismo en la más absoluta pobreza, de que ya han pasado por la historia de este país no cientos, sino miles de ministros y  personajes políticos de diverso pelaje y de la peor estofa que se han llenado los bolsillos, “han hundido sus manos avarientas en las arcas del Tesoro” y aquí no ha pasado nada. Nada más que con la historia más reciente, la de nuestra democracia, se podría haber inundado de sangre varias veces la plaza Mayor, si la Historia, como se lamenta Sawa, no nos diera con el famoso marqués lecciones vanas de ejemplaridad. En estos días en que se debate tanto entre lo legal y lo moral, ético e incluso estético, que algunos han llegado a esgrimir, lo cierto es que, como todos sabemos, lo legal lo deciden las leyes y quienes tienen que administrarlas, con lo que ya empezamos con los problemas, porque en este país la aplicación de las leyes deja mucho que desear; y sobre lo moral, ético o estético algunos opinan que cada ciudadano tiene su propio y particular concepto de ello. Y es posible que así sea, porque siendo legal un buen negocio nuestra moral, ética o estética es inversamente proporcional al volumen de nuestros bolsillos. No acudamos al tópico ya manido de que todos tenemos un precio, cambiemos “precio” por “dignidad”; y si esta no fuera suficiente, cambiémosla a su vez por “fama” u “honra”, aquella que daba o quitaba la pública opinión. Y hoy son los medios de comunicación los que se han apropiado de esa “pública opinión” y, en esto, como en las leyes, ya empezamos con los problemas. ¡Qué razón tenía Sawa! José López Romero. 

CÉSAR


El primer libro en el que descubrí a Julio César, un poco antes de recibir aquellas clases de latín de la gran Pilar Cortiles, fue la mediocre biografía titulada ‘Julio César’ de Enrico Farinacci, publicada en la editorial Bruguera en su mítica colección de novelas gráficas, en la que muchos empezamos a descubrir el placer de la lectura. Algún tiempo después me enteraba de que el tal Farinacci no era sino uno de los muchos pseudónimos que utilizaba Enrique Fariñas, uno de tantos de aquellos olvidados escritores que a lo largo de los años 60 tocaban todos los palos literarios, para cubrir los encargos de las editoriales sacrificando vocación por subsistencia. Creo, sin embargo,  que aquella más que discreta biografía de César es la responsable de mi posterior interés y fascinación por el personaje histórico. En este ya largo recorrido como lector me he encontrado, como podrán suponer de todo, desde grandes libros (‘César’. Adrian Goldsworthy) hasta textos infames. Curiosidades que captaron mi atención en su momento como aquella biografía novelada, ‘El Joven César’ de Rex Warner, luego continuada en ‘César Imperial’ (ambas en Edhasa), hasta ese ‘César Imperator’ (Planeta) del admirado Max Gallo que tan buenos ratos de lectura me proporcionó. Pero con  lo que no me había topado en todos estos años es con la coincidencia en el tiempo de la publicación de tres apuestas, a cual más ambiciosa, en torno a este personaje al que dedicamos estas líneas, lo que aparte de la curiosidad  dibuja  una batalla bibliográfica donde también habrá vencedores y vencidos. Como ya habrán adivinado me refiero al libro ‘Roma soy yo’ (Ediciones B), primero de una serie de seis firmado por el popular Santiago Posteguillo. A la mencionada aproximación novelada del español le ha salido un competidor en el libro de Andrea Frediani titulado ‘La sombra de Julio César’ (Espasa), que parece también será el primero de otra serie. Y por fin el ensayo histórico de Patricia Southern ‘Julio César’ (Desperta Ferro), libro este último por el que he comenzado el reto lanzado a los lectores y que presumo me va a tener entretenido por un tiempo. Ramón Clavijo Provencio

 

 

sábado, 4 de junio de 2022

PATÉTICO

En más de una ocasión he acudido a una de las conclusiones a las que llegaba Francisco Ruiz Ramón (en su magnífico libro ‘Historia del teatro español’, vol. 1), para explicar el fracaso de la tragedia renacentista en España, en concreto, al diseño de los personajes, cuyo exceso trágico terminaba por convertirlos en  “seres desmesurados, a todas luces más dignos de un disparatado tratado de patología que de una tragedia”. Al leer alguna novela me he acordado de esta afirmación. El autor o la autora ha cargado tanto las tintas en algunos aspectos psicológicos de sus criaturas que ha terminado por convertirlos en monstruos, de tan ridículos que acaban siendo patéticos. La última, ‘Los días perfectos’ de Jacobo Bergareche. Una novela bien construida en dos cartas escritas por Luis, el protagonista, una dirigida a su amante, Camila, y la otra, más breve (¡faltaría más!) a su mujer, Paula. Hasta aquí todo correcto e interesante, incluso las cartas de William Faulkner que está consultando en el Harry Ransom Center de Austin y que le sirven a Luis como hilo conductor de las suyas. La narración o, mejor diríamos, confesión a las dos mujeres de su vida fluye con excelente estilo, con reflexiones que le llevan a lector a pensar en el paso del tiempo, en la memoria de las relaciones personales, en las complicidades necesarias en toda pareja para no caer en el “tedio”, en esas cenas en celebración de San Valentín tan tristes que terminan con el acta de defunción de una vida juntos que ya no tiene ningún sentido. Si la novela, como en alguna ocasión ha confesado el propio autor, pretende ser una reflexión sobre el desgaste del amor en pareja, podemos decir que el objetivo a primera lectura está conseguido. Y sin embargo… El personaje de Luis es tan excesivo que pasa de patético a gilipollas en unas cuantas páginas iniciales, perfil que mantiene e intensifica a lo largo de toda la novela. Entre las “virtudes” que adornan al personaje se puede contar el desprecio hacia los demás, en particular el insulto gratuito a la compañera de trabajo, la gorda tetona, con quien en un momento de debilidad provocado por el alcohol mantuvo relaciones sexuales, cuyo recuerdo ahora le asquea; o tildar de pedófilo a un compañero de su amante, porque este ha pretendido invitarla a una copa. Descalificaciones de toda punto innecesarias pero que ya nos advierten de la catadura moral de quien le está confesando a su amante (otro rasgo de cinismo) que sus días perfectos son pasarlos en la cama con ella, pues la relación que mantiene con su mujer ya es una pesada carga de la que no puede o no sabe desprenderse. Y en el colmo de la gilipollez esnobista, el amigo Luis se dedica a reparar y pintar en sus ratos libres motos antiguas y a hacer escabeches para sus amigos. Y así a lo largo de toda la novela, hasta convertirse en un ridículo insufrible. Todo un personaje el tal Luis. Pero no nos equivoquemos, la culpa, evidentemente, no la tiene Luis, sino su creador, que ha querido hacer una novela sobre el desgaste del amor en pareja, y le ha salido como el culo. ¡Ah! Por cierto, no se pierdan la crítica a esta novela en el Diario de Sevilla (1-08-2021). Sin palabras. José López Romero.   

  

A CUATRO MANOS

Cuando José López Romero y yo publicamos nuestra primera novela de la serie del inspector Castilla, ‘Asta Regia’, muchos se sorprendieron pero no tanto porque investigadores hasta ese momento centrados individualmente en dar a la imprenta publicaciones de sus respectivas especialidades se pasaran a la novela policiaca, sino sobre todo por el hecho de que esas novelas se escribieran a “cuatro manos” como popularmente se suele decir. A partir de ahí  cada nueva novela de la saga mencionada ha venido acompañada irremediablemente por un rosario de repetitivas preguntas sobre cómo lo hacemos o cuál es nuestro método de trabajo, que tratamos de sobrellevar con humor mientras nos vamos acostumbrando a ello. Pero pese a todo nos sigue sorprendiendo tanto a Pepe como a mí, tanta curiosidad por un asunto, este de escribir  novelas por dos autores, que pese a todo no es  nuevo en la historia de la literatura y cualquiera que hurgue un poco en ello lo comprobará. Incluso podemos mencionar casos verdaderamente curiosos y hasta cierto punto poco conocidos, como es el protagonizado por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, cuando a mediados de los cincuenta del siglo pasado crearon al singular personaje de Isidro Parody que protagonizaría varias historias resolviendo intrincados casos policiales, claro que lo hicieron escondidos bajo el pseudónimo de Bustos Domecq.  A mediados de los 70 muchos recordamos con agrado aquella pareja formada por Dominique Lapierre y Larry Collins un auténtico fenómeno de masas para la época, tras la publicación de libros como ‘Oh, Jerusalén’ o ‘Arde París’.  Más recientemente y ya en nuestro país la pareja formada por Andreu Martin y Jaume Ribera iniciaron una fructífera colaboración cuyo exitoso resultado es la serie protagonizada por el detective Ángel Esquius. Pero de todos los casos que podríamos poner, el que personalmente me atrae más  es el de la sociedad formada por los italianos Giacometti y Ravenne que siguen publicando novelas entre lo policiaco y fantástico entre las que destacaría la primera de ellas, ‘La mujer del domingo’, que luego sería llevada al cine en una película del mismo título, protagonizada por Marcello Mastroianni y Jacqueline Bisset. Ramón Clavijo Provencio.